El papelón de Podemos en Cataluña

Ubaldo Plaza Requena* ||

Ex militante del PSUC ||

El papelón que ha hecho Podemos ante el golpe de Estado de la burguesía catalana en el Parlament, es de vergüenza. Hasta los cupidos le han echado rosas al impresentable Fachin, porque su intervención podría llegar de las filas de los golpistas perfectamente sin que se notaran diferencia alguna.

Lo que se presentaba como esperanza para las clases populares, resulta que queda para apoyar los delirios de la derecha corrupta de CDC y sus aliados. Por este camino no es que no se espera el necesitado sorpasso que regenere la vida política española, es que Podemos será irrelevante, si ante acontecimientos tan graves como los sucedidos en el Parlament, como anular a la oposición y por lo tanto la democracia parlamentaria, anular a la oposición como ha hecho caciquilmente Forcadell y sus jefes, poniéndose de perfil, cuando no ponerse al lado de los golpistas como ha hecho Fachin  y abstenerse ante el golpe de Estado de la derecha, no es de recibo en un partido que nació para las cuestiones sociales tan sangrantes que nos aquejan.  Una vez más, el nacionalismo contra el proletariado, que diría Marx.

Sí, la derecha, que no izquierda. ¿Alguien ha visto alguna vez a los de ERC junto a los trabajadores en un conflicto laboral defendiendo a los trabajadores? ¿Y los señoritos neofalangistas de la CUP? No se olvide que el mayor número de votos de estos señoritos que temporalmente juegan con  nuestro futuro, el de los catalanes principalmente, los obtuvieron en los barrios más ricos de Barcelona. No entre los trabajadores, que ni están ni se les espera. O sea, son la derecha con un discurso reventón y anticapitalista de boquilla. Por algo será que sólo tienen en su mente la idea reaccionaria que gusta a la burguesía depredadora, la del saqueo sanitario.

Como es incomprensible que ante la manipulación en la manifestación de duelo a los asesinados por el terrorismo, se digan que aquella propaganda muy bien orquestada, era “libertad de expresión“. Mucha gente tenemos muchas cosas que decir contra Rajoy y la monarquía, pero  no era precisamente el momento. Y ante eso no se puede ser contemporizador con estos señoritos, que sirven a sus amos de la derecha.

Podemos debe rectificar y mostrar una actitud firme, no retórica, cuando conviene, y en este caso era imprescindible, mostrarse firmes ante las amenazas de los golpistas. De no hacerlo, y me temo que no lo harán, oídos los discursos de sus dirigentes, lo dicho, serán poco a poco irrelevantes. Porque nunca como ahora era necesario que el secretario general de Podemos se mostrara como hombre de Estado. Ahora, que no quepa duda, muchos votos volverán con resignación a los socialistas y hasta a Ciudadanos.

El cuadro de ver cómo Sánchez y Rivera se reúnen  con Rajoy, ante el desafío contra los catalanes, que esa es la realidad,  de su burguesía corrupta, y la ausencia en la reunión del tercer partido de España, es patético.

¡Vergüenza, mucha vergüenza¡

Como catalán, siento vergüenza del patético espectáculo dado el 6 de septiembre en el Parlament, que pasará a la historia de la ignominia de la delincuencia política. Siento vergüenza ante una derecha catalana, incivilizada, trabucaire y delincuente, que, por sus ambiciones de casta –no tuvo el menor reparo en saquear la Sanidad Pública para enriquecer a la privada–, ya ni disimula su falta de ética. Una derecha, la misma que cuando le convino apoyó el golpe franquista, y se sintió comodísima con la dictadura, porque el dictador le garantizaba la brutal explotación de los trabajadores. La que le rendía pleitesía al caudillo cuando se acercaba a Cataluña. Toda ella perdía el culo para mostrar su adhesión con homenajes y otras parafernalias, como hacerlo alcalde honorífico de los ayuntamientos, los mismos que hoy incumplen ostentosamente la ley.

Y siento vergüenza por la pasividad y connivencia con esa burguesía nacionalista –la idea más reaccionaria posible– desde el gobierno español, que alimentaron cediendo a todo lo que estos insaciables depredadores  decían, desde el inefable González, Aznar y Zapatero, que en lugar de tener el bien común como meta, de todos los españoles, catalanes incluidos, prefirieron el pasteleo y el cortoplacismo por sus intereses personales o de partido, permitiendo que adoctrinaran durante más de tres décadas a los niños en las escuelas, sin querer enterarse. Hoy los lodos del fanatismo recuerdan aquellos polvos.

Y siento vergüenza de que el gobierno de Rajoy haya dejado que tomaran alas, desde el primer momento que llegó a la presidencia, con aquello de “es una algarabía“, que le mostró a los talibanes de la derecha nacionalista que podían hacer lo que quisieran, que él seguiría durmiendo, aceptando el butifarrendum del 9-N, habiendo prometido que aquella ilegalidad nunca se llevaría a cabo; y escudándose permanentemente en los tribunales, cosa que evidentemente hay que hacer, pero actuando con todas las armas políticas y legales del Estado, antes de que el delincuente considere que haga lo que haga no pasa nada, porque los principales protectores de la legalidad dejan hacer.

Y siento vergüenza ante el espectáculo dado por los que debieran ser los principales enemigos de la desigualdad que provoca esta burguesía, los Comunes, Podem o como se llame ese batiburrillo de independentistas colaboradores con la derecha, gente de buena fe, y arribistas, que en lugar de abandonar el Parlament cuando se iba a cometer la barbaridad que perpetraron, se mantuvieron sentados en sus escaños, validando de alguna manera el golpe fascistoide de la derecha, en lugar de abandonarlo como hicieron los otros grupos para mostrar su repulsa.

Y siento vergüenza de que no haya una izquierda en Cataluña con un discurso nítidamente social, que huya de la justificación de los desvaríos del nacionalismo, cayendo en sus redes, justificándolo, y no se entere de que ese camino ya lo recorrimos con el PSUC  y después con el inventado PSC por la misma burguesía, liquidado el primero por los colaboradores de la derecha en su dirección, y el segundo, que llegó a ser el mayoritario, hasta que los nacionalistas lo hicieron estallar en pedazos; muchos de los cuales hoy le hacen la ola a la derecha golpista desde los escaños de ésta y desde puertas giratorias. La nómina es apabullante.

Hoy, Cataluña ha dejado de ser una tierra segura. Porque, desde hace tiempo, todo el que no comulga con los planteamientos de los tres partidos de la derecha, CDC –que aunque le hayan cambiado el nombre son los mismos actores–, ERC, los cupidos y sus delirios decimonónicos, es un enemigo, un mal catalán, un facha. Y ya pueden ser los señalados gentes que cuando ellos cantaban el Cara al sol, o estaban en colegios caros, esos señalados como “malos patriotes”, estaban en la clandestinidad luchando contra la dictadura, eso carece de importancia.

Como dice en El Periódico, Enric Hernández, su director –también en el punto de mira de los talibanes– “Ojalá que el mundo no nos esté mirando“. Siento vergüenza de que nos estén mirando. Porque, sin duda, todos nos miran y deben pensar con asombro: ¿en qué galaxia viven estos catalanes?

La Chispa, jueves, 7 de septiembre de 2017.

 

*Ubaldo Plaza Requena (Guadix, 1945), granadino emigrado con 9 años con sus padres a Tarrasa, militó en el PSUC hasta 1983, año en que dejó la militancia por discrepancias con la dirección del partido de los comunistas catalanes “por su deriva nacionalista”. Es autor de los libros La memoria posible y La última batalla del viejo Julián.

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