El silencio, la astucia y la fuerza, la confianza en nosotros mismos

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Ramón Pedregal Casanova

“El pueblo aprendió que estaba solo… el pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza… “Roberto Walsh lo escribió en uno de sus cuentos, en el titulado “Un oscuro día de justicia”.

¿Quién dijo que había perspectivas de cambio en Grecia? La burguesía europea era solidaria con la burguesía griega, era solidaria con ella misma. ¿Y el pueblo europeo?, ¿los trabajadores europeos?

Los periódicos de las multinacionales, sus emisoras de tv y radio, han emitido un mensaje de alegría por el triunfo de sus amos en Grecia y su alegría les ha hecho llevar a primera página hasta los mismos titulares: El de “El País”, por ejemplo, “Grecia da un respiro a Europa”, es el mismo titular que el periódico monárquico “ABC” ha escrito también en primera página.

Como toda la derecha, han hecho campaña contra lo que les da miedo, contra la posibilidad de que el pueblo manifieste su deseo de que “gobierne” la izquierda, esa izquierda que ellos mismos tildan de extremista pero que analizan como reformista. Han hecho todo lo posible para que no gane espacio electoral, para que no gane conciencias, para que no gane confianza en el pueblo la opción de no pago de la deuda bancaria. Ellos saben que tan solo la unidad y la fuerza de los trabajadores europeos puestas en dirección al impago puede frenarles.

Desde antes, desde mucho antes, para llegar aquí, han venido insistiendo en que las causas estaban en los salarios, en la falta de movilidad en el empleo, en los derechos laborales, en el número de delegados sindicales, en la seguridad social, en la falta de productividad, en la edad de jubilación,… y así han podido seguir culpando al pueblo hasta el infinito. El objetivo ha sido desincentivar la necesaria unidad popular, y,en el caso de Grecia, hacer que se ignore la necesaria unidad de los pueblos europeos con el pueblo griego.

Entre las buenas gentes se escuchaba, “si los griegos ganasen, entonces…” Pero era como confiar en energías venidas de otro mundo, triste señal de la falta de confianza, o de la ignorancia, sobre nuestras propias fuerzas. Creer que alguien va a venir a salvarnos de las garras de los banqueros y de sus gobiernos gerentes, es considerar que lo de todos los trabajadores lo puede resolver un nuevo gerente, un delegado al que se le viste de héroe. Y no hay nada más alejado de la dependencia que el proceso histórico necesario, que el aprendizaje de que la resolución de la crisis a nuestro favor es un asunto nuestro. Si no asumimos esa responsabilidad no se dará ese proceso, y, por tanto, no se dará la vuelta a las decisiones políticas tomadas por la gran burguesía alemana, griega, española, europea…

Si queremos quitarnos las ataduras con que nos inmovilizan, si queremos dejar de ser rehenes, tendremos que aprender a ser críticos y a combinar todas nuestras voluntades para actuar juntos, para anular el pago que nos imponen de su deuda. Solo en nosotros están los medios, el silencio, la astucia y la fuerza, para vencer al enemigo en cualquier terreno.