José Díaz: la recuperación necesaria de un dirigente comunista

Félix Población
Escritor y Periodista

Es hasta cierto punto sorprendente que un dirigente histórico del movimiento obrero como José Díaz (1897-1942), secretario general del Partido Comunista de España durante diez años (1932-1942) y líder por lo tanto de una organización política que experimentó un notable crecimiento a lo largo de ese periodo -sobre todo durante la Guerra Civil- haya sido tan poco tratada biográficamente.

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Hasta el libro que ha publicado la editorial Almuzara, escrito por el historiador Alejandro Sánchez Moreno, solo se conocía una biografía de Díaz, la que en 1992 editó la Universidad de Sevilla y de la que es autora María Victoria Fernández Luceño: José Díaz Ramos. Aproximación a la vida de un luchador obrero. Antes solo se conocían unas breves notas autobiográficas, redactadas por José Díaz como prefacio a una serie de escritos agrupados bajo el título Tres años de lucha por el Frente Popular, por la libertad y por independencia de España (1935-1938), que se publicaron sucesivamente en Francia, México y España, en este caso ya en los inicios de la Transición (1978). Hubo posteriormente (2005) una nueva edición en nuestro país, si bien debe destacarse que tanto en las de Francia de 1947 y principios de los setenta -prologadas por Santiago Carrillo- como en las de España, no figura la semblanza autobiográfica firmada por Díaz el 18 de julio de 1935 y que sí se incluye como primer anexo en el excelente libro de Sánchez Moreno.

José Díaz se inicia en el movimiento obrero en su Sevilla natal como militante anarcosindicalista afiliado a la CNT, con una participación muy activa en la huelga de los panaderos de 1920. Su ingreso en el Partido Comunista viene a coincidir casi con el inicio de la dictadura de Primo de Rivera (1923). En la huelga de la construcción del 7 de agosto de 1928, Pepe Díaz -en palabras de Tuñón de Lara- revela todo su talento de dirigente. Bajo su dirección, el partido en Andalucía pasa de ser meramente testimonial al más importante de España, como consecuencia de lo cual José Díaz será nombrado más tarde secretario general del PCE gracias a su reputación de luchador infatigable y hombre sencillo, de una oratoria limitada pero diáfana. A eso se unía una integridad a toda prueba y una espontánea inteligencia.

El hecho de que Díaz fuese el candidato de la Internacional Comunista (IC) y su delegado en España, no niega por sí solo -según sostiene Sánchez Moreno, rebatiendo a quienes minusvaloran la personalidad del biografiado- su valía como dirigente, cuestionada sobre todo por esa dependencia que algunos interpretaron como falta de personalidad y que era similar a la que tenían otros partidos comunistas en Europa. En palabras del historiador sevillano, Díaz resultó ser indudablemente todo un diamante en bruto, demostrando en muy poco tiempo sus dotes como líder, que desarrolló extraordinariamente en la práctica diaria. Gracias a su liderazgo, el minúsculo PCE se transformó en el segundo partido comunista más numeroso del planeta.

La victoria del nacionalsocialismo en Alemania hizo cambiar de estrategia a la IC y, a su vez, al PCE, escaldados con la experiencia del sectarismo entre comunistas y socialdemócratas que dio paso al nazismo en aquel país. El primer fruto de ese cambio de línea es la elección por Málaga, en los comicios de 1933, del primer diputado comunista, el médico Cayetano Bolívar. Será el adelanto de lo que se decida en el VII Congreso del Comintern, celebrado en 1935, donde se aprueba la unidad de acción con los socialistas y la creación de un frente amplio interclasista para hacer frente al fascismo, tal como se consolidó después con la formación del Frente Popular, vencedor de los comicios de febrero de 1936.

Un aspecto a resaltar del libro es que siendo José Díaz máximo dirigente del Partido Comunista durante la guerra, nunca figuró en la batería de nombres que fueron acusados de los crímenes de Paracuellos durante el crudelísimo asedio franquista a la capital de la República. Según el autor, esa falta de responsabilidad en tales hechos no se debe -como afirma la historiografía- a que Díaz se encontrara en Valencia en esas fechas, pues su presencia en Madrid es constatable durante casi todos días (del 7 de noviembre al 2 de diciembre) en que se produjeron sacas de presos, incluída la de la madrugada del 7 de noviembre en que el secretario general del PCE recibió a un grupo de jóvenes socialistas que quería ingresar en el partido.

