Vicente Serrano: “El valor del voto de los ciudadanos debe ser el mismo, independiente de donde voten o a quien voten”

Salvador López Arnal ||

 Profesor-tutor de Matemáticas de la UNED y de informática en el Institut Puig Castellar ||

Vicente Serrano fue presidente de la asociación Foro Babel Barcelona, delegado sindical de CC.OO. primero y de CoBas después, formó parte del primer Consejo Nacional de EUiA -en representación de “Corriente Federal”- y de su primera Ejecutiva, organización que abandonó posteriormente por su sesgo nacionalista. Actualmente, es Presidente de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista. Ha publicado El valor real del voto en la editorial de El Viejo Topo. En su libro se centra nuestra entrevista.

Me centro en tu último libro, el que acabas de publicar en El Viejo Topo. Hablas de sistemas electorales. ¿Qué es un sistema electoral?

Diría que un sistema electoral es un conjunto de leyes y normas que configuran una forma de representación política en una sociedad determinada. Es, sobre todo, una herramienta para configurar cómo se ejerce el poder.

Aparentemente todos los sistemas políticos, incluso las dictaduras tienen un sistema electoral. Sin ir más lejos el franquismo tenía su propio sistema electoral y lo denominaba “democracia orgánica”

¿Cuándo podemos considerar que un sistema electoral es justo?

El concepto de justicia es subjetivo ya que depende de la prioridad del sistema. Si lo que pretendemos es un sistema muy estable que permita la creación de mayorías gobernantes podríamos decir que un sistema mayoritario es justo. Pero si lo que queremos es que la voluntad popular se refleje fielmente en sus instituciones dicho sistema sería profundamente injusto.

Ciertamente, conjugar la representatividad proporcional en el legislativo debe ir acompañado de un sistema que garantice la gobernabilidad, que permita un ejecutivo estable. Eso es lo que pretendo con mi propuesta. Y es lo que yo considero justo.

Es decir, un sistema electoral es justo si y sólo si garantiza la máxima representación proporcional de la ciudadanía en los Parlamentos democráticos y, además, garantiza la gobernabilidad permitiendo un ejecutivo estable. ¿He entendido bien?

Perfectamente. El problema en el sistema español es que al elegir el legislativo el ejecutivo se desvirtúa la función democrática del primero, quedando relegado a mero legislador al servicio del gobierno. Es más parece que no votemos a un parlamento sino a un gobierno. Los debates giran en torno a quien gobernará y no al proyecto de país de cada candidatura. Mucho quejarnos del presidencialismo pero nuestras campañas electorales tienen mucho de presidencialistas.

No quiero decir que no pueda elegirse un gobierno desde el parlamento, pero lo cierto es que si hacemos un sistema proporcional puro, necesariamente deberíamos tener una cultura de pacto que parece ser no existe en este país. La solución dada por la constitución del 78 fue un sistema electoral aparentemente proporcional. La realidad es que dicha proporcionalidad quedaba desfigurada principalmente por la creación de circunscripciones provinciales. Un criterio de representación territorial que sin embargo se contradice con la consideración de todo diputado o representante como nacional, es decir que representa a toda la ciudadanía.

 ¿Y cuándo un ejecutivo es estable?

El problema de la estabilidad del ejecutivo se resuelve en el sistema actual configurando un ejecutivo que descansa sobre una mayoría parlamentaria. Esto desvirtúa la función del legislativo. Pero lo grave es que se hace a costa de la representatividad de los ciudadanos.

Podríamos decir que un ejecutivo estable se consigue con el respaldo mayoritario de los votos. La solución es distinta en cada país. En EE.UU. el ejecutivo se elige separadamente del legislativo con un sistema harto complejo y por un voto interpuesto. En otros sistemas presidencialistas, como el francés, en el fondo se nombra al ejecutivo de una forma mixta. Si bien se elige directamente al Presidente por los ciudadanos y éste preside el gobierno, el primer ministro lo nombra el Presidente en función de los resultados legislativos. Algo muy similar a lo que pasa en España, con la diferencia de que nuestro Jefe de Estado no tiene potestad ejecutiva.

¡Menos mal!

