Imprecación por Ucrania

Juan Antonio Hormigón

Escritor, Director de teatro, Catedrático y Director de ADE

En las elecciones presidenciales celebradas en Ucrania en 2009, Víktor Yanukóvich obtuvo la victoria con un 52% de los votos sobre su oponente, la conservadora Yulia Timoshenko. El proceso electoral se hizo con observadores de la Unión Europea que garantizó la legalidad del mismo Su mandato presidencial se inició el 25 de febrero de 2010.

Atributtion: blu-news.org

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Muchas de las cuestiones que voy a referir quizá sean conocidas por algunos, otras no tanto, pero encuentro necesario revisar nuevamente los hechos para darles su dimensión real. Hemos entrado en un proceso de características inquietantes. A lo largo de mi vida he visto mentir a los medios de comunicación, falsear o confundir los hechos, pero nunca como ahora estuve ante un deliberado procedimiento de guerra psicológica, de la siembra de falsedades para inducir en las mentes sin criterio un estado de opinión adecuado para que los instigadores del desmán y quienes les pagan, puedan ejecutar con total desfachatez sus acciones nefandas. Nunca como ahora había asistido a la invención de los hechos que, en ocasiones, contrastan con las imágenes que se muestran, que además pueden estar trucadas.

Existe una línea que separa la actitud democrática de su negación: El respeto a los resultados electorales siempre que estén dentro de la legalidad, el respeto a la Constitución y la no utilización de medios violentos y anticonstitucionales para apartar a los cargos electos del ejercicio de sus funciones. Todo esto ha sido trasgredido en Ucrania en los últimos meses.

Golpe de Estado suave

El golpe de Estado clásico se produce a través de una conspiración militar o cívico militar, que se adueña por la fuerza de los organismos vitales e instituciones del Estado para erigirse en detentadores del poder. A ello sigue con frecuencia una violenta represión. Ese fue el intento de una parte del ejército en la España de 1936. Fracasaron, pero trajo como consecuencia la guerra civil. Pero desde antiguo, y también en España se dió, hay un periodo previo en el que es preciso crear un clima de inseguridad y desabastecimiento que cree sensación de ingobernabilidad o desgobierno, que haga que el golpe sea aceptado por la parte de la población que participa de ello o que se deja engañar.

En Chile, hoy lo sabemos a ciencia cierta por la desclasificación de algunos documentos, el gobierno de Estados Unidos pagó lo necesario para que este procedimiento se llevara a cabo: a los camioneros para que se pusieran en huelga y con ello provocar el desabastecimiento, las protestas de las señoras de la burguesía retrógrada cacerola en ristre, de los niños pijos de la Universidad Católica de entonces y después los militares que bombardearon La Moneda.

El presidente Chávez en 2007, en una magistral intervención, fue describiendo las características del llamado golpe suave o de mecha lenta, que consistía en el endurecimiento paulatino de esta primera fase hasta provocar el colapso gubernamental, dado que quienes lo urdían no contaban con el ejército. Él se refería a los intentos de ejecutarlo en Venezuela. Ahora lo han hecho de nuevo. Pero es en suma el procedimiento que se ha aplicado en Ucrania aunque con características, como es de suponer, muy particulares. Lo de suave es puro eufemismo, por eso se suele emplear más el término “continuado”.

En noviembre de 2013 Víktor Yanukóvich renunció a firmar un acuerdo con la UE. Francisco Ruiz, doctor en Seguridad Internacional y profesor del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado (UNED), aclaraba en su artículo “Una visión alternativa de la crisis de Ucrania”, publicado  en www.esglobal.org el 6 de marzo, lo siguiente:

De entrada, el presidente Víktor Yanukóvich no había enloquecido cuando anunció en noviembre la renuncia a firmar el acuerdo de asociación con la UE. Esa decisión estuvo basada en criterios de mero pragmatismo económico, ya que el previsible establecimiento de aranceles por parte de Rusia a la producción industrial del este de Ucrania hubiese supuesto el hundimiento de la economía.

Frente a esa realidad la UE no ofreció apoyo financiero, planteando como alternativa el recurso al FMI. Pero éste exigía a Ucrania reformas como el recorte de las pensiones y la subida del precio del gas en el mercado interno, algo inasumible por el gobierno de Kiev. Por el contrario, Moscú aprobó el 17 de diciembre una ayuda de 15.000 millones de dólares (unos 11.000 millones de euros) y un descuento en el precio del gas, sin condiciones explícitas”.

La reflexión me parece impecable.

La primera fase de producción del caos

Debo referirme a los hechos. Algunos son conocidos pero articulados entre sí quizá nos aporten datos interesantes. El 21 de noviembre de 2013 se iniciaron en Kiev, la capital, una serie de manifestaciones en un lugar emblemático: la Plaza de la Independencia llamada comúnmente Maidán. Fueron convocadas por organizaciones como La Unión Panucraniana «Patria» (Bakitchina), de la oligarca y ex primera ministra Yulia Timoshenko, entonces en prisión. La señora Timoshenko es una aventurera política. Consiguió hacerse multimillonaria merced al robo del gas ruso que conducen los gaseoductos y venderlo por su cuenta. El presidente del partido era el abogado Arseni Yatseniuk, banquero de las grandes corporaciones, cuya iconografía hace pensar en un personaje de novela de terror o en el funcionario servil de un poder totalitario. Son los peones políticos de Estados Unidos y, en consecuencia, partidarios fieles del neoliberalismo. Obtuvieron el 25’5 de los sufragios en las últimas elecciones de 2013.

A su flanco se sitúa la Alianza Democrática Ucraniana por la Reforma (UDAR), dirigida por el ex campeón de boxeo Vitali Klichko, de nacionalidad alemana. Se autocalifica como demócrata-cristiana y obtuvo un 13,98% de los votos. Fue constituida con fondos alemanes de la Fundación Adenauer y era la opción germánica. El tercer grupo presente es de corte fascista. Su nombre: Svoboda, que significa paradójicamente, libertad.

La respuesta fue multitudinaria. Hubo numerosos discursos y presencia de iconos extranjeros que iban a ejercer labores de agitación y adoctrinamiento. Estuvieron el senador republicano, belicista irredento y un tanto fronterizo, John McCain; la inefable Catherine Ashton, la incontinente Vicesecretaria de Estado norteamericana Victoria Nuland; el aventurero georgiano protegido de los estadounidenses, Mikheil Saakashvili; el creador del movimiento Otpor y nacionalizado norteamericano, Marko Ivkovich; y el charlatán disfrazado de pensador Henry- Lévy. La exigencia fundamental de los manifestantes era que Ucrania adoptara la propuesta de un acuerdo de asociación con la Unión Europea.

El 17 de diciembre, el gobierno de Yanukóvich suscribió un acuerdo por el que Rusia se comprometía a apoyar a Ucrania con 15.000 millones de dólares y una rebaja del treinta por ciento en el precio del gas. Los 3.000 primeros millones de dólares fueron librados ya. Asimismo, a partir del 1 de enero de este año, pasó a pagar a 268 dólares los mil metros cúbicos de gas, en lugar de los 400 que antes le costaban. Ucrania suspendió todas las importaciones de gas de Centroeuropa y decidió consumir únicamente el que procedía de Rusia.

Sin embargo las protestas prosiguieron. Los convocados no pretendían resolver los problemas del país sino articular un asalto al poder, es decir: dar un golpe de Estado. Los manifestantes habían sido calificados de “pacíficos”, y se les mostraba con rostros arrobados en las imágenes que transmitían las televisiones. Sin embargo, era sólo la apariencia.

El día 1 de enero del presente año, el partido Svoboda realizó una marcha de antorchas en la noche de Kiev que reunió a 15.000 personas. El motivo: en memoria de Stepan Bandera (1909-1959), un ultranacionalista que colaboró con los nazis durante la guerra, para combatir a los soviéticos y matar judíos. Por supuesto que la simbología nazi no era casual. Con ello visualizaban que la dirección de las protestas cambiaba de dirección. Desde ese día, las paredes de la capital de Ucrania se cubrieron de consignas antisemitas y se acrecentaron los ataques callejeros contra los judíos.