José Díaz falleció en Tiflis (Georgia) en 1942, víctima de una grave enfermedad que ya venía soportando desde la Guerra de España. Santiago Carrillo, a quien el autor de esta biografía entrevista en un segundo anexo del libro para aclarar algunos aspectos relacionados con el protagonista, descarta de modo rotundo que su suicidio se debiera a enfrentamientos o disidencias con Moscú: “A Pepe, que estaba muriéndose -dice Carrillo-, le envían a un lugar cuyo clima se parece al español, le dan todas las atenciones que en ese momento podían darse, pero los dolores le llevan a suicidarse. El suicido era algo que un comunista no debería hacer nunca. Un comunista no puede acobardarse. Era la tesis de la época. Un comunista tiene que resistir, aguantar…, tesis que era absurda. No tenía ni pies ni cabeza, porque un comunista puede suicidarse si ves que estás en una situación en la que no puedes hacer nada, en la que sufres horriblemente… pues estás deseando morirte. Había una mentalidad en esa época que era que el suicidio era una debilidad y entonces se ocultó. Yo mismo no supe hasta que pasó algún tiempo que Pepe se había suicidado”.

Días antes de su suicidio, José Díaz escribió una carta a Dolores Ibarruri que La Pasionaria reprodujo en sus memorias: “Querida camarada Dolores: el fin de mi vida se acerca y no quiero que pase sin que recibas unas líneas mías. Dolores, saluda en mi nombre al pueblo español, al partido y a toda su dirección. Nuestro partido ha crecido y se ha desarrollado en la guerra, en la cual hemos sido derrotados. Pero a pesar de eso nuestro partido ha mantenido su unidad. La unidad de nuestro partido es para nosotros como el agua para vivir”. El 20 de marzo de 1942, a la temprana edad de 45 años, José Díaz se arrojó por un balcón del quinto piso del hospital donde estaba internado ante la sorpresa de su compañera Teresa y de la enfermera que lo atendía. Unos minutos antes había pedido que le abriesen la ventana de la habitación porque le faltaba el aire.

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3 comentarios de “José Díaz: la recuperación necesaria de un dirigente comunista

  1. antonio díaz
    10 mayo, 2013 at 11:30

    Ayer mismo fue la presentación en Madrid y me he llevado toda la noche leyendo el libro. Es una biografía amena, bien documentada y fascinante. Sigue escrupulosamente el método histórico pero a la vez está escrita en un lenguaje nada pretencioso, con animo divulgativo. El autor a mí me recuerda, sin exagerar, al método de Don Tuñón de Lara.

  2. Carlos Díaz Cortijo
    7 julio, 2017 at 20:47

    Puedo decir que no me queda clara la biografía de José Díaz por Sánchez Moreno, ni el libro de María Victoria Fernández. Menos aún lo que le leído en algún blog. Probablemente se deba al perfil de José Díaz, poco dado a la vanagloria y más al desmarque de su personalidad, ya que procedía de una familia humilde. Parece claro que no era un intelectual revolucionario; sus dotes procedían de la propia y sufrida vida. No me queda claro si se suicidó en un hospital o en un hotel. Y también he leído que le arrojaron por un balcón. Creo que hay que destacar el importante incremento de afiliados al partido durante el tiempo en el que él lo dirigió, y también su honestidad.

  3. Carlos Díaz Cortijo
    8 julio, 2017 at 2:40

    Vuelvo sobre mis pasos sobre José Díaz. ¿En qué situación se encuentra la Fundación José Díaz? Supongo que está muerta y enterrada.
    Dicho lo anterior, diré algo sobre la izquierda en general, que me parece que no ejerce la autocrítica. Mucho de lo que leo y sigo en alguna red social, está cargado de irreflexión y utopía. Con el pensamiento utópico no se va muy lejos. No hay que derechizarse ni ser reaccionarios, no; sólo hay que ver la realidad fuera de ensimismamientos utópicos de banderas que ya no existen. Hay mucho que pensar desde la izquierda, y no darse el gusto de ser demagógicos. No es eso de: la economía, estúpidos, la economía. Pero reflexionar más sobre ello.

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