A la baja

Jen Valiente ||

Actriz, directora de escena y escritora salvadoreña ||

Usualmente tengo la capacidad de ver el mundo no solamente como es, sino como lo sueño, pero en las dos últimas semanas esa capacidad pareció agotarse.

El 15 de septiembre, día de la Independencia en El Salvador.

El 15 de septiembre, día de la Independencia en El Salvador.

En alguna ocasión he dicho que hacer teatro en El Salvador es una mezcla entre maratón y deporte extremo, a veces resulta en un golpe de realidad que te tira a la lona y escuchas el conteo hasta diez, mientras piensas si levantarte o no para el siguiente round.

El 15 de septiembre, día de la Independencia en El Salvador, es asueto nacional. Nuestro grupo aprovechó el día de asueto para desalojar el local en el que guardábamos nuestras cosas, realizábamos nuestros ensayos y los viernes acomodábamos una pequeña sala experimental para conversatorios y presentaciones teatrales.

Durante nuestros diez años de existencia nos hemos ocupado de hacer teatro, de generar espacios de encuentro entre artistas y entre artistas y público, de recibir a colegas de otras latitudes y de desarrollar presentaciones, en diferentes espacios alquilados en San Salvador.

Nunca es fácil pero este año, con “la austeridad” y los cambios políticos en las alcaldías, las ofertas de trabajo se fueron reduciendo y las que quedaban eran casi siempre solicitudes a “apoyar”, “colaborar” o “darse a conocer”, eufemismos todos de realizar nuestro trabajo sin cobrar, cosa que cada vez podíamos hacer menos, ante el enojo de los solicitantes que no alcanzaban a comprender que simplemente no podíamos pagar nuestro propio transporte para ir a presentarnos a sus actividades, sin recibir pago.

Y así las cosas, nos vimos de pronto pidiéndole extensiones de pago a la casera, sacando del dinero de la casa para continuar, hasta que tuvimos que aceptar que nuestro experimento de salita alternativa llegaba hasta allí. Luego de deshacernos de la mitad de nuestras cosas, empacamos diez años de aventuras, libros sobre teatro, vestuarios y escenografías, entregamos las llaves y dejamos nuestro último hogar teatral.

De pronto piensas que luego de diez años de lucha constante estás como al principio, de nuevo como un grupo de soñadores errantes, buscando un espacio para el próximo ensayo, para el próximo encuentro. De pronto te cansas. De pronto quieres quedarte un momentito en la lona, un momentito, lo necesario para recuperar el aliento.

Luego de dos semanas, luego de distribuir cajas en nuestras casas y departamentos, de ensayos en el espacio de 2 por 3 metros de mi sala, volvimos a escena porque como bien dice Roque (*) en su poema dedicado a la memoria de su amigo de lucha, Otto René Castillo.

“La lucha de los contrarios, pero…”

Las dificultades no se remontan
ayudándonos con una garrocha.

Las dificultades se rompen
con el pecho abierto.

Ellas también son como el aire de la mañana
que puede congelarte los pulmones, pero
¿acaso la tierra, el fuego, el agua,
te sirven para respirar?

Así que antes que el conteo llegue a diez, respiramos profundo, pensamos: ¡arriba, arriba! Y levantamos de nuevo los guantes. Así que nuevamente, en cualquier parte donde lleguemos, ¡Nos vemos en el teatro!

(*) Roque Dalton (1935-1975), poeta, ensayista, periodista, activista político, e intelectual salvadoreño, miembro del Partido Comunista, expulsado de El Salvador en 1961, exiliado en México, Checoeslovaquia y Cuba y, de regreso a su país, asesinado por una facción escindida el Ejército Revolucionario del Pueblo, tras un juicio sumarísimo en el que le acusaron de pertenecer a la CIA, a los 39 años (ndlr).

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