EL NUEVO norte para el viejo rumbo

Daniel Morcillo Álvarez ||

Doctor Arquitecto ||

El proyecto de Madrid Nuevo Norte promete una gran intensidad de argumentos a favor y en contra del mismo, una vez presentado por los responsables del Ayuntamiento, el Ministerio y DCN. Ante todo, tranquilidad, no es el primer acuerdo sobre este ámbito que se anuncia y no se lleva a cabo. Además, aún no se conocen todos los datos y debe ser en la modificación del Plan General donde se tengan que analizar e intentar corregir los desatinos del acuerdo presentado.

Aunque ya algo agotador el tema, una de las primeras consideraciones que deben hacerse es que se nos invita a una modificación puntual de un planeamiento urbanístico aprobado en el siglo pasado bajo los dogmas neoliberales y con el objetivo de lograr el total desarrollo del suelo de Madrid, hasta el límite de su capacidad decíamos entonces, algo a lo que este acuerdo se suma. Una modificación más a las cerca de 400 que ya lleva este Plan General. Parece que ya tenemos respuesta a por qué no se ha aprobado un nuevo planeamiento, continuamos con el urbanismo a la carta y bajo una lógica expansiva.

Es obvio que un proyecto como éste exige de un análisis riguroso y desde múltiples puntos de vista, algunos de los cuales fueron enfatizados en el día de ayer: sistemas de transporte, generación de empleo, integración, desarrollo económico, Brexit, promoción turística, medioambiente, modelo urbano. Todos de gran interés, sin duda, pero que al aislarlos no deja ver que cada uno de ellos es una expresión parcial del sistema de producción y acumulación de capital cuya dimensión queda salvaguardada en el acuerdo Madrid Nuevo Norte.

En las últimas décadas se ha llevado a cabo un re-escalamiento del sistema global de producción y acumulación, situando a las ciudades no solo como nodos de la acumulación del capital producido, sino como centros de gestión local, nacional o global. Esto supone la concreción de un rango de ciudades en función de su posición en el sistema de acumulación de capital, lo que da lugar a una intensa competencia entre ciudades y regiones para mejorar su posición y situarse en mejores condiciones para atraer capital en sus diferentes formas. Madrid no ha sido ajeno a este proceso y ha mantenido constante su aspiración a abandonar su papel de centro de gestión nacional para acercarse a la ciudad global que en Europa representa Londres a cuya estela se aproximaría la región París-Frankfurt.

Esto no es solo una cuestión de escala, ni de posiciones, sino que lleva consigo toda la reorganización del sistema y la apropiación de las rentas del trabajo, mermando el poder de los sectores populares y la clase trabajadora. Mejorar la posición en el rango de ciudades, es de alguna manera, una forma de lucha de clases siempre en beneficio del poder y de quien dirige el sistema.

La mejora de la posición era, así, la obsesión del planeamiento de los años 1990 bajo el que se llega a este acuerdo, y que Gallardón convirtió en argumento de gobierno durante sus dos mandatos y un suspiro. Esta idea es la que estaba detrás del soterramiento de la M-30, las olimpiadas, los desarrollos urbanísticos, la remodelación del  centro de la ciudad y, por supuesto, la operación Chamartín. Seguimos con los mismos complejos, pero lo más grave es que seguimos cometiendo los mismos errores, seguimos con el mismo modelo urbano de producción, acumulación y gestión de capital.

Se ha comentado mucho la relevancia de la integración de áreas inconexas del norte de Madrid, de la necesidad de suturar una fractura urbana, de completar el desarrollo del norte, y otras expresiones que ocultan que la expansión de Madrid al Norte es la única expansión posible para ampliar el sistema de acumulación capitalista en Madrid. Bajo la única forma posible, esto es, a través de la urbanización y la atracción de capital en forma de inversiones y gestión del sistema de acumulación, hace tiempo que los grandes gestores económicos se han expandido en este ámbito. Dónde si no se han localizado corporaciones globales como Telefónica, Banco Santander, BBVA, Cepsa, o las embajadas de los países centrales del sistema de acumulación como Reino Unido, Países Bajos, Canadá o Australia, o instituciones públicas de gestión internacional como el Instituto de Comercio Exterior.

La expansión al norte es una realidad desde hace tiempo y Madrid Nuevo Norte solo hace garantizar que el proceso se culmine para beneficio del capital nacional e internacional.

