El espacio socialista y la República. Del “principado” impuesto al “principado” civil o la falacia del republicano de corazón

Carlos Martínez García

Politólogo. Primer secretario de Alternativa Socialista y miembro de Attac*

“El pueblo no quiere ser gobernado ni oprimido por los potentes que, a su vez no anhelan más que mandar y oprimir al pueblo”

Nicolás Maquiavelo  “El Príncipe”

Hay quienes afirman que, hoy, el ser o no ser republicano no es definitorio para una persona socialista o tan solo progresista en el Estado español. Hay quien utiliza el concepto republicanismo para despistar en su falta de compromiso real con una constitución que determine una jefatura de Estado democráticamente electa.

El príncipe civil de Maquiavelo
El republicanismo cívico, tiene entre sus autores de cabecera a Nicolás Maquiavelo.

El republicanismo cívico, tiene entre sus autores de cabecera a Nicolás Maquiavelo.

El republicanismo cívico, tiene entre sus autores de cabecera a Nicolás Maquiavelo, pero también a Rousseau o a Karl Marx, no se olvide. Pero ciñéndonos al florentino, víctima de una leyenda negra urdida por la Iglesia Católica y la reacción y padre de la ciencia política, el príncipe impuesto por magnates, poderosos y crímenes e intrigas-origen histórico, de las dinastías reales-, debe ser contrapuesto a un príncipe civil, proclamado por el pueblo, que no olvidemos, traduciéndolo del lenguaje de los siglos XV y XVI del politólogo florentino, se trata de un o una presidenta electa de la república.

Por tanto, republicanismo o ausencia de dominio, exige la ausencia de dominadores y de aristocracias de sangre o económica.  Cuando el socialismo surge como expresión política del movimiento obrero, hunde sus raíces en la Revolución Francesa, cuyo primer acto, consistió en liberar al pueblo de la monarquía y la nobleza dominantes. Por tanto, cualquier avance pasaba por conquistar un sistema de libertades, sin reyes. Esencia éstos, del antiguo régimen.

Los socialistas clásicos y en lo que a nosotros toca en el caso del Estado español, impulsados por Pablo Iglesias, tuvieron dos objetivos primordiales, primero el extender y fortalecer las sociedades obreras y la presencia política de las clases trabajadoras al objeto de impulsar el socialismo. Pero, para implantar el socialismo, es decir el reparto de la riqueza y la propiedad colectiva de los medios de producción y de consumo. La sociedad socialista. Es decir, la revolución que aboliera las clases.  Eso con una monarquía o el poder burgués era no solo un contrasentido, sino imposible de materializar.

Para Pablo Iglesias, en sus inicios como educador de multitudes y padre del socialismo –no el único- la República burguesa tampoco era su objetivo, pues como marxista ortodoxo creía en el objetivo de lograr el poder político de la clase obrera. Sin embargo, entre 1912 y 1913 se crea la Conjunción Republicano-Socialista que le permite al PSOE despegar electoralmente e irse consolidando.

Reconocida es la opinión de Ortega y Gasset de que el único partido realmente republicano en los años veinte del siglo pasado, era el PSOE, a pasar de sus profundas diferencias con el republicanismo burgués. Pero siempre es por una cuestión de clase. El Partido Obrero como a Pablo Iglesias le gustaba llamarlo, era un partido de clase y solo tras 1918 de alguna forma se asienta la alianza con la pequeña burguesía republicana. Hay un oscuro paréntesis en la dictadura de Primo de Ribera en el que Indalecio Prieto y los prietistas le salvan la cara al partido.

Pero es en la Transición, ya en los años setenta del siglo XX, donde se produce la ruptura con esa historia. Los socialistas exiliados del viejo LLopis en Toulouse quieren la República. Los más jóvenes del interior también. Pero Felipe González y su gente, descabezan al esclerotizado Rodolfo LLopis y comienzan su andadura que culminará con el pacto de la Transición y la aceptación plena de la monarquía franquista.