¡Menos mal! Mi propuesta contempla la posibilidad de elegir por el parlamento a un Presidente del Gobierno, con unos tiempos muy marcados. En ese sentido se mantendría la forma actual siempre que los diputados sean capaces de pactar. Pero si no son capaces de elegir gobierno, mi propuesta, evita repetir las legislativas –evita forzar el voto o voto útil– y establece una elección directa del Presidente de gobierno por el pueblo. Esto, evidentemente, implica unas salvaguardas necesarias para que dicha elección sea estable y en principio propongo que las mociones de censura, para derribar a un gobierno, tengan un respaldo en el Congreso superior al porcentaje de votos obtenido en las urnas.

Está claro que estos cambios implicarían un parlamento más polémico y vivaz. El debate de presupuestos, por ejemplo, tendría mucha enjundia, así como el resto de leyes. Tal vez eso haga que el ciudadano de a pie se interese más por la política.

Ójala fuera así. ¿Proporcional significa, en este caso, que los votos de todos los ciudadanos valen, cuentan lo mismo?

En realidad, ésa es la clave de la propuesta: que el valor del voto de los ciudadanos sea el mismo independiente de dónde voten o a quién voten. Otro elemento importante en esa igualdad es disminuir el número de votantes que se quedan sin representación.

Instaurar un sistema como el que propongo, en principio, animaría más a la participación; el absentismo bajaría.

Pues tal como está el país y sus clases dominantes, no sé si eso representa una virtud o una liquidación por derribo. Cambio de tema. ¿Por qué esa “erre” minúscula en la palabra “rEAL” del título?

La verdad es que cumple una doble función. La primera llamar la atención del lector y la segunda es un juego para, en un título todo en mayúsculas, reclamar la realidad frente a la Realeza. Es claramente un guiño republicano, lo cual podríamos considerar una tercera reivindicación.

Al editor Miguel Riera nunca le gustó lo de la erre minúscula. Siempre lo consideró una tontería. Tu pregunta aclara lo oportuno de usarla.

No siempre los editores dan en el clavo (aunque éste al que haces referencia suele acertar). En España, salvo error por mi parte, existen varios sistemas electorales dependiendo del tipo de elecciones. ¿Hay alguno que sea justo o que se aproxime más a un sistema electoral justo?

En España se utiliza un sistema proporcional con reparto d’Hondt en la elección del Congreso agravado por el sistema de circunscripciones provinciales fijado en la Constitución. Esto deforma la proporcionalidad generando lo que yo llamo un bipartidismo imperfecto que precisa del apoyo (hasta ahora) de los partidos nacionalistas.

En el Senado el sistema es de listas abiertas con voto limitado en las circunscripciones o provincias peninsulares (se votan a 3 de 4 elegibles) y en las islas mayores (2 de 3) y voto sin límite en Ceuta y Melilla (2 de 2) e islas menores (1 de 1). Este sistema genera no ya bipartidismo en el Senado sino mayoría absoluta con una representación mínima (un 33% del voto da el control del 62% del Senado).

Finalmente, en el sistema de elecciones sindicales se utiliza un sistema proporcional y al resto mayor (método Hare), aunque se establecen dos colegios o circunscripciones diferenciando entre técnicos y personal no cualificado (sin comentarios). Con las distancias de volumen (la distorsión de los restos en circunscripciones pequeñas son llamativas, a pesar de ello el sistema es el más justo, desde un punto de vista de proporcionalidad) es el propuesto en el libro pero en una sola circunscripción electoral para el Congreso y en circunscripciones autonómicas para el Senado.

¿Método Hare? ¿Método D’Hont? Nos los explicas brevemente.

Método Hare o proporcional y al resto mayor. Existen varias formulaciones pero la más elemental es dividir el número total de votos por el número total de escaños a repartir. Eso nos dará el valor medio por diputado. Es decir, en principio, se asignará un diputado por ese número de votos. El cálculo es el siguiente: se dividirán el total de votos de cada candidatura por el valor medio y el entero resultante (se ignoran los decimales) serán los escaños que le corresponderán a cada candidatura. Seguro que nos quedarán por asignar algunos escaños (En las pasadas elecciones del 26J aplicando este sistema hubieran quedado 11). Calculamos los restos de cada coalición, es decir, total de votos menos el valor medio por diputado por los escaños asignados. Se ordenan todas las candidaturas por restos de mayor a menor y se le asigna a los primeros hasta cubrir todos los escaños pendientes (11 en el caso del 26J)

Te queda D’Hondt.

