Marcos Ana en su 96 aniversario

Alba Peraleda ||

Periodista ||

El miércoles 20 de enero se celebró en la Casa de la Panadería, del Ayuntamiento de Madrid, un homenaje a Marcos Ana, con motivo de su 96 aniversario: Presentó el acto Javier Moreno, del Foro por la Memoria, que fue dando la palabra a los diferentes oradores: Jorge García Castaño, concejal del Ayuntamiento de Madrid, Willy Meyer, ex eurodiputado de IU, Luis María González, del Departamento confederal de Comunicación de CC.OO, el poeta Luis García Montero, Osman Vega, el editor chileno de Marcos Ana, y, por último, el propio Marcos, quien, .muy emocionado, pronunció unas sentidas palabras de agradecimiento y reafirmó una vez más su compromiso con la causa por la que siempre había luchado. El acto dio fin con un “Cumpleaños feliz” y la Internacional, cantados a coro por los numerosos asistentes.

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Todos los intervinientes coincidieron en resaltar el compromiso de Marcos Ana con los más débiles, con los “parias de la Tierra”, como dice la estrofa de la Internacional, su incansable lucha por la libertad y la democracia en España y su profundo sentido de la solidaridad con las víctimas de la injusticia y la opresión. Luis García Montero hizo asimismo hincapié en el Marcos Ana poeta, recitando algunos poemas tanto de Marcos Ana como suyos.

Marcos Ana, de su verdadero nombre Fernando Macarro Castillo, nació en 1920 en la aldea salmantina de San Vicente de Alconada, en el seno de una familia de campesinos pobres. Su militancia política lo llevó desde bien temprano a militar, primero, en las Juventudes Comunistas, más tarde JSU, y luego, en el Partido Comunista de España. Su alistamiento en el Ejército de la República durante la guerra civil lo pagó con 23 años en las cárceles franquistas, en donde entró con 19 años y de las que salió con 41.

En su libro Vale la pena luchar, publicado en 2013, Marcos Ana cuenta, en unas doscientas páginas y pico, su vida, empezando por su nacimiento en una familia de jornaleros del campo, Marcos y Ana, de los que adoptaría el nombre con que se le conoce, y siguiendo por su compromiso con la España republicana y su lucha por la libertad y contra el fascismo. Desde el final de la guerra, la vida de Marcos Ana fue un continuo peregrinar por diferentes cárceles franquistas: primero, el campo de Albatera, en Alicante, de donde logró escapar, y, luego, tras volver a ser apresado, su paso por la comisaría de la calle Castelló, y, después, la calle de Almagro, un “verdadero centro de tortura”, donde sufrió “palizas inhumanas”, nos cuenta en el citado relato, para ser trasladado más adelante a la cárcel de Porlier. Porque, en los 23 años que padeció de cautiverio, Marcos Ana conoció varias cárceles siniestras; tres en Madrid -además de Porlier, brevemente, Conde de Toreno y Alcalá de Henares-, Ocaña, en Toledo, y, por último, Burgos.

Además de las palizas, el hambre, los piojos, las enfermedades, y la angustia de pensar si el próximo sería su último amanecer. Porque en las numerosas “sacas” en las cárceles, podía tocarle a cualquiera que lo subieran a alguno de aquellos camiones que llevaban a los presos para fusilarlos. Marcos Ana recuerda cómo cada noche sacaban a un grupo de condenados. Los fusilamientos tenían lugar en un paredón en el cementerio del Este, hoy la Almudena. Durante aquellos años de terror franquista perecieron asesinados miles de personas. Cuando cesaron las sacas, no por eso terminaron las muertes. Se asesinaba a los presos de otra manera: dejando morir a los enfermos, no prestándoles la asistencia médica debida. Así murió el poeta Miguel Hernández y otros muchos. Marcos Ana nos relata en términos desgarradores las condiciones de vida en las cárceles franquistas. El corazón se nos encoge, sentimos un nudo en la garganta ante tanto dolor, tanto sufrimiento. ¿Cómo es posible tanto horror, tanta crueldad, tanta inhumanidad? Muchos no pudieron soportarlo y prefirieron quitarse la vida suicidándose, mientras que otros murieron de las heridas recibidas no curadas o incluso de inanición.

¿Cómo pudieron soportar tantos años en las cárceles franquistas los que se mantuvieron firmes hasta el final? Marcos Ana nos lo cuenta. Lo primero de todo, porque las ideas en las que creían les daban fuerzas para seguir adelante y no dejarse doblegar; en segundo lugar, porque en las cárceles se fueron creando, entre los presos político que compartían las mismas ideas, fuertes vínculos de compañerismo y solidaridad, que les daban ánimos para no hundirse; en tercer lugar, porque la solidaridad de las familias y amigos, una solidaridad no solo a nivel de toda España, sino a escala internacional, les ayudaba también a vencer el desaliento; y, por último, aunque no por ello menos importante, porque la cárcel se convirtió para muchos en una “Universidad”, en la que la lectura de los libros, camuflados de mil maneras, que circulaban de mano en mano en una especie de “biblioteca clandestina”, les fortalecían en sus ideas y convicciones revolucionarias.  Además, en el caso de Marcos Ana, la poesía que él mismo escribía, lo ayudó a soportar, a no dejarse llevar por el desaliento. La lectura de un poema como “Decidme cómo es un árbol” conmueve y emociona hasta lo más hondo.

Después de que Marcos Ana saliera de la cárcel de Burgos el 17 de noviembre de 1961, no tardó en irse a París, desde donde, viajando por todo el mundo, llevó a todos los rincones del planeta la voz de los presos en las cárceles franquistas y el llamamiento a la solidaridad internacional con la lucha del pueblo español por recuperar su libertad. En este sentido, la actividad de Marcos Ana fue fundamental. Hoy, a sus 96 años, no podemos sino decirle una vez más: Gracias, Marcos, muchas gracias por tu generosidad, por tu inestimable contribución a la causa de la libertad y la democracia en España.

 

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