La Unión Panucraniana Libertad (Svoboda) proviene del Partido Nacional-Socialista de Ucrania: cambió su nombre en 2004. Su jefe es el cirujano Oleg Tiahnibok, famoso por su anticomunismo delirante. Sus postulados plantean la retirada la nacionalidad ucraniana a los judíos. En numerosas ocasiones denominó al Gobierno de Víktor Yanukóvich como “mafia moscovita-judía”. Fue declarado “persona non grata” en Estados Unidos por sus declaraciones fascistas.

La campaña electoral de octubre de 2013 estuvo centrada en atemorizar a los ucranianos, en particular a aquellos pertenecientes a la clase baja, a través de la descripción de los judíos y rusos como enemigos del Estado, difundiendo acusaciones de ser ellos quienes controlan la política y la economía ucraniana. Buscaron convencer a los habitantes locales de que judíos y rusos intentan “robar el país a los verdaderos ucranianos”, ocultando a quienes realizan en realidad el expolio. Su resultado electoral sorprendió incluso a sus mismos seguidores, obtuvo un 10,45%, lejos todavía en cualquier caso del obtenido  por el partido de Hitler en 1932-33.

Uno de los principales ideólogos de Svoboda, Yuriy Mykhalchyshyn,  fundó en 2005 el “Centro de Investigación Política Joseph Göbbels”, que después cambiaría de nombre por el de  “Ernst Jünger”. Mykhalchyshyn también escribió en 2010 un libro en el que citaba obras de Ernst Röhm y otros teóricos nazis como Gregor Strasser y Göbbels. En este volumen se refería al Holocausto como un “período de luz en la historia”. Este partido solo permite la militancia de personas de raza ucraniana en sus filas, y en la región de Galitza, donde la población habla ucraniano como primera lengua, tiene entre un 20 y un 30% de los votos.

La segunda fase del caos
Atributtion: Mike Herbst

Atributtion: Mike Herbst

El control de las movilizaciones por parte de Svoboda, se unió al de otros grupos similares. El más importante el denominado Sector de derechas (Pravy Sektor), dirigido por Dmytro Yarosh, sin ocupación, según dice, aparte de su activismo. Fue en principio jefe de una pequeña agrupación, “Tridente de Bandera”. Se trata de un grupo paramilitar que contaba con unos cinco mil individuos. Surgió a finales de noviembre de 2013 a partir de tres grupúsculos fascistas según parece, lo que hace pensar que fuera inducido y financiado por los diseñadores más oscuros de este golpe de Estado. Se le denomina eufemísticamente por los grandes medios en papel o televisivos, como ultranacionalista o de extrema derecha, pero se trata sencillamente de un grupo fascista y paramilitar de intervención directa.

Uno de los líderes del partido es Alexánder Muzychko: un individuo grande como un armario, de casi dos metros de estatura y con una abominable tendencia a los métodos violentos. Ya en 2007 se había comprometido a luchar contra “los comunistas, los judíos y los rusos mientras tenga sangre en las venas”, diciendo públicamente que liderar la lucha contra los citados grupos era su “credo” (actualidad.rt.com 22/2/2014). Incluso reclamó el derecho “a poseer armas nucleares” (http://actualidad.rt.com/actualidad/view/121075).

Según su biografía oficial recibió en 1994 la Orden de Héroe de la Nación, concedida por Djokhar Dudaev, quien por entonces comandaba los terroristas chechenos en el enclave de Ichkeria (Chechenia), en reconocimiento por «sus brillantes victorias militares contra las tropas rusas». Sus talentos militares eran muy particulares: montaba operaciones de guerrilla, atrayendo a las unidades rusas que operaban en zonas apartadas de Chechenia para emboscarlas. Después intervenía personalmente en la tortura y decapitación de los soldados rusos que lograba capturar.

Al regresar a Ucrania en 1995, se puso a la cabeza de una pandilla de criminales en Rovno. Fue finalmente juzgado y condenado a 8 años de cárcel por el secuestro y asesinato de un hombre de negocios ucraniano. Se dedicó a la política desde que salió de la cárcel, a finales de los años 2000. (Red Voltaire, 6 de marzo de 2014)

Contaron además con la participación de otros dos grupos de extrema derecha, el Congreso de los Nacionalistas Ucranianos, grupúsculo nazi nacido de las antiguas redes “stay-behind” de la OTAN en el antiguo Bloque del Este, que obtuvo el 0’08% de votos. También la Autodefensa Ucraniana, grupúsculo nacionalista que envió a sus miembros a luchar contra los rusos en Chechenia y a Osetia durante el conflicto georgiano.

Este conjunto de minúsculas formaciones dispuso del apoyo de la Iglesia ortodoxa de Ucrania, que se alza en rebeldía contra el Patriarcado de Moscú. Igualmente con la Iglesia uniata greco-católica de rito oriental, creada por la Santa Sede en el siglo XVI en un intento desesperado por sabotear los estrechos lazos de los cristianos ortodoxos con Moscú. Fue acusada de colaboración con las fuerzas del III Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Los lazos de la Iglesia uniata con Roma fueron restablecidos en 1989, durante el pontificado de Juan Pablo II.

Desde 1990, los uniatos gozaron del discreto respaldo de las nuevas autoridades de Kiev. La táctica adoptada para debilitar la influencia de Rusia fue la ocupación por la fuerza de las iglesias ortodoxas oficialmente vinculadas al Patriarcado de Moscú. Se lanzaron a una cruzada contra los ortodoxos, estimulando y justificando las agresiones de carácter racial e incluso los asesinatos. Sus sermones asemejaban los de los predicadores yihadistas radicales, basta con citar un fragmento de una prédica de Mijailo Arsenich, cura de la iglesia uniata de la región de Ivano-Frankovsk: «Ahora estamos listos para la revolución. ¡Los únicos métodos eficaces de combate son el asesinato y el terror! Queremos estar seguros de que mañana no venga un solo chino, ni un negro, ni un judío ni un moscovita a confiscarnos nuestra tierra.»

Este conjunto de paramilitares protagonizaron las violentas jornadas de enero. Contemplábamos con estupor a grupos organizados como guerrilla urbana, armados con bombas molotov y armas diversas, con cascos y chalecos antibalas, arrojar una batería de proyectiles incluso con catapultas, sobre unos policías que soportaban impávidos aquella lluvia de fuego protegidos tras sus escudos. Vimos como asaltaban y tomaban edificios públicos, mientras el informador de turno hablaba de manifestantes pacíficos y los gobernantes europeos y estadounidenses hacían lo propio y censuraban alarmados la violencia criminal del gobierno, buscando construir una ficción que ocultara la realidad. ¿Creían que la ciudadanía había caído en un profundo estado de estupidez? Desde hace tiempo lo piensan y son los ciudadanos quienes deben negarlo con sus actitudes.

A comienzos de enero las protestas se fueron radicalizando y expandiendo a lo largo del centro y oeste del país, con algunos focos en el este, mayoritariamente rusoparlante. La exigencia de la firma con la Unión Europea fue sustituida por la de un cambio total del gobierno. El primer ministro Mikola Azarov decidió cortar aquel movimiento insurreccional y el 16 de enero, la Rada (parlamento nacional) aprobó un paquete de medidas legislativas destinadas a reprimir las acciones terroristas. La medida fue utilizada por los grupos fascistas para galvanizar las algaradas que parecían languidecer, pero además hizo pasar el protagonismo total a los paramilitares.

Sin embargo, en contra de las opiniones que consideraron dicha decisión como inoportuna, Nicolai Petro defendía el 22 de enero en la página web de la National Interest, las nuevas leyes que restringen las manifestaciones como absolutamente necesaria, dada la naturaleza nihilista y violenta de la oposición. Ese día se produjeron las primeras muertes. Todo presagiaba que en el plan urdido del golpe de Estado en desarrollo, el caos debía acentuar su agresividad destructiva.

