José-Tomás Cruz Varela:
Una moda absurda

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En principio habría que concretar los polémicos conceptos de moda, elegancia y gusto aplicados a unos pantalones vaqueros. Si entendemos por moda algo novedoso destinado a favorecer a la mujer en general y en este caso aplicado a la tendencia que producir: cortes, rajas, rajitas, rotos y aberturas en la referida prenda a la altura de la rodilla, no lo consiguen ni de coña, sino más bien todo lo contrario, afeando una de las partes más bonitas y atractivas de su físico, a no ser que lo pretendido consista en lograr mayor flexibilidad en dichas articulaciones, o una ventilación extra de la zona

Dado que el vocabulario aplicado a la moda y utilizado por los que se mueven en ese mundo, admite todo tipo de gilipolleces, la polémica está centrada en dos parámetros: dimensión e intensidad, diferenciando entre una simple y discreta raja, que podría tener un pase, o una abertura que posibilite descubrir la totalidad de la “genu” (origen latino de rodilla) La segunda, pasa por decidir la altura e intensidad de los citados cortes. Los más reputados estilistas aconsejan que los destrozos deben diferenciarse de una pernera a la otra, por ser lo verdaderamente rompedor y epatante. En cuanto a volumen y altura ya depende más del grado de provocación deseado por la joven o no tan joven portadora.

Parte de la casuística comentada en el párrafo anterior, pensando en las indecisas a la hora de ejecutar las mencionadas incisiones a sus vaqueros, está resulta porque en la mayoría de las tiendas ya se pueden adquirir con rajas o rotos incorporados. No obstante, en aquellos casos en que no se disponga de numerario suficiente, lo suyo es rescatar del armario algún viejo pantalón y consultar en Google para efectuar los cortes.

No constituye ningún secreto que horterísimo, zafiedad y mal gusto, van de la mano y forman plaga. De ahí que algunas jóvenes, aunque solo sea para llamar la atención, en lugar de discretos cortes opten por círculos de tapaderas de olla, que solo con mirarlos producen ictericia, si bien de todos es sabido que “para presumir hay que sufrir”. Lo suyo es mantener un correcto término medio a la hora de participar e involucrarse en “la fiesta del roto”.

Agotado el capítulo de los consejos, lo suyo es pasar directamente a las consideraciones. Eso de que la moda lo admite todo es una memez de tamaño natural y lo apropiado en esta ocasión sería adjudicarle el calificativo de moda patética, absurda, repelente y que además no mola.

Decididamente, lo de rotos y agujeros en la rodilla es sencillamente lamentable, criticado por el pijerío que marca estilo, carente de originalidad y más antiguo que la pana. Todo un atentado contra una de las partes más estéticas y bellas de la mujer. Esperemos que pase pronto este aborregamiento de destrozar pantalones y retornar a los pegaditos y con un ligero desgaste, cuya único inconveniente es que cuestan un cigoto y la yema del otro. Comprar pantalones que llegan mutilados de fábrica cuando se pueden adquirir enteros por el mismo precio es de taradas o  acomplejadas, a las que no les queda otro recurso para atraer la atención o dar facilidades…, porque de la raja al vulgar boquete la distancia es muy corta. Secretosa opinión de una amiga muy versada en estos menesteres que para mantenerse fashion, solo utiliza minúsculas incisiones a la altura de los muslos…

El mejor destino para tan espantoso aliño indumentario sería trocearlo para ser utilizado como trapos de cocina. Que nadie te engañe, ¡¡son horrendos!! Y sientan fatal….De cualquier manera, si el vestirte a bases de agujeros te hace feliz, no te reprimas. Además, te asiste todo el derecho a poner a parir al autor de los mencionados consejos….¡¡No te cortes!!

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