La herencia como consolidación de la desigualdad

Vicente Serrano* ||

Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista ||

La oligarquía manipula a la opinión pública para que desaparezca ese mecanismo socializador llamado impuesto sobre sucesiones.

La herencia genética es implacable. Nos trasmite lo bueno y lo malo de nuestros ancestros. La investigación médica avanza para eliminar de esa herencia lo más negativo de la misma.

Mientras en la sanidad queremos eliminar la herencia negativa, en lo social, cultural, político y económico en cambio queremos protegerla. No me refiero a proteger valores o logros culturales y artísticos, no, eso está bien. Me refiero a la protección de los privilegios, o discriminaciones, privativos que nos proporciona la herencia. La supuesta igualdad en el momento del nacimiento es falsa en tanto que las condiciones socioeconómicas de los progenitores ya nos determinan. No vamos a entrar aquí a explicar que no es lo mismo una alimentación sana de la madre o una vivienda en condiciones o una economía saneada, que sus contrarios.

Así, pues, podemos concluir que la herencia no genética nos marca desde el principio. Nos sitúa en un entorno socioeconómico y cultural determinado y limita o alienta nuestras capacidades humanas y nuestras condiciones de vida.

La izquierda, en general, se plantea la emancipación del ser humano del yugo que el sistema de clases existente en el capitalismo nos impone. Por el contrario, el neoliberalismo aboga por el individualismo como medio de superar la discriminación. Ese individualismo es insolidario, ya que no augura o busca la eliminación de la desigualdad en general. El self made man se preocupa del yo y no de la emancipación del demos (todos). Gran victoria del capitalismo cuando las clases populares creen poder liberarse de la carga heredada.

Porque de eso va la herencia social: Los pobres heredan la pobreza y los ricos la riqueza. Y todo ello relacionado y en paralelo con la política y la cultura.

No es una panacea y es evidente que el impuesto de sucesiones no elimina per se la herencia de privilegios sociales. Pero cuando desde la izquierda revindicamos el impuesto de sucesiones es porque consideramos que es un mecanismo de justicia social y de redistribución de la riqueza.

Cuando en Alternativa Ciudadana Progresista nos declaramos republicanos es porque consideramos que no existe el derecho de sangre, es decir, que nadie debería poder heredar la jefatura de un estado. Por ello decimos que la monarquía es un principio sobre el que se asienta la injusticia social y la desigualdad.

Pero quedarnos ahí sería, cuanto menos, una pose. La herencia de sangre se practica en España desde el medievo, y por ello las grandes fortunas siguen en manos de las mismas familias: bien latifundistas y aburguesadas o bien burguesas, bien en Andalucía y Extremadura o en Cataluña y el País Vasco o en Madrid.

Y ¿a qué viene todo este rollo?

Últimamente atiborran mis grupos de güasap, donde abunda gente muy progre y muy izquierdista, llamadas a una manifestación para solicitar la supresión del impuesto de sucesiones. ¡Manda webs!

Extraído de la Web de la Junta de Andalucía:

En 2016, de 255.009 autoliquidaciones por sucesiones sólo tuvieron que realizar un ingreso 19.136 (el 7,5% del total). Por tanto, 235.873 herederos tuvieron que liquidar el impuesto pero no pagaron nada. De esos 19.136, únicamente 5.426 eran descendientes directos del fallecido (grupos I y II de parentesco). Los restantes eran herederos con vínculo más lejano, que han de tributar cantidades similares en todas las CCAA. Por tanto, los herederos directos que han de pagar el ISD representan el 2,1% de las personas que realizan autoliquidaciones.

Resulta que en Andalucía, para descendientes directos (grupos I y II), existe un mínimo exento de 250.000 €. Y, en Extremadura, importantes reducciones de la base imponible de hasta el 95% para los citados grupos según circunstancias. Los grupos III y IV pagan igual en toda España.

Con tantas reducciones de la cuota la función redistributiva de la riqueza parece que desaparece en comunidades como Madrid. Es decir, que el actual sistema de sucesiones ha perdido mucho de su función redistributiva, pero aun así parece molestar mucho a ciertas oligarquías que no quieren pagar nada a lo público, a lo común. Seguro que hay casos de pequeños o medianos negocios familiares que merecen ser revisados, otra cosa es que se utilice tales casos para justificar la eliminación del impuesto.