Los comandos de Maidán tenían los objetivos bien marcados y la negociación no entraba en sus planes. Poco importaba que Yanukóvich nunca se hubiera negado a firmar el acuerdo con la UE, sólo que deseara hacerlo de modo que no supusiera una ruina para el país, y que la propuesta de Rusia fuera mucho mejor y más consistente en todos los términos. Por eso la suerte estaba echada. Unos pretendían colocar un gobierno títere en Ucrania y para ello estaban dispuestos a utilizar todos los medios y fabricar todas las mentiras, pero otros actuaban y callaban porque quizá buscaran otra cosa.

Pasadas algunas semanas han comenzado a emerger datos relevantes de aquellos días. Por ejemplo, Prensa Latina informó el 16 de marzo que durante las violentas jornadas de enfrentamientos en Kiev de los paramilitares ultranacionalistas con las fuerzas del orden, Yarosh llamó por la red social rusa Vkontakte a los propietarios de armas, instándoles a que acudieran a la plaza Maidán a matar a los policías.

Igualmente se supo que el servicio de seguridad de la oposición en la plaza lo garantizó Azatlyk, un grupo de jóvenes tártaros de Crimea que regresó para cumplir dicha misión de la yihad en Siria, en la que intervinieron con el respaldo del senador estadounidense John McCain, siempre activo en esta y otras ocasiones similares. Este movimiento recibe a su vez el apoyo explícito y evidente del Gobierno turco de Erdogan. (“Yihadistas dan servicio de seguridad a los manifestantes en Kiev” http://www.voltairenet.org/article181375.html ).

Francisco J. Ruiz escribía en otro artículo del 7 de marzo, ¿Cómo acabará la crisis de Ucrania? (El Confidencial):

En realidad Occidente alentó las protestas, como se comprobó cuando el secretario de Estado Kerry se reunió con los líderes opositores durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, o en la célebre conversación de Victoria Nuland con el embajador en Kiev, en la que organizaba sin pudor el futuro Gobierno de Ucrania, apostando por el partido Tierra Patria, de la encarcelada Yulia Timoshenko, frente a UDAR, del exboxeador Klitchko, el preferido de Alemania”.

Hay más, desde luego. El senador McCain y la número dos del Departamento de Estado, Victoria Nuland, se pasearon por las calles de Kiev repartiendo alimentos, bocadillos sobre todo, y llamando a la resistencia y a derrocar al Gobierno. McCain, con el aval y los fondos del Instituto Republicano Internacional, se atrevió, se atreve a todo, a lanzar su arenga: “Estoy orgulloso de lo que el pueblo de Ucrania está haciendo”. También se ha sabido que tanto Catherine Ashton, jefa de la diplomacia europea, como Victoria Nuland se han encontrado en varias ocasiones y sin ningún pudor al parecer, con Oleg Tiagnibok, presidente del partido Svoboda. Lo curioso es que basta recordar lo que dice el Código penal estadounidense respecto a lo que considera terrorismo, así como la Constitución sobre la no ingerencia en otros países, para darse cuenta de la ilegalidad de acciones como estas.

Con posterioridad, ambos emitieron sendas declaraciones. La señora Nuland calificó el movimiento para derrocar al gobierno de Ucrania de “histórico”, y añadió: “Espero que el pueblo de Ucrania sepa que Estados Unidos está con ustedes en su búsqueda de la justicia, la dignidad humana, de la seguridad, de la salud económica y para el futuro de Europa que han elegido y que se merecen”. Para mostrarse a la altura, McCain habló de los paramilitares: “Estos valientes hombres y mujeres deben saber que no están solos. Sus amigos de todo el mundo son solidarios con ellos”.

Un corto titulado “Amenaza neonazi en Ucrania”, realizado por la BBC Newsnigth, calificaba el comportamiento de McCain como un “acto vergonzoso, aborrecible, que rayaba en la traición y el apoyo material al terrorismo”. Estas informaciones contradecían el ritual desinformativo de los grandes medios occidentales.

A su vez, por si era poco, se ha certificado la ingerencia total de los Estados Unidos en Ucrania al conocerse la grabación de una plática telefónica, a principios del mes de febrero de este año, entre la secretaria de Estado adjunta de EEUU para Asuntos Europeos, Victoria Nuland, y el embajador del país norteamericano en Kiev, Geoffrey Pyatt. En dicho documento sonoro, que fue publicado en YouTube, ambos diplomáticos estadounidenses discuten sobre cuál de los líderes de la oposición de Ucrania les gustaría que se hiciera con las riendas del Gobierno (Hispantv, 1 de marzo). Obviamente su candidato era Arseni Yatseniuk, que sólo ha sido el elegido por el Departamento de Estado.

Atributtion: Mike Herbst

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Así las cosas, el lunes 17 de febrero tuvieron lugar las sangrientas confrontaciones con un saldo de 26 muertos (10 de ellos policías). Yanukóvich no tuvo la firmeza de proclamar el estado de emergencia y comenzó con ofertas de diálogo con quienes no deseaban dialogar, y estaban inmersos en su dinámica de golpe de Estado. El jueves 20 murieron decenas de personas en las calles de Kiev víctimas de francotiradores. Hacía falta un golpe duro y llenar de muertos las dos partes para que el odio se exacerbara, una táctica utilizada en numerosas ocasiones por los estrategas imperiales en golpes de fuerza. La noche del 19 y 20 de febrero Yanukóvich y los principales líderes de la oposición (Vitali Klichkó, Arseni Yatseniuk y Oleg Tiahnibok) acordaron una tregua, así como el desarme de las barricadas colocadas en el Maidán anteriormente como medida de contención a las fuerzas policiales.

Los ministros de exteriores de Alemania, Francia y Polonia se desplazaron a Kiev, y bajo su mediación y aval se firmó un acuerdo la madrugada del día 21 por el que las elecciones presidenciales se adelantaban a 2014, y se votaría el retorno a la Constitución de 2004 para recortar los poderes presidenciales. Aquello podía suponer el fin de la crisis política y ese no era el desenlace que los instigadores de los desmanes deseaban. Por eso su vigencia no alcanzó ni 48 horas. Vuelvo a repetir que el objetivo era otro.

El presidente debió percibir, era fácil hacerlo, que su seguridad corría un serio peligro. El 23 anunció que se desplazaba a Járkov para asistir a una conferencia de cargos electos del este del país, que eran además contrarios a las revueltas. La presión de los grupos paramilitares forzaron a la Rada a consumar el golpe de Estado: depusieron a Yanukóvich por dejación de funciones y nombraron al dirigente de Tierra Patria, Turchinov, como nuevo presidente. Acordaron además la liberación de Timoshenko.

Francisco J. Ruiz en su artículo señala al respecto:

Lo realmente paradójico es que la UE ignorase el incumplimiento de un acuerdo que ella misma había auspiciado, y reconociese inmediatamente a las nuevas autoridades sin aconsejarles moderación en sus relaciones con el este y el sur del país, claramente alienados en el proceso, mientras que Rusia, que no lo suscribió, sí que afirmase que la única solución pacífica pasaba por respetar lo acordado la madrugada del viernes 21”.

En esta historia encanallada y burda, la cuestión de los francotiradores que dispararon sobre la multitud de modo indiscriminado desde las alturas de los edificios de Maidán, tiene una importancia y relieve muy especiales. Como es lógico, la prensa comercial y las grandes televisiones responsabilizaron inmediatamente a Yanukóvich y su gobierno. Los incautos que disfrutan chupándose el dedo, lo aceptaron. El empandullo era de tal calibre que la verdad salió a la luz poco más tarde.

En una conversación de fines de febrero, revelada a través de YouTube y publicada por el canal de televisión Russia Today, el ministro de Relaciones Exteriores de Estonia, el liberal Urmas Paet, indica a la Alta Representante de la Unión Europea, Catherine Ashton, que los misteriosos francotiradores de la plaza Maidán estaban probablemente al servicio de la oposición proeuropea, así la llamaban. Igualmente el ministro le expresó telefónicamente sus dudas sobre la credibilidad del nuevo gobierno de la oposición ucraniana. Posteriormente, confirmó la autenticidad de la grabación.

