Theodorakis y Glezos contra el totalitarismo financiero

Rodrigo Vázquez de Prada y Grande || Madrid.
Periodista.

Mikis Theodorakis y Manolis Glezos. Dos símbolos de Grecia, el país donde se acuñó el término democracia y al que los grandes poderes financieros y económicos pretenden aplastar. Dos líderes de la izquierda internacional. No empiezan ahora la lucha. Nunca callaron ante las injusticias. Jamás silenciaron su voz contra el atropello a los más débiles y la vulneración de las libertades.

Y siempre manifestaron con gallardía sus ideas políticas, resueltamente de izquierdas y anticapitalistas. Luchadores en la resistencia contra las tropas fascistas y nazis, ambos fueron objeto de detenciones, procesamientos, encarcelamientos, destierros y exilios durante varios años. Siendo muy jóvenes, durante la ocupación italiana y alemana, en plena guerra mundial sufrieron sus primeras detenciones y torturas ; luego, en los finales de los años cuarenta, fueron perseguidos con saña por el Gobierno de extrema derecha encaramado en el poder al concluir la conflagración bélica; después, en los crepusculares de los sesenta, corrieron la misma suerte con la dictadura de los coroneles.

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Mikis Theodorakis durante un acto en Tesalónica (junio de 2011). © Tom Tziros.

Mikis Theodorakis (Quíos, 1925), es uno de los grandes compositores de nuestros días. Creador de sinfonías de una gran belleza —la primera la compuso durante su prisión en la isla de Makronissos—, Theodorakis puso música al Canto General del chileno Neruda y a poesías del español García Lorca al tiempo que lo hacía con los poemas de los grandes vates griegos modernos, los Premios Novel Seferis y Elytis, para que los que supo fundir sus creaciones con las tradiciones populares y folclóricas de su país. Pero también compuso obras de distinto signo. Entre ellas, la canción titulada El capitán Zacarias, compuesta en 1941 y que se convirtió en himno de la resistencia, La balada de Mathausen, el himno nacional de Palestina o las bandas sonoras de filmes como Zorba el griego, de Cacoyannis, o Estado de sitio, de su compatriota Costa-Gavras, con guión del español Jorge Semprún. Su música se hizo tan popular en Grecia como expresión de las ideas de libertad, que la dictadura de los coroneles prohibió a la población interpretarla y, simplemente, escucharla.

A pesar de su larga persecución, nunca abandonó la composición musical. Pero siempre fue un resistente, un hombre profundamente comprometido que sufrió por sus ideales. Su primera detención y tortura, en 1943, la llevaron a cabo las tropas italianas, que habían ocupado Grecia junto a los alemanes.Después, en los cuarenta, los Gobiernos de Papagos y Karamanlis lo volvieron a detener, torturar y deportar. Y en 1968, la Junta de coroneles lo detuvo de nuevo y lo internó en un campo de concentración, hasta que, en 1970, fue puesto en libertad gracias a la protesta internacional de intelectuales como Yves Montand, Dmitir Shostakovich, Laurence Olivier o Harry Belafonte. Militante del partido comunista griego, fue varias veces diputado, desde 1963, y desempeñó el cargo de Ministro de Cultura en el Gobierno de coalición de Misotakis. No dejó nunca su compromiso militante y, en los últimos años, Theodorakis expresó públicamente su protesta contra las intervenciones militares de la OTAN…

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Manolis Grezos durante un acto en Atenas (mayo, 2010). © Bloco.

Manolis Grezos (Naxos, 1925), es uno de los periodistas y escritores de izquierda más reconocidos en Grecia desde hace muchos años y su nombre es uno de los símbolos de la resistencia griega contra el nazismo. En mayo de 1942, él y Santas Apostolos, otro joven resistente de izquierdas —fallecido el pasado abril—, derribaron la bandera nazi que ondeaba desde un mes antes en la Acropólis de Atenas, la parte más elevada de la capital donde yergue su soberbia arquitectura el Partenón. Aquel gesto, inmortalizado en 1982 en una lápida de bronce, infundió ánimos a sus compatriotas y le valió, junto a su compañero, una condena de muerte en rebeldía.

Posteriormente, fue detenido y torturado por las tropas nazis. No sería la única vez que pasó por la prisión por mantener sus ideas de izquierdas. Concluida la guerra mundial, fue detenido en otras varias ocasiones: en total, Grezos permaneció en prisión 11 años y 4 meses y en el exilio otros 4.

Durante uno de sus encarcelamientos, en 1951, fue elegido por primera vez diputado al Parlamento, en representación del EDA (Izquierda Democrática Unida), del que en los años ochenta fue presidente. Más tarde, fue reelegido parlamentario en los años 1961, 1985 y 1988 y eurodiputado en 1984 por el Pasok. A pesar de su intensa actividad política, Manolis Glezos ejerció siempre su profesión de periodista. Fue editor durante años de los periódicos Rizopastis y Augi y en 1985 recibió el Premio Internacional de Periodismo.

Mikis Theodorakis y Manolis Glezos recibieron el Premio Lenin de la Paz. Hoy en día, los dos superan los 85 años. Pero mantienen la misma vitalidad que demostraron a lo largo de sus ricas y fructíferas vidas. No han rebajado tampoco ni sus convicciones revolucionarias ni sus planteamientos anticapitalistas. Y sus nombres son inseparables del de la Grecia contemporánea, a la que los poderes financieros internacionales tratan de aplastar. Ahora, han vuelto a unir sus voces en una Carta Abierta que recorre con fuerza el mundo…

Carta abierta

En tiempos antiguos, la condonación por Solón de las deudas que obligaban a los pobres a ser esclavos de los ricos —la llamada reforma Seisachtheia—, sentó las bases para la aparición, en la antigua Grecia, de las ideas de democracia, ciudadanía, política y Europa: los fundamentos de la cultura europea y mundial.

