Octavio Colis
15m: influir o confluir

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Vengo asistiendo desde hace algunos meses a varias asambleas del movimiento 15M que se celebran en Madrid en diferentes plazas, en El Retiro, o en lugares okupados.  Decidí acudir a la Asamblea de Economía en la plaza del Carmen y a las de “Economía Sol” en El Retiro porque es un tema este de la economía en el que me encuentro cojo o cojísimo -como en tantos otros, quizá demasiados- y voy por aprender. En las de la plaza del Carmen de los lunes por la tarde se reúnen los quincemayistas sentados en el suelo sobre cartones o en sillitas de campo, como de plenairistas domingueros, y lo hacen en círculo alrededor del busto en pedestal erigido en recuerdo y honor de Pepín Fernández, el empresario creador de Galerías Preciados y de efemérides consumistas como el Día de los Enamorados, de La Mascota o de La Madre. Algunos viandantes que se dan cuenta de ello y no son partidarios del movimiento 15M, creen y así lo manifiestan en voz alta, que es un escarnio intolerable. El insulso busto de Pepín mira fijamente hacia los difuntos Cines Madrid (como calculando si convendría adquirirlos), destartalados en ese edificio abandonado a la suerte especuladora desde hace un buen tiempo. Esa cara verde costreñida e inmóvil me trae siempre a la memoria lo que Macedonio Fernández opinaba sobre las estatuas públicas ‑en figura y prestancia que nunca tuvieron, de méritos falsos o reconocidos demasiado tarde-, decía que eran una intrusión municipal del recuerdo de los muertos en la vida ciudadana cotidiana y el paisaje corrientes, sólo para amedrentar a los vivos. También es verdad que aprovecho para dibujar a los quincemayistas en esos entornos madrileños, para aportar luego mis apuntes a la Red en la que publican sus debates, ideas, comunicados y consensos. Obviamente rara vez pido la palabra porque aún me siento muy inseguro en el tema y me parece que sería hacerles perder el tiempo, ya de por sí muy apretado en esas reuniones.

Últimamente he asistido a las asambleas que celebran los miércoles por la tarde en la plaza del Las Descalzas. Como siempre en todas las asambleas del 15M, se lee el acta de la reunión anterior, se sortea quién se encarga de moderar, tomar notas y acta de lo que se hable y se consensúe, y se van desgranando los temas, se debate y se votan propuestas y se llega o no a consensos, todo se anota y se registra para remitirlo luego por la red a los que lo solicitan en forma de acta o de documento de trabajo. Se pide a los asistentes brevedad en las intervenciones, que se ciñan al tema y no se repitan opiniones coincidentes. Se establecen límites de tiempo tanto en la duración de asamblea, como en las intervenciones. Se puede hablar para llegar a consensos y precisar términos como por ejemplo: “mayoría social”, “asalto electoral”, o la relación con otros grupos del 15M. También se pueden proponer grupos de trabajo para estudiar diversos temas sociales.

Ya desde hace algún tiempo se está debatiendo transversalmente -en todo el movimiento en sí- sobre la posibilidad de dar el paso de implicar al 15M en la representatividad política. Y algunos, por prisa o porque no creen que deba de ser de otra forma frente a las próximas elecciones, y otros quizá -tienen todo el derecho- por integrarse o formar parte personalmente de algunas listas electorales con programas que les atraen, tratan de convencer de la necesidad de “confluir” con los partidos afines. La alternativa a la acción de “confluir” la plantean otros como simple influencia, “influir”, éstos se encuentran a sí mismos más consecuentes influyendo que convergiendo. Y no pocos acuden para tratar de “hegemonizar”, llevarse al huerto de su partido, a los que suponen son afines o, incluso para “hegemonizar” a todos los quincemayistas de la asamblea. Hegemonizar es una palabra altanera, autoritaria y también chistosa cuyo concepto viene de la perversión traducida de las enseñanzas de Lenin. Las malas traducciones literales suelen dar conceptos erróneos.

A veces las simples palabras, nunca inocentes, nos desvelan enseguida el verdadero significado que tienen para los que las utilizan en sus argumentos. Confluir es sinónimo de afluir, de fluir a, o hacia alguna parte diferente, similar o no a la que se fluía hasta ese momento. Se afluye por afinidad en la dirección que se pretende o porque simplemente le arrastra a uno la fuerza de la gravedad o la mecánica del que tira hacia él y hacia allí. Es decir, que el que tiende a fluir en el mismo sentido que lo hace otro, puede hacerlo porque su orientación es natural o porque es forzada o abducida. Los términos fluviales que resignifican este acto de confluir sugieren que el agua de los ríos que confluyen se mezclan irremediablemente, adquiriendo las afluidas el carácter de las afluyentes y viceversa, siendo que, por ejemplo las aguas del río Jarama que se precipitan en las del Tajo, dejan de llamarse aguas del Jarama para siempre, hasta su desembocadura en el mar Atlántico, para llamarse desde el término municipal de Rivas Vaciamadrid en el que confluyen: aguas del Tajo. Dicho de otra manera, el Jarama desaparece en el Tajo. Desde ese mismo punto de confluencia el Tajo, es cierto, adquiere algunas de las características del Jarama, pero pocos tramos más allí de su fluir es indistinguible quién es quién, y las menos caudalosas aguas del Jarama adquieren pronto las características, deseables o no, de las del Tajo, y ya no tiene posibilidad, si hubiera voluntad o incluso necesidad de hacerlo, de fluir ad versus flumine para recuperar su subcuenca particular y características propias.

