Censurar al PP sí, pero no así

Andrés Hidalgo ||

Miembro de la Presidencia de IUCM ||

Que hay motivos suficientes para censurar al PP, nadie lo pone en duda, es más, había ya motivos suficientes para que no hubiese accedido al gobierno tras las últimas dos convocatorias electorales.

La falta de perspectiva política de quienes hoy consideran la censura una obligación ética pero no fueron capaces de favorecer con su abstención la investidura de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno, por una parte y la incapacidad del PSOE para mantener una posición coherente, con lo previamente decidido, de no facilitar un gobierno del PP por otra, explican el bloqueo político que padecemos.

Son estas equivocaciones, de hondo calado, los antecedentes que condicionan el presente. Un presente que podía preverse sin grandes dificultades. Al menos en materia de corrupción: nuevos casos continuarían aflorando, los procedimientos judiciales abiertos continuarían su curso, la financiación ilegal del PP quedaría cada día más acreditada.

Y en estas estamos, cuando sin esperar a nada ni a nadie, Pablo Iglesias sorprende a propios y extraños anunciando una moción de censura “por el bien de nuestra patria y de sus gentes y pueblos”.

Si la moción de censura tiene por objeto únicamente hacer propaganda y resulta indiferente su resultado, es evidente que se puede hacer de cualquier manera, en cualquier momento y por cualquier motivo. Ahora bien, si lo que se pretende es quitar al Presidente y al Gobierno, la cosa ya cambia, porque precisa proyecto, programa, candidato, alianzas y una larga lista de compromisos que la hagan posible.

Si esta segunda fuera la opción de Podemos, está claro que no han empezado de la mejor manera. Y es así, porque no han hablado ni con los suyos, ni con los demás grupos parlamentarios previamente al anuncio, porque saben que el PSOE está imposibilitado por las primarias en curso y porque sus relaciones con los demás grupos de la cámara no solo no han mejorado sino que han empeorado, especialmente con Ciudadanos. Yalgo fundamental: ningún candidato de Podemos, y menos Pablo Iglesias, podrían ser los candidatos a sustituir a Rajoy en una posible moción de censura, en tanto en cuanto no son el primer partido entre los llamados a hacer triunfar la referida moción. Lo que sitúa a Podemos como un actor necesario en la moción de censura pero no como el actor principal.

No deja de ser curioso que la carta que Iglesias remite al presidente de la gestora del PSOE, después de anunciar públicamente la moción, empiece diciendo, “Soy consciente de que no compartís nuestro criterio” para terminar diciendo, nuestra obligación “es tratar de convenceros para que cambiéis de actitud”, reiterando la lógica que tanto gusta Pablo Iglesias: Si me das la razón y haces lo que yo quiera te absuelvo y de lo contrario te condeno como parte de la “trama”.

Corresponde entonces señalar con el dedo a los responsables del fracaso de la operación, que no serán otros que el resto de las fuerzas de oposición que no secundaron la iniciativa y que, de esta manera, se hacen cómplices de Rajoy y de la corrupción reinante.

Y que mejor para ello, que ponerse a salvo legitimándose ante los propios, organizado una de las famosas consultas de Podemos donde únicamente cabe una respuesta si no quieres parecerte a un idiota.

¿Quién no está de acuerdo con una moción de censura, en una situación excepcional, provocada por una corrupción estructural, donde las instituciones del Estado están siendo utilizadas para fines delictivos, tal como recoge la pregunta?

Con toda seguridad, más de uno se preguntará: ¿Es una moción de censura condenada al fracaso lo que los trabajadores de este país necesitan? Una nueva frustración para unos y un nuevo éxito del PP, ahondar más la brecha entre quienes, guste o no, estarían llamados a censurar y sustituir a este gobierno.

Se ha especulado en estos días sobre ejemplos y declaraciones que justificarían una moción de censura, incluso cuando el gobierno tuviera mayoría absoluta, en orden a visualizar la alternativa. Es evidente que una moción de censura también tiene espacio político en dicha coyuntura, esto es, cuando es imposible ganarla; lo que no tiene lógica es presentarla para perderla cuando es posible ganarla.

Parece claro que hay mejores opciones: Primero, no despegar el foco de los casos de corrupción que hoy están encima de la mesa para llevarlo a la moción de censura; segundo, esperar que el PSOE celebre las primarias; tercero, buscar espacios de entendimiento y colaboración entre las fuerzas de oposición; cuarto, restablecer la confianza y determinar un programa de mínimos para sustituir al gobierno; quinto, promover la moción de censura cuando se tengan los apoyos necesarios, el programa y el candidato.

Pero, por desgracia, no estamos ante las mejores opciones. Estamos nuevamente ante la propaganda, el regate en corto y la búsqueda de la notoriedad con la que tapar un deficiente trabajo parlamentario.

1 comentario de “Censurar al PP sí, pero no así

  1. Pedro Fernández
    16 mayo, 2017 at 12:14

    Plenamente de acuerdo. Muy bien y muy claramente dicho.

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