Tragedia y farsa: el supremacismo secesionista catalán

Rodrigo Vázquez de Prada y Grande ||

Periodista. Director de Crónica Popular ||

No voy a parafrasear a Carlos Marx en su espléndido trabajo El 18 Brumario de Luis Bonaparte. Y no lo hago porque, en este caso, el del supremacismo secesionista catalán, no hay ni “grandes hechos” ni “grandes personajes de la Historia”. Tanto unos como otros son la expresión más deplorable del provincianismo de campanario de una parte de españoles. Los españoles que quieren dejar de serlo. Pero sí quiero recuperar esos dos sustantivos que tan lúcidamente emplea Marx, tragedia y farsa, para dejar en claro algunos de los elementos principales que conformaron el eje de la manifestación que, el pasado día 26 de agosto, recorrió las calles centrales de Barcelona, y del siguiente paso dado por quienes integran el supremacismo de nuevo cuño que gobierna Cataluña.

A muy corta distancia del Rey Felipe VI, un manifestante de ERC se colocaba frente al monarca portando una pancarta con un lema dirigido contra él: “Felipe, quien quiere la paz no trafica con armas”

Tragedia y farsa. Del comienzo al final. El 26 de agosto, tendría que haberse celebrado una manifestación de condena del atentado perpetrado el 17 por la célula yihadista de Ripoll en Las Ramblas de Barcelona y en Cambrils y de solidaridad con las víctimas: 15 muertos entonces (ahora ya son 16) y más de un centenar de heridos… Pero, olvidándose de la consternación general y del dolor provocado por el brutal atentado, de los asesinados y del homenaje que merecían, los supremacistas secesionistas catalanes quisieron convertirlo en una encerrona al Jefe del Estado y al gobierno de España y en una manifestación más en apoyo de la independencia de Cataluña… Del mismo modo que para un periodista amarillista la realidad no puede estropear un buen titular, para ellos el atentado, por sangriento y brutal que fuera, no podía sino ser aprovechado para sacar el máximo provecho en el marco de lo que llaman la desconexión

Las imágenes son concluyentes. A muy corta distancia del Rey Felipe VI, un manifestante de ERC se colocaba frente al monarca portando una pancarta con un lema dirigido contra él: “Felipe, quien quiere la paz no trafica con armas”. El envalentonado manifestante, cuyo nombre no merece la pena recordar, no era nuevo en la plaza. A mediados de 2016, su imagen había circulado profusamente por televisiones y periódicos y sigue apareciendo en Internet: fue uno de los anfitriones en Cataluña del ex dirigente de la organización terrorista ETA, condenado por pertenencia a banda armada, y actualmente secretario general de Bildu, Arnaldo Otegui; un siniestro personaje al que el peronista Pablo Iglesias y algunos de sus mentores califican de “hombre de paz”.

El sábado pasado, este manifestante no solo olvidaba a los asesinados días antes en la calle más emblemática de Barcelona y en Cambrils. Olvidaba también que la magnitud de esta masacre solo fue superada por el que provocó la bomba colocada el 19 de junio de 1987 en el centro comercial Hipercor, que dejó tras de sí un terrible saldo de 21 muertos y 45 heridos. Sus autores, comandos de la misma organización a la que perteneció su admirado Arnaldo Otegui, ETA, con la que, en febrero de 2004, el entonces líder de ERC, Jose Lluis Carod Rovira, había negociado para convertir a Cataluña en territorio libre de atentados…

Y, dejando a un lado el rechazo al atentado yihadista y a la solidaridad con las víctimas, en la manifestación primaron más las pancartas contra el Jefe del Estado y el presidente del Gobierno que contra los asesinatos. Al igual que en la pancarta del amigo de Otegui, sus lemas iban dirigidos contra Felipe VI y Mariano Rajoy, a los que se responsabilizaba de la venta de armas a Arabia saudí y a Qatar. Todo ello, además, acompañado de una suerte de banda sonora de pitadas y abucheos. Todo estaba previsto en el guión previamente elaborado.

