José Ramón Fernández, autor de teatro: “Todavía ser ciudadano es una conquista”

Enriqueta de la Cruz

Periodista y Escritora

Ha estrenado unas treinta obras y una docena de adaptaciones. Tiene suerte. Y es Premio Nacional de Literatura Dramática y más… Tiene suerte. Y es de los buenos. Tiene suerte. Pero no se le ve mucho en las portadas, en los diarios, ni en la tele. Y hay, dicen, más de cien autores de teatro que no han estrenado nunca. A mí todo esto me reafirma en que somos un país que no repara demasiado en lo importante, mima lo superficial y promueve más el circo que el mérito. Su obra “La colmena científica o El café de Negrín” se llenó de gente, pero no se habilitó ni otra sala mayor, ni se le destinaron otros días, más días para que la viéramos. Él no se queja, me quejo yo que no soporto tanta mala leche. Me quejo como ciudadana porque solo veo basura por ahí, en la cartelera, en las funciones y mucho, mucho, mucho chistosillo, ¡para colmo! Se suele apostar por la payasada de ésa que le gustaba tanto a los de la Dictadura. Pero, por fortuna, en Crónica Popular seguimos apostando por lo que vale, por el talento, y lo compartimos. Él, José Ramón Fernández, como otros tantos, como yo misma queremos ser españoles de esa España que dejó escrita en su “Colmena…”, abejas laboriosas de ese ambiente, tomadores de ese café… Cuando digo mi patria pienso, como se dice en esa obra, en esa España necesaria como agua de mayo o mejor: agua de abril, que es antes y está a la vuelta de la esquina…: “significaba un país cuyas señas de identidad fuesen la cultura y la tolerancia, cuyas bases fuesen la educación de calidad para todos, la libertad, la justicia… cosas que no se logran sólo con una ley que declare su conveniencia, sino con el compromiso de todos los días, con la convicción traducida en lo que se hace…”. Significa: “estudiar lo que quieres, confiar en el futuro”.  Y como a José Ramón, le pasa: a mí no se me apaga la esperanza ni a palos.

Un país lo construyen los que siguen trabajando con honradez y no se rinden. © Ricardo Martín

Un país lo construyen los que siguen trabajando con honradez y no se rinden. © Ricardo Martín

José Ramón, tú eres todo un Premio Nacional de Literatura Dramática -si no recuerdo mal te lo dieron en 2011 -pero no se ha profundizado ni en tu obra ni en tu persona desde entonces -y no sé hasta qué punto siquiera entonces; en los medios no te veo. ¿A qué se debe esto?, ¿tú qué crees?

En los medios no me ves porque no hago muchos méritos para salir. Es broma, o no tanto: la verdad es que no pongo mucho interés en hacerme ver y en teatro es bastante fácil, para el dramaturgo, ser casi invisible, dejar las entrevistas en manos del resto del equipo. A los premios, por otra parte, hay que hacerles el caso justo y no dejarse llevar. Es un momento muy hermoso porque se te bloquea el teléfono con llamadas de amigos muy queridos y esa alegría compartida es de las cosas buenas que pasan en la vida. Me pilló fuera de España, en una playa de Bretaña, con Amelia, mi pareja. Guardo el recuerdo del abrazo de personas muy queridas al volver a tomar contacto con el mundo. Aparte de eso, ha servido para ver la satisfacción de mi familia el día que me lo entregaron, no hace mucho – no sé por qué, prefiero no preguntármelo, se dieron juntos los de los dos últimos años – y los chicos de Metrópolis lo pusieron en toda la publicidad de la gira de “Yo soy Don Quijote de la Mancha”, que lleva año y medio de gira.

