Gaspar Llamazares / Juan Manuel Sánchez Gordillo: no todos los políticos son iguales

Chema Sabadell || Izquierda Unida – Aldaia. 

La degradada, y degradante, realidad de nuestro país tiempo ha que se canaliza, con especial virulencia, a poner en evidencia, real en gran media y, a su vez, frecuentemente imaginada, el carácter parasitario de diputados de todo parlamento, alcaldes, concejales etc. etc. No debe ser nada difícil, a la vista de los escándalos, la corrupción, el uso del erario como si fuera la cartilla de la abuela y el índice de la mano derecha para señalar suculento negocio con el que gratificar a amigos, amiguetes, amigotes, familiares y otros dignos ciudadanos dedicados a la provechosa y sutil tarea de medrar alrededor de las prebendas que emanan del poder político.

J.M. Gordillo

Y no queda la cosa ahí, sino que en esa carrera degradante han caído otros aparatos no menos importantes del Estado. Ahí está la reciente sustitución de un grajo que, aprovechando la ceguera de la justicia, se gastaba en banquetes, en viajes (y, probablemente, en putas) el dinero de los esquilmados contribuyentes, hechos que se suceden justo en unos momentos en que se pone todo el peso de la ley en criminalizar y expulsar del estamento judicial a uno de sus componentes que si por algo se caracterizó fue por no casarse con nadie. El que no sea capaz de formatearse, bajar de nivel, y poner su ética en sintonía con la “ética” dominante:¡¡ a la puta calle!! Las horcas caudinas reclaman nuevo tributo y hay demasiados voluntarios para proveérselo.

En esta dinámica desoladora es gratificante encontrar a tribunos de la plebe que hacen honor a su condición de servidores públicos y dignifican las instituciones en las que desarrollan, con honestidad, su tarea de servir a los ciudadanos y las ciudadanas. Es el caso del popular alcalde de Marinaleda, que puede blasonar de haber conseguido una extraordinaria “fortuna”, en reconocimiento de sus conciudadanos, al transformar, a base del trabajo de todos, una localidad endémicamente azotada por el paro, la emigración y en la que buena parte de sus vecinos vivían con la incertidumbre matinal de no tener seguridad del número de comidas que se podrían haber hecho antes de ir a dormir, en una localidad de pleno empleo, justicia social, acceso a la vivienda y respeto al ciudadano. En definitiva, en una localidad con dignidad.

Estos logros, claro está, basados en el trabajo cooperativo y el desarrollo de la democracia radical. Actitudes éstas que chocan con el fracaso contundente de todas las políticas que tanto el PP como el PSOE, fieles mandatarios del poder económico, vienen implementando, o con prácticas menos nobles de colegas que han hecho de su ciudad un cortijo y en las que, a parte de asfaltar las calles y denunciar al partido oponente, sus logros pueden medirse por el rasero cero. Curiosamente igual al nivel de paro de Marinaleda.

Pero no está solo Sánchez Gordillo. Gaspar Llamazares también ha sabido poner en evidencia la dignidad del diputado y con ello la dignificación del congreso de los diputados. Gaspar Llamazares ha tenido el coraje de apoyar, significativamente, la acción de los sindicalistas del SAT, uno de cuyos dirigentes es el alcalde de Marinaleda y otros de cuyos dirigentes –versus Diego Cañamero- pasan más tiempo en los juzgados y en la cárcel que en su casa. Gaspar Llamazares ha elevado notablemente el prestigio de IU ubicando donde debe estar el simbolismo de apropiarse, al margen de la ley, de alimentos con los que saciar el hambre de una parte minúscula de los ciudadanos y las ciudadanas azotados por esa plaga en buena parte de Andalucía.

De nada sirven los datos que facilitan organismos internacionales en cuanto a la degradación social de nuestro país. El poder político, la oligarquía, los que mandan, los que se han enriquecido en tiempos de vacas gordas y continúan enriqueciéndose con la miseria de los más en tiempos de vacas flacas, nada tienen que ver con los cientos de miles de familias sin recursos, cientos de miles de familias desahuciadas, millones de jóvenes en el filo de la desesperación, la incertidumbre generalizada en la inmensa mayoría de los españoles y las españolas. El problema, que de motu proprio o siguiendo un guión, difunden los mercenarios mediáticos es la gravedad de haber cargado unos cuantos carros con comida de unos supermercados de alimentación cuyo valor, al parecer, se sitúa en unos 500€, menos de lo que cuesta un traje – devuelto sin duda con favores – de un presidente autonómico.

