Albert Camus, 100 años: Otra forma de pensar el hombre y el mundo

Mercedes Arancibia

Periodista

El 7 de noviembre de 2013 Albert Camus, uno de los más grandes y sinceros escritores franceses del siglo XX, hubiera cumplido 100 años. Si los Premios Nobel de Literatura siguen teniendo su valor inicial, y no el de la repercusión mediática y el reparto político de los últimos tiempos, el suyo de 1957 avala aun más una trayectoria impecable que se inició en un pueblo del norte africano perteneciente a Argelia (su padre murió en Francia en la primera guerra mundial, su madre era de origen español), pasó por la facultad de Filosofía y Letras de La Sorbona con una beca de estudios, por la Resistencia francesa durante la segunda guerra mundial, por el grupo Combat (de cuya revista fue director) y terminó demasiado pronto, a los 46 años, tras la publicación de novelas y dramas teatrales, y una serie de relatos, ensayos, cartas y artículos que, medio siglo más tarde, siguen siendo documentos de base para tesis doctorales y escritos políticos varios. Citado, reivindicado, comentado, con el tiempo se ha convertido en una referencia ineludible para pensar el mundo.

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Tal y como está previsto, “el 7 de noviembre iremos todos  a alguna librería para celebrar el nacimiento de Albert Camus. –escribe Raphäel Sorin en el blog Lettres ouvertes, en el diario francés Libération– Su editor, Gallimard, ha ampliado para la ocasión el ‘cementerio particular’, la colección Pléiade que reserva a sus mejores escritores. Con su look bogartiano y su muerte a lo James Dean, el autor de El extranjero  debería tener ya un lugar en el Panthéon, si no fuera tan  hermoso el cementerio de Lourmarin donde reposa”.

En Lourmarin Camus había encontrado los paisajes y el clima mediterráneo que le recordaban a la Argelia de su infancia. En el camino de Lourmarin a París, en la nacional 5 y en una recta con buena visibilidad cerca de Petit-Villeblevin, Camus tropezó con  la muerte a bordo de un  Facel Vega, el automóvil deportivo que conducía Michel Gallimard. La leyenda cuenta que dos días antes, el 2 de enero de 1960, Camus había comentado al enterarse de la muerte del ciclista Fausto Coppi: “No conozco nada más idiota que morir en un accidente de auto”.  Con el dinero del Nobel, la familia compró una casa en el centro del pueblo. Allí vive y gestiona la obra del padre  -“un padre tolerante pero exigente”- Catherina, la niña que aun no había cumplido 15 años cuando se quedó huérfana el 4 de enero de aquel 1960. En el cementerio de Lourmarin, la sobriedad de una mata de lavanda, un laurel rosa y algunas piedras indican donde está la tumba de Albert Camus. “Todos los días viene alguien, nunca estoy sola”, dice Catherine.

Quienes acudan el 7 de noviembre a las librerías francesas encontrarán la reedición de la primera biografía escrita por el estadounidense  Herbert R. Lottman (para la memoria, el  24 de noviembre de 1978, el veterano periodista de la televisión pública francesa Bernard Pivot iniciaba el programa literario Apostrophes con esta frase: “Si hubiéramos tomado el pulso de Camus y Mauriac estoy seguro de que habríamos escuchado el latido del mundo”; el invitado especial de aquel programa era Lottman que acababa de publicar Camus, una biografía), los recuerdos de Batiste-Marrey, un ensayo de Paul Audi y otro de Benjamin Stora, una novela de Salim Bachi e incluso el Discurso imaginario que Henri Guaino  (1) hubiera pronunciado en el momento de trasladar los restos de  Camus al Panthéon (de los hombres ilustres), si eso hubiera ocurrido cuando lo propuso el anterior presidente francés y la familia se negó.  A dos pasos de la tumba, en el castillo de Lourmarin, en el Salón del Libro antiguo , el actor Pierre Arditi leerá un fragmento rodeado por ediciones de lujo, ediciones originales, cartas (entre las que se encuentra la  dirigida a Sartre y De Beauvoir, “rescatada” el verano pasado en una librería de viejo), manuscritos, ejemplares dedicados…(2).

El extranjero (novela 1942)

Prólogo a la edición americana: “Hace mucho tiempo resumí El extranjero en una frase paradójica: En nuestra sociedad, un hombre que no llora en el entierro de su madre se arriesga a que le condenen a muerte.  Lo que quería decir es que el héroe está condenado porque no se pliega al juego. En ese sentido es extranjero a la sociedad donde vive, se mueve errante, marginal, por las afueras de la vida privada, solitaria, sensual”.

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“…en este noviembre funerario y mortuorio, en estos días que se enlutan a las cinco en punto de la tarde mientras muero de amor por las personas que quiero y las ideas que padezco. Con todo mi agradecimiento por haberos conocido…”. (Ricardo Romanos, Noviembre).