Durante el diálogo, el ministro estonio explica a lady Ashton que la Dra. Olga Bogomolets –célebre dermatóloga vinculada a las manifestaciones de la plaza Maidán– le confirmó que los misteriosos francotiradores dispararon simultáneamente contra la policía ucraniana y contra los manifestantes, y precisa que dichos tiradores no eran miembros de las fuerzas de seguridad fieles al presidente Yanukóvich, sino que estaban vinculados a la oposición. Con ello seguían el patrón que ha caracterizado las diferentes «revoluciones de colores» y «primaveras árabes» registradas desde 1989. En el caso de los motines de la ciudad libia de Benghazi, en 2011, cuatro miembros de las fuerzas especiales italianas confesaron, después del derrocamiento de Muammar el-Gadhafi, haber sido enviados por la OTAN para desatar una guerra civil disparando sobre ambos bandos. (“Propaganda sobre Ucrania y francotiradores misteriosos”, Red Voltaire, 6 de marzo de 2014).

Un golpe de Estado

El diario Público.es en su edición del 27 de febrero, recogía un documento del máximo interés: la Declaración de Natalia Vitrenko, Presidenta del Partido Socialista Progresista de Ucrania (PSPU), a propósito de los sucesos de Kiev. Se trata de una formación opositora de izquierdas. Su evaluación es aplastante:

El 22 de febrero, militantes y terroristas del Parlamento EuroMaidán [esto es, la muchedumbre fascista de Kiev] ejecutaron un golpe neonazi usando la fuerza armada. Violando todas las normas de la Constitución, la ley internacional y pisoteando los valores europeos, el Parlamento excedió su autoridad y cometió actos criminales. Washington y Bruselas –que dijeron al mundo y toda la humanidad que EuroMaidán es una acción no violenta de los ucranianos para escoger una opción europea y proteger la democracia y los valores europeos– ahora francamente debería admitir que los ucranianos no han conseguido nada. Porque lo que ellos han hecho ha sido un golpe de Estado nazi, llevado a cabo por los insurrectos, terroristas y políticos de EuroMaidán para servir los intereses geopolíticos de Occidente.

Pruebas indiscutibles de ello son:

1) El cambio de gobierno ocurrió de un modo inconstitucional. Violó todas las reglas legales europeas. En violación de la sección XIII de la Constitución (que describe detalladamente el procedimiento para cambiar la Constitución), sin la participación del Tribunal Constitucional, el sistema estatal de nuestro país ha sido cambiado por el (Parlamento) Supremo de la Rada de Ucrania;

2) Yendo más allá de los poderes del Parlamento de Ucrania, violando el artículo 19 de la Constitución, el Parlamento designó a unos supervisores por encima del Ministerio del Interior, el Servicio de Seguridad de Ucrania, y la Oficina del Fiscal General. Estos supervisores fueron instalados con el objetivo de ejercer la violencia política de EuroMaidán sobre las instituciones constitucionales del Estado, para promover los intereses de Occidente de un modo inconstitucional;

3) El Presidente ucraniano Yanukóvich (a quien nuestro partido se ha opuesto, como hemos dejado claro durante los cuatro años pasados) fue privado de sus poderes constitucionales en una repugnante violación de la Constitución. La Constitución no otorga ningún derecho al Verkhovna Rada (el Parlamento) de Ucrania, para privar al presidente del poder en el modo en que esto ha sido hecho. La Constitución proporciona un procedimiento de destitución detallado que se especifica por escrito. Pero repito, no dirigido por la autoridad de la ley, sino más bien por una supuesta urgencia revolucionaria que se ha saltado el principio europeo de la presunción de inocencia, Yanukóvich fue despachado de su oficina y un nuevo presidente fue designado violando la Constitución;

Nunca como ahora había asistido a la invención de los hechos que, en ocasiones, contrastan con las imágenes que se muestran, que además pueden estar trucadas

4) El Parlamento, impaciente por defender a los militantes y terroristas de EuroMaidán, perdonó y convirtió en héroes a todos sus miembros, comenzando el proceso de regalarles la presidencia. Esto quiere decir que no habrá ninguna responsabilidad para los que usan la fuerza armada para matar a civiles u oficiales de policía inocentes, o los que asaltan y machacan edificios oficiales y almacenes por la fuerza y armados, que ejecutan linchamientos o chantajes y secuestros. Esto ha creado las bases para la formación de una maquinaria neonazi represiva estatal.

Washington y Bruselas deberían escuchar nuestras advertencias. Les hacemos responsables de todo lo que han hecho para transferir el poder a las fuerzas políticas responsables de establecer este régimen totalitario nazi en Ucrania, con la consecuente y repugnante violación de los derechos y libertades de millones de nuestros conciudadanos.

Los EEUU y la Unión Europea deberían saber que este secuestro de poder por partidos políticos y movimientos que incluyen a fuerzas neonazis (como “Svoboda (Libertad)” y “Sector Derecho”), anunció la puesta en práctica de una revolución nacional bajo los lemas “Ucrania para los ucranianos”, “Gloria a la nación”, “Muerte al enemigo”, “¡Aliados moscovitas y comunistas a la horca!” y otros.

Desde el 22 de febrero, este nuevo gobierno debe asumir toda la responsabilidad en toda Ucrania por la violación de los derechos y las libertades de sus ciudadanos.

Los insurrectos y terroristas siguen capturando edificios administrativos en EuroMaidán y autoridades locales en el sur y este de Ucrania. Usando métodos terroristas, muchos votantes han sido privados de sus derechos y de la autoridad de sus representantes elegidos en consejos locales. Los civiles que defienden sus opciones han sido despiadadamente tiroteados por pistoleros armados con kalashnikovs, fusiles y otras armas de combate, como ocurrió, por ejemplo, el 22 de febrero en Lugansk.

Militantes que carecen de cualquier autoridad policial legítima, se han arrogado a sí mismos poderes policiales de emergencia, usando hachas y palos para bloquear carreteras centrales, parando coches para realizar inspecciones y verificación de los documentos de pasajeros, y deteniendo a la gente. Han bloqueado la entrada al aeropuerto y de este modo han violado repugnantemente la Convención Europea sobre Derechos humanos y Libertades Fundamentales, que garantizan la inviolabilidad de la persona, la libertad de movimiento, la presunción de inocencia y el derecho a la seguridad y la vida. Todo el pueblo de Ucrania ha sido humillado y negados su dignidad y derechos.

Ya el 23 de febrero, representantes del nuevo gobierno anunciaron la formación de la nación ucraniana: proclaman que cualquiera que use la lengua rusa será sometido a la privación de su estado nativo de identidad étnica ucraniana y será discriminado negativamente en derechos civiles y políticos.

El nuevo régimen ya ha anunciado su intención de prohibir los canales de difusión de la Federación Rusa sobre el territorio de Ucrania, marcándolos como los canales de televisión de un Estado hostil. Este es el modo en que el nuevo gobierno defiende los valores europeos de libertad de expresión y de prensa.

El régimen prepara listas de enemigos que estarán sujetos a la proscripción. Este mecanismo privará de derechos civiles y políticos a todos los que no comparten los puntos de vista neonazis de las nuevas autoridades ucranianas.

A lo largo de todo el país, continúan linchamientos macabros. La gente está siendo apaleada y apedreada, mientras los miembros indeseables del Verkhovna Rada de Ucrania son sometidos a brutales intimidaciones, y los funcionarios locales ven a sus familias y niños apuntados por amenazas de muerte si no apoyan la instalación de este nuevo poder político. Las nuevas autoridades ucranianas están quemando masivamente las oficinas de los partidos políticos que no les gustan, y públicamente han anunciado la amenaza de procesamiento criminal y prohibición de partidos políticos y organizaciones públicas que no comparten la ideología y los objetivos del nuevo régimen.

Militantes de EuroMaidán están ocupando lugares santos Ortodoxos como Kiev-Pechersk Lavra, procurando transferirlos a clérigos discrepantes como Filaret. La intención es la de ocupar todas las iglesias de la Iglesia Ucraniana Ortodoxa del Patriarca de Moscú para adaptarlas al Vaticano.

En nombre del Partido Socialista Progresista de Ucrania (PSPU), declaramos que no reconocemos la legitimidad de este golpe de Estado, y no reconocemos como legítimas las actividades de las nuevas autoridades ucranianas. Condenamos la violación total de los derechos y las libertades de los ciudadanos de Ucrania en asuntos nacionales, étnicos y culturales, religiosos y políticos.

