Cataluña: De la estaca al estacazo

Eduardo Luque Guerrero* ||

Licenciado en Pedagogía y Psicopedagogía ||

“Somos servidores de la ley, a fin de poder ser libres”. Marco Tulio Cicerón.

Lo visto estos dos días en el Parlament de Cataluña provoca no sólo incredulidad o sonrojo, por la forma chapucera con que se ha realizado, sino preocupación. La violación de los procedimientos legales que aseguran los derechos de las minorías, como denunció Joan Coscubiela, rebaja la calidad democrática del Parlament de Cataluña al rango de república bananera. Pero no solo ha sido él, (Coscubiela), han sido también los servicios jurídicos del propio Parlament, el letrado mayor del Parlament, el Consell de Garantíes Estatutaries (organismo jurídico elegido por el ejecutivo y el Parlament) los que han alertado de la ilegalidad de las decisiones tomadas.

Poco importa; tanto el ejecutivo catalán como una parte importante de la ciudadanía, y eso es lo peligroso, son, en este momento histórico, impermeables al argumento. Si el sentimiento sustituye al debate de ideas la fractura social se amplificará más. Decía Salvador Espriu (poeta comprometido por las libertades nacionales de Cataluña) que: “Tots som esclaus de la llei, perquè poguem ser lliures”) Joan Coscubiela definía al President Puigdemont como un “hooligan” porque alentaba desde su escaño la violación de los principios legales más elementales. En este sentido, la falta de respeto por las minorías, la laminación de sus derechos convierte a la “derechona catalana” en gemela de la “derechona madrileña”.

El desconcierto en la izquierda política es similar al sindical. Esa izquierda política que debería actuar como contrapeso ideológico al discurso dominante ha claudicado en su responsabilidad.

El independentismo catalán se ha desnudado. Las primeras leyes de la nueva patria, filtradas por los medios, dibujan una nación de perfil autoritario e intransigente, sin nada que envidiar a las leyes represivas de Rajoy. El primer decreto promoverá la amnistía que, como todos sabemos, también servirá para librar de responsabilidades a aquellos que han saqueado Cataluña durante decenios. El segundo decreto permite al ejecutivo controlar directamente el poder judicial y al legislativo. El derecho de las minorías queda sometido a la imposición de una mayoría parlamentaria que no es mayoría social como demuestran las sucesivas elecciones. Todo ello envuelto en un clima de amenazas. No pagar a la Hacienda catalana implicará la sanción correspondiente. Los funcionarios habrán de ser afines a la causa (so pena de sanción). Se han elaborado listas de funcionarios, de jueces pro y contra-independencia, como señaló el exjuez Santi Vidal.

No ser afín a la causa, como indicó el otrora admirado Lluís Llach (que va camino de convertirse en el nuevo Torquemada) tendrá un precio. El antifranquismo del personaje ha dejado paso al antiespañolismo más carrinclón y zafio. Su canción L´estaca, la que fuera casi un himno antifranquista, ahora parece devenir en objeto de moralización obligatoria para todos aquellos que no comulguen con su credo nacionalista. El antaño cantautor progresista transmuta por mor del “procès” en perseguidor de disidencias; de cantar L´estaca vamos camino a recibir nuevos estacazos. ¡Todo sea por la nueva bandera y la nueva patria!

Asombra la postura de los sindicatos de ”clase” que, entre balbuceos, son incapaces de defender a sus propios afiliados de esas amenazas. Se asombran de que, a pesar del seguidismo del proceso de desconexión, sigan siendo vistos como parias del mismo. El coordinador del área pública de CCOO exclamaba hace pocas semanas de que “estamos recogiendo firmas del manifiesto y a favor del Referéndum y nos gritan “¡españolistas!”. No lo entendemos”. Abandonado desde hace decenios el análisis de la lucha social como un proceso de enfrentamiento de clases donde se incluía el hecho nacional; sustituida la lucha de clases por la vaga apelación al Estado opresor y al Estado oprimido; el paso siguiente, no queda otro, es dar apoyo al proceso de ruptura, incluido aquello de: “España ens roba” ¿Será que el resto de los trabajadores españoles, incluidos los afiliados de CCOO, son responsables de esta opresión y de este latrocinio? ¿Son, en definitiva, los trabajadores andaluces o extremeños enemigos de los trabajadores catalanes? Al perder de vista la relación explotadores y explotados todo queda supeditado a una vaga unión histórica con la derecha por salvar la nación.  Los análisis hechos por las fuerzas sindicales obvian que el movimiento independentista está dirigido, posiblemente, por la derecha más reaccionaria de todo el estado.

