César Navarro, un humanista republicano que disfruta la vida y la da

Enriqueta de la Cruz || Periodista y Escritora.

ENTREVISTA-A-CESAR-NAVARRO-FOTO-3Polifacético, humanista, culto, sabio, políglota, aventurero, comprometido, este médico forense, psiquiatra, expresidente del Ateneo de Madrid (lo fue en dos ocasiones), es todo un caballero que sabe disfrutar de la vida y compartir lo que tiene, lo que sabe, lo que cree que es importante. A los 81 años, con estatua propia en Getafe y retrato en la galería de la Institución (a los que está legando su alma para que siempre se quede con nosotros), jamás rechaza una cita para algo que necesites, o simplemente, para conversar. Se presenta puntual y vestido como un novio (te hace sentir importante), y nunca te deja indiferente. Sabe latín, griego clásico, tagalo y francés, inglés, catalán, etc. Recita de memoria poemas en catalán de Maragall que es un gusto. Leyó toda la Ilustración en su adolescencia y cedió a Getafe los 22.000 volúmenes de los que consta su biblioteca -que podía haber vendido a buen precio a Estados Unidos, y que, para vergüenza ajena, aún no tienen acomodo definitivo-. Su padre trabajó con Marañón, él con Lluch y muchos otros humanistas, pensadores y hombres de valía, sus iguales.

Su propia vida es una novela galdosiana. No se quiso quedar en burgués, y el destino le trató bien. Ha vivido en el mar, en París, en Filipinas, en Estados Unidos… Su patria es el mundo, su dicha: la libertad, su religión: hacer el bien. Hizo suyo este lema que reza en la Universidad de París y ha sido existencialista de los de Sartre, y es amante del krauspositivismo, al que la II República debe tanto. Militó en el PCE contra Franco y habló claro al Rey cuando tuvo ocasión: en una conferencia republicana le dijo que en cierta tribuna -ocupada en su día por Alfonso XIII- se sentó “el servilismo y la impostura”, porque hay que decir claro, lo que hay que decir.

Es un enamorado del conocimiento, de Francia y de su mujer, una filipina de nombre Corazón con la que ha compartido su mundo. Y fue dueño del primer y único perro, Marco Polo, que dio una conferencia en el Ateneo. Hablamos de esto y mucho más en esta entrevista en la que desvela un gran secreto de la Transición: cómo “avisaron” a quien fuera su profesor, a Tierno Galván, de que debía someterse a Felipe González. Fue en un restaurante de nombre simbólico para el caso: Las Reses. La conversación con César es muy distinta. Fluye en la propia cafetería del Ateneo de Madrid, Institución que la reacción quiere cargarse en estos ignominiosos días de corrupción y asco en el panorama político. Fluye como un remanso de paz, como un oasis entre tanta desvergüenza… Disfruten de su sabiduría:

Yo quiero empezar, Cesar, por reclamar este espacio de cultura que es Ateneo, que parece ser que hay determinados sectores reaccionarios de la política española que quieren verlo desaparecer, ¿no? Vivimos en unos tiempos en los que hay una falta de toda ética, estamos viendo el espectáculo éste de personas ingresando otra vez en la cárcel por desfalcos financieros y tal, y sin embargo, no hay dinero para la cultura, ¿no? ¿Qué opinas tú?

“Al Ateneo siempre lo cierra la reacción y lo abre el liberalismo”

Yo creo que el Ateneo fue el mayor reto cultural que tuvo la historia de España seguramente. Se pasó de la bohemia de Madrid, de ese Madrid luminoso y hambriento del que habla Valle Inclán en “Luces de Bohemia”, a una cierta etapa académica y de estudio y que vino de la mano de la Institución Libre de Enseñanza, sobre todo. El Ateneo es producto, primero, del exilio fernandino. Fueron los exiliados fernandinos los que, acogiéndose al Ateneo de Londres, vieron que la bohemia no bastaba para cubrir, representar, a la cultura española, por muy castiza que ésta fuera, y que había que darle un toque de modernidad y de saberes. Entonces es cuando, a su regreso aquí a España, crean el Ateneo Literario, Científico y Artístico que luego fue cerrado por los cien mil hijos de San Luis. Siempre lo ha cerrado la reacción y siempre lo ha abierto el liberalismo. Ahora, en estos momentos, pues lo ahoga un poco, pues una derecha que no ha superado el partidismo y cree que el Ateneo pues no es un hogar de su partido político, de sus intereses políticos; lo cual es un error, porque los caminos de la cultura son distintos y superiores a la política partidaria; son la Política con mayúscula y no con minúscula. Entonces, está en la línea de la escuela de traductores de Toledo, en la línea de la gran cultura, de los saberes. Y es un producto también de la Institución Libre de Enseñanza -como te decía-, del krausismo, que tuvo aquí su sede también y que se encuentran aquí sus libros.