Método D’Hondt es un sistema proporcional de asignación a promedio mayor: es decir, que se van dividiendo los resultados de cada candidatura por 1, 2, 3, 4 y así sucesivamente hasta completar el total de los escaños a cubrir. Realizadas las divisiones se asigna cada escaño a los promedios mayores. El problema en España es que dicho método se ha de realizar en cada provincia y en las pequeñas la proporcionalidad se pierde, convirtiéndose en mayoritario.

Ambos sistemas son proporcionales, si bien el método D´Hondt beneficia claramente a los grandes partidos o coaliciones y elimina a las opciones más pequeñas. En cambio el método Hare beneficia a los pequeños partidos y perjudica levemente a los grandes.

En España se tiende a echar la culpa de toda la distorsión electoral al Sr. D´Hondt pero eso no es justo.

Es así, ha sido así. ¿Por qué no es justo?

En realidad, como decía antes, el gran distorsionador es la circunscripción provincial junto al mínimo del 3% para obtener representación y en último lugar está D´Hondt.

Resumo: 1º, provincia; 2º, 3% o mínimos del 5% y 3º, método d’Hont. Éste sería el orden correcto.

Siendo honestos en un sistema de circunscripción única y sin mínimo, el método D´Hondt sería correcto. Yo prefiero el método Hare porque da más representatividad a los pequeños partidos o coaliciones y porque minimiza el número de votantes sin representación.

Lo que deforma la proporcionalidad, lo acabas de señalar, es la circunscripción provincial. Nos das un ejemplo, por favor.

En Madrid se eligen 36 diputados y el coste medio de cada uno es de 92.526 votos efectivo –es decir, de votos que obtienen representación, los que no obtienen representación en Madrid son 89.745 tan solo el 2,62% de los emitidos-. Frente a estos datos tenemos a Melilla, donde su diputado costó 13.478 votos efectivos, Ceuta 15.956 votos y Teruel donde cada uno de los tres diputados costaron 16.825 votos efectivos. En contraste, fueron 13.267 (49,61%), 14.467 (47,55%) y 23.417 (31,69%) votantes sin representación respectivamente.

 Queda claro. ¿Y los sistemas que rigen en las elecciones autonómicas?

No he estudiado detenidamente los sistemas que hay en cada autonomía. Sí me he detenido a estudiar Cataluña y Andalucía y de ambas he escrito artículos.

Cuenta entonces.

Cataluña se rige por el sistema estatal contrariamente de lo que pueda pensarse y hay desde hace años un proyecto de ley que no acaba de salir a flote dado el poco consenso que genera y los intereses contrapuestos de cada partido. Lo cierto es que el sistema que se utiliza (Autonomicas 2015 en Cataluña. Las trampas del sistema electoral), el español que yo critico, beneficia a los partidos nacionalistas por lo que no parecen tener excesivo interés en cambiar hacia otro más proporcional, menos territorial.

Ha quedado claro los resultados del sistema en la actual composición del Parlament: mayoría absoluta de escaños secesionistas sin mayoría de voto ciudadano.

Andalucía usa un sistema muy parecido aunque ha cambiado algunos elementos como la asignación de escaños mínimos por provincia. Sigue siendo deformante (Diseccionando un sistema electoral tramposo).

También estudié para mi libro el sistema electoral de Madrid. La ventaja de ser circunscripción única se pierde al poner un mínimo del 5% de votos para obtener escaño. Las intenciones de la actual Presidenta de la Comunidad de evolucionar hacia un sistema como el alemán, donde mezcla circunscripción única y circunscripciones uninominales, manteniendo ese mínimo del 5%, no augura ninguna mejora de la representatividad.

Insisto en un punto tratado. ¿No sería proporcional el sistema de las elecciones europeas, por ejemplo?

Para mí un sistema electoral es proporcional cuando el porcentaje de votos se ajusta, casi como un guante, al porcentaje de diputados asignados. A ello hay que añadir la necesidad de minimizar el número de votantes que ejerciendo su derecho a voto se quedan sin representación.