El problema catalán no es únicamente una cuestión de imaginario simbólico o de sentimiento identitario, que existe y ha de ser respetado, sino de reparto y de reestructuración de las formas de dominación. La pieza clave es la crisis del 2008. La política económica de las clases dirigentes catalanas coincide plenamente con las del resto del estado. No hay una burguesía “española” y otra “catalana” enfrentadas. Hace muchísimos años que las “pubillas catalanas” hijas de la burguesía comercial, emparentaban vía matrimonio con los hijos del latifundista castellano o andaluz. Los objetivos de las clases dominantes afincadas aquí o más allá del Ebro son los mismos: la apropiación del excedente producido por las clases explotadas; basándose en una reducción de costes especialmente de salarios directos e indirectos (beneficios sociales). La privatización de los servicios está tanto en la agenda madrileña como catalana que no duda, en pleno proceso de ruptura institucional, firmar con Rajoy la reforma laboral o la modificación constitucional que obligaba al pago de la deuda antes que cubrir los gastos sociales. El presidente Puigdemont ya ha prometido a las Pymes una segunda reforma laboral que empalidece a la de Rajoy.

Las consecuencias para la izquierda que pretende ser transformadora, ya lo estamos viendo, son su fragmentación, la disensión interna y la pérdida de militancia.

El desconcierto en la izquierda política es similar al sindical. Esa izquierda política que debería actuar como contrapeso ideológico al discurso dominante ha claudicado en su responsabilidad. No ha querido o no ha sabido anteponer al discurso “esencialista” un discurso antagónico fundamentado en la lucha contra los grandes responsables de la crisis económica y social que vive Cataluña y España. El debate sobre la autodeterminación, centro de todo el conflicto, no es sino una añagaza que oculta la lucha de sectores de la burguesía nacional e internacional por posicionarse en el nuevo escenario de la crisis económica. La izquierda ha caído en esa trampa y es en este momento incapaz de salir de ella. Líderes de la izquierda con un pasado irreprochable a sus espaldas, como Julio Anguita, se embarcan en discusiones bizantinas sobre el derecho a la autodeterminación, cuando lo que se precisa no son análisis jurídicos-semánticos, sino alternativas e ideas que orienten en este laberinto.

Las consecuencias para la izquierda que pretende ser transformadora, ya lo estamos viendo, son su fragmentación, la disensión interna y la pérdida de militancia. IU, de la mano de un personaje tan reprobado como Joan Jose Nuet, se ha convertido en irrelevante. El coordinador general de esta organización se ha desdicho tantas veces de lo dicho anteriormente que ha convertido su discurso político en un enigma digno de la esfinge. Podem Catalunya es otro ejemplo. Las luchas cainitas en su interior y la falta de propuesta política provocan una hemorragia de militancia que ningún torniquete puede restañar. La organización, en un futuro inmediato puede hallarse al borde de la irrelevancia política. Su principal líder, es ya un secreto a voces, coquetea con Esquerra Republicana de Cataluña. El personaje, hace un año por estas fechas, proponía que los círculos votarán si él debería asistir a la manifestación independentista o no. Más del 70% de los círculos votaron negativamente, pero Dante Fachin intervino en el acto pro independencia flanqueado por una “estelada”. Ahora, mientras habla de no reconocer el referéndum secesionista, participa de la mano de la CUP y Esquerra republicana en actos a favor del sí. La coherencia interna de esta dirección brilla por su ausencia. La que presumía de formas abiertas y asamblearias destila el más rancio politiqueo. Podem es en este momento un reino de taifas. Su dirección carece de propuesta política y organizativa más allá de los intereses personales. Podem es un pollo descabezado.