Pues, anda refréscanos la memoria y dános unas pinceladas de quién eres en realidad y qué has escrito más famosillo (ahondaremos más abajo…)

Vivimos tiempos oscuros en los que aquellos campos del conocimiento que precisan un apoyo económico – en especial, la ciencia – están siendo devastados por una mirada miope de quienes tienen la capacidad y la responsabilidad de potenciarlos

A ver: nací en Madrid hace ya medio siglo. (Uff) A los treinta gané el Premio Calderón de la Barca por una obra que se titulaba “Para quemar la memoria”. En 2003 me dieron el Lope de Vega por otra llamada “Nina”. Los lectores posiblemente recordarán “Las manos”, que escribí con Yolanda Pallín y Javier G. Yagüe, que estuvo girando desde 1999 hasta 2004 por toda España y por la que nos dieron el Max. He estrenado unas treinta obras y una docena de adaptaciones. En los últimos años he visto muchas de mis obras traducidas: en el último año han hecho algunas de mis obras en Argentina, Venezuela, Chile, Francia o Grecia.

Pero bueno, tanto…  ¿Es que no sabes que los escritores son muy peligrosos…? Además, que pensar, escribir y representar es llorar, y comer mal… normalmente, ¿eh? O puede ser… A ti ¿por qué te da por esto?, a ver…

Porque me da la gana. Es así. No me obliga nadie, escribo porque quiero y no me lo planteo como una profesión sino como algo que quiero hacer y que espero que le sirva a alguien. Sí que es verdad, hacer lo que crees que tienes que hacer es peligroso. Para ti y para otros.

¿Y en qué andas ahora?

Como sabes, ha estado girando ese “Quijote” que estrené en julio de 2012 y que ha hecho grande en cada función Pepe Sacristán: ahora la tengo que retocar un poco para la versión inglesa, que quiere estrenar Andy Dickinson en Londres al final del verano; y también anda girando un proyecto difícil que se pudo ver en Cuarta Pared la primavera pasada y que quiere resistir a pesar de cómo está el patio gracias al equipo maravilloso de Palmyra Teatro: se llama “Mi piedra Rosetta” y acaba de publicarse en la revista Primer Acto (Pepe Monleón, ¡otro resistente a prueba de bombas!) Y ahora, proyectos para los próximos meses: por empeño de la actriz Muriel Sánchez volverá a los escenarios de aquí (en estos años se ha hecho en Buenos Aires, Paris y Santiago de Chile) mi obra “Nina”. Mientras tanto, acabo de estrenar con Luis Bermejo un monólogo que le dirige Fernando Soto y que se llama “El minuto del payaso”, en una sala estupenda del barrio de Usera, la Kubik. Hay más cosas cociéndose: por fin me he puesto con J’attendrai, una obra sobre la memoria de los españoles en el campo de Mauthausen que está previsto que se estrene en Francia en 2015; hay allí una compañía magnífica que quiere trabajar conmigo…

Estoy deseando ver esto último porque, chico, cada vez que se recuerda el holocausto parece que no hubo en los campos nazis españoles, es bochornoso… Todos los judíos, sí, pero y todos los españoles, fueran o no judíos, los rojos, eso no sale nunca… Te agradezco mucho que lo trates. Recuerdo un homenaje en el Congreso al que asistí en época socialista creyendo que iban a hablar de todos y Bono y Cia sólo tocaron el tema comentado, de los españoles ni mentarlos. Oye y a propósito de “La colmena científica…”, ni ésa, ni la intelectual, ni la de ninguna cosa que sea de lo de pensar, aparece por parte alguna, ¿no hay intelectuales o no hay ganas de que se sepa que los hay?

Los hay; y deberían ser referentes. Y a nuestro país le haría mucho bien que lo fueran. Y hay huecos por donde pueden dejarse ver y ser escuchados, en medio del ruido. En esa misma Colina de los chopos he oído en las últimas semanas a dos sabios dar lecciones de conocimiento y de ambición intelectual: Jaime Julve, hablando de Física en la Semana de la ciencia y José Antonio Marina, hablando sobre educación. Pero vivimos tiempos oscuros en los que aquellos campos del conocimiento que precisan un apoyo económico – en especial, la ciencia – están siendo devastados por una mirada miope de quienes tienen la capacidad y la responsabilidad de potenciarlos.

