Chicho Sánchez Ferlosio, un heterodoxo renacentista en el Ateneo

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pacolagunaFrancisco Laguna

Poeta, filósofo, músico, informático, matemático,  anarquista, viajero, corrector-editor, compañero de viaje, juglar, inventor, autor de canciones, cantante y enterteiment. Con la madeja de este curriculum de Chicho Sánchez Ferlosio, recordado por sus amigos, y su inspirador constante, se llenaron los asientos del solemne Olimpo de la cultura española que es el Ateneo de Madrid. Humor, sensibilidad, indignación, buenas maneras, saltaron sobre la casposa ola de cutrerío intelectual que impregna el ruedo ibérico.

No podía faltar en el encuentro el eco de la presencia imaginada y vital de Agustín García Calvo. Sin una imagen o retrato fijos de ambos, cobraban más fuerza, en un atardecer mágico del 11 de diciembre, las palabras, los versos, el histrionismo creativo, y las canciones que se han incrustado en la memoria colectiva de toda defensa de la libertad y que hoy resuenan con la misma, o mayor fuerza , que nunca. Como preámbulo, unas imágenes en la pantalla, con el tinte ocre del paso de los años, en una de ellas un video de la actuación extraordinaria en el teatro Español de los años setenta.  Chicho y Amancio Prada al cante,  Agustín García Calvo en un escorzo recitatorio en el límite de toda vanguardia.

Junto a los recuerdos, brotaron canciones como “Gallo rojo, gallo negro” que como espontanea cantó Diana Trigueros. Continuó Amancio Prada, con y sin guitarra, entonando,  entre otras canciones, el murmullo personalísimo  de “Hoy no me levanto yo” o “Afro Tambú”.   Señalaba que las creaciones musicales de Chicho -que se olvidaba o se negaba a registrar a su nombre- terminaban  desprendiéndose de la piel de su autor, para sumergirse en un territorio anónimo más universal.  Triunfo máximo de cualquier autor. En Argentina se cantaban en los años setenta como si pertenecieran al romancero/cancionero de la Guerra Civil española. Y otras canciones de un solo uso que recordaba Amancio Prada, como la que compuso en su día para un alcalde saliente y para el entrante, en Sevilla, en honor y mofa, a propósito de la suspensión de una actuación suya en el mismo teatro en el que se haría la transmisión de poderes municipales.

Y versos. Con la fuerza de un aedo homérico, Poni Michavergas actualizó poemas de Chicho, incluso aterrizó sobre nuestra negra actualidad con su retahíla de PARAJODAS, reforzadas con sus PARAJODÍSIMAS (paradojas y paradojísimas  al más puro estilo quevedesco). Una de ellas: Dicen los editores apesadumbrados ¡la poesía no se vende!; dicen los poetas, enaltecidos: ¡¡la poesía no se vende!!

Y para sorpresa de algunos que desconocíamos la profundidad lírica de Chicho, el poeta alicantino José Luis de la Vega leyó algunos poemas que dejaban de lado su vena más histriónica para emocionar con la profundidad vital de sus horizontes personales expresados en ortodoxo clasicismo: …buscando entre las sombras / los lazos que me unen con la vida…

La hilaridad, el humor fueron aportados por las anécdotas que sobre Chicho SánchezFerlosio desgranaron sus amigos, Antonio Bueno, Octavio Colis,  Isabel Escudero. Lisi Prada de la revista de poesía El Alambique y organizadora del encuentro, contuvo y dispersó emociones que tienen continuidad en este  número 6 de El Alambique,especial monográfico que esta revista ha publicado sobre Chicho Sánchez Ferlosio.

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3 comentarios de “Chicho Sánchez Ferlosio, un heterodoxo renacentista en el Ateneo

  1. mercedes
    14 diciembre, 2012 at 8:13

    lamento habérmelo perdido, yo tsmbién era “de los suyos”. Gracias, Paco, por contarlo

  2. Octavio Colis
    14 diciembre, 2012 at 14:28

    Así fue, un largo momento emotivo y hermoso. Desde algún cerro del Olimpo, Chicho y Agustín nos soplaban ánimo de barricadas, canciones y poemas, y encontrábamos, entre los jirones de oscuridad que desvelaban con su luz, los lazos que aún nos unen con la lucha por la vida. Entonces vi a Paco Laguna, al fondo de la sala, y me fui con él para hacer parte del comando de Crónica Popular que también estaba allí. Ya estamos por todas partes.
    Por un largo momento, gracias al conjuro de Lisi Prada y la revista El Alambique fuimos valientes como el gallo rojo.

  3. 14 diciembre, 2012 at 18:57

    Muchas gracias a Francisco Laguna por el artículo y a Octavio Colis por el comentario, tan cálidos ambos.

    Quería aclarar, sin embargo, que nada tengo que ver con la revista de poesía El Alambique [ya me gustaría ser poeta!], sólo que me localizaron a través de un amigo común, a fin de preparar este monográfico sobre Chicho. Aprovecho para felicitarles desde aquí por la heroicidad de sacar una revista de poesía en los tiempos que corren, ‘poesía necesaria’ que ‘no, no se vendeee!’.

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