La Restauración borbónica, un hecho del dictador

La restauración borbónica es un hecho del dictador, pactado de grado o por la fuerza, -opino que de grado-, con el padre del futuro monarca y tiene el objetivo de garantizar lo fundamental, los intereses de la oligarquía rentista española. Posteriormente, ya en plena Transición y durante sus gobiernos, Felipe González jamás tomó una sola medida que limitara el poder real de los oligarcas. Apoyó al nuevo rey, transformando el PSOE en un partido dinástico. De hecho, el PSOE y los “socialistas” oficiales, siempre aluden a la tradición y a su corazón republicano –aunque la mayoría de ellos y ellas desconocen sus clásicos-, pero a la hora de la verdad, votan en contra de todo lo que suene a referéndum o a cuestionamiento del  statu quo del 78.

Para ser socialista y reivindicador de figuras como Pablo Iglesias, Largo Caballero o Negrin, no hace falta ser del PSOE, es más puede ser contradictorio

Tan solo la grave crisis del régimen vigente, carcomido por la corrupción –intrínseca a su origen, al no haber habido ruptura, sino pacto con lo existente – pero también roto – por las costuras debido la disputa entre los nacionalismos periféricos y el nacionalismo españolista, ha obligado a la dirección del PSOE a reclamar una modificación constitucional, en la que la jefatura del estado ni se menciona, no es ése, al menos, uno de sus objetivos. Cuando lo lógica sería que una modificación o cambio constitucional conlleve el derecho a decidir del pueblo sobre el modelo de Estado que desea. Máxime cuando la monarquía restaurada se basa en dos claves fundamentales. La primera la voluntad del dictador Franco. La segunda, la amenaza de las Fuerzas Armadas del momento. El ejército de Franco garante de la voluntad del dictador, después de muerto y obediente al rey, pero no a las autoridades civiles o el Parlamento constituyente.

Por tanto, un socialista hoy –para ser socialista y reivindicador de figuras como Pablo Iglesias, Largo Caballero o Negrin, no hace falta ser del PSOE, es más puede ser contradictorio- tiene que cuestionar la monarquía, así como esta monarquía, por su origen, su carácter oligárquico y, por tanto, su profunda alianza con las clases poseedoras y dominantes al tiempo que las constantes intromisiones políticas de los dos monarcas heredados del régimen anterior.

La República para nosotros es una opción de ruptura con las oligarquías dominantes, que ya lo fueron con Franco y con Alfonso XIII, así como una liberación de una burguesía rentista y sumisa a intereses foráneos y a las grandes multinacionales y bancos extranjeros. Es acabar con la democracia de baja calidad que sufrimos. Con el autoritarismo y la demagogia de la derecha española y con la corrupción, metida hasta los tuétanos en todas las instituciones del régimen vigente.

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La sumisión del PSOE a la Corona
Un socialista hoy – tiene que cuestionar la monarquía, así como esta monarquía, por su origen, su carácter oligárquico y, por tanto, su profunda alianza con las clases poseedoras y dominantes al tiempo que las constantes intromisiones políticas de los dos monarcas heredados del régimen anterior

Esa es la coherencia que nos ha llevado a personas socialistas a abandonar el PSOE por su sumisión a la corona y que además fue capaz de modificar de forma exprés la Constitución en su artículo 135 poniendo a los bancos e intereses de usura de los tenedores de la deuda, incluida la ilegitima por encima de los derechos de las personas.

Por eso no podíamos seguir estando en el PSOE,. Pero como somos socialistas, estamos construyendo la alternativa coherentemente socialista-eso pretendemos al menos- en el seno de la izquierda mosaico y constituyente. En la lucha social y de la dignidad.

Rescatar el socialismo, para ayudar y arrimar nuestro trabajo junto a las que quieren rescatar a las personas. Ese es nuestro claro compromiso con las movilizaciones sociales que están manifestándose contra lo ilegitimo del régimen vigente por sus recortes, sus agresiones a la propia Constitución del 78 en muchos de sus apartados sociales y económicos y el desmoche y liquidación de todas las conquistas y logros de las clases trabajadoras y del pueblo en su conjunto durante los últimos cincuenta años.

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