En el libro hablo de otros parámetros para medir el grado de proporcionalidad y justicia del sistema como son el coste de votos por escaño y el Índice de Poder de Voto de cada ciudadano. Entiendo que eso se garantiza con una sola Circunscripción electoral y un reparto por el método Hare. Eso es independiente de que el sistema asigne a los territorios los escaños correspondientes y garantice, en todo caso, la presencia de diputados de las provincias más pequeñas. Todo ello sin distorsionar el reparto general.

En cuanto a las europeas…

Efectivamente, en las elecciones europeas España es una sola circunscripción por lo que se garantiza la igualdad entre los votantes y que los costes por eurodiputados son similares. Ello a pesar de mantener el método d’Hondt. Otra ventaja es que no existe un mínimo para acceder a escaño (en España)

El Parlamento europeo podríamos decir que es un parlamento confederal ya que los diputados representan a un territorio/estado (concretamente a los ciudadanos de un territorio) y, por tanto, existen diferencias de Índice de Poder de Voto entre ciudadanos europeos. Eso tiene una lógica política de repartos de poder alejados de los intereses populares. Se podría decir que en España es igual, pero lo cierto es que los diputados elegidos en las provincias no tienen representación de ese territorio, sino que son considerados diputados nacionales.

En Europa no existe ni se permiten partidos de ámbito europeo: son coaliciones posteriores a la elección. Ciertamente, es un juego de apariencias, tanto como las limitadas competencias del mismo Parlamento europeo.

 Por cierto, ¿quién ideó el actual sistema electoral español? ¿Con qué objetivo en tu opinión?

No he estudiado ni investigado la responsabilidad ideológica del diseño actual de nuestro sistema electoral. Parece más bien el resultado de unas negociaciones entre los miembros de la Comisión Constitucional (Solé-Tura, Roca Junyent, Pérez Llorca, Peces Barba, Herrero de Miñón, Fraga y Cisneros Laborda). Particularmente, no creo que el Ejército estuviera muy puesto en esas lides y pienso que en este tema la presión fue menor. La institución de la provincia como unidad electoral tiene rasgos “conservadores” muy claros, ya que minusvaloraba a las grandes urbes donde la cultura tiende a ser más “progresista”.

A mi entender, fue una voluntad –el objetivo que preguntas- de asegurar una gobernabilidad en la que los nacionalistas eran árbitros privilegiados y el sistema permitía la alternancia entre dos partidos adictos al proyecto de construir en España un estado del bienestar a imagen de lo que existía en la Europa occidental, frente a un enemigo común soviético, evitando, como se vio, la posibilidad de mantenerse como nación no alineada. El más ingenuo, en perspectiva, fue Solé-Tura, ya que, primero el PCE y luego IU han sido los grandes perjudicados por este sistema. A ellos hay que unir en estos momentos a Podemos, Ciudadanos, la casi desaparecida UPyD y al PACMA.

Yo escuché a Herrero de Miñón decir en la cadena SER que él era el máximo responsable del diseño del sistema y que el objetivo era evitar que el PCE tuviera una fuerte representación. ¿Por qué es tan importante este asunto? Supongamos que el sistema electoral vigente fuera más justo, ¿las cosas se alterarían de forma sustantiva?

Lo que diga Herrero de Miñon, a toro pasado, no puede ahora contradecirlo el representante del PCE en aquella comisión. Sin embargo, la historia parece darle la razón a él y a mí cuando afirmo cierta ingenuidad por parte de un hombre como Solé Tura, al que tengo gran respeto y con el que compartí hace años una conferencia de Foro Babel. Aprovecho para reclamar a quien corresponda la reedición de su imprescindible Catalanismo y revolución burguesa. La síntesis de Prat de la Riba. Aparte de ser un clásico, su actualidad nos iluminaria sobre los tiempos que vivimos en Cataluña. Pero volviendo a la importancia de la representatividad…

Volvamos a ello.

Entiendo que es una cuestión de principios de igualdad. Hay que distinguir en esta respuesta lo ideológico de lo político.

Ideológicamente me sitúo en la izquierda y pienso en la construcción de una sociedad sin clases. Es decir, de iguales. Pero decir iguales no implica pensar igual y, por tanto, esas formas distintas de pensar deben reflejarse en las instituciones. Como no estamos en una sociedad sin clases, sino en un Estado formalmente democrático, debemos avanzar hacia un sistema que nos represente lo mejor posible.