Apelamos al Parlamento Europeo y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pidiendo su intervención inmediata en lo que está ocurriendo en Ucrania, para proteger los derechos y las libertades de ciudadanos, para prevenir que el nuevo gobierno ucraniano desate una III Guerra Mundial sobre el continente eurasiático. Natalia Vitrenko”.

Es evidente que lo aquí descrito se asemeja mucho a la actuación del partido nazi en 1932-33, y el desmantelamiento del sistema democrático. Sólo que ahora se hace con la ayuda y justificación de los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Europea y al parecer de Israel.

¡Y llegó la democracia!

Esta “nueva democracia” produjo de inmediato los primeros frutos. Los nazis ucranios y sus fuerzas paramilitares controlaron la puerta del parlamento con su bandera rojinegra, los mismos colores de la de la Falange española, desplegada. Controlaron las calles e impusieron su expeditivo canon.

A fines de febrero se decretó la prohibición del Partido Comunista. La persecución comenzó de inmediato: fue incendiada la vivienda particular del primer secretario Piotr Simonenko y la sede principal del Partido en Kiev, así como otros locales de la formación. La vivienda del padre de la esposa de Simonenko, Oksana Vashenko, casi fue asaltada. El primer secretario del Partido en la ciudad de Lvov, Rostislav Vasilko, fue torturado en público, existen imágenes escalofriantes. Se derribaron estatuas de Lenin y de la Revolución socialista, otras de la lucha contra el nazismo e incluso una dedicada al general Gutusov, el que dirigió con astucia y tenacidad el combate contra la “Grande Armée” de Napoleón.

También se decretó el cese del carácter cooficial del ruso en las regiones fundamentalmente rusófobas. Algunos analistas califican esto de un error por parte del gobierno golpista, pero se trataba simplemente de la aplicación de unos principios xenófobos, antirusos, ultranacionalistas y para más desdoro, de entrega a la medidas neoliberales.

Yulia Timoshenko, recién liberada de la cárcel, mantuvo una conversación telefónica con el exviceministro de Seguridad Nacional y Defensa del país, Néstor Shufrich. ¡Cómo se parece esta señora a la venezolana María Machado, el mismo rictus doliente, la misma interpretación de actriz de telenovela de tres al cuarto! Pues bien, YouTube reprodujo hace unos días el audio de la plática en la que la dama asegura: “¡Encontraría el método de cargarme a esos malditos rusos y espero tener la posibilidad de involucrar a todas las personas que me conocen, para levantar al mundo entero tan pronto como me sea posible para que de esta maldita Rusia no quede ni un campo quemado!”. Después afirmó respecto al presidente Putin que “estoy dispuesta a empuñar un Kalashnikov y dispararle a la cabeza a ese bastardo“. La multimillonaria ratificó la veracidad de sus manifestaciones: benéficos sentimientos los suyos, muy democráticos sin duda.

Tradicionalmente, el nacionalismo ha tenido una amplia acogida en el oeste del país. Aquí hubo un genocidio de polacos y judíos durante la II Guerra Mundial. Miguel Miguel Lawner, un judío ucraniano procedente de esta zona y radicado en Chile, escribió el 3 de marzo en colaboración de Rosa de Concepción, un artículo titulado “Ucrania y el fascismo de ayer y hoy” (www.cendachile.cl) en el que dice:

En Ucrania, los nazis no necesitaron hacer uno de las Einsatzgruppen, unidad de la policía especializada en la detención de familias judías y su traslado a los campos de exterminio. Esta labor la cumplieron a plena satisfacción agrupaciones ucranianas de corte fascista, donde el antisemitismo y el anticomunismo era y sigue siendo tan arraigado como su sentimiento antiruso. Fueron ellos quienes denunciaron a nuestros familiares en cuanto arribaron las tropas de ocupación nazis. Mi tío, su mujer y sus dos hijos, fueron trasladados a los campos de exterminio, sufriendo el mismo destino que los 6 millones de judíos gaseados e incinerados por el nazismo durante el curso de la Segunda Guerra Mundial”.

Abundando en la cuestión, basta citar a modo de ejemplo que el Día de la Victoria sobre el nazismo, celebrado el 9 de mayo, fue declarado día de luto en algunas de esas regiones en 2013. De aquí proceden muchos de los seguidores de Stepan Bandera cuyas concepciones hemos descrito. Esta horda intentó extenderse por el este mandando agitadores a diversas ciudades y también a la península de Crimea, en donde se ubicaba el puerto de Sebastopol, lugar en que fondea la armada rusa del Mar Negro.

Saltaron las alarmas entre la población. Es bien conocido el proceso que llevó a la independencia de Crimea mediante un referéndum y su posterior e inmediata adhesión a la Federación Rusa. El presidente Putin pronunció un discurso de gran altura política en el Kremlin ante las dos cámaras, en el que responde a tantas mentiras que se han dado, se opone al doble rasero y, sobre todo, traza líneas rojas que no se deben atravesar en nombre de los intereses particulares de los Estados Unidos de América y sin ningún tipo de sujeción a las leyes internacionales.

Es un enigma lo que puede ser de Ucrania en el futuro. El Este fue siempre territorio ruso. La delegación española que en 1937 acudió al Quinto Festival de Teatro Soviético, llegó hasta aquí. Estaba formada por Miguel Hernández, Francisco Martínez Allende, Miguel Prieto, Casal Chapí y Gloria Álvarez Santullano. Miguel escribió su poema “La fábrica ciudad” recogido en El hombre acecha, dedicado al gran combinado industrial de Járkov. Escribía como nota inicial: “En una ciudad de la U.R.S.S. -Jarko- he asistido al nacimiento multiplicado, numeroso, rápido del tractor”. Además de los aspectos de la transformación del acero en tractores, describía el entorno fabril:

“La fábrica se halla guardada por las flores,
los niños, los cristales, en dirección al día.
Dentro de ella son leves trabajos y sudores,
porque la libertad puso allí la alegría.

            (…)

La fábrica-ciudad estalla en su armonía
mecánica de brazos y aceros impulsores.
Y a un grito de sirenas, arroja sobre el día,
en un grandioso parto, raudales de tractores”.

Este proceso de industrialización del que Miguel Hernández era testigo, hizo del este del país algo muy distinto al oeste, tanto en la mentalidad como en la estructura social. El centro es otra cosa, fue el granero de la Unión Soviética y sigue siendo un espacio agrícola y ganadero de enorme feracidad. Empresarios alemanes están llevándose tierra de labor muy fértil hasta medio metro de profundidad, de los vastos terrenos que tienen alquilados. En Ucrania la tierra no puede venderse, es la patria en la tradición eslava. Parece ser que es algo que pretenden cambiar con el gobierno golpista y esta “nueva democracia” que no lo es.

Los nacionalistas son los que más miedo le tienen a la palabra “federación”. Si se constituyera, el occidente de Ucrania debería vivir según sus posibilidades, sin depender de los subsidios de las regiones del sur y el este. La mayor parte de los recursos que generan los trabajadores de Zaporozhie con su esfuerzo va al centro, y desde allí a las regiones del oeste de Ucrania. Por eso en Maidán estuvieron ante todo aquellos que son incapaces de trabajar, pero que están dispuestos a actuar con métodos criminales para subvertir el Estado. Lo que parece claro es que los ciudadanos del este no van a soportar los atropellos.

Los judíos de Ucrania

La memoria de los judíos de Ucrania en relación a los grupos nacionalistas, recoge pogromos y matanzas terribles durante la Ocupación nazi, porque fueron en muchos casos sus ejecutores. La división ucrania de Stepan Bandera fue el brazo ejecutor principal. En este planificado golpe de Estado en el que los elementos más activos, Svoboda y el Sector de derechas eran antisemitas por definición, no podían faltar atropellos en este sentido aunque de muchos no se tenga noticia.