Luchando contra la clase de la riqueza, los ciudadanos de Atenas señalaron el camino para la constitución de Pericles y la filosofía política de Protágoras, quien dijo: «El hombre está muy por encima de todo el dinero».

Hoy en día, los ricos están tratando de tomarse la venganza en la mentalidad humana: «Los mercados están muy por encima de todos los hombres» es el lema que nuestros líderes políticos abrazan gustosamente, aliados al demonio dinero como nuevos Faustos.

Un puñado de bancos internacionales, agencias de información, fondos de inversión, en una concentración mundial del capital financiero sin precedentes históricos, reivindican el poder en Europa y en todo el mundo y preparan la abolición de nuestros estados y nuestra democracia, con el arma de la deuda, para esclavizar la población de Europa, poniendo en el lugar de las imperfectas democracias que tenemos la dictadura del dinero y la banca, el poder del imperio totalitario de la globalización, cuyo centro político está fuera de la Europa continental a pesar de la presencia de poderosos bancos europeos en el corazón del imperio.

Comenzaron con Grecia, utilizados como cobayas para trasladarse a otros países de la periferia europea, y poco a poco hacia el centro. La esperanza de algunos países europeos para escapar eventualmente demuestra que los líderes europeos se enfrentan a un nuevo «fascismo financiero», no haciéndolo mejor que cuando se enfrentaron a la amenaza de Hitler en el período de entreguerras.

No es una casualidad que una gran parte de los medios de comunicación controlados por el banco se trate a los países de la periferia de Europa como «cerdos – pigs» y su campaña mediática, sádica y racista, vaya teñida de desprecio. Sus medios de comunicación no se dirigen sólo contra los griegos, sino también contra la herencia griega y la antigua civilización griega. Esta opción muestra los objetivos profundos y ocultos de la ideología y de los valores del capital financiero, promotor de un capitalismo de destrucción.

El intento de los medios de comunicación alemanes de humillar símbolos, como la Acrópolis o la Venus de Milo, monumentos que fueron respetados incluso por los oficiales de Hitler, no es sino una expresión del profundo desprecio de los banqueros que controlan los medios de comunicación, ya no tanto contra los griegos, sino sobretodo contra las ideas de libertad y democracia que nacieron en este país.

El monstruo financiero ha producido cuatro décadas de exención de impuestos para el capital, todo tipo de «liberalización del mercado», una desregulación amplia, la abolición de todas las barreras a los flujos financieros y las especulaciones, los constantes ataques contra el Estado, la compra de partidos y medios de comunicación, la apropiación del excedente por un puñado de vampiros: los bancos mundiales de Wall Street. Ahora bien, este monstruo, un verdadero «Estado tras los Estados» parece preparado para asestar un «golpe de Estado permanente» financiero y político, y para más de cuatro décadas.

Frente al ataque, las fuerzas políticas de derecha política y la socialdemocracia parecen comprometidas después de décadas de entreguismo al capitalismo financiero, cuyos centros más grandes están fuera de Europa. Por otro lado, los sindicatos y los movimientos sociales aún no están lo suficientemente fuertes como para bloquear el ataque de manera decisiva como lo hicieron muchas veces en el pasado. El nuevo totalitarismo financiero busca aprovechar esta situación para imponer condiciones irreversibles en toda Europa.

Hoy, es tan necesario como urgente la coordinación inmediata y transfronteriza de los intelectuales, las gentes de las artes y las letras, los movimientos espontáneos, las fuerzas sociales y las personalidades que comprenden la importancia del reto; necesitamos crear un frente de resistencia potente contra «el imperio totalitario de la mundialización» que está en marcha, antes de que sea demasiado tarde.

Europa solo puede sobrevivir si presenta una respuesta unida contra los mercados, un reto mayor que el de ellos, un nuevo New Deal europeo.

Debemos detener de inmediato el ataque contra Grecia y los otros países de la UE en la periferia, hay que poner fin a esta política irresponsable y criminal de austeridad y privatización, que condujo directamente a una crisis peor que la de 1929.

Las deudas públicas deben ser reestructuradas de forma radical en la Eurozona, especialmente a expensas de los gigantes de la banca privada. Los bancos deben volver a ser evaluados y la financiación de la economía europea debe estar bajo control social, nacional y europeo. No es posible dejar la llave financiera de Europa en manos de los bancos, como Goldman Sachs, JP Morgan, UBS, Deutsche Bank, etc… Hay que prohibir los excesos incontrolados financieros que son la columna vertebral de capitalismo financiero destructivo y crear un verdadero desarrollo económico en lugar de ganancias especulativas.

La arquitectura actual, basada en el Tratado de Maastricht y las reglas de la OMC, ha instalado una máquina en Europa para fabricar deuda. Necesitamos un cambio radical de todos los tratados, la sumisión del BCE al control político de la población europea, una «regla de oro» para un mínimo del nivel social, fiscal y medioambiental de Europa. Necesitamos urgentemente un cambio de paradigma, un retorno al estímulo de crecimiento a través de la demanda de nuevos programas de inversión europeos, las nuevas regulaciones, los impuestos y el control del capital internacional y instalación de flujos, una nueva forma de proteccionismo suave y razonable en una Europa independiente sería protagonista en la lucha por un mundo multipolar, democrático, ecológico y social.

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