A mí me ha dado una alegría tremenda encontrar el libro de Tiberheim que es el paso del  krausismo -que no deja de ser un idealismo neokantiano- al positivismo científico, que viene con las teorías de Darwin, de Haeckel y que requiere un paso, y ese paso lo da Tiberheim y Arens, que habían tenido una influencia grande aquí en el Ateneo. Arens había sido profesor en la Facultad de Derecho. Clarín hizo la tesis doctoral sobre las ideas de Arens en el Derecho, en fin, que es un tema muy interesante.

El Ateneo no puede morir; no morirá porque lo que está en la historia no muere, pero puede privarse de sus beneficios a una o dos generaciones, lo cual sería una catástrofe para estas generaciones. Yo creo que si lo mataran resucitaría pues, como todas las cosas inmortales que resucitan por ciclos también.

Sí, Américo Castro nos ilustra muy bien respecto a esa tendencia, después de la expulsión de judíos y moriscos en 1492, a hacer ya de España una España gris, centrada en un totalitarismo religioso y político y con un afán de conquista militar, que no de otra cosa, no conquista cultural en toda su extensión, y yo creo que esa condena sigue. Es como algo que siempre tratan de hacer un modelo –la parte ultraconservadora- de España en que no cabe para nada ni la cultura, ni el intercambio de ideas, ni ese liberalismo…

Claro, porque ellos tienen como metodología de pensamiento el dogma, mientras nosotros, la epistemología dialéctica, o sea, la aproximación al conocimiento a través del diálogo. La epistemología es la aproximación al conocimiento, y dialéctica es a través del diálogo. El Ateneo fue diálogo, siempre, y lo es, aunque a veces sea un diálogo abrupto y bronco, pero siempre es diálogo de alguna manera.

Sí, porque en La Cacharrería se mantuvieron muy acaloradas discusiones, según cuentan los historiadores y también la literatura del XIX, por ejemplo.

Muy acaloradas, sí. Y no ahora, sino en las tres sedes anteriores que tuvo el Ateneo. Ésta es la tercera, sí, aunque la anterior estaba en la calle La Montera, que es la que describe muy bien Galdós en el episodio Prim y en Mendizábal. Galdós habla del Ateneo y se refiere al Ateneo de la calle La Montera, que lo describe muy bien. Después fue esta sede, en la cual contribuyeron incluso algunos conservadores inteligentes como Cánovas del Castillo, que fue presidente del Ateneo también, cien años antes de que lo fuera yo.

Eso, eso, háblanos de tu etapa, que creo fue una de las más interesantes para ti en tu vida, ¿no?

Bueno, esta etapa del Ateneo para mí fue interesantísima. Claro, pues yo veía en el Ateneo, en los días de plomo y de ceniza, en los días aquellos, que el Ateneo era un oasis y los retratos nos miraban desde su lugar y nos alentaban en nuestra soledad y en nuestro exilio interior. Porque yo fui de niño un exiliado, un refugiado político en Francia y me quedó grabado siempre, y siempre mantuve el exilio interior. Yo creo que lo mantengo todavía un poco, en cierto grado, claro.

Tú siempre dices que las estatuas y los retratos…

Hablan.

Te hablan…

A mí me hablan… Para mí son muy importantes y mira por donde, he terminado yo teniendo una estatua también.

Sí, sí, es verdad. En Getafe.

Entonces, estoy tratando de darle la palabra a través de unos escritos, que se llaman Vientos de ayer, que trato de darle la palabra a la estatua, claro, es el objetivo de estas memorias.

Aparte de todo lo que encierra el Ateneo, de su extensa biblioteca y la importancia de ésta – son, creo, 173.000 títulos, más de medio millón de volúmenes físicos-…

Sí, son cerca de 800.000 mil.

“El error de la derecha es que no ve que los caminos de la cultura son distintos y superiores a la política partidaria; son la Política con mayúscula y no con minúscula”.

Aparte de esto, y de más, son muchas las anécdotas que hemos compartido en ocasiones de personajes muy galdosianos…

Mucho, mucho, porque el Ateneo no ha perdido nunca ese sentimiento bohemio y popular que tiene la cultura española y que no tiene la cultura alemana, ni la tienen otras culturas. Lo tuvo un poco la francesa con Verlaine, Rimbaud, en fin, todo el mundo éste, pero que no lo tienen las culturas anglosajonas, tampoco.

Llegó un momento, en que se llegó a regalar el sillón en que siempre se sentaba a una persona cuando pasó a residir en un centro de mayores…

Sí, era don Antonio García Paredes. Ese señor, se había pasado la vida… era abogado, pero rentista, muy modesto, y se fue empobreciendo poco a poco y que se había dedicado al estudio de la Ruta de la Plata en Extremadura, porque era su origen, y vivió muchos años en el Ateneo, sentado siempre en el mismo sillón y haciendo sus estudios y demás. Un día, ya sin familia, imposibilitado… pues le trasladaron a una residencia en Extremadura y el hombre añoraba pues el sillón y esto; entonces -era yo presidente- lo propuse a la Junta de gobierno, se votó y se aprobó, desmontar el sillón y mandárselo a la residencia para que se lo montaran allí y terminara su vida sentado en ese sillón donde había estado tantos años sentado, sí.

