El maleficio de las efes

Enriqueta de la Cruz

Escritora y periodista­

Aún no es julio aunque está subiendo la temperatura ¡y cómo! Lo digo porque creo que la ley mordaza a partir del próximo mes intentará tapar la boca de las redes sociales para que no se hable mal de ese señor y su corona (ay, me da vergüenza decir rey porque eso me recuerda que vivimos en un reino y se me vienen, inevitablemente, las imágenes de los dibujos animados de antaño con el soberano pasando por la trituradora a todos sus súbditos y esos recaudadores mandados para que se ensucien las manos por él; esos recaudadores de las pocas, escasísimas ganancias ajenas arrasando aldeas para que las princesitas se compren vestiditos y chorraditas y pillen marido para perpetuar la casta, que eso sí que es casta y de eso no hablan los “modernos”). Yo no uso twitter ni pienso que opinar sea malo, pero en fin, no es julio y no me gustan las mordazas. Y, desde luego, repudio el terrorismo. Y ¿qué me dicen del de arriba?, el que deja a las familias sin techo y a los jóvenes en un limbo y a los viejos muriendo desesperados, y a todos sin vida, amenazados, rotos.

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CC: Aristipo

Un querido y sabio profesor de los que dejan huella, Juan Pablo Ortega, hablaba en su magnífico libro “El largo combate de un viejo laicista” (Biblioteca Nueva) de las tres efes nefastas para la historia de España: “Bien puede decirse –decía- que este país ha sufrido un «maleficio de las efes», porque Felipe II, Fernando VII y Francisco Franco habrían sido, por su parte, jalones de una reacción constante y siempre triunfante”. Pues bien, otro vendrá que te superará. Felipe VI, por algunos llamado el breve, por otros el indeseado, corre el riesgo de pasar a la historia, tras la etapa ésta de la mascarara, no solo como el último rey absolutista español sino como la cuarta efe. Sí, estamos viviendo, sufriendo, un absolutismo de primera. Está claro, todo lo que moleste me lo quito de en medio y así no hay disenso, malestar visible, no hay quien me tosa y a otra cosa mariposa. No se ve, no existe. Me fastidian, me pitan, me quieren echar, pues que calle la murga. No hay contestación POSIBLE. Es el modelo.

Regreso del absolutismo y de la Inquisición porque, anda, como para hacer esos grabados de antaño poniendo de manifiesto a qué se dedicaban los borbones. Defectos muy feos, la verdad también los de ahora. Incluidos esos gestos de París. Valentía, bueno, si lo miras ha pisado las calles parisinas que dieron guillotina a sus antepasados. En Francia queda algún castillo con nombre Borbón, creo, pero si preguntas nadie quiere que los vuelvan a habitar. De visita muy bien, todos muy majos, pero los franceses son muy finos y ven el peligro de lejos, que nunca se sabe dónde va a exiliarse cada quien; por eso, y cuando llega la hora ponen, muy educaditos, la escoba del revés, seguro. ¿Pero homenajeando a los republicanos demócratas y libres, esos hombres de honor que representan a tantos otros y otras, víctimas de genocidio a quienes se cargó la conspiración monárquico-eclesiástica-oligárquica del 36, es decir, los suyos, como si no pasara nada? ¡Qué vergüenza! A Dios rogando y con el cinismo dando para el pelo a esos anestesiados súbditos suyos que critican por calles y plazas las mariscadas y demás que se pegan los políticos con sus sueldazos de vértigo, y que se ponen la venda para no tener que opinar de la guapa pareja, su prole y la familia entera que nos cuesta un ojo de la cara.