En un Estado es la clase dominante o hegemónica la que gestiona el sistema estatal y el sistema electoral es parte de ello. Por ello, un sistema que permita “manipular” la voluntad de los ciudadanos es muy interesante para esa clase social. Quiero advertir que no estoy prejuzgando la ideología de esa clase o grupo (todo sistema puede beneficiar a unos u a otros). El sistema griego regala 50 escaños al partido más votado. Eso benefició durante décadas a los partidos tradicionales de la derecha y a la socialdemocracia, pero en los últimos casos ha beneficiado a Syriza. Para mí, el sistema es injusto, beneficie a quien beneficie. Ahí es donde esta la diferencia política. Ideológicamente es reprobable pero políticamente a todos les interesa en el momento en que les beneficia. No me consta que Syriza se plantee cambiar el sistema.

A mí tampoco me consta y entiendo que tú piensas que debería proponerlo aunque no le beneficie.

Necesitamos que la política vaya de la mano de la ética. Al menos la izquierda.

Durante el 15M me acerqué en varias ocasiones a la Plaza de Cataluña y tuve la suerte de poder pasar por Sol en un par de ocasiones. Mi participación se redujo a algún debate sobre sistemas electorales. Había ganas y muchas ideas y algunas muy peregrinas, pero sobre todo ganas de profundizar en democracia. Cuando se gritaba “no nos representan” era una verdad de Perogrullo. Pero es necesaria una formulación teórica y técnica de la propuesta. Eso es lo que pretende este libro.

No es poco, una excelente finalidad.

Y es importante porque acceder a una democracia total se puede hacer desde posiciones voluntaristas y desde el asamblearismo e incluso desde planteamientos cercanos a la democracia por sorteo. Pero son planteamientos que se quedarán en actitudes rebeldes y minoritarias. Por otro lado, criticar simplemente el sistema actual por proceder de una Constitución que no te gusta no soluciona el problema de cómo establecer un sistema electoral más justo. Es importante saber adónde vamos, sea a través de una reforma constitucional o a través de un nuevo proceso constituyente. Cantos al sol sirven de poco más que para amenizar la tarde.

Te veo muy práxico, no digo pragmático

El pragmatismo nos lleva al conservadurismo, por no decir al neoliberalismo. Si ser práxico es apostar por la necesaria acción que conduce al cambio me siento elogiado.

Eso pretendía.

No digo yo que esta propuesta sea fácilmente asumida por los que cortan el bacalao en España. Más bien al contrario. Ni siquiera tengo claro que Podemos o IU o Ciudadanos tengan ganas de caminar hacia un sistema proporcional puro. Pero, si vamos poniendo losas, al final haremos camino. Es decir, si sentamos bases para el debate cuando la sociedad esté madura se podrá plantear el camino que quiere elegir.

Pongamos que el nuevo gobierno plantea una reforma electoral queriendo introducir las circunscripciones uninominales que tan bien se venden en Francia, Gran Bretaña y EE.UU. con la zanahoria de que conoceremos a nuestro diputado. ¿Qué haremos? ¿Qué herramienta de debate tenemos cuando todos los mediáticos canten alabanzas de ese sistema? ¿Lo negamos todo o lo argumentamos? Es imprescindible una formación sobre el tema y temo que, no ya la población en general, sino que muchos activistas de izquierdas están faltos de conocimiento sobre el tema. Si preguntas a cualquiera la culpa del mal del sistema electoral español es la ley d’Hondt: ¡mentira!

Probablemente tienes razón. Ya lo has comentado, ya lo has demostrado.

¿Que qué cambiaría? La mía no es una propuesta simple de cambio de sistema de votación y asignación. El cambio seria radical. Entre otras cosas, creo que acercaría la política a los ciudadanos de a pie. Animaría a mayor implicación. Racionalizaría las campañas. Y ayudaría a sentir que votar tiene sentido. Estoy seguro de que la abstención bajaría.

Para ir resumiendo. ¿Cuáles son tus principales críticas al sistema electoral español vigente? No te permito más de quince líneas.