Y otra anécdota que me has contado recientemente y que quiero compartir con los lectores es que tu propio perro dio una conferencia en el Ateneo. Cuéntanos…

“En España hay manera específicas de volverse loco”.

Pues sí, es cierto. Mi perro… Eso fue una ocurrencia de Kalicatres, que como todas las suyas estaban llenas de humor, pero de un humor culto y gracioso también. Entonces había escrito un libro de cómo los humanos hacen el amor a lo bestia (De cómo las bestias hacen el amor a lo humano y de cómo los humanos hacen el amor a lo bestia, editorial Calambur, Madrid, 1992), y quería que su conferencia estuviera presidida por un representante del reino animal, por un perro. Y le parecía adecuado mi perro que era un perro que yo había traído de Estados Unidos, de mi estancia allí y como era un miembro de la familia, pues lo había traído conmigo de allí, cuando me vine a España (traje al perro y al gato, que, al fin y al cabo, eran de la familia, sí). Y el perro -que se llamaba Marco Polo, por su destino viajero; le llamábamos Marco-, efectivamente, se sentaba en la mesa y decían: “Señor presidente –él presidía el acto, muy dignamente-; era un perro muy educado, estaba muy bien educado porque mi mujer que es profesora se había esmerado mucho en la educación del perro; fue profesora de la universidad de West Virginia, donde no acudían perros sino studens, pero educaba muy bien al perro y decían: “el señor presidente tiene la palabra”, entonces yo le hacía al perro una seña, así, agresiva, tirándole levemente del rabo por detrás, y el perro pues empezaba a ladrar; todo el mundo aplaudía el parlamento del perro, y así discurrió el acto con un éxito extraordinario; lo filmó la televisión, celebramos un banquete en un hotel aquí cerca, pasaron unas bandejas y, naturalmente que le dimos los mejores canapés al perro, que era el protagonista, y Kalicatres vendió su libro, y luego a mí me estuvieron los de la televisión dando una lata tremenda para que llevara al perro a filmarle en varias ocasiones y demás; se encargaba mi mujer de este quehacer con el perro, sí, sí.

Dos hechos clave en la historia de España

Volvamos al krausismo, si te parece, para cerrar el capítulo del Ateneo. Escribiste que hubo un momento importante en la historia de España, que fue 1843, porque nació Benito Pérez Galdós y le dieron una beca a Julián Sanz del Río, que se fue a Jena, a la Universidad alemana y esto dio mucho de sí, por ejemplo, llegó a traducir a Krause, El ideal de la Humanidad. Y todo eso dio de sí tanto que al final llegó hasta las ideas de la II República, ¿no?

Claro, fueron dos hechos que en sí mismos eran banales y que no fueron noticia más que para las propias familias y sus círculos, pero que, desarrollándose, tomaron una dimensión importantísima para la historia de España, sí, tanto el krausismo, como la obra de Galdós, que sobre todo, es la invención de la cuarta dimensión de la Historia, a través de los Episodios Nacionales, que era novelar con personajes de la Historia y describir otra dimensión de la Historia: la de la gente humilde, la de la gente corriente, la de la gente de las calles y las plazuelas, pues, cómo viven, lo que comen, cómo son; incluso describió algo que a mí me ha llamado muchísimo la atención y que yo he tratado también de describir y de publicar…, -tengo alguna publicación-…, y que son las maneras españolas de volverse loco.

ENTREVISTA-A-CESAR-NAVARRO-FOTO-2Sí, que hay varias…

Que hay maneras específicas de volverse locos. No es que la locura, en sí como patología, se diferencie de otros pueblos, pero la sociología con la que se tiñe el síndrome delirante o el síndrome alucinatorio, pues tiene caracteres propios, que le da Galdós y que lo inicia en La desheredada,  la primera novela naturalista de Galdós. Galdós tuvo relaciones amorosas con la Pardo Bazán que había escrito ya el primer tratado naturalista que hubo en España que fue La cuestión palpitante y Galdós, influido por ella -tanto literariamente como sentimentalmente, como amorosamente-, pues escribe La desheredada, que empieza con el parlamento de un loco y son apuntes en natural que Galdós, disfrazado de enfermero, acompañado de su fiel amigo el doctor Tolosa Latour, que aparece en todas sus novelas con el nombre de doctor Miquis y que transmigra de unas novelas a otras como los personajes de Galdós –también lo hacía Balzac, esa transmigración de personajes que saltaban de una novela a otra- pues describe un poco un delirio que a veces hace dudar de que si lo que se cuenta es real o imaginado y que inicia un camino, una etapa de la novela galdosiana, que concluye con Fortunata y Jacinta o quizá con Miau, que le sigue inmediatamente (una es del 88, el primer tomo, quizá del 89; luego le sigue Miau), y luego Galdós inicia otra etapa completamente distinta, más tocado por la mística y por las ideas espiritualistas que son Nazarín, Misericordia y, sobre todo, Ángel Guerra, que es una de las grandes novelas de Galdós.

