Ana Cuevas Pascual:
Risas tontas

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ana_cuevas-jpgAna Cuevas Pascual ||

¡A ver a quién no le da la risa tonta después de dar un repaso a la actualidad! Porque hay que reconocerlo. Los escándalos van saliendo como una ristra de chorizos (nunca mejor dicho) y eso que se zancadillea a la justicia con la pericia de un futbolista marrullero. Pero, oye… y lo que nos desternillamos con esta fauna, ¿acaso no vale un imperio? O una nación o dos.

Lo digo porque, según el CIS, PP y PSOE siguen capitaneando la intención de voto de los cachondos españoles. Y el Artur Mas, heredero del abad Pujol y su trajín de “misales” por los confesionarios suizos, aparece ante los nacionalistas catalanes como el mismísimo Moisés separando las aguas del Ebro para liberar a su pueblo del yugo carpetovetón. 

Si con lo que nos  han amargado, y nos siguen amargando, la vida esta gente con recortes anti-sociales, rescates bancarios previa reforma constitucional “ad hoc” para hacernos acreedores de sus trapicheos, de las sucesivas reformas laborales y la merma de derechos sociales, incluido el de expresión, etc… no fuera suficiente leña para escarmentar tengas la ideología que tengas, luego viene la otra parte. La de la mafia esperpéntica y cañí que, amén de habernos robado por encima de nuestras posibilidades, son tan zafios/as que “Torrente” a su lado parece un boy scout.

Y tiene que ser eso mismo. Igual que Torrente es record de taquilla, el libro de Belén Estebán el más vendido o individuos como “El Dioni” una especie de mito popular. Nos va el cutrerío. Y de eso andamos sobrados. Aquí pasamos de los volquetes de putas a madres superioras con acento de Mollet con la naturalidad de un Mortadelo transformista.

Como organizaciones criminales, igual unos que otros, son una birria y te partes la caja con sus tramas desorganizadas, sus grabaciones soeces y sus disfraces de personas respetables y temerosas de dios. Pero hay que reconocer que, pese a todo, dan mucho miedo y bastante asquito.

Ahora resulta que el fiscal anti-corrupción también huele a podrido. Será por eso que le sobrevuelan tanto las gaviotas. El secretario de Estado que avisó a los Granados de que estaban siendo investigados sale por peteneras recitando a Calderón para mostrarse como víctima de un calvario, de una cacería personal. Moix y José Antonio Nieto, dos buenas piezas para ganar la partida en el tablero delincuencial. O, por lo menos, amortiguar el impacto.

Porque actuaban con total impunidad y sin esconderse demasiado a la vista. Todo el mundo sabía que las fortunas de tipos como Granados, los Pujol o Matas no eran trigo limpio. Hacían ostentación de palacetes, monterías en fincas estratosféricas y viajes a lugares paradisiacos para reventarle las tripas a un león o cualquier otro bicho exótico que se les pusiera por delante. Eran como esos nuevos ricos a los que les asoma el pelo de la dehesa por debajo del smoking.

Se creían por encima de la ley (aunque en eso casi aciertan) que rige para el resto de los mortales. Por eso les cuesta tanto asumir que en algún momento den con sus huesos en la cárcel. Aún así, exigen privilegios. ¿Qué es eso de tener que hacerse la cama ellos mismos en su celda? ¿Cómo es posible que no les sirvan vino en las comidas? ¡Cómo está el servicio…penitenciario, hay que ver!

Ahora, Granados solicita un permiso por la boda de su hija y para poder cuidar de su anciano padre. Será una boda humilde, a no ser que, de nuevo, algún fontanero se olvide otro millón de euros encima del armario de su suegro. Y yo me pregunto: ¿Los demás presos salen para las bodas de sus vástagos? Bueno, uno sí. El señor Matas lo consiguió y, pese a no tener presuntamente un chavo, montó un bodorrio que casi eclipsó al de Anita Aznar. Seguro que se obró un milagro que transformó el pan en langostas, previamente multiplicadas, y el agua en Moët Chandon. ¡Gente de poca fe!

Lo mejor es que todos estos buenos cristianos, sin olvidar a la madre superiora Ferrusola, se podrían reagrupar en una congregación acondicionada a sus elevados valores morales. Mira, hasta se podría sacar utilidad al puñetero Valle de los Caídos e instalar allí a toda la bendita banda. Podrían llamarse la cofradía del perpetuo saqueo. O la de los comisionarios del tres por ciento.

Aquí la imaginación y el absurdo no tienen límites. A lo mejor podíamos sacar rentabilidad al asunto y hacer del Valle de los caídos… por corruptos una especie de parque de atracciones donde mostremos al mundo el bestiario del surrealismo bandolero patrio. A Berlanga en estos días se le amontonaría el trabajo. Ahora que los guiones se le escribirían solos. La realidad supera, de lejos, a la más esperpéntica ficción.

Y, sin embargo… les votan. ¡Cómo nos va el barro! ¿O es el fiemo? Eso sí, nos echamos unas risas.

1 comentario de “Ana Cuevas Pascual:
Risas tontas

  1. Jaime-Axel Ruiz
    15 mayo, 2017 at 21:50

    Genial!

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