Gaspar Llamazares. ©Germán Gallego.

Ya sabemos que vivimos en un país en el que la penalización por robar una gallina es, con creces, superior a la de estafar a millones de personas, bien directamente con medios engañosos, al parecer muy habituales en los negocios de los bancos, bien apropiándose de los recursos públicos, generados por el trabajo de los contribuyentes. Lo malo del asunto es que, figuradamente, buena parte de aquellos que no tienen claro  en llevar a su casa tres comidas al día – puede que ni dos – empiecen a percibir que, ciertamente, hay comida en abundancia que les es negada. Que el sistema les niega. Solo admiten los bienpensantes la tolerancia a coger el trozo de pan que, un minuto antes de la inanición, te puedes comer. En definitiva, el mensaje bíblico de la caridad cristiana. ¿Justicia?: ¡¡ una utopía !! Nuestros chicos de la prensa son “trabajadores” bien pagados que han copiado aquello del ¡¡no pasarán!! y ahí se aplican.

Con frecuencia, aunque también manteniendo – de momento – las formas, los sicarios mediáticos, directa o sibilinamente responsabilizan a la inmigración de todos los males que nos aquejan. Esos millones que han venido y a los que en tiempos del boom mostraban como señal de que éramos un país rico, que nos permitía sacar pecho, porque, del mismo modo que cuando España era pobre riadas de españoles marcharon al exilio económico de la Europa de los derechos sociales en reconstrucción, habíamos sido capaces de invertir la tendencia y ser receptores de mano de obra a un país que en una de sus regiones mas pequeñas, construía más viviendas que toda Alemania. Hoy esa inmigración es un estorbo. ¿Qué harán aquí? “¡Quitar el trabajo a los españoles!” difunde sibilinamente  la prensa adoctrinante. Nada tienen que ver las políticas económicas implementadas por las oligarquías locales beneficiarias, secundadas por las políticas del FMI y el BM, y apoyadas en la armada yankee, empobreciendo a países enteros, como Argentina, Brasil, Venezuela, Méjico, Uruguay..etc. toda América Latina, bombeando cantidad ingente de dólares desde los países del Sur empobrecido al opulento Norte, básicamente, pero no solo, norteamericano. Esas políticas que diezmaron a sociedades que, para fortuna del mundo, ya llevan varios años confrontando, con éxito notable – ¡que viva Chávez! – al neoliberalismo genocida.

Como nada tiene que ver en esa hambruna la usura que viene practicando la Banca, el deterioro de los salarios que ya denuncia hasta el BCE que tanto ha enriquecido a buena parte de la clase empresarial y que no solo no ha parado la sangría de puestos de trabajo sino que acentúa hasta la extenuación el paro, hacia el que ya galopan casi seis millones de españoles. Y nada tiene que ver en todo esto la vorágine privatizadora ni el hecho de que el propio BCE conceda créditos a los bancos al  % de interés para que éstos compren deuda pública intereses de usura.

En el fondo, lo que subyace en ese tratamiento – golfo – mediático, es la nitidez de la lucha de clases que toma forma en carros de supermercados, porque es el ventanal en el que empieza a asomarse el hambre, un hambre producida no por Sánchez Gordillo ni por Gaspar Llamazares. El hambre producida por la codicia de una minoría, el paro galopante, la miseria creciente, los desahucios, el millón setecientas mil familias sin recursos. Algo que solo es posible si esa exigua minoría de megarricos cuenta con el servilismo de muchos, el sicariato de plumíferos sin honor, los niñatos de radio y tv, políticos vendidos y otros mamporreros, que tienen una conocida máxima para ese problema: “¡Que se jodan!”

Salud Gaspar Llamazares y Sánchez Gordillo. Vosotros sois el ejemplo de que los políticos no son todos iguales; un soplo de esperanza. Que ese ejemplo cunda.

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