Me encanta Galdós, del que tenemos que aprender ahora mucho, yo creo… Y, el ideal de la Humanidad para ti, ¿qué sería ahora, César? Tú que conoces al ser humano desde tu larga trayectoria desde el punto de vista de forense, de psiquiatra…, de persona viajera de gran cultura, que has conocido a tantas personas a lo largo de la vida.

El ideal para la vida, la Humanidad, es una obra de Krause.

Ya, ¿pero para ti…?, bueno, cuenta las dos cosas…

Para mí Krause vivió una vida muy trágica porque llevó el idealismo neokantiano, que él profesaba como filosofía, a una praxis vital ruinosa, claro. Entonces descuidó todos los puntales materiales que sostenían su vida y soportaba su economía su padre; cuando su padre muere pues él entra en un declive económico gravísimo que termina produciendo su muerte a los 51 años o una cosa así.

Pero fue consecuente todo el tiempo con lo que él realmente…

Sí, pero descuidó los aspectos que daba la realidad y su filosofía adolece también de esto, por eso te digo que el idealismo kantiano, al compás de los nuevos descubrimientos científicos como fueron las teorías de Darwin, o las embriológicas de Haeckel, como fueron las ciencias positivas que avanzabanése fue el dilema de Cajal, también-, entonces tenía que incorporar el positivismo, sobre todo las teorías de Spencer de las que tanto habla, por ejemplo, Tolstoi en Ana Karenina, donde Tolstoi se trasluce como el personaje Lievin, y habla mucho de cómo le han influido las ideas de Spencer… Había que incorporar todo esto a la filosofía krausista, y hubo un tránsito que se llamó el krauspositivismo que fue el cuerpo de doctrina de toda la Institución Libre de Enseñanza y que formó parte también pues de ese encuentro humano y cultural que significó el Ateneo de Madrid. El ideal de la Humanidad se tradujo de una manera quizá no perfecta, clama por una nueva traducción y su resurgimiento, que hicieron tanto Tiberheim como Ahrens, profesores ambos de la Universidad Libre de Bruselas, la Universidad masónica de Bruselas, claro, que es la única masónica del mundo… Y adolece un poco de esa incorporación del positivismo al krausismo que se hizo posteriormente a la redacción de este libro de Krause. Luego, don Julián Sanz del Río estaba más pendiente de un proceso de regeneración española, que de una filosofía neokantiana.

Había que hablar también, refiriéndonos a esto, del personaje tremendo, inmenso, que fue Fichte, y de cómo cierra el constructo que hace Kant en la Crítica de la razón pura y la Crítica de la razón práctica, con la Crítica del juicio, porque, además, es muy curiosa la peripecia humana de ambos. Como Fichte se va andando a Königsberg, andando (fue desde Varsovia), como hacía Krause, muchas veces que iban andando desde las ciudades y se les esperaban en las puertas de las ciudades los amigos, ofreciéndoles manjares, bebidas y tal, para que se repusieran de la fatiga; dormían en pajares y en granjas… Y entonces Fichte que era un hombre de pocos recursos económicos llega andando a ver al gran maestro que le había deslumbrado, a Königsberg, que Kant jamás salió de Königsberg e inspira en él la base de lo que sería la Crítica del juicio, el ensayo de lo bello y lo sublime, que cierra como una cúpula esos dos grandes constructos anteriores kantianos.

Bueno, y hoy, ¿por qué todo es tan difícil?, porque ves todas estas vidas, como también la de Rousseau que se muestra en sus búsquedas, vive como sea pero es consecuente, no le resulta tan difícil tomar las decisiones, aunque sí la vida, porque se quedó casi sin amigos; pero ahora es todo como muy práctico, por un lado, pero también muy difícil, e incluso la sociedad se está desquiciando un poco, ¿no?

Bueno, el siglo XVIII tuvo también sus cosas negativas. La muerte de Krause fue tremenda, ¿eh? Muere prácticamente de inanición, de pobreza, de ostracismo; le fue todo fatal; era masón, fue irradiado (expulsado) y fue el único caso de un masón que después de muerto fue restituido en todos sus cargos y dignidades masónicas y se le hizo una estatua y se le admitió corpore in sepulto. Le vencieron más las envidias que suscitó, que el apoyo que el más ilustre masón que la Alemania de su tiempo tenía, que era nada más y menos que Goethe.

Y porque él también quería compartir los conocimientos y entonces, no se podía.

