La indignación global toca las puertas de Guatemala

Miguel Ángel Sandoval || Ciudad de Guatemala.

[Letra con Filo]

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Preparando el orden del día. © Luis Penados.

Este sábado 15 hubo una convocatoria del movimiento los indignados de Guatemala. Si tuvo o no mucha asistencia es lo de menos, pues lo que importa es que en nuestro aislado país, ya se dio la primera señal de que aquí también estamos indignad@s. Ello en el marco de una convocatoria mundial de este movimiento que está poniendo en cuestión el capitalismo global y la forma que ha adoptado, en donde lo financiero es apenas una de las expresiones más reveladoras, fuera por supuesto de todos los recortes en las políticas sociales.

Como se sabe, los indignados vieron el día en España, cuando la plaza del Sol en Madrid fue tomada el 15-M por miles y miles de personas que auto-convocadas, dijeron basta a la democracia formal. Queremos democracia real Ya. Y esa demanda junto a la critica del ajuste neoliberal y del sistema financiero y de la ausencia de representatividad de las instituciones de la democracia, le dio calambres al mundillo político. Populares y socialistas en España pusieron el grito en el cielo… ¡Pero cómo! si nosotros tenemos millones de votos y ellos, esto es, los indignad@s, apenas son unas decenas de miles, y por lo tanto antidemocráticos, son una chusma. A ello se sumaron una cantidad de argumentos difícilmente defendibles.

En una muestra que el movimiento iba lejos, los ocupantes de la plaza desaparecieron y se fueron a las ciudades de provincia y ocuparon las plazas de las provincias del estado español, y luego regresaron a la Plaza del Sol y luego desaparecieron una vez más, para regresar en una convocatoria europea. Y a continuación se desarrollo el movimiento de los indign@dos en EEUU y vio la luz el grupo de Wall street, y hubo también en Israel y otros países, hasta este sábado en la plaza central de Guatemala.

Sobran las razones

Las razones para la indignación en España, en Europa, Asia o el norte de África son muy claras: es el fin del estado de bienestar, de las conquistas sociales de todos estos países. Es la expresión de la crisis del modelo «democrático».

En nuestro país, las razones para indignarse son infinitas

Mientras en nuestro país, las razones para indignarse son infinitas. Desde el modelo político en crisis que tenemos y su falta de representatividad, a la indignante situación de los campesinos en el país. A lo que se suma el desempleo galopante, la vulgaridad de los funcionarios públicos, el cinismo de los banqueros. La mediocridad de la campaña electoral en curso, en donde antes que propuestas los temas han estado en las mejores sonrisas o peinados o cancioncitas, o mentiras puras y simples. Pero sin propuestas de país.

¿Qué es lo común entre los indignados en Europa y en Guatemala, en Wall Street o Santiago de Chile? Sin perder el tiempo en análisis sesudos, diría que en las más diversas latitudes y situaciones sociales asistimos a expresiones de crisis del neoliberalismo, que en unos lados tiene unas características y en otros lugares presenta otras, pero todas con rasgos en común que tienen que ver con la precariedad del empleo, el fin de las prestaciones sociales, el peso desproporcionado del aparato financiero sobre las personas, la ausencia de perspectivas de vida digna, y la imposición de un modelo político que no representa mas a las personas.

Y en un lugar destacado, el asco por la existencia de una pequeña casta de multimillonarios que viven sobre el trabajo de millones y millones de ciudadanos que no tienen siquiera lo suficiente para el ejercicio de una ciudadanía honorable. Ese hartazgo es lo que lleva a considerar el sistema financiero como la criatura más infame del planeta. Y en ello el rechazo a un sistema político que en situaciones de crisis sale en defensa de los banqueros y no de la gente. Es por ello que se dice sin mayor aspaviento que hoy no se sabe quién es más delincuente, si quien funda un banco o quienes lo asaltan, aunque ahora los asaltantes son los propietarios aliados del modelo político que todos rechazan.

«El sistema es antinosotros».

Mientras que en las calles de los países mencionados, incluyendo a Grecia o Portugal, Israel o Italia, se dice que lo que la gente quiere es vivir mejor, y no sobre la base de la sociedad de consumo asfixiante, ni con la tarjetomania, sino bien consigo mismo, con valores, con solidaridad, con plenitud, con confianza en el futuro. Es lo que en Latinoamérica los indígenas denominan el buen vivir.

Por ello cuando la prensa y derechas mundiales dicen que son un movimiento anti sistema, los indignad@s dicen al unísono, todo lo contrario, «el sistema es antinosotros». Y tienen razón.

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Una asamblea indignada en Ciudad de Guatemala. © Luis Penados.

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