José González del Río:
Los animales no distinguen los colores

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02_dudaJosé González del Río

Esta mañana en la universidad-bar de Coimbra, jodido que está uno con lo de la fiebre de la víbora de la Esperancita, esperaba la hora de entrar en la oficina en la que espero con esperanza sublime que alguien entre a decirme la hora que es, cuando de golpe, sin esperar a nadie conocido que me pudiera inspirar una crónica amorosa, religiosa o de guerra, entraron por la puerta del antro dos sujetos pasivos vestidos con sotanas largas como un tornillo sin fin y de ni se sabe cuántos botones.

Parecía  una premonición de la demolición del peñasco de Peña Uva donde Eleuterio hacia los experimentos con la dinamita que empleaba para alargar el pozo en profundidad. Ni más ni menos, eran el Padre Palero del Palirino y José Antonio Fortea Cucurull. Ambos ensotanados y vestidos de negro como la muerte cuando se acerca la parca, entran y piden café con churros y porras como el que entra en una zapatería y pide que le pongan cien gramos de vacalado de bilbado…

Por un instante pensé que iban a comentar la peli de la TV2 de ayer que versaba del demonio que había poseído a una chica con cara de bruja y pinta de demonio. Pero no, no fue ese el motivo de su charla; hablaban, cómo no, de furgol.

Y, por muy dispuesto que uno estuviera a poner la oreja, me descolocaron bien descolocado. Yo de furgol no tengo ni puta idea.
 Siempre me pasa lo mismo.

Al final, y como si estuviera preparado el sermón, aparece el pies planos hablando del partido y Jesús diciendo lo que ya decía la semana pasada: Mira, listo –dice dirigiéndose al rector- que eres un listo. Yo pongo busco trabajo de arbañil y me dice que eso no existe.


El Padre Palero del Palirino y Fortea de Cucurull, sonríen por lo bajine y pasan a hablar de los mequetrefes del Congreso.


-Mal vamos si uno tiene que echar mano del antiguo testamento y el otro contesta con el testamento cambiado de paso al paso que vamos…


-Bueno –le dice el Padre Palero del Palirino- mientras hablan de eso… Bien vamos.


-Las declaraciones del Señor Obispo –dice el Fortea- son demoledoras.


-Tiene razón –dice el Padre Palero del Palirino- . Aunque las ovejas blancas de Nicanor coman los mismos brotes verdes que las negras y el que las cubre nunca se fija en el color de la lana…


-Bueno, padre, ya sabe usted que los animales no distinguen los colores –dijo el padre Fortea- Fíjese en los documentales de la 2 y en lo que decía Dios nuestro Señor…


Llegome la hora y me fui con mi fiebre pensando que igual, lo de beber agua, no es tan malo como decía mi padre. No obstante, no la pienso probar.

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