Claro, porque la Masonería tenía una rama jerárquica que no pudo tolerar un escrito que publicó Krause que se llama Los tres momentos más importantes de la Masonería y le acusó de revelación de secretos masónicos, que no había tal; era un libro puramente teórico. Por cierto, sería muy interesante traducir ese libro ahora, como las éticas; de él no está traducido ni publicado ni siquiera en Alemania gran parte de su obra todavía, es un filón.

Como referente por lo que, quizá ahora, debemos saber, porque te preguntaba eso: ¿tú cómo ves la sociedad desde tu calidad de psiquiatra?, ¿no la ves un poquito alterada en este momento?

Pues mira, yo la veo como la veía en mi juventud cuando leía El miedo a la libertad, de Erich Frömm, que yo le conocí personalmente y que vivió los primeros 80 años del siglo XX; nació en el uno y murió en el ochenta. Y en ese libro ve precisamente esa destrucción de los valores a través de las éticas calvinistas, protestantes y del dogma por encima de la dialéctica y de la epistemología.

Decía Voltaire que a veces la Razón se esconde porque no hay manera de que se la escuche nada. Estamos un poco en ese momento, ahora.

Claro, y como Erich toma el modelo que ya había iniciado el último Freud con el Moisés y el monoteísmo, El porvenir de una ilusión o El malestar en la cultura; y escribe: El arte de amar, El miedo a la libertad, estos libros que todavía tienen una vigencia tremenda, y habría que hacer seminarios para que la juventud española viera cómo se puede aniquilar el pensamiento por la peligrosa manía, no de pensar –que decían-, sino de no pensar.

Política, aventura, idealismo

De no pensar. Bueno, tu vida tiene también un capítulo aparte, novelesco, aventurero, comprometido, porque, por ejemplo, te afiliaste al Partido Comunista cuando había que luchar contra el franquismo, contra el fascismo en España y luego justo, cuando llega la Democracia, ya no estás ahí, ¿cómo es eso?, tú te retiras…

Te lo voy a explicar de una manera muy clara y muy bonita: mira, cuando yo estudiaba con Tierno Galván el Bachillerato, él era un joven que salía de un campo de concentración, incluso se había afiliado a un batallón anarquista y nunca dejó el viejo credo anarquista: su viejo sueño era recomponer la escisión que hubo en el primer Manifiesto Comunista entre Proudhon y Bakunin, el tema de filosofía de la miseria o miseria de la filosofía, de Bakunin y Marx. Entonces yo, en el año 45, yo tenía 14 años o 15, Tierno nos obligaba a traducir a Platón sin diccionario; yo venía del exilio francés y hablaba francés muy bien; me había leído toda la Ilustración, y me había leído sobre todo L´être et le néant, de Sartre, El ser y la nada, y me había fascinado; me había fascinado hasta el punto de que a la costurera que iba a mi casa le pedí que me hiciera una camisa negra, me fui a París, estuve por ahí… Un profesor mío de Bachillerato: don Manuel Sito Alba, que era lector de la Biblioteca de París me… Pero eso fue después; yo había leído ya antes una conferencia que dio Jean-Paul Sartre que se llamaba: El existencialismo es un humanismo que dio el día 29 de octubre de 1945 en el Club Maintenant en el cual hablaba cómo los burgueses radicales, o sea, lo que sería el azañismo en España, o sea, La República, o sea, de donde yo venía y de donde nunca me fui, tenía que aliarse con el marxismo porque si no, el fascismo lo derrotaba; entonces ese discurso cuando lo leí y lo leí detenidamente ya en aquella época juvenil, me marcó de tal manera que creí, como creyó Sartre, que después escribió la Crítica de la razón dialéctica y se alió con el Comunismo francés y con la resistencia y con todo el mundo aquél, que ésta era la línea. Y la tomé hasta que hubo una cierta normalización en la cual pues yo era muy sensible a la partidocracia que vendría después y que nos ahogaría y ya existía en aquél momento; ya había discusiones en el seno del Partido Comunista, ya había habido el cisma de Semprún, por ejemplo en París, precisamente.

Y ya se veía venir que la Transición, nada, que continuismo y no ruptura.

Y ya se veía venir, exacto. Y no me interesaba presentarme a diputado ni a concejal ni a nada de eso, Me interesaban dos cosas: una, preservar mi ideario, y otra, recuperar el tiempo perdido en política y trajines y demás, lo que hice febrilmente, estudiando de una manera extraordinaria –que yo mismo me admiro de aquella época-: hice tres especialidades médicas, hice varias oposiciones, en fin, una cosa de estudio tremenda, con lo cual me di de baja en el Partido Comunista y nunca más he vuelto a acercarme a la política ni he tenido cargos políticos; tuve uno técnico que fue subdirector general de Relaciones Internacionales pero era porque el ministro de Sanidad que era Ernest Lluch, al que conocí en mi estancia como médico forense de Olot, pues me nombró para esto en base a que yo hablaba idiomas, tenía conocimientos médicos y era útil en este tema; pero nunca más, incluso aquello, la cosa terminó mal por razones que no vienen a cuento.