Mirada de niño bueno, aires de sencillo, imagen pulida de no romper un plato, blindaje, y a lo suave nos está colando todas en los momentos más chungos de corrupción general y de hasta corrupción en el Ejército bajo su mando, sin que, claro, mueva un dedo. ¿Qué sabe él de todo eso? ¡Por favor! El poder no se entera de nada desagradable, no habla de dinero, no habla de abusos, aquí no se roba, aquí no se viola, aquí no hay delitos porque si lo denuncias eres castigado con la expulsión, como el teniente Segura, como la teniente Zaida Cantera. De esas cosas no se habla en presencia del poder, que escuecen. Yo me pregunto: ¿hasta dónde llega el acoso?, ¿qué altos mandos están en capilla de denuncia?, es decir, ¿qué puestos en el escalafón ocupan algunos de los acosadores? ¿A quienes más afecta? Queremos saber, el pueblo bajo la bota del feudalismo rancio, de los de siempre, quiere saber. Está acojonado, bien es cierto, de momento ese pueblo que espera: primero intenta a ver si el coletas o cualquiera, con su discurso mono y de guay del paraguay consigue hacer la tortilla sin romper huevos, sin molestar a los de arriba en serio, con buen rollo frente a los del poder con cara de pocos amigos, como esa señora Lagarde de gesto congelado, robótico, que pontifica sobre las cuentas de Grecia… En fin… Pero se nos viene encima esa maldición de la letra “F” y un escenario pésimo, y es inevitable que despertemos de la pesadilla. En este momento de miseria moral y de miseria real, social, en esta situación de emergencia nacional con sueldos de princesas de a 8.000 se va a despertar y no muy tarde. “Yo los quiero esos euritos para pagar tratamientos médicos, para ayudar a los otros, para emprender (que soy muy emprendedora) -me dice una señora-, pero no es que los pido, ¡ojo!, es que lo pongo de manifiesto, que aquí tenemos que caber todos, repartir lo que hay sin tener que pasar por Cáritas o similares. Yo no quiero el vestidito usado de nanos o nanas, o como se llame esa marca de las princesitas para mis nietas, quiero que todos montemos en el metro como Carmena, o vayamos en bici o a pie, lo que haya; también Bono y, por supuesto, los borbones y la mujer de Sánchez cuando vaya de compritas con la señora Z de F, que creo que se conocen. Y no quiero que la comida que desperdicia la meta la Leti en táper y la dé a comedores sociales, y un día me la encuentre en algún acto a lo Evita Perón, que todo se andará, sino que lo que quiero es transparencia en sus gastos y auditorías y que se genere empleo para que cada uno se gane lo suyo”. Y es que hay señoras que te encuentras por ahí con un par. En fin, se va despertando.

Y otra persona, tras cabrearse pero mucho leyendo la entrevista reciente a Pablo en un diario on line, me dice mosqueada: “Me quedo con la bandera roja y le compro a Iglesias las carpetas con Bakunin, si le molestan y no las ha tirado. Ay, cómo me recuerda su discurso al que tan bien elaboraron sociólogos como Paramio para un PSOE encarnación de la Transición sin ruptura y lo demás, que ha dado los frutos que ha dado, mire usted. Su buen rollo es genial, me encanta, pero cómo me recuerda eso de no es lo que uno piense sino lo que se puede hacer políticamente a ese niño guapo de Felipe, el encantador de serpientes y su posibilismo. Cómo a eso de lo importante es que cace ratones, sea gato negro o blanco, de izquierda, de derecha… Pero si se hace, se hace y si no se hace, hijo, con dialoguitos no vas a convencer ni al FMI, ni a la Lagarde, ésa, lo siento, guapo. Por cierto, a mí me encantan Silvio y los profesores de izquierda, qué le vamos a hacer, ahora que soy hueso duro porque eso de viejuno y tal es lo mismo que no eres moderno de los sociólogos pro americanos del norte que diseñaron la primera Transi, y a mí no me la dan con queso, o sea, no me doy por excluida como quieren los de la guadaña de la horizontalidad tan vertical. Es bueno romper con las burocracias, con las moles de pesimismo y lo rancio que hay en cualquier parte; por cierto, en eso, toda la razón. Pero también es bueno que quien está en exposición pública con ansias de gobernar se acostumbre a que no le digan a todo que sí y a que no le dejen en paz, porque eso suena a cheque en blanco, a cada cuatro años, a soy el más listo de la clase y de listos estamos hasta el copete. No es menos cierto que tienen muy bien pillado el marketing político, eso sí, marketing para llegar con apariencia de sinceridad. Luego Dios dirá. Está muy estudiado hasta el franciscanismo, por supuesto, que está bien pero sin santos, por favor”.

“Bueno, pues en esa suma de todos, creo que también cabemos los que queremos opinar –sigue mi interlocutora-. Sumemos y no sólo a los que no me lleven la contraria ni me molesten en la senda de voy a por todas como sea. Está claro que reina la generación (con honrosas excepciones) del voy a por todas, una generación con poco margen al discurso duro, al análisis profundo y a las malas noticias. No, por favor, solo quiero oír cosas guays. Y muy escalar posiciones y no me junto con fracasados, es decir, acérquense solo los competitivos vocacionales, el mismo discurso de las empresas capitalistas depredadoras, vaya, el mismo estilo de lo que dicen combatir”.

Pero tranquilos ciudadanos, el marxismo no acabó porque escenificara Felipe González que reñía con él y renunciaba a “ese Satanás” al que jamás rezó, ni usted será el enterrador de la izquierda ni su neutralizante, porque no sé cómo decirlo para no resultar pesimista pero las cosas están jodidas de verdad de verdad y el sistema no da cosa alguna así como pidiéndoselo por favor, ni aún regalándole jueguecitos al señor de los tronos. Loach: El espíritu del 45, lo explica muy bien.

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