Libia: la caza al hombre y al negocio

Mercedes Arancibia || Madrid.

Mientras por toda Libia continuaba el acoso e intento de derribo de Gadafi y lo que quedaba de las  fuerzas leales al Guía, difusas como las manchas en la piel del leopardo, seguían presentando focos de resistencia apoyados por las tribus leales (la lealtad tribal no es algo que se rompa fácilmente), por las cuatro esquinas del planeta se había extendido ya la certeza de que la suerte estaba echada y comenzaba a prepararse la era pos-Gadafi. En Naciones Unidas se celebraba una reunión destinada a desbloquear fondos libios en occidente para ayudar a los rebeldes y el presidente francés anunciaba una conferencia de “amigos de Libia” para el 1 de septiembre en París.

Lo sabían bien los gobernantes franceses e ingleses que inmediatamente anunciaron su desembarco en Trípoli para el minuto siguiente al momento en que se produjera la captura del Guía de la Revolución. Desde París se anunciaba la reapertura de la embajada porque Sarkozy quiere tener un peso relevante en la nueva Libia y quiere, además, pasar factura por haber sido el primer dirigente europeo en reconocer al Consejo Nacional de Transición (CNT) sabiendo que el tiempo va a jugar un papel decisivo. Y, también, aunque un poco retrasado, el gobierno italiano empezaba a dar a señales de agitación. Como se leía en un artículo del diario La Nuova Venecia:

«Tras los intentos de Berlusconi, las abiertas reservas de la Lega Nord y la participación casi precipitada en la misión militar… en las últimas semanas Roma parece menos fuera de juego que antes. Lo que se está ventilando, aparte de las concesiones petrolíferas, son los contratos para la reconstrucción y los encargos militares, además de la capacidad de influir en la política mediterránea. Ciertamente, el nuevo gobierno no olvidará que París y Londres promovieron la intervención y apoyaron a los rebeldes, mientras que en Roma no se quería “molestar a Gadafi”; y que los “consejeros militares” franceses y británicos, incluidas las fuerzas especiales inglesas SAS, junto con el apoyo aéreo estadounidense, han jugado un papel decisivo en la salida final de la guerra».

Mientras del mundo árabe, parte del cual ha apoyado a Gadafi hasta el final resistiéndose a reconocer a los nuevos gobernantes del CNT, llegaban alertas de un nuevo colonialismo embrionario y el Ministro de Exteriores italiano, Franco Fratini, desmentía que hubiera «una carrera para ver quien llega primero a Trípoli», la cadena ininterrumpida de decisiones, conferencias, reuniones y declaraciones que diariamente vemos en forma de despachos de agencia sobre el futuro de Libia parece indicar justamente lo contrario: ha empezado una guerra sin cuartel por conseguir los mejores contratos de la era pos-Gadafi.

Hasta hace unas semanas, el país producía algo más de un millón y medio de barriles de petróleo diarios: el 2% de la producción mundial.

Porque Libia es un mercado potencial más que jugoso, como escribe acertadamente Margherita Nansi en las páginas del diario francés Libération.  Hasta hace unas semanas, el país producía algo más de un millón y medio de barriles de petróleo diarios: el 2% de la producción mundial. Libia era el país número 17 en la lista de productores mundiales e Italia el que más petróleo importaba de Libia,  376.000 barriles diarios, seguido de Francia con 205.000 barriles. «Aunque hoy la producción ha caído a 50.000 barriles diarios y, según los expertos, se necesitarán años para que el país vuelva a producir como antes, el mercado libio sigue siendo muy atractivo».  Mientras los nuevos gobernantes creen que en unos meses se podrá llegar a una producción equivalente a la mitad de la anterior, Daniel Litvin, director de Critical Resource, sociedad británica consejera en energía, declaraba a France24, canal de información continua: «Es una estimación optimista porque hay que tener cuenta también los riesgos de  inestabilidad política que podrían retrasar el proceso varios años».

El negocio del petróleo

No solo los Estados, también las compañías petroleras de todo el mundo están en liza por conseguir esos codiciados contratos. Aunque el CNT ha garantizado que va a respetar los acuerdos petroleros que firmó el régimen de Gadafi, también ha dicho que está dispuesto a estudiar todas las posibilidades. Y las posibilidades son todo un mundo esperando a que se abra la esportilla libia: antes de la guerra había 35 compañías petroleras instaladas en el país y todas esperan poder seguir allí, ahora riéndoles las gracias a los futuros gobernantes como antes se las rieron al amigo extravagante de Aznar. En primera línea, naturalmente, las sociedades francesas e italianas: «Está claro que el CNT puede facilitar las cosas y hacer la vida mucho más difícil a países como China, India y Rusia» que no le han prestado ayuda militar, confirma Litvin. La italiana ENI ha reconocido que lleva en contacto con el CNT desde abril.