Has hablado de Tierno y no sé, ahora que se están desvelando secretos de la Transición, “desclasificando” muchas cosas –hay un magnífico libro de Alfredo Grimaldos, sobre el tema, recién publicado, por cierto-, ¿se pueden desvelar secretos que tú conozcas? ¿Por qué no había lugar a una transformación social cuando ya llegó el Partido Socialista al poder?, porque creo que a Tierno Galván le aclararon en algún momento que no se iba a poder transformar nada y vamos, que le dieron un toque.

Tierno Galván venía, como yo, de otro mundo; el mundo de La República, un poco de la utopía, también y claro, él chocó enseguida con el realismo partidocrático que tenían en su propio partido. Sufrió dos problemas: primero fue expulsado del Partido Socialista y luego tuvo una serie de problemas y finalmente, el fundó el Partido Socialista del Interior (PSI) que luego se convirtió en el Partido Socialista Popular, pero llegó un momento en que le ahogaron con deudas, le cerraron todos los recursos económicos y él estaba pues lleno de deudas y tuvo que prácticamente, para que le condonaran esas deudas y no le metieran en la cárcel, pues tuvo que pactar con el Partido Socialista en el poder (se refiere al PSOE).

O sea, que se lo aclararon bien.

Este hecho, el momento clave fue una cena que tuvo con Felipe González (se refiere al ex presidente del Gobierno, en ese momento secretario general del PSOE) en un restaurante que se llamaba Las Reses

¡Las Reses…! ¡Qué bueno…!

Pues de allí salió desolado. Le pusieron en el Partido Socialista, le dejaron la Alcaldía de Madrid como una cosa meramente representativa que no tenía ningún valor político; se equivocaron, se equivocaron, porque él descubrió… Él había hecho su tesis doctoral sobre el tacitismo –yo le conocí cuando la estaba haciendo-, o sea, las ideas de Tácito en los escritores del Siglo de Oro; naturalmente los gerifaltes franquistas lo del Siglo de Oro y las ideas de Tácito pues no, no… Les sonaban a algo que no tenía ninguna relevancia. Era muy importante aquello, volvió a retomar esos temas, el lenguaje del Siglo de Oro, la influencias de Tácito e inventó un género literario que fueron los bandos; con ello se hizo popularísimo, actuó en política y si no le hubiera matado el cáncer que le mató, hubiera, yo creo, derrocado… y hubiera sido una línea política completa.

Pero, a ver, ¿en Las Reses qué le explicaron exactamente?, ¿cuál fue la faena?

En Las Reses le explicaron que o se sometía o…

O le iba a ir muy mal…

O le iba a ir muy mal e iba a ir a la cárcel porque debía ocho millones de pesetas, que en aquel momento era una verdadera fortuna, y que, o se sometía a quien tenía que someterse, que era al secretario general del Partido en aquel momento, que era Felipe González, en una palabra, o no… Entonces Tierno Galván se sometió, preservando a dos o tres que tenía y a los demás, no es que los traicionara, pero de alguna manera los dejó en la estacada porque no tuvo más remedio; se lo reprocharon mucho.

Bueno, yo quiero que nos cuentes tu etapa de marino, primero que cuando eras pequeño tuviste unas aventuras que te llevaron a una buena enseñanza, por casualidad, eras como el niño muy rebelde y llegaste a un buen colegio, mejor…

Claro, cuando yo volví del exilio… Mi situación era muy mala, porque mi madre procedía de un matrimonio de hidalgos, su padre había sido senador, era del partido de Nocedal y era el hermano mayor de la Congregación de la Virgen de los Ángeles.

¡Güau!

Pero eran buena gente. Mi madre tampoco era una señora reaccionaria ni mucho menos, era una señorita de Getafe pero que ya en aquella época jugaba al tenis, montaba en bicicleta, sabía francés, pintaba muy bien, había estudiado la carrera de música, había ganado premios de armonía y composición, veraneaba con su tía Remedios en Coimbra, hablaba portugués y francés correctamente; o sea que no era una señora al uso en la época ya. Su madre era una mestiza filipina, con lo cual había en mi casa un aire exótico y demás. Y su padre era don Felipe de Francisco, que era agrimensor, como los ingenieros agrónomos ahora y era una persona que dirimía litigios entre lindes y cosas de esas con sus conocimientos topográficos y demás, y que pasaba por un hombre bondadoso y justo, y que tenía la gratitud de todas las gentes de allí y que terminó dirimiendo pues no sólo cosas de lindes, sino disputas matrimoniales, herencias; se consultaba a don Felipe de Francisco que era el que dirimía todo. Tan buena persona era, que cuando el terror rojo -que lo hubo también en Getafe, por una circunstancia histórica y fue muy grave-, jamás se le ocurrió a nadie meterse con don Felipe porque era un hombre que estaba un poco sacralizado por la gente: todo el mundo tenía buen recuerdo de él.