Nuestra crisis en el campo de la Ciencia no es cosa de dos días. En el laboratorio de Juan Negrín se formaron científicos como Severo Ochoa

Tu obra “La colmena científica o El café de Negrín es realmente magnífica y no me gusta hacer la pelota, es sincero. Algunos jóvenes y no tan jóvenes no sé si conocen a Negrín o creen que te refieres a una cafetería. Cuéntanos qué sentido tiene tu obra ésta de teatro y sobre qué otros personajes nos ilumina. Y, ¿qué café tomaban…?

Lo de “El café de Negrín” me lo sugirió Piru Navarro, entonces asesora del director del Centro Dramático Nacional, cuando me propusieron este proyecto. El doctor Juan Negrín era el responsable del Laboratorio de Fisiología ubicado en la Residencia de Estudiantes, que ofrecía una formación de excelencia a los estudiantes de Medicina de la Universidad de Madrid. En ese laboratorio se formaron científicos como Severo Ochoa, el último español que recibió un Premio Nobel de ciencias, hace más de medio siglo – nuestra crisis en este campo no es cosa de dos días -. En aquel laboratorio, el doctor Negrín invitaba a café – decían que lo preparaba en los tubos de ensayo – a amigos que lo visitaban: filósofos, poetas, pedagogos… Ése es el lugar en el que sucede la obra.

Yo tengo subrayadas algunas frases de la obra: “Cuando digo mi patria, pienso en La Residencia de Estudiantes“. Dínos, ¿qué representó y qué nos tiene que enseñar ahora que andamos tan mal?

Esa frase la escribí en el prólogo. En una de las funciones, el gran actor Santiago Ramos vino a felicitarme y me dijo algo que todavía me emociona: “yo quiero ser un español de esa España”. Aquel proyecto de la Institución Libre de Enseñanza, que tenía como objeto más brillante la Residencia – pero también estaban la Residencia de Señoritas Estudiantes, el Instituto Escuela, la Sociedad de Conferencias… –  significaba un país cuyas señas de identidad fuesen la cultura y la tolerancia, cuyas bases fuesen la educación de calidad para todos, la libertad, la justicia… cosas que no se logran sólo con una ley que declare su conveniencia, sino con el compromiso de todos los días, con la convicción traducida en lo que se hace.

Del paraíso a la negrura

Dijiste que para escribir esta obra te sabías ya hasta de memoria el olor de las pastillas de jabón que debían de usar Lorca, Dalí y otros. Fue, sin duda, un esfuerzo inmenso, escribir esto. Luego se representó y editó un libro que es un tesoro, bonito y todo, hasta en el tamaño; en su edición, pero para una obra así tenían que haber reservado más butacas, o se tendría que volver a representar porque hubo gente que se quedó sin verla. ¿Hay nuevas representaciones a la vista de esta obra? Y ¿por qué crees que no se da más cancha a todo esto?

Hice un trabajo de documentación intenso, tratando de entrar en la vida diaria de aquel lugar. Es importante saber que allí vivió Lorca. Pero creo que es muy importante saber que Lorca podía tocar el piano o tomar clases gratuitas de idiomas o ducharse o asistir a conferencias de los mayores sabios del mundo a veinte metros de su habitación. Y que cuando entraba en el comedor siempre había fruta. Para todo ese trabajo tuve la ayuda en todo momento del equipo de la Residencia, desde su directora y su director honorario hasta los residentes actuales y un excelente grupo de profesionales. Es impresionante lo que ha hecho la Resi en los últimos veintitantos años por volver a ser lo que era. El libro es un signo de todo eso: exquisito diseño que recuerda las ediciones de los años veinte y un cuidado y una profesionalidad en la edición poco frecuentes. La obra tuvo una breve temporada en Madrid y giró por varias ciudades, para terminar en una emotiva representación en Paris. Mención aparte merecen las representaciones en el Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria, que vieron miles de estudiantes de los institutos de la ciudad.

La obra sufrió una casualidad que la ha perjudicado pero que me parece muy bien, te explico: para hacer posible la gira fuera de Madrid, el Centro Dramático Nacional cedió los derechos sobre la producción a la compañía de Ernesto Caballero. Ernesto fue nombrado después director del CDN. Que hubiera vuelto a programar la función o hubiera favorecido de algún modo una nueva gira podría haber sido visto como un conflicto de intereses y criticado: “míralo, llega y lo primero que hace es programar a su compañía, etc.”. Me parece bien lo que ha decidido, aunque me da pena porque el trabajo era muy bueno y el equipo, extraordinario.