Fue “el escritor francés” del siglo XX, el más leído y el más traducido del mundo. No solo las librerías le rinden homenaje en su centenario; también le recuerda el cine, el cine documental: la cámara de Joël Calmettes (autor de otras dos películas sobre el mismo personaje, La tragedia de la felicidad y El periodismo comprometido) ha recorrido el planeta buscando lectores de Camus de todas las edades y condiciones. En Vivir con Camus –documental que podrá verse el 7 de noviembre de 2013 en el canal cultural franco-alemán ARTE-, aparecen el empleado de una empresa que canadiense que instala suelos de parquet, un aprendiz de pastelería argelino, un gendarme francés, un trabajador humanitario alemán, un ex condenado a muerte estadounidense: “Algunos vieron como cambiaba el curso de sus vidas después de leer El extranjero o El mito de Sísifo (“Descubrí que aunque la vida sea absurda, hay que vivirla”); otros encuentran en él la energía cotidiana (“Camus es como un compañero de viaje”, “En él he encontrado mi doble”); hay quien confiesa auténtico culto (“Es como un santo que puedo invocar en cualquier momento…”). Invitada sorpresa, la cantante Patti Smith revela que relee con frecuencia a Camus, cuando termina las giras y se aísla para escribir nuevas canciones (“me da ganas de trabajar”). Testimonios todos que permiten dibujar los contornos de una obra que siempre tiene al hombre en el centro, un hombre enfrentado al desorden del mundo moderno, que busca sin tregua –y con lucidez- dar sentido a su vida. Sin saberlo, en el documental, esos apasionados rinden a Camus el mejor homenaje que puede esperar un escritor: ver como sus palabras cobran vida”.

Procedente de una familia muy modesta, hijo de un soldado al que no llegó a conocer, movilizado en septiembre de 1914 y fallecido en octubre tras resultar herido en la batalla del Marne, crecido en el popular barrio de Belcourt de Argel y educado por una abuela maestra (la madre ,casi totalmente sorda, tenía dificultades para hablar), en 1957, en Estocolmo, vestido de etiqueta y rodeado de príncipes nórdicos y otras glorias de la sabiduría mundial, dedicó el Premio Nobel de Literatura a Louis Germain, el maestro que en la escuela argelina le ayudó a conseguir la beca que le permitiría  continuar los estudios en el instituto y la universidad: “No le doy gran importancia este tipo de honor. Pero al menos es una ocasión para decirle lo que usted ha sido, y sigue siendo para mí, y para garantizarle que sus esfuerzos, su trabajo y la generosidad de corazón que usted pone en él siguen vivos en uno de sus pequeños escolares que, a pesar de la edad,  nunca ha dejado de ser su agradecido alumno” (Fragmento del facsímil de la carta que el autor de El extranjero dirigió a su antiguo profesor poco después de conocer la concesión del Premio Nobel, publicado por Alain Bonnad en la edición digital del semanario francés Causer, con fecha 4/11/2013).

Filósofo y humanista, comunista y luego anticomunista, marxista libertario (lo que entonces, como ahora, acarreaba acusaciones de pequeño burgués), periodista, ensayista, novelista, dramaturgo, escenógrafo, actor…”Ninguna etiqueta sirve para definir a Camus –dice el filósofo Raphäel Enthoven- no es situable. No quería serlo”. Traumatizado como todos los argelinos por una guerra cuyo final no llegó a ver, fue también “uno de los hijos de Saint-Germain-des-Prés”, el barrio parisino donde en la segunda posguerra se fundieron los residuos de la Resistencia con el existencialismo, el surrealismo y el jazz vibrante que llegaba hasta el asfalto desde las caves.

Murió esperando poder algún día dirigir un teatro y se burlaba de sí mismo diciendo que podría hacer cine porque era “una mezcla de Humphrey Bogart y Fernandel”. Como Bogart, en muchas de las fotografías lleva gabardina, “la gabardina”, y un cigarrillo colgando de la comisura de los labios.  Había vivido un romance apasionado con la actriz María Casares y había rechazado las insinuaciones de Simone de Beauvoir. “Las mitologías se hacen a base de detalles. La de Camus es sobre todo la de un Premio Nobel que perdió a su padre en la guerra del 14 y fue educado por una madre analfabeta casi muda, que se ganaba la vida como sirvienta”. A ella  -“A ti que nunca podrás leer ese libro”- iba dedicado El primer hombre, el texto que dejó sin terminar y la familia publicó más tarde.