Mi padre, en cambio procedía de una familia en la que su padre había sido socialista y había tenido trato con Pablo Iglesias y estaba en las listas negras de los patronos; era un artesano carpintero, había tenido mucho éxito en Barcelona donde formó cooperativas obreras arreglando telares que se hacían de madera, pero finalmente estaba en las listas negras de todas las patronales por sus ideas socialistas -socialistas pero con un deje anarquista en el buen sentido de la palabra, con cierta influencia de Proudhon- y claro, no le quedó más remedio que la emigración. A mi abuela no le fiaban en las tiendas, tenían un hijo único y estaban muertos de hambre, hasta que finalmente un alemán, Mens, puso una fábrica de hélices de avión en Getafe y necesitaba una persona capaz y experta que dirigiera esa fabricación. Las hélices se hacían de madera con las nervaduras de hierro y había que trazar muy bien los perfiles, lo que requería destreza. Entonces se traslada a Getafe y allí es donde se arraiga y siempre mantuvo sus ideas socialistas. Yo nací en el año 32.

“Se puede aniquilar el pensamiento por la peligrosa manía de no pensar”.

Mi padre, hijo único, había estudiado con matrículas de honor todo el Bachillerato y la carrera en San Carlos. Tenía varios maestros, uno era Ramón y Cajal, con el que sacó matrícula de honor. Fue alumno interno del doctor Negrín, que venía con sus ideas completamente nuevas de la bioquímica y de Alemania, donde estudió muy joven y luego, Marañón, jefe de servicio, cuando se indispuso con la Monarquía y le meten en la cárcel, pues se decanta ya apoyando a la República y le dan a escoger 25 alumnos para instruirlos en Patología médica y mi padre está con Marañón esos tres años de carrera y con esta formación. Mi padre era radical republicano, uno de los fundadores de la FUE y claro, llegado el momento, Getafe era republicano, pero avanzaban las tropas de Franco y unos parientes de mi abuela, filipinos, comunican con mi madre diciéndoles que su hijo es falangista y “tenemos la orden de fusilar a tu marido cuando lleguemos allí a Getafe, está en las listas de fusilamientos que tenemos…”. Había listas de fusilamiento, y mi padre estaba en ellas. Mi madre le dijo: mira, vete, llévate a los niños. Ya habíamos sufrido un bombardeo en la casa y entonces mi padre se fue con los dos hijos del matrimonio (yo el mayor y el segundo mi hermano Joaquín) a Francia, con mis abuelos paternos. Estuvimos allí en el exilio. Cuando mi padre pudo y volvió, ya Marañón había vuelto también del exilio, mi madre había preservado el patrimonio. A Marañón le habían incautado El Cigarral, pero se lo devolvieron porque se sometió de alguna manera. Y entonces me llevaron a los Escolapios de Getafe y, al poco tiempo, llamaron a mi padre los padres escolapios y le dijeron: “mire usted, don Martín, aquí sus dos hijos, uno es monaguillo y está muy bien y es un chico cariñoso, pero el mayor va a ser un delincuente, es una persona… y le vamos a usted a dar una recomendación para un correccional que se llama Santa Rita para que le lleve usted, porque este chico…, no vamos a hacer carrera de él y evítenos usted la violencia de expulsarle y demás”. Entonces me llevaron a vivir con mis abuelos a Madrid, él seguía con el taller de carpintería en la calle Cartagena, en La Guindalera. Entonces me llevaron a un colegio que había en esa calle, el colegio Simancas, donde encontré a Tierno Galván, a Sobejano que luego fue catedrático de la Universidad de Berkeley, a Sito Alba, que luego fue bibliotecario en París, y donde fui feliz y lo pasé muy bien. Era un colegio mixto, además, que pude tratar a las mujeres, no como portadoras de sexo, sino como portadoras de valores como yo; y tuve una educación muy distinta a la gente de mi generación.

Y Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita; toda la cultura y esas buenas relaciones, ¿no? Y luego ya la aventura de mar… A ver…

Pues claro, en mi casa había un ambiente exótico; mi abuela era filipina, iba vestida de María Clara, había los muebles de alcanfor que había traído cuando volvió mi bisabuelo; se contaba en mi casa la singladura de mi bisabuelo, que se hizo a la vela. Fue a la calle La Aduana, los martes salía la diligencia para San Fernando de Cádiz; se hizo a la vela allí, tardó cinco meses y medio doblando el Cabo de Buena Esperanza, el cabo de las tormentas, navegando por el mar de la India y allí, pues, con los marinos aquellos de altura, famosos, porque dirigir un barco de vela es como dirigir una orquesta donde los violines son los vientos, donde los bajos son las olas del mar, en fin, y esos grandes marinos se distinguían porque en Manila a las llegadas se compraban unas gorras que tenían las viseras de carey y cuando se veía con esas gorras es que era un piloto de altura; todas estas nostalgias del mar  y de las cosas de mi abuela y luego ella quería, claro, como eran ricos hacenderos de Filipinas, creía que lo habían usurpado y entonces me enseñaba a mí lengua tagala y cosas de derecho para que yo, que era su nieto mayor, fuera con ella allí a recuperar esa herencia, la hacienda y mi padre decía que su suegra estaba un poco pirada y que eso no eran cosas serias y hasta que yo no terminara los estudios no fuera y me quedó siempre una nostalgia del mar y un movimiento centrífugo que me alejaba de la sociedad española.

