Por imperativo legal

P. Montes

Por imperativo legal fue una fórmula adoptada por la izquierda aberzale cuando, al tomar posesión de sus cargos en las instituciones, se les exigía prometer la constitución. Era una forma de decir: rechazamos la constitución, pero se nos impone que la aceptemos y lo hacemos  porque pensamos que para luchar contra ella y el sistema que sustenta es mejor ocupar los puestos de representación  obtenidos en las urnas.

Por lo que se refiere a la izquierda abertzale no cabe duda de que su juramento no implicaba compromiso alguno, puesto que han seguido construyendo un proyecto de resistencia y rechazo al orden establecido  con éxito y perseverancia. La barrera que se les trataba de levantar la sortearon limpiamente, como otros tantos obstáculos diseñados para ahogar la voz de sus opiniones y el desarrollo de sus objetivos.

En días pasados también el ya vicepresidente de la Junta de Andalucía, Diego Valderas,  recurrió a lo del imperativo legal para anunciar que IU está en desacuerdo con la política de austeridad y recortes impuesta por el gobierno Rajoy, y cabe reconocer que el primer objetivo de la fórmula, el rechazo a tantos ajustes indiscriminados en servicios esenciales, está cumplido. Queda, sin embargo, comprobar que a partir de plantarse tan alto en las instituciones andaluzas  IU las utiliza como trampolín para combatir la política de la derecha.

Una alternativa transformadora como pretende ser IU sólo puede utilizar el imperativo legal con la doblez, justificada,  de la izquierda abertzale, pues, si por imperativo legal se va aceptando todo,  se acaba renunciando a la transformación y aceptando pasivamente todo lo inadmisible. La entrada de IU en la Junta andaluza es un tema polémico, vidrioso y cargado de consecuencias para el futuro, de IU en particular y de la izquierda en general. Veamos en que queda lo del imperativo legal.

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