Dies Irae

Mercedes Arancibia

Federico Bacchini era un cura de la localidad argentina de La Plata cuestionado por sus superiores por dedicarse “demasiado” a los pobres. Federico también era músico, vocación que le llevó a conocer en 1974 a la organista Elsa Paladino, que tocaba en un templo metodista. Se enamoraron y Federico inició los trámites para reconvertirse en laico, aunque su expediente nunca encontró respuesta en la jerarquía. Hartos de esperar se casaron, tuvieron una hija, a la que bautizaron Clara, y poco después Federico se vio conminado por el obispo de La Plata, Antonio José Plaza, a dejar la ciudad a causa del “mal ejemplo” que representaba para otros curas. Federico se negó a  seguir las órdenes del superior y el obispo Plaza le amenazó: “Entonces atente a las consecuencias”.

Estaban en noviembre de 1976, en pleno terror dictatorial argentino, y la ira de dios representado en este caso por el obispo  -que había tomado partido, apoyaba con entusiasmo al régimen tiránico y sabía bien como convertir en realidad sus amenazas-, como la sombra, era más alargada que nunca. Veinte días más tarde le secuestraron. Como tantos otros argentinos disidentes, Federico Bacchini  pasó a engrosar la lista de los “desaparecidos” de Videla, Jorge Rafael Videla, militar golpista y dictador entre 1976 y 1981. La jerarquía eclesiástica, que jugó un papel de abierta colaboración con el terror, no movió un solo dedo por él. Ahora se sabe que fue torturado y después fusilado.

En este abril de 2012 Argentina sigue restañando en los tribunales las heridas abiertas aquellos años. En el juicio reciente, Clara, la hija ahora treintañera de Bacchini, ha podido mirar a la cara a los torturadores de su padre  y saber algo más de la forma en que la muy oficial iglesia católica agradeció a su padre el trabajo cumplido: Bacchini fue director del Seminario Mayor sin saber que años después iba a estar preso  en la comisaría de la esquina; fue profesor del Instituto de Teología y estudió y enseñó en el Conservatorio de La Plata. Pasó por varias parroquias, pero todos hablan de su llegada a la de Cristo Rey, donde montó un comedor y pese a la oposición expresa del arzobispo sumó a los más jóvenes en campañas de alfabetización.

En 2010, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó los restos de Federico Bacchini, revueltos con los de 35 cuerpos más procedentes de una tumba sin nombre, exhumados en los años ’80 y trasladados de un cementerio a otro desde entonces. Ahora se encuentran en el mausoleo de Memoria, Verdad y Justicia del cementerio municipal de La Plata.

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©Octavio Colis

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