Influir, sin embargo, supone apoyar, ayudar, contribuir, proponer, y si la influencia que se aporta es negativa es porque ese apoyo lo es por apoderarse o valerse de lo apoyado para conseguir algo, u otra cosa que la que pretende el influenciado. Pero influyendo no se pierde la esencia del influenciador en el influenciado, sólo se trata de aportar lo que se porta esencialmente, o alguna parte de ello, como una contribución parcial al influido. Ni se contamina el influenciador de las posibles contaminaciones que porta el influenciado, que acaban por ser de los dos cuando la influencia se convierte en afluencia con todo o confluencia total.

Si la insignificancia relativa del 15M (relativa a su condición de movimiento) confluyera con la dirección de partidos supuestamente afines enseguida perdería su esencia primordial, se vería pervertida por todo el poso indeseable que contuvieran estos y que es precisamente lo que animó el proyecto “individualismo en colectivo” de los quicemayistas desde el principio cuando decían “no nos representan”. En el 15M todos hablan por sí mismos, sólo se representan a sí mismos a través de diferentes asambleas y de las opciones interasamblearias y, si confluyeran en la representatividad encabezada por otros, perderían esa esencia primordial, porque a partir de la confluencia los representantes del partido con el que hubieran confluido, lógica e irremediablemente hablarían por ellos. Y entonces ya no habría posibilidad de fluir ad versus flumine para salirse de la cuenca que nos precipita al mar, que es el morir, como decía Manrique.

Desde que existe el movimiento 15M Madrid no es igual, y no lo es no sólo por el salpimentado rebelde de la presencia de los quincemayistas en cualquier parte de la ciudad, a todas horas, en todo momento, que es lo que más jode a los que les gustaría que desaparecieran de una vez en los partidos políticos, o desaparecieran sin dejar rastro, sino porque también han influido en leyes y programas de una manera evidente. Y si digo salpimentado es porque sé que algunos pensarán que no se les ve o, que al menos, ellos no los ven por ninguna parte, como si se hubieran esfumado. Y les sucede esto porque ven el movimiento como una especie de folclore que acampa y protesta en grupo y cuando no los ven dando bulla creen que se han ido a casa. Pero tampoco se ve la sal y la pimienta de la sopa, pero se paladean y se sienten. Y en esta sopa primordial en la que fluimos los madrileños el sabor no es el mismo, para nada, desde que aparecieron en ella los quincemayistas.

© Octavio Colis

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4 comentarios de “Octavio Colis
15m: influir o confluir

  1. 16 julio, 2013 at 11:26

    +1 Octavio, gracias!!

  2. Manolo
    17 julio, 2013 at 23:56

    Creo que el 15M no es sólo que no deba, sino que no puede “confluir” en el sentido literal que le das en el artículo.
    No puede porque no tiene estructura de toma de decisiones que permita un posicionamiento formal de caracter electoral.
    Una acepción más vulgarizada de confluencia no significa disolución, entiende que puede ser la simple coincidencia, que puede incluso ser circunstancial o para mobilizaciones concretas.
    Lo que si debemos plantearnos es si conviene un proyecto para generar una posición de poder que sea contraria a las políticas que venimos padeciendo desde hace muchos, muchos años.
    Usemos la palabra “coincidir” para referirnos a los movimientos de todo tipo que han venido demostrando en la calle su lucha en esa dirección y a los partidos que estén en la misma dirección.
    Si se trata de un frente generado “desde abajo” y con ciertas garantías democráticas, la gente del 15M, o las asambleaas concretas que lo consensúen, podrían dar un paso más que la influencia (que ya se empezó a producir desde el principio) y expresar de alguna forma la “coincidencia”

  3. Octavio Colis
    18 julio, 2013 at 2:48

    Sí, yo trataba de desmenuzar el concepto que encierran ambas palabras: confluir e influir, sugiriendo la significación alternativa que propone la fluvialidad. Si propones: coincidir, la cosa es diferente. Se puede coincidir ocasionalmente sin renunciar a la dirección iniciada por los coincidentes. Coincidir se debe entender como divergentes que inciden a la vez en algún punto para continuar el propio camino. Habría entonces que fijar la coincidencia de mínimos, si es que la coincidencia es premeditada, porque si es casual no tiene causalidad alguna.
    Si no supiéramos decir: mesa, no sabríamos pensar: mesa. Por eso propongo que se asuma el empleo de las palabras en orden a los argumentos en las que se implican.

  4. Ernesto
    21 julio, 2013 at 12:35

    ¡Muy guapo compañero! Literario también y es un +1. La opción asamblearia es lo más opuesto a la convivencia vertical de esta etapa, ya larga, del beneficio empresarial. Es la propuesta de la convivencia con las personas en el centro de todas las consideraciones. O lo que es lo mismo, la propuesta de tener la perdurabilidad de la Especie y el cuidado del medioambiente como prioridades máximas.
    Un besoabrazo de oso desde la Asamblea de Carabanchel y del Tribunal Ciudadano de Justicia.

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