Por otra parte, el mundo sigue girando: un grupo de científicos han hecho una función amateur para divulgar la ciencia, que incluye una escena de esta obra; y en 2014 se publicará en serbio y en japonés. Las obras de teatro pueden dormitar, pero no mueren nunca.

El proyecto de la Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Estudiantes significaba un país de la tolerancia y la cultura

El franquismo que lo copió todo y mal, hizo luego cosas como el CSIC (y que me perdonen los que allí trabajan), pero no es lo mismo, no es lo mismo que ese espíritu científico del que tú hablas. ¿Habrá algún tiempo futuro con ese afán de progreso hecho carne? Es decir, yo me planteo las mismas preguntas que tus personajes, ¿qué es España? Y, ¿qué queremos que sea España? Y dime tú, tus propias conclusiones, por favor… Contesta a todo, ¿eh? que me he disparado…

Son otros tiempos. Científicos del CSIC con los que he hablado envidian aquel espíritu pionero comparado con ese “publica o perece” que los atenaza hoy. Aparte de eso, el entusiasmo y la pasión por lo que hacen es similar. El problema es la valoración de la ciencia, el respeto desde los gobiernos a ese ámbito de la actividad humana. El franquismo hizo cosas tan significativas como convertir en templo católico el auditorio de La Residencia, en el que Marie Curie se había reunido con un grupo de sabios de todo el mundo para hablar sobre el porvenir de la cultura pocos años antes. Pero Franco murió cuando yo tenía once años y la ciencia sigue sin tener un espacio de respeto en mi país. El respeto se puede expresar haciendo de los científicos ejemplos a seguir y se puede expresar también con cifras en los presupuestos generales del Estado equivalentes a las de nuestros vecinos del norte.

También había viajeros por el conocimiento, había maestras de primaria preparándose para un cambio real en que niños y niñas fueran los nuevos hombres y mujeres de futuro, compartiendo tareas y conocimiento. Háblanos de esas maestras porque has manejado mucha documentación, efectivamente, y habla de todo lo que quieras de esto.

Las obras de teatro pueden dormitar, pero no mueren nunca

Las obras de teatro pueden dormitar, pero no mueren nunca

Ya he mencionado la Sociedad de Conferencias, por la que pasaron Curie, Einstein, Chesterton, Carter… lo importante que pasaba en el mundo pasaba por La Colina de los chopos. Uno de los socios que asistían a esas conferencias era una maestra llamada Justa Freire. Encontré en Justa el modo de incluir en la obra dos cosas muy importantes: una es que ese período en España fue impresionante en el avance de la condición de la mujer, por su acceso a la educación y a la cultura. Otra era la importantísima labor en los colegios de enseñanza primaria. Hace unos meses se ha publicado una excelente biografía de Justa. La pude incluir en la obra por ser miembro de esa Sociedad y por su participación en congresos con becas de la Junta de Ampliación de Estudios, pero sobre todo por su relación con otro de los personajes, el pedagogo Angel Llorca. No me extiendo más: la Fundación Angel Llorca tiene una estupenda página web sobre su legado. No hay más que poner Angel Llorca en Google. Te mencionaba la emotiva función en Paris: el director del festival Don Quijote invitó a una amiga suya muy anciana, que le respondió que no podía por salud y que ella era una de esas niñas que fueron a las colonias que organizó Llorca en Valencia durante la Guerra de España.

Paciencia y sabiduría

Había personas de una pieza como Negrín que sacrificaron su ciencia para ir a la gestión de la cosa pública; hoy se va a la política al choriceo y a refugiarse para que no te pillen y desaparezcan las pruebas. Ay, cuéntanos un poco más en profundidad cómo es que se dieron tantos personajes juntos interesantes en esa época, cuál fue su caldo de cultivo y, en fin, todo lo que quieras añadir sobre qué hacía Negrín ahí y sobre otros personajes que se dieron cita en esos jardines que aún existen.

