La gran estafa de nuestros tiempos

César Cruz

Coordinador General de la asociación DRY

Represión, hambre, recortes, paro: Miseria. ¿Qué ven? Exacto, una fotografía de nuestro país. Aquello del “Estado social” ahora es poco menos que papel mojado. Hoy, más que nunca, es importante derrocar los mitos contemporáneos, como primer motor para revertir esta situación fatídica: Hablemos de la Unión Europea.

10_01_europaNos vendieron la unión monetaria como un soplo de aire fresco que realzaría nuestras economías. Hasta los más crédulos europeístas pueden afirmar hoy que, más bien, se trataba de una halitosis putrefacta que nos ha sumido en la más absoluta de las miserias: Las grandes potencias económicas radiaban felicidad, veían todo un nuevo mercado que se les abría para colocar sus excedentes productivos sin sufrir pérdidas en los tipos de cambios, los demás países -en la misma línea-, observaban como sus economías se inflaban ilusoriamente con fondos que provenían por doquier. Entiendan el escenario que se estaba configurando: un mercado único que iban a hegemonizar las grandes potencias y que los poderes fácticos debían proteger de cualquier manera, toda vez que se creaba una supra estructura basada en la desregularización bancaria, otorgando al BCE un poder que sobrepasa a los estados miembros. El objetivo era claro, y lo han conseguido: despolitizar la economía.

“España va bien”, “somos la cuarta potencia” decían, hoy estas palabras se tornan golpeándoles con franqueza. Nuestros políticos, en connivencia con gran parte de los “intelectuales” de este país, se sentaban en corrillo a leer cuentos de hadas, dentro de esa burbuja onírica que ellos habían creado, mientras, una minoría crítica denunciaba, antes de firmar el tratado de Maastricht, el desastre que se cernía sobre nosotros. Y como profetas descendiendo del cielo su mensaje empezó a expandirse en la tierra rompiendo burbujas, reescribiendo historias y quebrando sueños: Los acreedores europeos sabían desde un principio que esos fondos no podrían ser devueltos, así que se negaron a seguir prestando dinero o bien subieron fuertemente el precio al que entregaban esos recursos. Resumiéndolo: deuda impagable. Una deuda que ustedes ven materializada en recortes, miseria y hambre.

Ahora, los países deudores nos vemos atrapados en un escenario caótico; deuda extrema, libre circulación de capitales y una moneda que no podemos controlar. Dentro de esta macro estructura, nuestros gobiernos carecen del poder suficiente para poder combatir la dinámica terrorífica que nos precipita, irrefrenablemente, hacia el abismo, aunque tampoco les importe demasiado. Hemos cedido nuestra soberanía monetaria y no podemos controlar ya las políticas económicas. Un país que ha perdido este poder, es poco menos que un títere al servicio de poderes externos. Lo hemos visto en Italia, Portugal o Grecia. Nos han vendido, igual que hicieron con ellos, arrastrados por nuestros “líderes”, cómplices con las manos manchadas de sangre. Nada podemos hacer aquí dentro, más que agachar la cabeza y dejar que claven sus estilosos zapatos sobre nuestras sienes vacías crujiendo como astillas en la podredumbre. Como podrán ver, no tiene ningún sentido enarbolar simplemente la bandera de la democracia si no podemos decidir sobre los asuntos que realmente nos incumben. La conocida democratitis –muy de moda en nuestro tiempo- esa infantilidad del izquierdismo que tan solo legitima el sueño liberal, y que se postula como una nueva ideología, una nueva manera de hacer política, cuando no es otra cosa que la ratificación del parlamentarismo burgués y, por ende, de la dictadura del capital.

Lo más triste es que en la arena política, la que inunda los debates en nuestras televisiones, no existe ninguna fuerza que entienda este dilema y cree un programa económico en torno a la recuperación de la soberanía monetaria. Hoy, más que nunca, es crucial entender la situación que nos envuelve para estar a la altura de las circunstancias. Es un ejercicio de responsabilidad. Entendamos la problemática que nos arrastra hacia la barbarie y actuemos en consecuencia.

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1 comentario de “La gran estafa de nuestros tiempos

  1. Pedro Fernández
    2 enero, 2015 at 23:52

    Interesante concepto el de democratitis. Sin duda, la izquierda necesita golpes para dejar de estar tan ensimismada y, en consecuencia, inoperante.
    Buen artículo, César.

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