La Asociación de Organizaciones y Comunidades Judías de Ucrania (Vaad, en ucraniano), denunció a finales de enero 2014 ataques contra judíos durante los disturbios antigubernamentales en Kiev, sobre todo tras el estallido de violencia fascista del 19 de dicho mes: “El Vaad de Ucrania manifiesta su inquietud por los casos de violencia antisemita ocurridos en enero en Kiev“, aseguraba. La nota citaba el caso de un profesor de una escuela de judaísmo ortodoxo de Kiev, Hillel Wertheimer, que el día 11 fue apaleado por unos desconocidos poco después de salir de una sinagoga, y el de un alumno de dicha institución que fue apuñalado en una pierna el 17, al abandonar un templo.

En este planificado golpe de Estado en el que los elementos más activos, Svoboda y el Sector de derechas eran antisemitas por definición, no podían faltar atropellos en este sentido aunque de muchos no se tenga noticia

El Jerusalem Post recogió dichas informaciones en un artículo en el que citaba el llamamiento de la comunidad judía para fortalecer su seguridad, y el Congreso Judío Mundial señalaba que la agresión a Wertheimer “partía de una tendencia creciente en el país a las actividades antisemitas extremistas”, impulsadas ​​en parte por la creciente popularidad del partido ultranacionalista Svoboda, a la que la organización judía llamaba “grupo neo-nazi”. Era sólo el comienzo.

Durante las jornadas de violencia fascista, el sitio web de Arutz Sheva, en ruso, informó que había recibido advertencias por parte de los responsables de seguridad de la comunidad judía. En el mismo comunicado se decía que una parte de los manifestantes de la plaza Maidán lograron llegar a la zona donde vive la comunidad judía y atacaron algunos negocios.

Actualmente viven en Ucrania unos doscientos cincuenta mil judíos. En la capital hay dos comunidades, una es Jabad, liderada por el rabino Moshé Reuven Azman, y la segunda Jasidico encabezada por el rabino Yakov Bleich. El viernes 20 de febrero el diario israelí Maariv, recogió un llamamiento de Moshe Reuven Azman a los judíos de Kiev para que salieran cuanto antes de la ciudad y si podían del país: “Pedí a mi congregación que salieran del centro de la ciudad o de la capital todos juntos y si es posible, también del país”, dijo. La causa era el peligro de los manifestantes armados que recorrían las calles. “No quiero tentar a la suerte“, agregó, “pero hay constantes advertencias sobre sus intenciones de atacar a las instituciones judías”. Pensaba que podían producirse ataques contra los judíos en los motines.

El diario israelí Haaretz recogía una declaración de Azman en este sentido: “hay constantes avisos concernientes a intenciones de ataques a instituciones judías“. Por ello decidió el cierre de los colegios judíos, pese a que se mantienen las oraciones diarias en las sinagogas. Poco después fue incendiada una sinagoga en la localidad de Zaporozhie.

El diario recogía igualmente un testimonio del rabino en el que manifestaba que la Embajada de Israel en Kiev, había aconsejado a sus ciudadanos que no salieran a la calle durante los enfrentamientos. Es muy peligroso circular con kipá estos días a diferencia de otros países. También citaba unas  declaraciones de Edward Dolinsky, portavoz de una organización de judíos de Ucrania, en las que aseguraba que habían pedido ayuda al ministro de Asuntos Exteriores israelí, Avigdor Lieberman (http://actualidad.rt.com/).

Con estos antecedentes, fue extraño ver al presidente Obama haciendo declaraciones en la Casa Blanca sobre el “movimiento liberador” de Ucrania, en presencia de un circunspecto Netanyahu, primer ministro de Israel. Podía parecer incomprensible a primera vista pero no lo era tanto. El 26 de febrero el diario Pravda publicó algunos fragmentos de una reunión entre el embajador de Israel en Ucrania, Reuven El Din, y el líder del grupo “neo-nazi” conocido como “Pravy Sektor“ (Sector de Derechas), Dmytro Yarosh. Aunque parezca una fascinación de la hipérbole, denunciaron el “anti-semitismo” y la “xenofobia”.

En la reunión, Yarosh se expresó en estos términos: “Los fenómenos negativos, especialmente el antisemitismo, no sólo serán rechazados por Pravy Sektor, sino que se reprimirán por todos los medios legales. El objetivo del movimiento es la construcción de una Ucrania democrática, un gobierno transparente, combatir la corrupción, la igualdad de oportunidades para todas las naciones y los pueblos, por la unidad del país y un Estado que se rija por la democracia”. Las dos partes acordaron establecer una línea directa [entre Israel y la administración de Pravy Sektor para evitar provocaciones y cooperar cuando surjan problemas. El anuncio oficial de la embajada israelí en Kiev con respecto a la colaboración puede verse en: http://embassies.gov.il/kiev/NewsAndEvents/Pages/DinElYaroshMeeting27Feb2014.aspx.

En sus ediciones del 28 de febrero los diarios Haaretz y The Times of Israel publicaron informes según los cuales, un veterano del Ejército israelí identificado como Delta encabezó una unidad de lucha callejera en la Plaza Maidán de Kiev. Se trataba de una unidad vinculada a grupos ultranacionalistas, que se autodenominó “los cascos azules del Maidán”. Incluye a 40 hombres y mujeres, entre ellos varios exmiembros del ejército israelí (http://actualidad.rt.com/actualidad/view/121228).

El exmilitar y durante estos años hombre de negocios, conocido como ‘Delta’, nació en Ucrania, aprovechó el adiestramiento que recibió cuando integraba el batallón Shu’alei Shimshon de la brigada de infantería Givati del ejército israelí, para organizar las protestas callejeras en Kiev, en las que han estado involucrados al menos cinco soldados veteranos israelíes, según informan ambos rotativos. Añaden además que entrenó la unidad de los ‘cascos azules’ que están relacionados con el partido ultranacionalista Svoboda.

Según la agencia de prensa judía JTA con sede en Nueva York, que lo entrevistó, bajo el casco lleva la kipá. Igualmente lo fotografió con uniforme de camuflaje, chaleco blindado y el rostro cubierto por gafas oscuras y una bufanda negra. Dicha agencia y otras igualmente judías, señalan que varios heridos en los enfrentamientos con la policía en Kiev fueron enviados de inmediato a hospitales israelíes, para impedir que alguien pudiera revelar identidades esclarecedoras. Así como las de la gente que entrenó y armó a los francotiradores que, con los mismos fusiles de precisión, dispararon en la plaza Maidán contra los manifestantes al mismo tiempo que contra los policías, alcanzados casi todos en la cabeza.

Manlio Dinucci en su artículo el “Nuevo Gladio en Ucrania”, publicado el 20 de marzo en  Il Manifesto, escribe:

Estos hechos arrojan una luz nueva sobre la manera como se preparó y se realizó el golpe de Estado de Kiev. Bajo la dirección de Estados Unidos y la OTAN, a través de la CIA y de otros servicios secretos, se procedió al reclutamiento, financiamiento, entrenamiento y entrega de armas a los militantes neonazis que asaltaron los edificios gubernamentales en Kiev, antes de pasar a ser institucionalizados como «Guardia Nacional». Documentos fotográficos que circulan en estos días muestran a jóvenes militantes neonazis ucranianos de UNA-UNSO entrenados en 2006 en Estonia por instructores de la OTAN, que les enseñan técnicas de combate urbano y utilización de explosivos para la realización de sabotajes y atentados”.

Buena prueba es que tras el golpe de Estado, quienes asumieron la dirección de las fuerzas armadas fueron Andrei Parubiy, cofundador del Partido Nacional Socialista rebautizado como Svoboda, quien fue nombrado secretario del Comité de Defensa Nacional y, como ministro de Defensa, el contralmirante Igor Tenjukh, vinculado a Svoboda. Este último ya ha dimitido.

Quizá todo esto explique el silencio de Netanyahu y de Israel en general. También acredita que el sionismo apoyó los desmanes de Kiev. Y, por supuesto, existe una creciente preocupación por la vida de los judíos en la capital. Los ciudadanos viven atemorizados por los paramilitares del Sector de Derechas y para botón, véase de qué modo fue destituido a golpes el director de la televisión pública de Ucrania, del que existe un video.