Los Justos (teatro, 1950)
Prólogo a la edición francesa:
“En febrero de 1905, en Moscú, un grupo de terroristas pertenecientes al partido Socialista Revolucionario, organizaban un atentado con bomba contra el Gran Duque Serge, tío del zar.  El atentado y las circunstancias que lo precedieron con el argumento de Los Justos. Por extraordinarias que puedan parecer, las situaciones de esta función son históricas… Yo solo he tratado de hacer verosímil lo que ya era verdadero”.

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Cuando, en los primeros años 1950, el mundo se hundía “en las profundidades glaciares de la guerra fría”, Albert Camus no encontraba “calor intelectual ni en el Este ni en el Oeste. Su mirada estaba fijada en el Mediterráneo”, allí donde “la juventud del mundo se encuentra siempre en las mismas orillas”. Mediterráno por origen, sintió siempre que formaba parte de todos esos países de ambas orillas: España, Italia y Grecia están presentes en  toda su obra, aunque siente un amor visceral par la Argelia de su infancia: “¡Qué gran suerte haber venido al mundo en las colinas de Tipaza!”.

Toda su vida fue un combate contra la injusticia y por la dignidad, la independencia y la libertad: denunció  al régimen de Petain, colaboró en la apertura de una escuela en Orán (Cours Descartes) para acoger a los niños judíos expulsados de la enseñanza pública por las leyes raciales de Vichy, participó en la Resistencia, desafió a los nazis, dirigió el periódico Combat, escribió La peste, el gran libro antifascista, y párrafos magistrales en  El extranjero, Calígula, Los Justos, Estado de sitio, El mito de Sísifo o El hombre rebelde,- probablemente el más polémico de todos y el que provocó la ruptura con la “intelligentsia oficial” de las izquierdas francesas, encabezada entonces por la pareja Jean-Paul Sastre-Simone de Beauvoir (el gurú le acusó de “incompetencia filosófica” además de despreciarle porque a Camus le gustaba el fútbol)-, en el que traspasaba las líneas del pensamiento políticamente correcto al comparar el gulag con los campos de concentración. Ayudó a los españoles antifascistas exiliados, se puso junto a  las víctimas del estalinismo, apoyó a los objetores de conciencia, fue “ciudadano del mundo”.

Un siglo más tarde, Albert Camus se impone como una referencia moral. Cuando, en 2010, Francia festejó “el año Camus” (en el cincuenta aniversario de su muerte), las librerías se inundaron con homenajes. En un espléndido trabajo titulado Camus, le nouveau philosophe, publicado en agosto de 2013 en la sección de libros del semanario Le Nouvel Observateur firmado por Grégoire Leménager et Baptiste Touverey (3), estos autores dan un repaso a la influencia de Albert Camus en otros intelectuales del siglo XXI: “… el filósofo Michel Onfray se reclama de El hombre rebelde en la Pensée de midi, la novelista argelina Yasmina Kadra le cita en Lo que el día debe a la noche; el periodista Edwy Plenel pone en marcha su página web mencionando al periódico Combat;  Alain Finkielkraut dedica  un capítulo de Corazón inteligente a El primer hombre (la obra que Camus dejó inconclusa) y André Comte-Sponville encuentra que El Mito de Sísifo es más esencial que la Crítica de la razón pura…”. En 1999, El extranjero encabezaba una lista de 50 obras fundamentales establecida por 6.000 lectores de una revista literaria: esta breve primera novela publicada en 1942 se impone, con 6,7 millones de ejemplares en la edición de bolsillo, como el libro más vendido en Francia. Le sigue La peste, con cuatro millones.”

Calígula (teatro, 1944)

“¡Pero quien se atreverá a condenarme en este mundo sin juez donde nadie es inocente!

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“Siempre ha tenido un público fiel, sobre todo entre los profesores de bachillerato”, responde el pedagogo Jeanyves Guérin, director del Diccionario Albert Camus (4), “y además es un escritor que aceptan tanto los clásicos como los modernos, un escritor que han admirado incluso Barthes o Robbe-Grillet …” y un pensador que, sin “ser competitivo” en ese campo planteaba –“a su manera, desde la vertiente literaria de la filosofía”- cuestiones que con el tiempo han adquirido valor para ahora mismo: “la amenaza de Al Qaeda nos lleva a pensar en sus Reflexiones sobre el terrorismo”, las repetidas tragedias personales vividas en France-Télécom en los últimos años nos hacen preguntarnos si “el suicidio no es el único problema filosófico realmente serio” y si La peste no es “como un breviario en tiempos de gripe A” o de Sida.

