Carta de dimisión de Crónica Popular

Pedro Montes ||

Economista ||

Queridos Mercedes, Antonio y Rodrigo:

Me dirijo a vosotros porque junto conmigo hemos sido las personas que hemos perdurado en la dirección y el mantenimiento de Crónica Popular desde sus orígenes hasta el momento, sin perjuicio, claro está, de los colaboradores del periódico y de la gran aportación y de los esfuerzos de otros varios compañeros y compañeras que han trabajado en el Comité de redacción a lo largo del tiempo y que por diversas razones, algunas de carácter inexorable, nos han abandonado.

En unos momentos de debilidad y descorazonamiento de la izquierda consideramos que era conveniente la creación de un medio de comunicación que trabajase a favor de su recuperación, de su unidad y de su reforzamiento ideológico, siempre en interés de la lucha genérica de la izquierda contra el capitalismo y la defensa de los trabajadores, los desheredados y los oprimidos. Tal búsqueda exigía el reconocimiento de la pluralidad existente de modo que desde la independencia que pretendíamos, y que hemos logrado mantener, sólo con una actitud abierta y generosa podíamos cumplir el objetivo de trabajar por la izquierda en su conjunto. Una pluralidad que, por otra parte, no eximía de la crítica ideológica firme y de la aprobación o rechazo de las posiciones tácticas o estratégicas seguidas por las distintas organizaciones de la izquierda.

Con más aciertos que errores, y siempre con dificultades de todo tipo, creo que hemos hecho honor a nuestros compromisos y Crónica Popular ha sobrevivido respetando los criterios fundacionales, destacando además dos vertientes de su, podríamos decir, línea política. La primera, la defensa a ultranza de la República. Evito recordar todo nuestro trabajo excepcional en torno a esta cuestión, mencionando a María Rosa, que siempre consideramos esencial para recuperar la conciencia de los ciudadanos ante la indignidad en que está sumido el país por la existencia de una monarquía tan ilegítima en sus orígenes como posteriormente vergonzosa por las prácticas de la institución, con Juan Carlos a la cabeza.

La segunda, es que siempre hemos mantenido una posición crítica sobre la Unión europea y las perversiones que introdujo la creación del euro. Ante el desastre que recorre a la Unión, hoy empieza a ser un lugar común en la izquierda criticar y rechazar la Europa de Maastricht, pero anteriormente estuvimos aislados y costó esfuerzo e incluso discusiones internas generar esa posición que, para mí, en particular, tanto interés político tiene.

Los acontecimientos que ha vivido el país en los últimos tiempos no han coincidido con nuestros deseos y han discurrido por sendas inesperadas, y de algún modo nos han afectado bastante en la medida en que algunos de nosotros éramos miembros de organizaciones implicadas.

La irrupción de Podemos, la crisis de IU y los procesos de confluencia, específicamente, los hemos vivido con especial intensidad. Pero, en mi opinión, en lugar de haber ejercido nuestras posiciones críticas respetando los baremos periodísticos que creíamos compartir y de asumir las nuevas realidades surgidas de los procesos políticos que han tenido y tienen lugar, hemos perdido la neutralidad debida, nos hemos posicionado sectariamente en los bandos en disputa, y hemos dejado de afrontar la situación política con ecuanimidad, que no exige naturalmente la benevolencia ni la desorientación en los temas ideológicos fundamentales.

El destino de Unidos Podemos es una incógnita, pero no cabe observar los reajustes y cambios políticos que están produciéndose con la óptica de la conspiración -todo es conspiración en la política, entendida como la búsqueda de aliados-, con maniqueísmo, ni con premoniciones, por grande que sea nuestra experiencia, Esta divergencia la he expresado en el Comité de redacción y ha originado entre nosotros algunos tensos debates, sin alcanzar el equilibrio necesario. También ha ocurrido con el proceso catalán, en el que hasta la anécdota de la relectura e interpretación de Lenin, no nos ha permitido superar diferencias y llegar a un acuerdo de cómo expresar una posición válida para todos nosotros.

Las discrepancias son parte de la vida política, y periodística en nuestro caso, y las pequeñas incoherencias inevitables. Pero ocurre que, como sabéis, mi fundamental vínculo político en estos momentos es Socialismo 21, una organización en la que ejerzo formalmente de presidente, y mientras mis compañeros trabajan en los procesos de confluencia que están gestándose, con distinta intensidad y variadas concreciones por zonas y territorios, se ha abierto una contradicción resaltable entre mi compromiso con Crónica y la responsabilidad política que tengo como miembro de Socialismo 21. Las diferencias estaban expuestas, no han sido ocultadas, y creo que ha llegado el momento de desligar mi nombre de Crónica Popular. Es un servicio que debemos a la izquierda en general para eliminar confusión y evitarnos dar continuas explicaciones a nuestros compañeros más próximos.

Con un aprecio muy profundo por todos vosotros, con la preocupación y el desasosiego íntimo que produce esta decisión, quiero aseguraros el futuro de nuestra amistad, con la esperanza además de que así como con orígenes distintos nos encontramos para echar andar Crónica, fundidos por nuestras preocupaciones y aspiraciones comunes, el convulso panorama de nuestro país creará de nuevo circunstancias en las que hombro con hombro volveremos a estar juntos.

Un fuerte abrazo.

Pedro Montes

Madrid, 30 de marzo de 2017

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