Lorca podía tocar el piano o tomar clases gratuitas de idiomas o asistir a conferencias de los mayores sabios del mundo a veinte metros de su habitación

En aquellos años, por lo que he leído, hubo grandes personajes y facinerosos. Hubo unos cuantos hombres extraordinarios que trabajaron con paciencia y sabiduría para construir un país. Esa paciencia es lo que echo en falta en muchas iniciativas. Hubo, claro, personajes difícilmente repetibles, como Santiago Ramón y Cajal y Francisco Giner de los Ríos. Hubo otros hombres necesarios y callados, de los que no salen en las grandes páginas de los libros, como José Castillejo, Pío del Río Ortega, Luis Calandre, el propio Llorca. Un país lo construyen sobre todo ellos, los que siguen trabajando con honradez y no se rinden. Yo estoy seguro de que, aparte de todos esos tipos despreciables que choricean y todo eso, en este país hay gente que hace su trabajo con honestidad, decencia, sabiduría y altura de miras. Y prefiero recordar que entre los grandes mandatarios, España ha tenido en estos años a intelectuales como Solé, Semprún o Ángel Gabilondo. Es una cuestión de carácter: a mí no se me apaga la esperanza ni a palos.

Oye, las habitaciones de los grandes poetas y pensadores y etc., eran bien chicas y no tenían tantas herramientas como ahora, sin embargo, se vivía alegre y se pensaba, sí, ¿cómo era esa alegría de vivir?

Es algo que he encontrado en cartas, en diarios, en memorias… aquello de Il Barbero… que cantaban es tomado de la realidad. Eran jóvenes a los que se transmitía que el conocimiento es algo maravilloso. Estudiar lo que quieres, confiar en el futuro… La Residencia tenía un algo de convento, decían en la época, herencia de la sencillez con que vivían  los fundadores de la ILE. Si tienes veinte años y una habitación y comida en el plato y un proyecto vital que te ilusione, rodeado de amigos, de deporte, de música, de libros… ¿se te ocurre que eches de menos muchas cosas?

No, es más que suficiente. Es justo lo que necesitan ahora nuestros jóvenes. Te recomiendo como contrapunto una peli: “Oh boy”. Más claro, el agua. Por aquel entonces, Madrid era moderno; se daba mucha importancia a la experimentación, a la juventud, hubo las primeras becas al extranjero (como las Erasmus, pero con sustancia), y se formaba a ciudadanos, ay qué barbaridad, eso ¿qué es?

Eso es la sabiduría de Giner y Cajal haciendo posible la Junta de Ampliación de Estudios en 1907, el empeño tozudo de Castillejo ajustando las becas y trabajando con seriedad… Eso es dos mil españoles en los años veinte y treinta asistiendo a universidades europeas y regresando a su país para compartir lo que habían aprendido. Una cifra pequeña hoy pero tremenda entonces, todo un precedente. Siempre he dicho que las Erasmus, con todo lo que tengan de criticable, son algo importantísimo para nuestros jóvenes y para la construcción de Europa.

Sí, tienes razón, es importante. Por eso se lo cargan ahora los bárbaros. Algunos llegaron a la conclusión que había que hacer un cambio político profundo, como ahora, ¿no?

No es equiparable. En ese momento se vivía una dictadura (censura, ley de fugas…) Hoy en España vivimos una democracia de mala calidad, pero sería un error muy grave identificar lo que vivimos con una dictadura.  Conviene pensar este momento con cuidado. Aquello era una dictadura corrupta. Esto es una democracia, incompleta y gastada, donde hay mucho que arreglar y que cambiar. Vuelvo a la idea de la paciencia: los problemas de esta democracia tienen que ver en muchos casos con valores. Para afianzar esos valores hay que priorizar la formación de los ciudadanos. Todavía es una conquista: ser ciudadanos.

¿A qué te suenan las palabras República, progreso, laicismo?, ¿a algo necesario quizá?

