La indignación mexicana acampa frente a la Bolsa

Patricia Reguero Ríos || México DF.
Periodista || Desbordamientos

Varios cientos de personas participaron el sábado en el encuentro del 15-O en la Ciudad de México, al que se unieron una veintena de ciudades del país. Las mesas de Economía, Educación, Organización o Medios llaman a seguir reuniéndose cada sábado en las plazas. Un grupo acampa frente a la Bolsa de Valores.

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Los indignados organizaron un mercadillo de trueque. © Adriana Glück.

Indignadas con la violencia. Indignados con los bancos. Indignado enmascarado. Indignadas con hijos, indignados con hijas. Indignadas por las muertas de Ciudad Juárez o por la construcción de la Supervía. Indignados del Sindicato Mexicano de Electricistas. Indignadas estudiantes. Indignados anonymous. Indignadas con el Gobierno. Todas, todos, en una plaza, a la misma hora.

El sábado, desde la doce del mediodía, el Monumento a la Revolución de la Ciudad de México daba algo de sombra —hacía calor— a una convocatoria global por un cambio del sistema económico. La llamada del 15 de Octubre eligió en la Ciudad de México el formato de encuentro, y no el de marcha que adoptaron participantes de otros países. Era un día de reunión, pero no el primero. Cada sábado desde hace cuatro meses, integrantes de México Toma la Calle se dan cita en esta plaza, explica una de las habituales.

Pero este sábado eran más. Varios centenares de personas tomaron la plaza. En todo el país, una veintena de ciudades, Guadalajara, Monterrey, Ciudad Juárez, Xalapa, San Luis Potosí, Zacatecas, Hermosillo, Ensenada, Tepic, Puebla, Texcoco, Acapulco o Toluca se unieron a la jornada, según México Toma la Calle que en un comunicado menciona «la violencia y criminalización de la protesta social» como uno de los ejes de protesta.

Pese a la llamada a acudir como ciudadanos, y la advertencia expresa de que «partidos políticos y quien pretenda hacer propaganda electoral no serán bien recibidos», hubo quien aprovechó para repartir una publicación partidista. Pese a la convocatoria de mercadillo de trueque, no faltaron puestos o discográficas (independientes) con productos a la venta.

Organización y debate

Desde el mediodía del sábado, en el escenario principal diferentes voces se turnaban un micrófono. La mayoría eran familiares de muertos y desaparecidos, dos de las muchas formas de violencia del crimen organizado. Quienes iban llegando a la plaza se encargaban de llenar las paredes de mensajes: ‘Más rock y menos balas’, ‘La revolución será cotidiana o no será’, ‘Cada corazón es una célula revolucionaria’. Pasadas las tres, cuaja la organización, como demuestran las mesas de reflexión, la comida servida, el suministro de agua y varias personas que se encargan de recoger los desperdicios.

En la Mesa de Reflexión sobre Educación y Cultura, van surgiendo ideas. «Queremos un ser humano más pensante y más amoroso», dice uno de sus participantes. El discurso de lo público planea sobre todas las propuestas. A unos metros, en la Mesa de Reflexión sobre Economía, un joven toma el megáfono: «Hay que ser radicales, mas no extremistas», dice, y algunas personas asienten. «Radicales, porque hay que ir a la raíz de los problemas», aclara. Rechazar cualquier afiliación a un partido consigue la aprobación mayoritaria.

«Evitemos el lloro y vayamos a la acción»

En la Mesa de Medios, sin megáfono, apenas se escuchan las intervenciones. Alguien propone usar redes sociales alternativas, encargarse de la difusión de información sobre el 15-O en México y redactar un comunicado. «Evitemos el lloro y vayamos a la acción», pide un participante para agilizar las intervenciones. Pese al reparto de una Guía rápida para realizar asambleas en la que se explican los gestos, el modo de exponer propuestas o cómo organizar los turnos de palabra, en la mayoría de las mesas se limitan a tomar la palabra y exponer ideas.

Junto al tianguis (mercadillo) de trueque hay instalados varios puestos que aceptan el intercambio monetario. Ambulantes venden refrescos o jicaletas. En una de las esquinas del monumento, un grupo prepara actividades para niños. Al ambiente festivo contribuyen además un grupo de diablos y diablas y algunas bandas sobre el escenario que toman el relevo a los testimonios de violencia e indignación.

Mientras, en las mesas de reflexión, se anotan las propuestas que llevarán al encuentro general de las ocho. A unos metros de la plaza, varias casetas instaladas por el Gobierno del DF para promocionar programas de salud sexual, deporte o alimentación saludable, permanecen vacías durante toda la tarde.

Conclusiones y a la Bolsa

Con la noche, puntuales, participantes de cada grupo exponen las propuestas, pero no hay votaciones ni acuerdos, sino una llamada a continuar el trabajo en sucesivas asambleas, los sábados. Entre ellas, dedicar a la Educación un presupuesto de entre el 6 y el 8 % del PIB, crear una banca pública o elaborar mecanismos para separar el poder de los bancos del político, consiguen que las manos se alcen.

Nadie pone en duda que habrá acampada.

Después, una pregunta. «¿Acampamos en el monumento o en la Bolsa?». Nadie pone en duda que habrá acampada. Un grupo propone plantar las tiendas en los barrios, pero alguien zanja la cuestión: «Ya hay compañeros en la Bolsa, hay que ir a apoyarles». En la arteria económica de la ciudad, paseo Reforma, el profesor de la Universidad Autónoma de México, Edur Velasco, acampó el miércoles y pide con una huelga de hambre un mínimo del 2% del PIB de inversión para Educación. Desde la noche del sábado, no está solo.

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© Las consignas se repiten de punta a punta del planeta. © Adriana Glück.

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