La deriva de esta organización ocasiona una brecha enorme en el proyecto político de Pablo Iglesias. Sin influencia en Cataluña no es posible plantearse “asaltar los cielos”; el apoyo escogido por los “morados” ha sido la formación de Ada Colau. “Els Comuns” arrastran también enormes indefiniciones. La posición críptica de esta formación frente al Referéndum se ve ahora profundamente cuestionada ¿Qué quiere decir Xavi Domenech con que apoyarán la movilización del 1-O? ¿Otro brindis al sol? ¿Alguna ocurrencia para salir del paso? ¿Qué movilización, la liderada por la derecha nacionalista que está al frente del procès, colocándonos en la práctica al lado del independentismo? ¿Cuál es el objetivo? ¿Cuál es la propuesta política que se ofrece? ¿Con que finalidad… para qué? ¿Pedirán los comunes en un futuro próximo otro referéndum sobre la independencia? Joan Coscubiela en su intervención hablaba del diputado “Rufian no sé”. Desgraciadamente no es sólo el diputado de ERC el que no sabe. “Els Comuns” tienen problemas similares. En esta organización no hay un coro armónico de voces, hay un guirigay, una cacofonía. Así el primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Gerardo Pisarrello, cuestiona a su propia alcaldesa y se posiciona con los independentistas, al mismo tiempo que Joan Coscubiela realiza una de las intervenciones más aplaudidas en años, mostrando como el independentismo catalán está dispuesto a violar los derechos de los diputados, que son los derechos de sus representados.

¿Y qué decir del abrazo de la CUP a los forajidos de cuello blanco que saquean el país y sin cuyo voto las tropelías que realizan no tendrían continuidad? En la disyuntiva “clase social o nación”, los “antisistema” optan, lo escribimos en otras ocasiones, por lo segundo. La CUP acaba defendiendo los intereses de esa burguesía corrupta, aliada del PP y del POSE durante treinta años, a la cual dice que es necesario combatir.

Hubo un tiempo en que la derecha catalanista prefería victimizarse mientras apoyaba al PP o al PSOE en el Parlamento madrileño. Esta situación ha representado durante tres décadas un pingüe negocio que ha permitido, con la aquiescencia de Madrid, repartirse negocios y corruptelas. Hemos de reconocer que han sido hábiles. Al contar con los medios de comunicación subvencionados, han inventado un relato donde los recortes y la falta de servicios son siempre responsabilidad de Madrid. En la práctica han controlado el poder político en el Estado porque sus votos eran imprescindibles para la gobernabilidad, aunque lo han usado, hoy lo sabemos, para lucrarse a costa del expolio catalán y español. La derecha nacionalista ha sido hábil explotando dos ideas fuerza: la primera ha sido el desprecio con tintes xenófobos hacia el inmigrante (del vago andaluz al aprovechado y caradura extremeño…) y en segundo lugar el victimismo.  De los 22000 millones se pasó al “Espanya ens roba” para acabar en: “La democracia de las urnas, frente a la intransigencia del Estado”.

Por definición todo nacionalismo sea español, catalán o responda al cantonalismo cartagenero, es excluyente. Se acentúan las diferencias respecto al “otro” porque se busca la homogeneidad social. Se pretende alcanzar el Paraíso del nuevo Estado, donde fluirán ríos de leche y de miel. Pero bajo una premisa: ha de ser fácil y no ha de implicar ningún riesgo. La lucha por la independencia en Cataluña carece de épica y es por ello que es poco creíble. A los funcionarios, a la ciudadanía catalana se le vendió el lema: “Es fácil: Independència”, ahora se choca de bruces con la realidad. Los primeros en salir huyendo han sido los propios miembros del ejecutivo. Frente al dilema, “Mi bolsillo o la patria”, han escogido lo primero. Todo el mundo comienza a tentarse la ropa. El ejecutivo catalán pretende hacer de los alcaldes y los funcionarios públicos el ariete de su desobediencia. El funcionario público, que ha de responder únicamente a la institución de la cuál procede su legitimidad, va a sentirse amenazado.

Los análisis hechos por las fuerzas sindicales obvian que el movimiento independentista está dirigido, posiblemente, por la derecha más reaccionaria de todo el Estado.

