Muere uno de los últimos criminales nazis condenados

Mercedes Arancibia || Periodista.
Madrid.

«Un mundo sin Demjanjuk, es mejor que con Demjanjuk». Con estas palabras, el « cazador de nazis » francés Serge Klarsfeld  ha  recibido la noticia de la muerte del ex kapo del campo de exterminio Sobibor, John Demjanjuk, fallecido el 17 de marzo de 2012,  a los 91 años,  en un asilo de ancianos de Bad Feilnbach, en el sur de Alemania.

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John Demjanjuk escucha su sentencia a muerte durante el juicio celebrado en 1988 en Jerusalén. ©Israel Government Press Office.

Tras  intentar dar caza durante más de  cincuenta años a este ucraniano, que se había fabricado otra vida en Estados Unidos donde tuvo tres hijos, la justicia alemana le condenó en 2011 a cinco años de cárcel por complicidad en la muerte de más de 27.000 personas durante los meses de 1943 en que fue guardia –kapo- en el campo de exterminio nazi de Sobibor, en Polonia. En libertad a causa de su avanzada edad, y de una grave enfermedad de la médula ósea, se encontraba en una residencia esperando el juicio de apelación: pese a los testimonios de once supervivientes interrogados por la juez de instrucción Dalia Dorner, siempre mantuvo su versión de que los nazis le había capturado cuando era soldado del Ejército Rojo y le habían obligado a trabajar en diferentes campos de concentración y exterminio.

Una versión que –según publica Damien Roustel en el diario comunista francés L’Humanité– mantiene también el hijo de Demjankuk, quien afirma que “la historia demostrará que Alemania le ha utilizado vergonzosamente (a su padre) como chivo expiatorio, haciéndole responsable de los crímenes nazis de prisioneros ucranianos sin defensa”. Y que también avalan algunos historiadores, señala el diario conservador Le Figaro, para quienes a pesar del enorme despliegue mediático que se llevo a cabo durante el proceso, Demjanjuk no era más que una “pieza menor” en la caza de criminales nazis. Sin embargo, y probablemente a causa de que los demás habían fallecido anteriormente, ocupaba el primer lugar en la lista de criminales nazis que baraja el Centro Wiesenthal de Israel, dedicado desde hace décadas a localizar y denunciar nazis escondidos en rincones ignorados del mundo.

Antes, los israelíes le habían acusado de ser Ivan el Terrible, uno de los más temidos guardias del campo de Treblinka, y le condenaron a muerte en 1988, en Jerusalén, donde cinco años después el Tribunal Supremo le puso en libertad a la vista de nuevos documentos procedentes de la antigua URSS que señalaban a otra persona, Ivan Marchenko, como  el famoso torturador sádico de Treblinka. Durante el juicio en Alemania, Demjanjuk solamente reconoció haber sido capturado por capturado por los alemanes  en 1942, y obligado a enrolarse a la fuerza y trabajar en diferentes campos de concentración y exterminio.

John Demjanjuk había emigrado a Estados Unidos a principios de los años 50 y obtenido la nacionalidad americana en 1958. Antes de extraditarle a Israel, en 1981, le despojaron de la nacionalidad adquirida. En el juicio celebrado en 1988 varios supervivientes del Holocausto le identificaron como el guardia apodado  Iván el terrible en el campo de Treblinka, donde murieron 870.000 personas.

Los kapos

Los kapos eran los soldados más temidos por los internados en los campos nazis (judíos fundamentalmente, pero también gitanos y homosexuales, procedentes de los países europeos invadidos por las tropas hitlerianas). Como ocurre con frecuencia, y como hemos visto recientemente en las guerras de Irak y Afganistán, las situaciones pueden con los soldados obligados a estar en un lugar y un momento indeseados, el miedo y el stress generan situaciones y  escenas de un sadismo imposible de imaginar por una mente que no esté enferma:
“(las) matanzas –escribe Juan Gelman en el diario argentino Página 12 se han repetido a lo largo de toda la ocupación de Afganistán y es notoria la benevolencia con la que el Pentágono acepta y aun confirma las falsas explicaciones de sus autores. Pero hay un caso diferente que de algún modo las sintetiza: el descubrimiento de un grupo de soldados que se juramentaron en secreto para matar civiles iraquíes y afganos por deporte. Se desconoce el número exacto de víctimas que tienen en su haber (www.nytimes.com, 3-10-10). Solían descuartizarlas, fotografiar sus restos y llevarse un dedo, algún diente, como trofeo (www.rollingstone.com, 27-3-11). Los elementos del autobautizado “Kill Team” fueron procesados y recibieron penas relativamente menores en relación a sus crímenes; excepto el sargento Calvin Gibbs, jefe del grupo, que fue condenado a perpetua pero podrá salir en libertad bajo palabra en menos de diez años (www.guardian.co.uk, 11-11-11)”. (La cultura de un ejército, 19 de marzo 2012).

Según una biografía que ha difundido la agencia Reuters, de regreso a Cleveland recuperó la nacionalidad americana en 1998. Un año más tarde, el Departamento de Justicia reabrió su caso por sospechar que había sido guardia en tres campos nazis, lo que ocultó  a los servicios de inmigración a su llegada a Estados Unidos. En 2002 perdió de nuevo la nacionalidad y, tras varios recursos, fue finalmente extraditado a Alemania en virtud de una orden internacional emitida por la justicia germana. El último proceso no fue precisamente un éxito judicial,  debido a la falta de testigos directos de los delitos que se imputaban a Demjanjuk, y a que las pruebas eran solamente algunos documentos de la Segunda Guerra mundial, entre ellos un carnet de identidad nazi. A falta de pruebas tangibles, el tribunal de Munich estimó que existían suficientes “presunciones” para condenarle: “El tribunal está convencido de que el acusado (…) trabajó como guardia en Sobibor desde el 27 de marzo de 1943 hasta mediados de septiembre del mismo año”. Demjanjuk, dijo el juez Alt, formaba aparte de la  “maquinaria de destrucción” de los nazis.

La defensa alegó que los documentos presentados eran un montaje soviético y añadió que en el supuesto de que hubiera sido guardián del campo, lo hizo porque no había tenido otra opción: en su calidad de prisionero de guerra podían ejecutarle en cualquier momento. Su juicio, en Alemania, fue el primero de un soldado nazi “sin graduación”; antes solo se había juzgado a oficiales de alto rango. Los expertos interrogados por el tribunal establecieron la autenticidad del carnet de identidad. Todo indicaba que, hecho prisionero de guerra en 1942, Demjanjuk fue reclutado como wachman, el rango más bajo de los Hilfswilliger, o voluntarios enrolados en los países invadidos en Europa del Este que sirvieron como suplentes de los SS, y que fue destinado al campo de Trawniki, en el sudeste de Polonia, antes de ir a Sobibor. Según diversos historiadores, en Sobibor fueron exterminadas entre 150. 000 y 250.000 personas, 27.900 de las cuales eran judíos.

Este proceso fue uno de los últimos en que se han juzgado crímenes cometidos por los nazis, junto con el del húngaro Sandor Kepiro, fallecido también en  libertad, en el otoño de 2011, a la edad de 97 años. Kepiro, antiguo capitán de la gendarmería húngara acusado de asesinatos en el transcurso de una redada, en la que perdieron la vida al menos 1.200 serbios,  en enero de 1942 en Novi Sad,  quedó en libertad tres meses antes; el tribunal de Budapest no logró reunir suficientes pruebas para condenarle.

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Memorial en recuerdo de las victimas en el campo de concentración de Sobibor. ©Jacques Lahitte

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