Memoria del carpintero Georg Elser

Félix Población || Madrid.
Periodista y escritor.

Casi al tiempo que se investigan en Alemania los asesinatos cometidos de forma sistemática por un grupo neonazi contra nueve inmigrantes turcos y uno griego, entre los años 2000 y 2006, un monumento de siete metros de altura fue inaugurado en Berlín en memoria del carpintero Georg Elser, autor de un atentado fallido contra Adolf Hitler en 1939.

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Georg Elser.

Elser, natural de Hermaringen (Würtemberg), era una persona discreta, silenciosa y amable, que de adolescente aprendió el oficio de carpintero y entretenía sus ocios tocando la armónica. Cuando Stalin y Hitler firmaron el pacto de Munich en 1938, Georg planeó el atentado contra el dictador en la cervecería Bürgerbräukeller de esa ciudad, donde el Führer iba a conmemorar, en compañía de sus más destacados colaboradores, el fallido golpe de Estado que él mismo protagonizó en 1923. Elser estaba convencido de que con esa acción podía evitar la guerra en Europa.

Después de mantenerse escondido durante un mes en los sótanos del edificio hasta dos días antes de la fecha señalada, el 8 de noviembre de 1939, Georg dispuso la bomba para que explotara a las 48 horas de su colocación, pero el Führer hubo de adelantar su discurso media hora, pues por causa del mal tiempo regresó a Berlín en tren y no en avión, como estaba previsto. Hitler salió de la cervecería a las nueve y cinco, y trece minutos después estalló el explosivo, que mató a ocho personas de las 200 que se hallaban en el establecimiento.

El 22 de noviembre, Georg Elser confesó a la Gestapo bajo tortura que quiso matar a Hitler para evitar un mayor derramamiento de sangre, según frase textual. Hasta hace bien poco, la historia de la resistencia alemana contra el nazismo únicamente otorgaba ese honor al coronel y aristócrata alemán Klaus von Stauffenberg, que intentó lo mismo que Elser un lustro más tarde, el 20 de julio de 1944, aunque por razones bien distintas, según Michale Wildt, historiador de la Universidad Humboldt.

He querido impedir la guerra

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La cervecería Bürgerbräukeller después de la explosión.

Stauffenberg, que había apoyado la invasión de Polonia como una operación militar contra el bolchevismo y calificaba de populacho a la población polaca por su mezcla de razas, no se rebeló contra el horror de la masacre nazi, sino ante la certidumbre de que Hiltler no podía ganar la guerra. Con todo, el coronel cuenta con una copiosa bibliografía y la más alta consideración en los libros de historia.

Sin embargo, hasta hace un par de años, Alemania no dispensó al carpintero suabo más distinción que un sencillo sello honorífico en el que está inscrita la frase con la que justificó su acción: «Ich hab den Krieg verhindern wollen (He querido impedir la guerra)». Quien pretendió evitar el gran derramamiento de sangre que supuso la Segunda Guerra Mundial no fue un militar de alta graduación y cuna, sino un modesto militante comunista que creía, después de la firma del pacto germano-soviético, que el fascismo comportaría para Europa la destrucción y la muerte.

La policía alemana investiga ahora, con harto retraso, los asesinatos xenófobos perpetrados por quienes pretender ser, en nuestros días, nuevos y aplicados alumnos de aquella barbarie hitleriana y campaban libres y a sus anchas por un país que, más que ningún otro, debería estar muy al tanto de que su más negra historia no se repita jamás.

Georg Elser fue ejecutado en el campo de concentración de Dachau, el primero de los habilitados por el nazismo para encarcelar a los enemigos del régimen, el 9 de abril de 1945, tres semanas antes de que Adolf Hitler se suicidase y se pusiera punto final así a la mayor riada de sangre que corrió por nuestro planeta en guerra.

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