El gobierno catalán pretende acorralarlos entre dos supuestas legitimidades enfrentadas, Madrid y Barcelona. Todos, ciudadanos afines y no afines, funcionarios y políticos comienzan a percibir que el camino al “Referéndum nonato” no será un camino de rosas. Se hizo correr el bulo que el “procés” sería inocuo; unas cuantas marchas aquí, algunas recogidas de firmas allá, un poco de paciencia,  ¡… et voilà!. Por arte de birbiloque seriamos libres del estado opresor español. Sin apoyo internacional, con una mayoría social, que no parlamentaria, en contra se hace difícil creer en la viabilidad de la futura República catalana. Porque, en esencia, la ciudadanía catalana no quiere arriesgar nada. No hay compromiso social para asumir las acciones hasta sus últimas consecuencias. Oriol Junqueras habló hace tiempo de una Huelga General Política de una semana por la independencia. Fue tildado de loco por las mismas bases de Esquerra.

Los dirigentes políticos imputados hasta el momento, han dado una pobrísima imagen frente a los jueces. Los altaneros gallos cuando insuflan proclamas delante de los medios afines, se convierten en gatitos trémulos delante del tribunal. Muchos de estos dirigentes no han hecho otra cosa en la vida que actuar de políticos, y ahora ven con horror como su “modus vivendi” peligra.  Valoraron mal la posición de Rajoy (¡triste personaje que pasará a la historia por no hacer nada!), al PP no le interesaba ofrecer nada. El enroque en sus posiciones le permitía envolverse en la bandera y reafirmar su estatus de partido para todos los españoles. Lo propio hizo la “casta catalana”; se envolvió en la cuatribarrada, intentó tapar el saqueo que habían ejercido durante treinta años a su propio país y, en una continua huida hacia adelante, subieron una y otra vez la apuesta. Ahora estamos al final de esa pendiente y se acerca el desenlace.

Nos quieren hacer votar algo que ignoramos. ¿Cómo se quiere que sea el nuevo estado catalán? ¿Cómo se controlará el día 2 de octubre, las fronteras o el espacio aéreo? Esa es la pregunta del millón. No hay respuestas porque el independentismo sabe que no es viable. Mientras los Referéndums escocés o canadiense contaron con meses de debate social sobre  documentos elaborados y públicos, en Catalunya esa misma documentación, a la cual solo ha podido acceder un puñado de escogidos, se ha convertido en uno de los secretos mejor guardados. Se rehúye el debate porque sólo apelando al sentimiento ampliamente amplificado por los medios, es posible encontrar bases para la movilización social. La mayor parte de la sociedad catalana no ha desconectado del Estado “opresor”. Son demasiados años de historia conjunta, de vicisitudes comunes los que unen a unos y otros.

El Referéndum será “non nato”. El Estado tiene medios suficientes para ello. Estamos en la primera fase de la carrera electoral para las próximas elecciones autonómicas, donde se producirá el cambio o el recambio en los grupos dirigentes de la derecha catalana. ERC, que sabe nadar y guardar la ropa, se convertirá en el partido hegemónico de la derecha y habrá conseguido desgajar votantes de Podem, Els Comuns, la CUP y la antigua Convergencia. El objetivo de los de Junqueras & compañía será convertirse en un partido-estado hegemónico. El “problema catalán” no se resolverá el 1-0, se enquistará y permitirá repetir “ad nauseam” el mismo círculo victimista que asegure mantener las formas de dominación, aunque con otros actores.

Y mientras… ¿qué hay de la Izquierda? Otro día hablaremos.

*Eduardo Luque Guerrero perteneció a los Movimientos de renovación pedagógica del Vallés occidental (Barcelona), formó parte de las Brigadas de Solidaridad en Irak, Cuba y Siria y colabora con los refugiados palestinos. Es colaborador habitual de la revista El Viejo Topo y es autor de los libros Asalto a la educación, La reforma educativa del PP y Nos quieren tontos (El Viejo Topo).  

2 comentarios de “Cataluña: De la estaca al estacazo

  1. Clara Rivas
    18 septiembre, 2017 at 9:48

    Eduardo estas finisimo, un salut i Republicac

  2. teresa
    19 septiembre, 2017 at 11:34

    Teresa Galeote

    Estupendo articulo que comparto. Qué pena que no pueda compartirse en Facebook.

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