“De España a Japón, es uno de los autores franceses más estudiados. Han montado su teatro  los Strehler, Wajda, Bergman…Se le traduce en todas partes, tiene obras disponibles en treinta y seis lenguas. Incluso un texto austero, como Reflexiones sobre la pena capital, se ha publicado recientemente en Ucrania, en pleno debate sobre la pena de muerte”. Prohibidos durante la guerra fría, los escritos de Camus circulaban en copias mimeografiadas por la Europa del Este, se hablaba de él en la primavera de Praga; checos, polacos y disidentes rusos le mencionaban  (contaba el veterano periodista Jean Daniel, también francés nacido en Argelia, fundador de Le Nouvel Observateur) porque, “Camus había conocido la miseria, actuado en la Resistencia, escrito sobre la violencia y el mal…aquellos intelectuales del Este eran rebeldes que tenían miedo de la revolución” … y “ese hombre que pensaba como Montaigne, escribía como Pascal y vivía en la duda moderna, ofrecía la posibilidad de una rebelión moderada”.

Estado de sitio (teatro, 1957)

Prólogo de la edición americana:
Ëtat de siège no es una adaptación de mi novela La Peste, aunque hay aunque hay un personaje que lleve ese nombre simbólico: como se trata de un dictador me parece adecuado…Como en lo que en la Edad Media se llama en Francia “moralidades” y en España “autos sacramentales”, he centrado el espectáculo en lo que me parece que es la única religión viva en el siglo de  los tiranos y los esclavos: la libertad”.

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“El hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es. (Albert Camus, El hombre rebelde).

Ignorado, incluso despreciado por la intelectualidad francesa oficial de la época, confundido y enemistado con los existencialistas sartrianos de Les Temps modernes, el Camus que se refugia en Lourmarin es un hombre “desgarrado”. El mismo al que ahora están “renaciendo de sus cenizas” en tesis de doctorado en “Artes liberales” en Estados Unidos: Souleyman Bachir Diagne,  discípulo de Althuseer y Derrida, profesor en la Universidad de Columbia, escribe en la revista Books que “Camus merece ser redescubierto como un filósofo de nuestro tiempo… el hundimiento de las certezas ideológicas ha hecho que Camus deje de ser persona non grata”, lo que subraya el filósofo David Sherman apuntado que “ha llegado el momento de los valores ético-políticos cosmopolitas, tales como  el diálogo entre culturas y los derechos humanos”, y enfatiza  Michel Onfray: “Hemos salido de la era de las ideologías. La Historia ha dado la razón a Camus. Se ha convertido en lo que era: un gran hombre lúcido…Camus criticó  con fuerza el capitalismo, la deshumanización de la política, tanto a derecha como a izquierda. La justicia sin libertad es dictadura; la libertad sin justicia es la ley del más fuerte”. Jeanyves Guerin, profesor de literatura francesa en la universidad Paris III, resume: “Camus ha ganado por K.O. en el caos. El pensamiento ‘modesto’ que reivindicaba sigue siendo una vacuna contra todos los dogmas”.

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© Joan Picornell

  1. Camus au Panthéon d’Henri GUAINO  (Plon) – Ebook Kindle
  2. Con ocasión del centenario, en Francia se han publicado tres nuevos volúmenes de la correspondencia inédita con el poeta Francis Ponge y los escritores Louis Guilloux y Roger Martin du Gard (Premio Nobel de Literatura 1937). Firmado por su hija Catherine, el álbum ilustrado  Le Monde en partage. Itinéraires d’Albert Camus, obra que completa el catálogo de la exposición «Albert Camus, ciudadano del mundo », abierta hasta enero de 2014 en Aix-en-Provence. Además, Mon cher Albert, testimonios de su amigo de juventud Paul Pitous, Camus brûlant, del historiador Benjamín Stora y el documentalista Jean-Baptiste Péretié, Camus et le terrorismo, de Jean Moneret, y la totalidad de los artículos publicados en Combat (1944-1947).
  3. http://bibliobs.nouvelobs.com/essais/20091120.BIB4462/camus-le-nouveau-philosophe.html
  4. Edit. Robert Laffont, Bouquins.

El mundo es lo que es, es decir, poca cosa

La sangre de la libertad.
Editorial La linterna sorda, colección Lo que no debe decirse
ISBN: 978-84-938273-7-3256 páginas, 15 €camusgRecién editado en España, el volumen La sangre de la libertad es una selección de cartas, artículos, crónicas, pequeños ensayos e intervenciones en público de una década: la que va de 1943 a 1953 y que resumen las reflexiones del escritor sobre los últimos años de la Resistencia, la Guerra Fría y su apoyo a la España republicana, libre y exiliada, así como a la represaliada en el interior. Recoge la faceta menos conocida de Albert Camus: como “periodista y activista insobornable contra la tiranía y a favor de los oprimidos. En alguna ocasión dijo que se había hecho periodista para poder expresar su ira”, aunque reconociendo que no creía “estar preparado para comprender los asuntos que me vuelven loco: el nacionalismo, el colonialismo, la injusticia social y la absurdidad del estado moderno”.

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