Exportaciones de petróleo libio
Destino entre enero y noviembre de 2010

  • Italia: 28%
  • Francia: 15%
  • China: 11%;
  • Alemania: 10%
  • España: 10%
  • Grecia: 5%
  • Reino Unido: 4%
  • Estados Unidos: 3%
  • Otros: 14%

Fuente: EIA, 2011

En cuanto a las empresas francesas, que esperan salir beneficiadas, según el diario económico La Tribune podrían conseguir hasta un 35% de los futuros contratos como premio por la ayuda militar del gobierno al CNT. La sociedad Total ya compraba antes a Libia el 7% del petróleo que distribuye. «Y conviene no olvidar a los grupos españoles (Repsol), alemanes y austriacos», precisa Daniel Litvin, quien añade que el argumento del apoyo militar no va a ser eterno: «Actualmente pesa mucho pero a medida que pasen los años irá adquiriendo importancia el aspecto puramente financiero» Lo que equivale a vaticinar que, al final, países como China podrán volver a desempeñar un papel importante en el juego petrolero libio.

Todo esto, además, no afecta solo a los yacimientos existentes sino también a los que están por explotar. En 2009 Gadafi inició un programa para aumentar la producción a 3 millones de barriles diarios. Y aún cabe la posibilidad de que los nuevos gobernantes decidan nacionalizar y explotar ellos mismos los recursos. Todo dependerá, según el especialista británico, de las necesidades económicas del nuevo régimen: «Si necesitan dinero con urgencia, serán más proclives a abrirse a socios extranjeros».

El negocio de la reconstrucción

El oro negro no es el único atractivo del país. El final de la guerra va a significar el comienzo de la gran operación de reconstrucción de infraestructuras y carreteras, exactamente igual que ocurrió en Irak en 2005; la diferencia en este caso es que todo parece indicar que la parte del león se la van a llevar empresas europeas y no estadounidenses. «Antes del conflicto, Italia era el primer socio comercial de Libia, donde estaban instaladas casi doscientas empresas italianas». En 2008 Berlusconi y Gadafi firmaron un tratado de amistad, cuyo objetivo era solucionar de una vez por todas los agravios de la época colonial, el cual preveía que Italia pagaría cinco mil millones de dólares en 25 años en concepto de daños y perjuicios de la colonización «en forma de inversiones en grandes infraestructuras (autopista y líneas de ferrocarril fundamentalmente). El acuerdo propició que muchas compañías italianas consiguieran grandes contratos en Libia», estiman los principales diarios italianos.

Francia e Italia ya andan metidos de lleno en la carrera por lo contratos, inmersos en una auténtica guerra económica

Muchos observadores internacionales están de acuerdo en que Francia e Italia ya andan metidos de lleno en la carrera por lo contratos, inmersos en una auténtica guerra económica, como subraya en La Stampa el periodista Paolo Baroni: «Ahora que la batalla casi ha terminado, va a comenzar la segunda fase de la operación. Se habla de reconstrucción de negocios de miles de millones de euros para rehacer carreteras, puertos, instalaciones industriales y ciudades enteras» y, al parecer y según constata este observador, «siempre es París quien pisa el acelerador y Roma quien le sigue» Porque, efectivamente, ha sido el gobierno francés, de acuerdo con el de  Reino Unido, quien ha convocado en septiembre una conferencia de amigos de Libia, una gran conferencia internacional «para ayudar a la Libia libre de mañana, para demostrar que ya estamos en el futuro», en palabras del presidente francés. Sin duda, a solo unos meses de la elección presidencial, Sarkozy  piensa al mismo tiempo en su propio futuro. De hecho, no es baladí que esa conferencia se haya celebrado el 1 de septiembre, emblemática fecha para los libios que en las condiciones habituales habrían celebrado como otros años el aniversario de la llegada al poder de Gadafi, el 42.º en este caso; al presidente francés se le puede acusar de cualquier cosa menos de no cuidar su imagen personal y no contar con un inteligente equipo de marketing. No sucede lo mismo con Italia. Según Alberto Negri, experto del mundo árabe del diario Il Sole 24 ore, Roma podría pagar caro la posición ambigua  que mantuvo en las primeras semanas de intervención militar.