Yo a diferencia de los demás chicos, nunca tenía novia y era un emigrante sentimental; tenía novias alemanas, o francesas, o lo que podía. En los veranos me iba a Francia y andaba por allí como podía, trabajé descargando camiones, allí en el mercado de París, recorrí Francia por todas partes y Francia era mi patria del espíritu y siempre he tenido un alma de lejanías y un movimiento centrífugo de  no anclarme aquí y efectivamente, me casé, como sabes, con una filipina que me entiende, y me ha permitido ser lo que soy y además del amor, me queda por ella un agradecimiento profundo porque nunca me ha puesto ningún impedimento de lo que he querido hacer por mal que me fuera, y a veces me ha ido muy mal.

Has recorrido medio mundo, sí, enrolado en alta mar. Y has seguido siendo rebelde, me consta. Incluso cuando llegó el Rey actual aquí, al Ateneo, siendo tú presidente, le dieron el número de socio de Alfonso XIII, y creo que en un discurso le dijiste que en esa tribuna se sentó el servilismo y la impostura.

Hombre, yo traté con gran cortesía al Rey, pero mi discurso fue un discurso republicano. El discurso, que fue muy celebrado por Jover y por algún historiador, pues hablaba también pues de lo que siempre he sostenido, que en esas mesas del Ateneo pues había estado un tiempo pues ocupado por el servilismo y la impostura y que bueno, y que se le agradecía su presencia allí, eso sí, y bueno, y que respetara las libertades y el espíritu que representaba el Ateneo.

¿Y qué cara puso?, ¿lo encajó bien, sí?

R. El Rey lo encajó bien porque el Rey yo creo que no se entera mucho de las cosas y estuvo amable y la verdad es que cortés a su manera, también; y la Reina, también, pero De la Cierva me recriminó en un artículo que publicó me parece que en el diario Ya, que se llamaba el presidente del Ateneo que decía que “con desenvoltura y audacia se había atrevido delante del Rey a dar un discurso republicano”, y una cosa así.

Pero en todo momento hay que decir lo que hay que decir.

Hay que decir lo que hay que decir y decirlo si es posible con cortesía y con deferencia, como yo lo hice, pero con claridad.

Como ahora habría que decir tantas cosas… César eres todo un ejemplo, y que sepas que a mí me has influido muchísimo, que eres todo un referente por tu cultura, tu cariño, tu humanidad con las personas, en fin, ¿quieres decir algo más? Por ejemplo, a los jóvenes, que andan tan maltratados.

“El Rey encajó bien que le dijera, siendo yo presidente del Ateneo, que en cierta tribuna –le dieron el mismo número de socio que a Alfonso XIII- se sentó el servilismo y la ignominia. Creo que no se entera mucho de las cosas”.

Pues mira, decir que estoy agradecido al destino, que no tengo otras creencias…; que cuando fui a París y seguí la estatua de Paine que decía…, y el lema de la Ciudad Universitaria de París, que decía aquello de: Mon pays est le monde, mon bonheur: la liberté; ma religion est de faire le bien, las hice mías, o sea: mi patria es el mundo, mi dicha: la libertad, mi religión: hacer el bien. Y agradezco al destino el que me haya permitido sobrevivir con integridad, sin haber perdido nada importante en el camino. Naturalmente, no soy un joven y estoy entrando ya en la decadencia y procuro defenderme de ella pues, con buen ánimo; pero el paseo por la vida, pues no ha estado mal y he tratado de dignificarme en la cultura y por la cultura y de transmitir pues mis libros, mis conocimientos; he elegido unos estudios que me han permitido curar a los enfermos, consolar a los que no podía curar; aliviar el dolor cuando no podía curarles la enfermedad que se les producía, y que estoy pues si no satisfecho -porque no soy un engreído y podía haber sido mejor-, pues que, sobre todo, tengo la sensación de haber navegado sobre abismos sin haber caído en ellos y un poco lo que dice Pío Baroja al final de sus novelas: yo soy un pájaro que ha volado sobre cenagales pero que no se ha manchado las alas.

Eso es estupendo como conclusión. Muchísimas gracias por tu valentía, por tu afán de búsquedas y por tu afán de vivir haciendo de la vida ese paseo agradable, y por compartirlo.

Gracias a ti, Enriqueta.

Más información en:http://www.fundacion-c-navarro.com/

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