François Hollande, el hombre que quiere vender sueños a los franceses

Mercedes Arancibia || Madrid

El «blando», el eterno sustituto, el hombre que llegaba de ninguna parte (incluso el «palanganero» de Jacques Delors y Lionel Jospin)… al final, François Hollande ha ganado las primarias y ha resultado ser el superviviente de las luchas internas en el Partido Socialista francés donde —no nos engañemos— casi todos son socialdemócratas, unos más «centrados» que otros, como por otra parte lo son el noventa por ciento de quienes en el siglo XXI enarbolan la bandera del socialismo en todo el mundo.

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François Hollande, el hombre que llegaba de ninguna parte. © Olivier Clément/PSF.

 

Hollande es desde el domingo pasado el candidato de «la izquierda» para las presidenciales francesas de 2012, con una frase: «C’est le rêve français que je veux réenchanter…». No tiene fácil traducción, pero se entiende que quiere devolver su «sueño» a los franceses, presumiblemente frente a Nicolas Sarkozy (aunque la derecha no ha presentado todavía candidato, Sarkozy lleva desde en campaña desde antes del verano). Candidato de esa «izquierda francesa» tan sui generis que abarca no solo todo el arco de la socialdemocracia sino también los pinitos de «desglobalización» de Arnaud Montebourg (sacados directamente de las tesis de Attac y del sociólogo filipino Walden Bello) con los que, junto a su propuesta de una VI República (porque la V ya no sirve), consiguió el tercer puesto en la primera vuelta de las primarias, con más del 17% de los votos. A partir de ahí todo es «extrema izquierda» en el lenguaje de los medios de comunicación y del hombre de la calle, lo que penaliza a partidos como el PCF, los verdes, los anticapitalistas… porque, lo sabemos, el habla no es inocente y las palabras tienen connotaciones.

La sombra de Dominique Strauss-Khan se ha estado proyectando sobre todos candidatos.

Desde que Ségolène Royal perdió la presidencial en 2007, la alargada sombra de Dominique Strauss-Khan (DSK) —en la lejanía la mayor parte del tiempo— se ha estado proyectando sobre todos los posibles candidatos al relevo en 2012: la propia Royal, cuyo fracaso en estas primarias socialistas puede ya calificarse de estrepitoso, la secretaria general Martine Aubry, Arnaud Montebourg, Manuel Valls y algunos otros nombres menores, que se hubieran presentado para hacer bulto en el caso de que no les hubiera hecho el trabajo sucio una camarera de Manhattan y el ex presidente del Fondo Monetario Internacional hubiera regresado al país en olor de multitudes, y hubiera arrasado —como vaticinaban todos los sondeos y pedían implícita pero fervientemente el PS, la mayoría de los medios de comunicación galos e incluso buena parte de la derecha que le considera «uno de los suyos»— no solo en las primarias socialistas sino también en las presidenciales del próximo mayo, gracias a su currículo de profesor universitario de Economía, ex Ministro y sobre todo autoridad internacional en la materia que, en estos tiempos de todas las crisis, son cosas que pesan en el ánimo de los votantes.

«El hombre normal»

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© Philippe Grangeaud/PSF.

Sea como sea, cuestión de potra (baraka), que escriben muchos comentaristas estos días, o de constancia como dice Laurent Joffrin en las páginas de Le Nouvel Observateur —«Había que ser constante para lanzarse a una carrera de mil obstáculos cuando estaba en el fondo de los sondeos, aislado, sin corriente propia en el PS… mirado desde arriba por los elefantes …eclipsado por su anterior compañera, armado de un scooter y dos temas de campaña, la juventud y la equidad fiscal, considerados demasiado consensuales o demasiado técnicos… había que ser constante para abrirse paso en solitario durante dos años, con un equipaje aparentemente ridículo, a la sombra de un DSK a quien todo el mundo predecía un destino glorioso…» sin carisma, «es el hombre normal», sin trayectoria política reconocida a pesar de haber sido el Primer Secretario del PS durante años, sin reconocimiento internacional (su primer viaje oficial es estos días a Madrid y Zapatero el primer jefe de gobierno al que estrecha la mano como candidato), sin programa propio, el «blando» François Hollande empieza ahora la carrera al Eliseo, amparado en la también alargada sombra de François Miterrand, en quien se reconocen todos los socialistas franceses, que en ningún momento ha dejado de proyectarse en todos los discursos, entre otras cosas porque sigue siendo el único que ganó dos presidenciales y gobernó dos mandatos de siete años, de 1981 a 1995; lo que provoca que todos los elefantes del socialismo francés arrastren un complejo de inferioridad irresoluble desde su muerte en 1996.

Empieza una carrera que, justo es decirlo, debe también mucho al apoyo, medio en broma, de uno de los pilares de la derecha, el ex presidente Jacques Chirac quien la primavera pasada, en la feria de agricultura de París que es uno de los grandes eventos de la temporada, comparable casi a las carreras de Ascot en Gran Bretaña, porque todos van a que «hacerse ver» y que parezca que siguen apreciando sus raíces campesinas y con unas cuantas vacas y un micrófono como testigos, le dijo a Fraçois Hollande «yo le voy a votar a usted».

En estas primarias socialistas han votado casi cuatro millones de personas en dos vueltas (a un euro la papeleta, «aunque algunos han dado 1,50 € y hasta 1,80 € »): no han sido todos los simpatizantes socialistas —en 2007 votaron a Royal más de nueve millones de franceses—, ni siquiera han sido todos de izquierdas: me cuenta una fuente fiable que en los distritos XVI y XVII de París, Trocadero y Arco del Triunfo, residenciales, votó «bastante gente», lo que enlaza con la broma de Chirac y ha hecho que algunos se planteen si en la victoria de Hollande sobre sus colegas no habrán pesado también algunas «circunstancias» ajenas al candidato y su entorno.

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A un euro la papeleta. © Olivier Clément/PSF.

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