Parece que la campaña está orquestada por el PP, según se puede deducir de informaciones de prensa. La utilización de una casuística manipulada sentimentalmente pretende y consigue enganchar a trabajadores quejosos ante cualquier desmán gubernamental y/o pequeños propietarios preocupados de que se les quite la poca cosa que la familia ha podido acumular.

Es evidente que todo es mejorable y tener en cuenta la situación del que hereda es tan importante como la de la misma herencia. Pero de ahí a eliminar un impuesto directo, más justo socialmente, va un trecho.

La desigualdad se hereda. Los privilegios se heredan.

Conseguir la igualdad no solo es tener, todos, derecho a estudiar, derecho a igualdad de oportunidades. Como ya he comentado en alguna otra ocasión es atacar a los orígenes de la desigualdad. La herencia real (monárquica) es tan inaceptable como la de Patricia Botín o la de la familia Alba. Es tan inaceptable como la herencia de clase; lo más habitual es que el hijo de un obrero siga como obrero. Ciertamente, en un estado del bienestar existen mejoras sociales que mejoran la calidad de vida; y también es cierto que en la sociedad capitalista hay movimientos de ascenso y descenso social. Pero son mínimas y excepcionales. Y, en todo caso, en los países del primer mundo se apoyan en un reparto desigual entre naciones, lo que conocemos como relaciones norte/sur. Pero ese es un tema que precisa de más extensión.

Es necesario armonizar el impuesto de sucesiones en toda España, independientemente de quien lo gestione. Que una herencia de 800.000€ solo tribute 2.000€, o menos, en Madrid es insultante para aquellos que comprando una vivienda aparte de desembolsar el coste de la misma deben de abonar un 8% de su valor, mientras aquel que adquiere por herencia dicha cantidad no hace más desembolso que abonar, tan solo, un ridículo 0,25%. El turismo de sucesiones por España no es un invento: grandes fortunas se empadronan en Madrid para ahorrarse pagar el impuesto.

Si queremos caminar hacia una sociedad más justa, hay que gravar las grandes propiedades, independientemente de la residencia del finado y de los herederos. Evidentemente habrá que implantar un mínimo exento de tributación para evitar, que como siempre, paguen los más humildes. Es decir un impuesto progresivo como lo es el de la renta, con reducciones justificadas de la cuota, siempre que redunde en el bien común, y con el fin superior de redistribuir la riqueza.

La herencia es clave en la desigualdad entre las clases sociales, y también se traslada a las castas políticas y a la política misma.

Cuando afirmo en mi artículo Oligocracia «En una sociedad en que el capital determina tu capacidad para entrar en el mercado económico, quien tiene más dinero, y por tanto más medios y tecnología, parte con ventaja en la competencia por acaparar una parte del negocio, del mercado. Independiente de las teorías “buenistas” sobre las bondades de un mercado con igualdad de competencia, la realidad es que nos encontramos con un sistema económico, el capitalismo, que tiende a la concentración del poder económico en manos de una minoría, en forma de multinacionales u oligopolios transnacionales. Parece que dicho sistema se transfiere al mismo proceso electoral, dando ventajas a los que acumularon riquezas, léase escaños, previamente en forma de privilegios. Da mayores cuotas de pantalla publicitaria e informativa y discrimina negativamente a otras opciones, no por minoritarias sino por ser opciones que pueden potencialmente suponer una ruptura del estatu quo de “El Sistema”. Así, pues, no podemos hablar de igualdad de origen entre las candidaturas del proceso electoral.» estoy hablando de lo mismo: de la herencia como transferencia ilegitima de privilegios.

Para conseguir la acumulación de riquezas, la herencia es un elemento clave, y, por tanto, aquellos que luchamos por la redistribución de dicha riqueza hemos de reclamar un impuesto sobre sucesiones progresivo que frene esa desigualdad de origen.

Por lo mismo hemos de cambiar este sistema electoral tramposo que predetermina el dominio de dos partidos, independientemente de cuáles sean estos, en el ámbito estatal, y de los partidos nacionalistas en el ámbito autonómico.

Deberíamos empezar a heredar igualdad.

Nou Barris. Barcelona, 17 de febrero de 2017

*Autor del ensayo “EL VALOR rEAL DEL VOTO

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