La principal crítica es la deformación de la voluntad popular. Es un sistema con aparente proporcionalidad que genera un bipartidismo, como decía antes, imperfecto. Esto hace que el ejecutivo, el gobierno, que es designado por el Congreso, sea quien marca la agenda del legislativo.

La separación de poderes se convierte en una mera descripción nominativa. La función de control del legislativo sobre el ejecutivo es una mentira. Quien manda en los tres poderes del Estado, legislativo, judicial y ejecutivo, es el último. En ese sentido, España deja de ser un Estado de Derecho.

Nos das un ejemplo de “injusticia electoral”, basado en los resultados del 20D, que clame al cielo (ya sé antes nos has dado un ejemplo)

La mayor es el desinterés que generan entre los ciudadanos por acudir a votar y la desconfianza general en el sistema. El absentismo es la gran baza del poder en España. Por ejemplo, si vamos a unas terceras elecciones la participación bajará y los beneficiados serán los mismos de siempre, PP y PSOE. Y, si no, al tiempo.

Cierto que los actores pueden cambiar pero si el sistema no cambia el bipartidismo con unos u otros seguirá.

El ejemplo que me pides: que salga elegido un senador por poco más de 4.000 votos y otros cuesten hasta 1.100.000 parece un chiste pero es una realidad.

En la votación al Congreso los votantes del PSOE de Soria tienen un Índice de Poder de voto de 5,39, los votantes del PP de Melilla 5,07 y los de Teruel 4,44. Mientras los de Ciudadanos de Sevilla tienen un IPV de 0,50 o los de Unidos-Podemos de Zaragoza un 0,66 y finalmente los de C’s de Madrid y Valencia y los de UP de Murcia tienen un 0,67. Si el IPV ideal es 1,00 se pueden sacar conclusiones.

Pero junto a esos valores hay algo también muy grave. Se dice que la sobrerrepresentación de las provincias pequeñas es para compensarlas. La realidad es que en dichas provincias quedan sin representación una mayoría de votantes. En Melilla, el 49,12%: en Ceuta, el 47,06%;en Guadalajara, el 36,71%. Frente a estos valores están los de la provincia infrarrepresentadas, como Madrid, Sevilla y Barcelona, donde los porcentajes de votantes sin representación son mínimos: 2,62%, 2,26% y 2,24%, respectivamente.

Todos los datos que he dado son del 26J.

¿Qué fuerzas están hoy por el cambio del sistema electoral? Si no recuerdo mal, ésta ha sido una de las exigencias de Ciudadanos al PP para el pacto de investidura.

Me temo que los planteamientos de modificación de ley electoral son más de cara a la galería que reales. Todos hablan de mejorar la proporcionalidad y de desbloquear las listas (PSOE y Ciudadanos); pero existe poca concreción. Las propuestas más elaboradas hasta la fecha vienen de UPyD y de IU. A mi modo de ver, tímidas pero en la buena dirección.

¿Y Podemos? Bescansa escribió en la prensa sobre la necesidad de cambiar el sistema.

En el libro le dedico un apartado a las propuestas de los partidos. Todos hablan de mejorar o cambiar el sistema pero en los programas electorales las referencias son muy genéricas y no hay una apuesta general y concreta.

Cierto que Podemos habla de eliminar las circunscripciones provinciales y crear las autonómicas. Como he dicho antes, hay propuestas en buena línea pero incompletas.

Las circunscripciones autonómicas me parecen válidas para la elección del Senado, ya que este, si no desaparece, debería ser una cámara territorial con senadores elegidos directamente por los ciudadanos, reduciendo la representación institucional al mínimo. Representación en función del censo de cada autonomía y sistema de listas desbloqueadas, tal como propongo para el Congreso. Donde, repito, la circunscripción debería ser única.

Pero, por otra parte, ¿cambiar el sistema electoral español no es algo ciertamente quimérico? ¿Por qué van a cambiar los “grandes” partidos, que creo necesarios parlamentariamente para ello, lo que tan bien les ha ido hasta ahora?

Tienes toda la razón. A los grandes partidos no les interesa modificar el sistema y abundo más: temo que a los emergentes tampoco, ya que esperan beneficiarse del sistema. Se que esto último puede doler, pero apostar por un sistema más justo y proporcional les da miedo. Todos quieren gobernar con la tranquilidad de tener controlado el Congreso y, por ende, el Senado.

