El broker loco tenía razón

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José Luis Muñoz*

A uno y otro lado del Mediterráneo, ese gran lago salado de civilizaciones, caen los gobiernos en cascada por métodos muy dispares aunque con el común denominador de que sus ciudadanos están muy indignados en las dos orillas. Si en el norte de África tres dictadores han sucumbido a la insurrección popular con profusión de sangre y linchamientos atroces; al sur del Mediterráneo los gobiernos caen al diktat de los mercados, ese monstruo voraz e insaciable que nunca tiene bastante y al que todos obedecen sin rechistar alimentándolo con lo que sea. Grecia e Italia, cunas de la civilización y la democracia, despiden a sus gobernantes de turno con sonoras patadas en el trasero y ponen a dos financieros en su lugar. En España el PSOE entrega el poder al PP, mediante trámite electoral, porque ya no sabe qué hacer.

Aunque las distancias entre Papandreu y Berlusconi resulten abismales (el primero se encontró en su país un enorme agujero negro; el segundo lo ha excavado el mismo, creyéndose vitalicio), los pequeños emperadores de Oriente y Occidente besan el suelo al mismo tiempo, casi el mismo día. Mientras Lukas Papadimos, un banquero, regirá provisionalmente los destinos del país heleno, Mario Monti, asesor de Goldman Sachs (miren por dónde el broker loco no estaba errado, fuera o no un payaso, cuando decía que el mundo lo gobierna Goldman Sachs: que le den un ministerio, el de juego y finanzas) y frecuentador de las reuniones del siniestro club Bilbelberg, la Spectra que rige los destinos del mundo y a la que se le repampinfla la indignación global y la democracia, se perfila como sucesor de Il Cavalieri.

Mientras las airadas masas árabes reclaman democracia a tiros, a las airadas masas europeas nos imponen dos personajes ligados al mundo de las finanzas, es decir, al mundo que nos ha metido en esta crisis sin fin, no elegidos democráticamente, como los mercados y el club Bilbelberg, para que apliquen las medidas drásticas en sus respectivos países, es decir, para que los vendan al mejor postor, algo que se está convirtiendo en norma desde que las naciones también cotizan en la Bolsa y suben y bajan como las acciones de cualquier empresa. Si tuviera dinero y fuera especulador ahora sería el momento de comprar Grecia e Italia y luego venderlas, cuando suban con sus estados de bienestar bajo mínimos, el Partenón y el Coliseo hipotecados y todo lo poco público que queda privatizado. Estamos ante el fracaso rotundo de la política y la democracia y cada vez más cerca del abismo.

Habrá que preguntar a Mario Monti que nos diga —porque él lo debe saber— cuándo el selecto club Bilbelger/Spectra tiene dispuesta la Tercera Guerra Mundial para apearse antes del mundo.

* José Luis Muñoz es escritor y miembro de Socialismo 21. Su última novela publicada es Llueve sobre La Habana (La Página Ediciones, 2011)

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