Los medios como arma en el golpe de Estado

El proyecto era burdo por demás y para llevarlo a término, los que lo diseñaron precisaban el concurso a su favor de los medios de comunicación tanto en papel como televisivos. Eso se ha hecho en múltiples ocasiones, y en cada operación bélica o desestabilizadora llevada a cabo por los gobiernos de Estados Unidos, ha habido una partida dedicada a pagar a los medios de comunicación y periodistas mercenarios, cómo no, para que se muestren favorables e incluso entusiastas con el desmán.

Es viejo el asunto, basta recordar lo que hizo Hearst y su New York Journal a propósito de la guerra entre España y Estados Unidos en 1898. Pero ahora se conoce hasta el monto de las partidas consignadas a tal efecto por la Comisión del Congreso.

Lo diferente de la situación, así lo considero, es que en la actualidad no sólo se miente y se falsea sino que, haciendo caso omiso de todas las evidencias, de las informaciones que llegan por diferentes caminos, se inventan directamente los acontecimientos en contra de lo que son o de lo que indica el más ecuánime sentido común. Se ocultan informaciones de hechos relevantes y se muestran otras de algunos de relevancia mucho menor. Se ha roto cualquier límite al pudor, a la prudencia, a mostrar la naturaleza de los hechos, a regirse por criterios éticos personales o sociales. Se miente y se inventa al servicio de quien paga, sin pretender ocultarlo siquiera. Se trata de repetir machaconamente una idea aunque los hechos, cuando pueden contemplarse y analizarse, muestran lo contrario.

Los diarios en papel que lucen en sus portadas la etiqueta de “independiente”, nunca lo han sido menos ni se han enfangado hasta límites inimaginables y, en cierto modo, incomprensibles.

Queda por considerar si estamos ante los estertores desesperados de los Estados Unidos que se desliza por una pendiente agónica

En el caso de Ucrania las cosas han sido de este jaez. Los medios han seguido el guión confeccionado por los Estados Unidos y la Unión Europea. Su objetivo es construir una realidad de ficción que oculte la realidad objetiva. Ellos han denominado como “pacíficos” a grupos paramilitares fuertemente armados, han demonizado a las fuerzas de seguridad que intentaban mantener el orden y la seguridad de los ciudadanos y las instituciones, se intercalaban entre medios las consabidas salmodias hacia la libertad y la democracia aunque fueran pura retórica vacua, pero se ocultaba la filiación de aquellos energúmenos que atacaban con saña y fuego a la fuerza pública. Pero, además, se guardaba silencio en torno a hechos relevantes que hubieran servido para mostrar lo que sucedía y que sus intereses y objetivos eran otros. Incluso de los caídos a bala por francotiradores se culpó a la policía y ahora, que se sabe que eran mercenarios de la llamada oposición, no hablan tampoco de ello. Las evidencias en otros campos también son flagrantes: Yatseniuk, el primer ministro surgido del golpe, ya ha anunciado recortes sociales contundentes y la duplicación del precio del gas. Los medios no tienen memoria.

Con frecuencia construyeron una realidad ficticia, puramente inventada. Es el caso de los vídeos gemelos. Se presentó en la pantalla una dulce muchacha de cabello largo y mirada tierna con un fondo de llamas y destrucciones. La chica pedía ayuda al mundo para conseguir la libertad y la democracia, lo de siempre, dejando correr la idea de que todo aquello era fruto de la brutalidad de la fuerza pública. Lo curioso es que poco después apareció un video igualito, como un clon, referido a Venezuela. La chica era otra, claro, más trigueña. El fondo era el de las llamas de una guarimba, que los grupos terroristas establecieron durante días. También pedía ayuda al mundo, porque había colas e inseguridad. De no verlo no lo creo.

El panorama informativo ha alcanzado cotas de un cinismo desolador. Salvando algunos casos. Que yo sepa, The Guardian, Il Manifesto o Telesur han sido excepciones, seguro que hay otros. En España por ejemplo, aparte de alguna información tardía y más objetiva de La Vanguardia, los periódicos y las televisiones han repetido el mismo guión hasta el hastío. Un día de enero, creo que a su inicio, me encontré en un zapeo casual con un programa informativo que se emitía por Intereconomía, pero que no era de la casa. Aparecieron unas imágenes tremendas de Kiev, con toda la crudeza de la actuación de los paramilitares. Allí se dijo que eran organizaciones fascistas las que actuaban. No daba crédito. Ignoro la razón de que estuviera allá pero tan sólo se dio dos días. Debieron de llamar al orden a la cadena y asunto terminado.

Lo que resultaba un tanto patético era que, frente al discurso pautado que mantenían estos medios, un universo rico y variado surgía en Internet con un relato que contradecía por completo lo que decían los otros. Allí era posible encontrar desde artículos breves hasta pequeños ensayos a través de los cuales emanaba una información amplia y compleja. Por ejemplo, podíamos leer “La confabulación de los medios para defender las acciones terroristas de los manifestantes en Ucrania”, de Daniel Mcadams, publicado el 4 de marzo  por Millenio. En este sentido fue revelador igualmente un corto titulado “Amenaza neonazi en Ucrania” de la BBC Newsnigth, donde se revelaba la ya bien conocida actividad de los grupos paramilitares antisemitas, bien pertrechados con armas y dinero. Su información chocaba con la de los grandes medios occidentales de comunicación que seguían el patrón establecido por los USA, la UE y la OTAN que se referían a esta chusma –según la BBC-, como luchadores por la libertad, la democracia y por alcanzar vínculos más estrechos con occidentei

La página web alemana Telepolis, cargó a su vez y acusó a los medios de comunicación occidentales, que se negaban a informar sobre el hecho de que la violencia producida durante las manifestaciones en Kiev era obra de facciones de derecha e incluso neofascistas.

Pero para acceder a todo esto era necesario tiempo y saber manejar las búsquedas. Muchos ciudadanos se limitan a dejarse arrastrar por las consignas que se emiten desde los medios audiovisuales que ya hemos descrito. La información, dijo hace no mucho el presidente de Ecuador, Rafael Correa, es un derecho no una mercancía. Y en aras del comercio la información puede venderse al interés de quien la paga e inventar, lisa y llanamente, los hechos a los que alude.

No dejaba de ser muy propio de España, comprobar cómo los mismos que ponían el grito en el cielo y los ojos en blanco por las manifestaciones de Gamonal y las imágenes de algunos contenedores incendiados, seguían repitiendo la cantinela comprensiva ante lo que sucedía en Kiev. Quien paga, manda. Quizá todo responda a lo que habitualmente practican y que resume así James Petras: “Para la burguesía la democracia es relativa: si ganan son electoralistas, si pierden son golpistas” (http://www.lahaine.org/index.php?p=75111).

Los medios de comunicación que así hacen pueden convertirse no solo en instrumento de desinformación, sino de arma convenientemente diseñada para cooperar en el golpe de Estado. Se habla de guerra de cuarta generación a todo esto, una forma de crear un estado de opinión favorable a los agresores mediante la elaboración de la mentira, o partícipes en la fabricación del olvido cuando conviene: en los grandes medios los gobernantes de Ucrania son presentados como gente respetable y no dicen que son fruto de un golpe de Estado. Poco importa que después algunas cosas se sepan. El “progre” español que se chupa el dedo, que se sigue creyendo lo que dice alguna emisora o algún papel tan falso en progresía como ellos, exclaman sorprendidos: “¡Ah, pero era eso, no sabía…!”, y a esperar que vuelvan a engañarle la vez siguiente.

Algunas reflexiones para concluir

La pregunta que surge de inmediato es esta: ¿Por qué el gobierno de Estados Unidos y de la UE han apoyado de forma entusiasta un golpe de Estado con notorios componentes fascistas? ¿Por qué han reconocido de inmediato a sus autores, los reciben con deferencia, los tratan con familiaridad, como si todo lo aquí enunciado y muchas otras cosas que no he reseñado, no hubieran ocurrido? En cualquier otra circunstancia sería un escándalo, pero en esta ocasión parece no importarles.