Otra cosa es que la sociedad tome conciencia de las posibilidades de ir hacia un sistema más justo que a, la vez, permita la gobernabilidad (recuerda que la propuesta incluye un sistema de elección del gobierno directa por los ciudadanos). Si eso fuera así, si los ciudadanos toman conciencia del problema y presiona frente a las posibles modificaciones hacia sistemas más mayoritarios como las listas abiertas o las circunscripciones uninominales, entonces seria posible un cambio.

Hay un concepto un pelín complicado que usas en tu análisis: el de poder de voto o censo. Nos das unas fórmulas, unas fracciones, en la página 19 del libro. ¿Nos las puedes explicar sucintamente? Allí defines c(i), C(w), IPV(i) e IPV(w).

Decir que es complicado es injusto.

Vale, de acuerdo, no es muy complicado.

Más complicado que el método d’Hondt no es. El problema es que nadie explica el método d’Hondt y se acepta como una verdad absoluta. Me gustaría ver a los mediáticos explicarlo y, sobre todo, que se les entienda.

El IPV (Índice de Poder de Voto) es un número índice. Es decir, establecemos un valor en torno a 1 o valor índice de referencia. Como cuando se establece un número porcentual en torno a 100.

De acuerdo, entiendo lo que dices.

Si el poder del voto de cualquier ciudadano ha de ser 1 y ese valor se desvía, hemos de calcularlo para saber cuánto se desvía y hasta qué punto es aceptable.

Cuando hablo de Índice de Poder de Censo es el mismo concepto. Pero lo más importante es que es en el censo donde se genera la desigualdad. Al usar las provincias como circunscripciones.

Si tenemos que elegir 350 diputados en toda España y somos 34 millones y hacemos la división de 350/34M obtendremos un cociente tal que así: 0,00001011647297667510. Para comparar el cociente resultante de la misma división en cada provincia se haría dividiéndolo por cociente general de todos los españoles. Te paso un pequeño cuadro para insertar y aclarar.

  Escaños Censo Cociente IPV (Censo)
España 350 (Ew) 34.597.038     (Vw) 0,00001011647297667510 (Cw) 1,00   (IPVw)
Teruel 3     (ei) 104.809         (vi) 0,00002862349607381050   (ci) 2,83   (IPVi)
Madrid 36   (ei) 4.661.539       (vi) 0,00000772277138515842   (ci) 0,76   (IPVi)

 

Ci = ei / vi
Cw = Ew / Vw
              ci      

IPVi = ——–   ,    

       Cw          

    Cw      

IPVw = ——– = 1              

       Cw

El cociente obtenido es la parte de poder alícuota que corresponde a cada votante Cw en el caso de todos los españoles y ci en el caso de los censados en cada provincia concreta. IPVw es el que corresponde a todos los españoles y es,por definición y por matemáticas, igual a 1 y IPVi es el poder que corresponde a cada ciudadano en función de la provincia donde esté censado.

Ese IPV censal todavía se deforma más al efectuar el acto de votar y dependiendo a quien se vote, como te contestaba en una pregunta anterior.

No sé si la explicación te sirve o ayuda.

Sirve y ayuda. Hay que ponerse un poco.

Tal vez necesitamos tomar conciencia y ello implica repasar algo las matemáticas que teníamos olvidadas. Es una actitud frente a creerse todo lo que nos sueltan por la caja tonta.

De acuerdo, entiendo lo que señalas. Hay que recordar un poco la aritmética elemental y ponerse un poco. ¿Quieres añadir algo? ¿Me he olvidado de algo sustantivo que quieras añadir?

Seguro que algo nos dejamos en el tintero. Abarcarlo todo es difícil. No solo en esta entrevista. A veces releyendo la prensa y escribiendo sobre estos temas me doy cuenta de que algo faltó en el libro, que algo más debería haber añadido.

¡Pero ya cuentas y explicas muchas cosas en el libro!

Esto es un camino, entender nuestra realidad, y caminar es entender un poco más y cuando aprendes algo, estas caminando.

*El Viejo Topo, noviembre de 2016.

 

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