Este contexto no puede ser obviado a la hora de analizar los múltiples aspectos implícitos en el desarrollo de este acuerdo, porque de lo contrario perderíamos el objetivo que tiene y para qué ha sido puesto en marcha, porque bajo un discurso de modernidad y progresía pueden ocultarse los intereses de los mismos de siempre.

La recuperación de la gestión pública del proceso es, a priori, una buena noticia. Esta garantizará los tiempos, los procedimientos administrativos y sobre todo la transparencia del proceso. Sin embargo, no debemos obviar que el desarrollo del suelo de la operación Chamartín parte de los intereses de los propietarios del mismo, y que el Ayuntamiento de Madrid debería garantizar los legítimos aprovechamientos urbanísticos y sobre todo no asumir cargas en un desarrollo que no ha sido iniciado a iniciativa suya ni bajo el interés general. Esta sutil matización es lo que trae consigo la curiosa forma de delimitar las fases de desarrollo y la manera en la que se han repartido las edificabilidades.

Es cierto que se ha reducido la edificabilidad global del ámbito, pero ésta ha sido asignada independientemente en casa fase. Pero lo más llamativo es que para el cálculo de aprovechamientos se ha segregado, muy inteligentemente, la fase relativa al centro de negocios. Con este reparto de edificabilidades el Ayuntamiento asume la construcción de las infraestructuras, algo que ya es conocido y que se puso en práctica con la M-30. El gobierno de entonces acudió al Ministerio de Fomento a pedir una calle y al Parlamento a por una Ley de Capitalidad. Ambas las consiguió, pero ambas sin financiación, sin compromisos presupuestarios.

Y es que de Madrid viene la chulería, así que chula ella, la ciudad asume las cargas que le corresponden a otras administraciones, sin rechistar y sin exigir una reforma de la Ley de Capitalidad para incorporar la financiación, algo que sí tienen las ciudades con las que Madrid sueña. Una vez más, la ciudad de Madrid asume la construcción de unas infraestructuras de ámbito supramunicipal sin financiación para ello y renunciando a gran parte de los aprovechamientos que generará el desarrollo de este ámbito. Los mismos errores, las mismas soluciones, los mismos pagadores.

Deberemos echar unos números más detallados, pero la exclusión del ámbito de negocios del reparto de edificabilidades y aprovechamientos no parece tampoco una buena noticia. Aunque sí es una buena noticia la delimitación de este ámbito para los intereses del capital. El aumento de la edificabilidad en el Centro de Negocios sigue la lógica vista más arriba, no solo por los coeficientes a la carta, sino porque se sitúa en el entorno de la estación de Chamartín. Se ha llamado “integración de la infraestructura ferroviaria en la ciudad” lo que, en realidad, es un regalo para las empresas que gestionan el sistema de acumulación, pues al mejorar la movilidad urbana, al localizarse en un espacio de representación simbólica, mejoran sus condiciones competitivas y permite que la concentración de servicios facilite la gestión del sistema.

Parece, pues, que se regalan plusvalías al capital internacional, pero además, estos centros de gestión en las ciudades impiden la apropiación ciudadana del espacio. La producción de este tipo de espacios excluyentes supone en esencia una doble desposesión para los sectores populares: en términos económicos al tener que financiar su desarrollo, y en términos culturales al imposibilitar su apropiación.

Aun debemos ir más allá, pues la delimitación de estas fases deja algunas incógnitas. ¿Quién puede garantizar que una vez desarrolladas las fases más atractivas para el capital se desarrollen el resto? Esas corresponden casualmente a las que más pueden interesar a los sectores populares y la clase trabajadora, aquellas que suponen garantizar sus derechos sobre la operación, fundamentalmente la vivienda protegida, la interconexión de barrios o el corredor verde. Pero además, poca información existe sobre la solución dada a la zona industrial y logística actualmente existente, una oportunidad para crear empleo más estable, pero sobre todo, para diversificar la economía madrileña y abrir de manera decisiva el camino para otro modelo de ciudad.

En definitiva, no convienen los nervios y sí mucha tranquilidad, porque el camino por recorrer es aún largo y debemos estar atentos a las necesarias correcciones que deben hacerse a este proyecto una vez sea presentada la modificación del Plan General, momento en el que ya no habrá lugar para los espejismos de un discurso pretendidamente moderno pero que sabe al más rancio modelo urbano que hemos conocido.

*Publicado por MadridMadriz 
(Jueves, 27 de julio de 2017).

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