Ciertamente queda poco espacio para el asombro. Los Estados Unidos han  invadido sistemáticamente los países de Latinoamérica cuando algo alteraba, aunque fuera levemente, sus intereses inmediatos. Oliver Stone en su película South of the Border establece la cifra de 55, a través de sus agencias de inteligencia y de sus oligarquías aliadas. Los mexicanos todavía recuerdan la toma del castillo de Chapultepec en el corazón de la capital (1847), y los pobladores de Ciudad de Panamá la destrucción completa del barrio del Chorrillo (1989), en respectivas invasiones. Quedan, claro, todas las demás: varias en Cuba y en República Dominicana, otras en Brasil, Jamaica, Guatemala, El Salvador, Colombia, Perú, etc. En todas ellas derrocaron gobiernos democráticos electos que querían aplicar algo de justicia social a sus actos de gobierno. Ese fue su marchamo. Y una de las más ignominiosas, el derrocamiento de aquel político ejemplar que fue Salvador Allende. Por no contar sus guerras de conquista en Afganistán, Irak, o las inducidas en Yugoslavia, Siria, Libia. Esto es sólo una pequeña nómina de lo que ha sido el delirio imperialista y destructor de este país, que sigue con ese baldón sustantivo al derecho humano que es el campo de concentración de Guantánamo.

Estados Unidos ha espiado a medio mundo, entre otros a los gobiernos aliados y sumisos. Al parecer todos lo han olvidado ya. En definitiva, como es habitual en sus comportamientos, aquellos que obedecen sus intereses y designios pueden ser dictadores inicuos que jamás serán mencionados como tales. Muy al contrario, quienes defiendan los derechos patrios, su dignidad y sus riquezas, por muy democráticos que sean, merecerán denostación y vilipendio, serán demonizados y no cejarán en sus intentos por derribarlos a cualquier precio. Se han quitado la máscara hasta tal punto que ya no dudan en apoyar lo que sea, uno y lo contrario, en función exclusivamente de sus intereses por muy brutales y perversos que sean. Es una broma que hablen de democracia, de derechos humanos, de juridicidad quienes los conculcan sistemáticamente según les convenga. Quizá el sarcasmo aymará del presidente de Bolivia, Evo Morales, sea purita verdad: “Estados Unidos es el único país que no ha sufrido un golpe de Estado, porque no tiene embajada de los Estados Unidos”.

¿Qué es lo que hay de importante en Ucrania? ¿Qué mueve a unos gobiernos formalmente democráticos a comprometerse hasta los tuétanos con un golpe de Estado de extraordinaria zafiedad, faltando totalmente al respeto de un gobierno electo en un acto del que ellos fueron testigos? ¿Qué puede arrastrarles a apoyar a grupos fascistas confesos, tanto por su ideología como por sus actitudes y conductas, de notorio antisemitismo, dispuestos a matar rusos, comunistas y demócratas? ¿Qué puede llevar a estos gobiernos a una actitud tan denigrante, tan falaz, aludiendo a un derecho que conculcan con dicho proceder?

Alguien puede pensar como respuesta que Ucrania constituye un bastión geoestratégico, pero es igualmente un territorio vulnerable por donde llega buena parte del gas ruso a Europa central. También que se trata de asegurar su adhesión a la OTAN y con ello llevar armas ofensivas a las propias fronteras de Rusia. Los mercaderes de la Unión Europea pueden considerar que acrecientan la cifra potencial de sus consumidores. Nada me parece suficiente para justificar un comportamiento así. Pido disculpas de antemano por mi tono especulativo, pero da la impresión de que en Ucrania se esconde un secreto mucho más insondable que les ha llevado a procederes de este jaez.

Queda por considerar si estamos ante los estertores desesperados de los Estados Unidos que se desliza por una pendiente agónica. Algunos intuimos que este país se precipita hacia el descalabro, tarde éste más o menos tiempo en llegar. Su deuda es escalofriante y han vivido de la ficción de soportarla con el expolio generalizado del planeta. Pero eso concluirá en algún momento y entonces surgirá el descalabro al desnudo. Algo tiene que ver la venta masiva de bonos USA por parte de China, y el anuncio de Rusia de que puede hacer lo mismo.

Sé que suena a película, a una especie de rememoración de Asalto al poder (White House Down, 2013), de Roland Emmerich, pero da la impresión de que se haya dado en realidad un golpe contra Obama por parte de la extrema derecha estadounidense y los grandes fabricantes de armas. Que lo conserven tan sólo como fachada legal pero sometido a sus designios. No es normal lo que está haciendo, tan obtuso, tan inapropiado. Se le ve hundido, desmejorado, entrando como un autómata en las salas de prensa, nunca sonríe, lee un papel y sale sin admitir preguntas. McCaine, por el contrario, se pasea sonriente, locuaz, relajado, diciendo barbaridades sin cuento y estupideces de una procacidad e incivilidad inauditas, pero habla de guerra y de invasiones sin cesar como si lo controlara todo. ¡Quién sabe, pero no me digan que es imposible, cosas más inauditas pasan! Y que Obama ha abjurado de sus posiciones para arrodillarse ante el lobby armamentístico, parece fuera de duda. El presidente Putin en su discurso sagaz y demoledor en el Kremlin, les dijo algo evidente: han tenido ustedes una actuación “burda, irresponsable y poco profesional”.

De manera al parecer fatal, la última trinchera del neoliberalismo, que nada tiene del liberalismo clásico, parece ser el fascismo. El viejo dicho se hace verdad ahora de nuevo: Cada vez que el capitalismo está en peligro saca el fascismo a pasear.

Un final, este sí, de película

Sólo se trata de un final momentáneo, vendrán otros muchos. En el documental de la BBC Newsnigth se hablaba de los combates en Maidán como de un western. A la postre, las cosas caminan ahora por la senda de una intriga política cercana al cine negro.

En la madrugada del 24 al 25 de marzo Alexander Muzichko, el criminal del Sector de derechas del que ya hemos hablado, coordinador del grupo paramilitar, pereció por disparos de la policía. Había una orden de busca y captura internacional emitida por la Justicia rusa, como sospechoso de varios asesinatos y torturas durante las dos guerras de Chechenia (1994-2000). La Fiscalía General de Ucrania le abrió una causa penal por los incidentes, reproducidos en varios videos por internet. En uno se podía ver cómo el ultraderechista, kalashnikov en mano, intimidaba a los diputados de la asamblea regional de Rovno, y en otro, cómo golpeaba, amenazaba y humillaba al fiscal de dicha región. De todos modos la fiscalía no llegó a detenerlo ni a presentar acusación formal contra él.

Según la versión oficial, el hecho se produjo en una operación especial que la policía ucraniana llevó a cabo en el poblado de Barmaki, de la provincia de Rovno. La Policía iba a detenerlo como sospechoso de participar en banda armada, y apresó a otros tres miembros del grupo criminal dirigido por Muzichko y les incautó un fusil kalashnikov y una pistola. Según cuentan, el sujeto en cuestión no sólo se resistió sino que apretó el gatillo: “La bala disparada por Muzichko atravesó las gafas del agente y quedó atrapada en su casco. El policía herido disparó a las piernas del fugitivo. Luego, durante la detención, hubo un forcejeo y se escucharon disparos“,  declaró el viceministro del interior, Vladímir Evdokímov, en una rueda de prensa: “falleció, dijo, en la ambulancia” a causa de las heridas de bala recibidas.

Horas antes sin embargo, el diputado independiente Oles Doniy escribió en su página de Facebook: “Muzichko fue asesinado a sangre fría. Dos coches cortaron el paso a su vehículo. (…) Le tiraron al suelo con las manos esposadas por detrás de la espalda y le pegaron dos tiros en el corazón“. Algunos paramilitares del Sector derecho amenazaron al ministro del Interior, Arsén Avakov, con tomar venganza en su persona por este ajuste de cuentas.

Quizás pronto se sepa más en torno al caso pero resulta evidente que se trata de una eliminación diseñada y urgente. Una vez cumplido su trabajo sucio cuanto cabe. Muzichko era un elemento desagradable y pernicioso al que había que quitar de en medio y, sobre todo, un testigo muy peligroso del fango, la podredumbre y las mentiras que subyacen tras este golpe de Estado. Por eso la peli no ha concluido; más bien no ha hecho sino comenzar.

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