Ana Cuevas Pascual:
La dispensa de Cospedal

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ana_cuevasAna Cuevas Pascual

La presidenta de Castilla-La Mancha no oculta su ultracatolicismo militante. Militante, porque como practicante deja un poco que desear. Tiene problemas, pequeñas contradicciones con el catecismo que defiende. Se casó, se divorció, volvió a casarse con un divorciado y en ,el intervalo fue madre soltera recurriendo a la reproducción asistida. Todos pecados gordos según sus creencias.

Pero ésta es la grandeza de la religión católica: Puedes pecar y pecar contra lo que predicas y luego, con tres avemarías y un padrenuestro, vuelves a poner el marcador a cero. Mientras tanto nada te impide ser inflexible con la moral y la libertad ajenas e incluso legislar para prohibir o sancionar los supuestos pecados de los otros. De la misma forma, los que se comporten como buenos católicos apostólicos y pre-conciliares, aunque sean los denostados funcionarios, serán recompensados.

La Junta de Cospedal envió un correo a los trabajadores explicándoles que si asistían a misa, se les beneficiaría con hora y media de dispensa laboral remunerada. Está feo ésto tratándose, como se trata, de un estado aconfesional y de una comunidad que ni siquiera cubre (o lo hace muy tarde y mal) las bajas de dichos funcionarios. Pero, además, es discriminatorio porque, digo yo, los que pertenecen a otros credos o son ateos ¿no serán compensados de otra forma?

A lo mejor la señora Cospedal tiene grandes ideas para conseguir que su funcionariado corresponda a esa marca España, como Dios manda, que tanto le pone a la presidenta. Podría, por ejemplo, ofrecerles que fueran recuperando los moscosos y canosos cumpliendo una serie de requisitos. Detalles como llevar la peineta durante el horario de trabajo o rezar el rosario en el rato del bocata. Y, sobre todo, añadir a los permisos para misas, licencias pagadas para ir a los toros. Así conseguiría un cuerpo de élite formado en los baluartes del nacional-catolicismo. La sempiterna charanga y pandereta que tan virtuosamente bien saben tocar los de su casta.

Fachas

El día después del golpe de estado en el 81, el instituto público en el que estudiaba bachillerato apareció plagado de pintadas amenazantes muy explícitas realizadas por grupos de extrema derecha. Se trataba de un centro donde intentaban educar a los adolescentes en la libertad y el uso de la razón. Libertad y razón, los dos conceptos que más odian los fascistas. Eran tiempos peligrosos.

Cinco años antes, un comando de ultras había asesinado a los cinco abogados laboralistas de Comisiones Obreras en su despacho de Atocha. Una matanza masiva a sangre fría motivada por un odio ciego, inexplicable.

Durante varios días, los seguidores de Blas Piñar acudieron a recibirnos a la salida del instituto para mostrar su afecto a estudiantes y profesores con cadenas y puños americanos. La policía nunca llegaba a tiempo. Las denuncias se archivaban o, directamente, no se ponían por temor a las represalias. Teníamos miedo. Eran impunes y violentos, muy violentos. Nunca se ilegalizó a este tipo de asociaciones claramente terroristas pese a las muescas que pudieron grabar en sus pistolas. Permanecieron en estado latente durante algún tiempo. Sacando pecho de vez en cuando desempolvando la bandera del inclíto pollo o grabándose esvásticas en el cogote. Cosas de simios descerebrados. La cantera se fue renovando generacionalmente. Por desgracia, nunca faltan tarados ni psicópatas para montar una banda de matones bajo el pendón de cualquier causa.

Pero últimamente parecen estar saliendo de sus madrigueras. Irrumpen en actos públicos embistiendo al personal como marranos en celo. Montan exposiciones, con una más que evidente apología del fascismo, en colegios públicos con la aquiescencia de la autoridad consistorial, pepera casualmente. Incluso son muchos los miembros de NNGG (que son la cantera de un partido que se denomina democrático) los que aparecen fotografiándose ufanos junto a simbología nazi o preconstitucional. Se están viniendo arriba. Probando, a ver qué pasa. Y como no pase nada, estas bestias pasarán a mayores. ¿O acaso esperaremos a que haya otra matanza como la del 77? ¿Debemos resignarnos de nuevo a los puños y cadenas? Lo digo, por ir haciendo la maleta.

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