Además, ha sido el propio presidente del CNT, Mustafá Abdeljalil, quien ha dicho que en la reconstrucción del país se va a premiar a los gobiernos en función del apoyo que hayan prestado a los antiguos rebeldes, hoy en el poder de facto; incluso, a pesar de la enorme debilidad de este gobierno recién establecido. No parece que  el jefe de la diplomacia italiana haya escuchado estas declaraciones, pues,  intentando contrarrestar el protagonismo francés,  sigue diciendo que «las décadas de amistad política, de intercambios económicos y de colaboración internacional—de la era Gadafi— continuarán igual con el  nuevo gobierno». Para apuntalar las declaraciones de su ministro, Berlusconi anuncia la entrega al CNT de un primer envío de 350 millones de euros procedentes de la descongelación del dinero libio en bancos y fondos italianos, como respuesta a sus demandas de ayuda económica. Y anuncia también que, a través del ENI, la empresa nacional de carburantes, Italia va a proporcionar gas y gasolina a Libia, que en el futuro se le retribuirá en forma de entregas de petróleo. El ENI ayudará también al CNT a  recuperar el funcionamiento de las instalaciones petroleras del este del país. Y el gobierno de Roma y el CNT van a crear inmediatamente un comité de relaciones con el que «responder rápidamente a las carestías del pueblo libio y resolver las necesidades de la reconstrucción».

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David Cameron, Mustafa Abdul Jalil y Nicolas Sarkozy.
Trípoli, 15 de septiembre de 2011. © The Prime Minister Office.
Quince mil millones para la democracia y la reconciliación

En Reino Unido —decía el resumen diario de prensa europea Presserurop, horas antes del comienzo de la reunión de los amigos de Libia — no hay dudas acerca de los motivos de la conferencia. Como podía leerse en The Independent, «los participantes estarán allí para ver qué beneficio pueden sacar, quién conseguirá contratos de crudo, de reciclado de residuos, de abastecimiento de agua… Para los occidentales existen innumerables ocasiones de hacer negocios,  por eso los libios y los árabes se muestran bastante escépticos respecto a sus intenciones humanitarias». Por eso, y para evitar que «una situación política precaria degenere en una lucha por el enriquecimiento personal», el Financial Times sugería la creación de «un sistema de contrapoderes creíble en el sector de la energía» y un «amplio acuerdo constitucional que permita a los libios gobernarse ellos mismos, como un pueblo libre».

La operación ya está en marcha, los amigos de Libia aparecen en la foto de familia sacada al finalizar una puesta en escena en París protagonizada por Nicolas Sarkozy, David Cameron y el emir de Qatar; curiosamente, a medida que se van convirtiendo a la democracia republicana los países árabes y musulmanes de su entorno, el emir se aproxima más a los gobiernos occidentales en busca de complicidad, por si algún día fuera menester. Ellos tres, y unos cuantos responsables políticos más, hasta cerca de sesenta, con el aval del Secretario General de la ONU también presente, han decidido buscar en la sentinas de los grandes bancos y fondos internacionales quince mil millones de dólares del capital libio expatriado por Gadafi en sus 42 años de absolutismo y entregárselos al CNT para, dicen, la reconstrucción, la democracia y la reconciliación en Libia.

Y, mirando la escena desde lejos, los responsables estadounidenses que no salen en la foto de París, metidos ya de lleno en el próximo objetivo, Siria —para el que todavía no cuentan con el suficiente apoyo a pesar de que no pasa un día sin que no lo mencione su jefa de asuntos exteriores, Hillary Clinton—, recordaban a los reunidos que, una vez perdonados los pecados juveniles de terrorismo internacional, Muamar El Gadafi ha sido en los últimos años un fiel aliado contra el fanatismo asesino de la red de Al Qaeda, y que sería más que conveniente que los dirigentes de la nueva Libia sigan manteniéndose en esa postura a pesar del pasado un tanto turbio de algunas de sus figuras emergentes. «Una vez se consiga “despejar” la incógnita Gadafi —leo en el semanario Jeune Afrique— quedan una multitud de interrogantes y motivos de preocupación… Lo más duro comienza ahora. Los rebeldes del CNT no tienen más legitimidad que la de haber organizado la resistencia. Harán falta elecciones… en un país que no las conoce, un país dividido donde sin duda reinará una inextinguible sed de venganza».

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