A Francia, 1905, los treinta gloriosos… a un ejemplo muy cercano, la República Francesa, que la Guerra de España nos impidió seguir en los años treinta y que estamos intentando seguir desde 1975, creo. La escuela para todos, laica para que sea de todos; la importancia de la implantación del Bachillerato, las vacaciones, la jubilación, el médico para todos, la libertad de creencia como opción personal, la justicia… estas cosas que parecen el aire mismo, son cosas que se conquistaron en el siglo XX. Ha sido importante ver cómo los ciudadanos, por ejemplo en Madrid, han defendido algunas de estas cosas con toda su energía en estos meses, porque hoy se consideran nuestras señas de identidad como europeos.

Pues eso, todo lo que se quieren cargar. No quiero sólo hablar de esta obra, cuenta de otras “Para quemar la memoria”, por ejemplo. Ahora se quema la memoria cantidad, dínos, ¿qué nos puedes contar de la obra y de lo que se quema uno con esto?

“Para quemar la memoria” habla de un gran empresario que está viendo cómo le llega a la vez la muerte y la ruina de su empresa, que se sostenía sobre la codicia. La estrenó Guillermo Heras en 1995 y después se ha traducido al francés y al italiano. En unos meses se va a publicar en serbio, gracias al traductor Branislav Djordjevic. Me gustaría mucho volver a verla sobre un escenario de mi país.

Jo, es que es muy actual esto… Oye y ¿a qué obra le tienes más cariño? Y cuéntanos de otras: “Imagina”; “Nina”, que tiene otro premio… “Las manos”… ¿Algunas de tus obras son colectivas como has dicho?

Cada obra ha sido una vivencia intensa en su escritura y de todas ellas he tenido vivencias muy hermosas: una abuelita de Mayo que me acarició el pelo al salir de “Mariana”, en Buenos Aires, los intérpretes diciendo “La tierra” en lengua de signos en el Théâtre de l’Opprimé de Paris, la emoción del público en “Las manos”, en “Imagina”, en 24/7; el primer ensayo al que pude asistir de Nina, en un sótano del Centro Cultural de la Villa… En bastantes ocasiones he escrito con otros: “Los ensayos iniciales”, con El Astillero;La Trilogía de la juventud” de Cuarta Pared, “Las cuatro comedias”, con El Zurdo… en este quinto trabajo con ellos, “El minuto del payaso”, hemos ido haciendo la obra a pie de ensayo.

¡Tú has estrenado mucho! Dicen que hay más de cien autores de teatro sin que su obra se haya estrenado alguna vez, ¿será eso cierto?

El franquismo hizo cosas tan significativas como convertir en templo católico el auditorio de La Residencia, en el que Marie Curie se había reunido con un grupo de sabios de todo el mundo para hablar sobre el porvenir de la cultura pocos años antes

Puede ser, no lo sé. Hay muchas obras que no se estrenan o que se estrenan en condiciones muy precarias; esto se ha agravado en los últimos años; y si no se ha notado más es porque la gente del teatro está demostrando una pasión por su arte muy difícil de explicar: muchos magníficos proyectos se están sacando adelante a base de que nadie cobre. Yo he estrenado mucho porque casi siempre he escrito cerca de un equipo, como parte de un colectivo.  Y, claro, porque ha habido personas que han creído en mí. En eso he sido tremendamente afortunado. Pero debo insistir en que escribo porque escribo con los otros. Entiendo que el teatro es algo que se hace en común, con director, actores, escenógrafos, músicos, iluminadores, productores… y, además, que se termina de hacer con la gente, con la emoción de cada espectador.

Escribes francamente muy pero que muy bien. El manejo de la documentación es absolutamente impresionante y el resultado de tus escritos fantástico, de verdad que es para que sigas dándonos más obras. Yo te animo a que pronto nos des una sorpresa y nos veamos en el teatro con algo tuyo igual de bueno que “La colmena…” Y que todo lo demás…

Gracias. De momento, en España, ahí está “El minuto del payaso”. Otro día te hablaré de un proyecto muy ilusionante, para el otoño de 2015. Otro día.

Otro día y esperemos que ya en la República necesaria de la España recompuesta. Cultura y tolerancia, ciencia y paciencia, José Ramón. Un abrazo grande y aquí está tu casa para lo que necesites.

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