Evidentemente, cualquier persona de izquierdas y otros muchos que no lo son es contraria a la fabricación y venta de armas. A Arabia Saudí y Qatar y a cualquier otro país. Y cualquier persona de izquierdas rechaza la buena relación que une a la Corona española con la monarquía saudí, una reminiscencia quizás de la “tradicional amistad hispano árabe” de tiempos pasados. Por eso sorprende hasta lo indecible el hecho contrastado de que, sin que la CUP y sus mariachis hubieran expresado nunca la más leve repulsa, Qatar haya sido desde 2008 el patrocinador más importante del Barcelona, ese equipo de fútbol que es “algo más que un club”: 171 millones de euros pagados por Qatar al Barcelona entre 2010 y 2016. La misma sorpresa causa que desde el infantilismo cupero nadie levante la voz contra los suculentos negocios del trotskista Jaime Roures, el magnate de Mediapro y La Sexta, precisamente con Qatar, Y, naturalmente, ha dejado estupefacto a quien la vió la fotografía de Iglesias Turrión, en plena manifestación, encantado de conocerse, como siempre, y posando para la Historia, con el embajador de Qatar en España, un día después de haber pedido que España revisara sus relaciones comerciales con este emirato y Arabia saudí.

Pero la supuesta responsabilidad de las dos más altas instituciones del Estado en la venta de armas no tenía nada que ver con la manifestación. Y, para más inri, los manifestantes olvidaban datos muy próximos a ellos de la fabricación de armamento en nuestro país, diseminada en todo el territorio, desde el País Vasco hasta Andalucía, pasando por Cataluña.

Porque, las armas también se fabrican en Cataluña. Según el informe del Centro Delàs por la Pau, de Justicia i Pau, titulado La industria militar, un deseo insatisfecho, publicado en 2013, la producción militar exclusivamente catalana ocupa a 478 personas, factura 124 millones de euros, aproximadamente, y está en manos de 35 compañías. Ninguna de éstas pertenece al Estado. La casi totalidad de empresas armamentistas españolas son privadas. La única de capital público, Navantia, construye, desde 2016, en el astillero gaditano de Puerto Real cinco fragatas militares para Arabia saudí, con el apoyo explícito del alcalde de Cádiz, el mundialmente famoso Kichi, autor de un tuit pleno de firmeza: “siempre con los trabajadores, siempre con el empleo”.

Y si las imágenes de la manifestación son concluyentes, las palabras no lo son menos. Algunas, perlas cultivadas de la peor especie que, a buen seguro, formarán parte de la Historia universal de la infamia. Entre ellas, las pronunciadas por el consejero de Interior de la Generalitat, cuyos modales y entonación corresponden más a un matón de barrio, cuando, al informar sobre los asesinados en el atentado, distinguió entre “dos catalanes y dos de nacionalidad española”. Desde luego, se ignora que hubiera preguntado a los asesinados si eran independentistas o no.

O las de Ada Colau, la alcaldesa barcelonesa, ex activista social hace todavía muy pocos años, con uniforme de abeja maya y con sueldo de 1.973 euros al mes pagado por el Ayuntamiento presidido por el convergente Xabier Trías. Para ella, las pitadas y abucheos al Rey y al jefe del Gobierno, una muestra de “la libertad de expresión de una sociedad plural como es la catalana”. Una “pluralidad” extraña y sorprendente en la que no caben los discrepantes del llamado “process” que, real y curiosamente, son más que quienes lo apoyan. Porque, por ejemplo, para dejar clara esta pluralidad, los “mossos de escuadra” pidieron que abandonaran la manifestación a los catalanes que portaban una pancarta en la que se leía España contra el terrorismo. Gracias, Majestad. Por su bien, para evitar males mayores…O, en fin, los gritos de “españoles no, refugiados sí” que otros muchos lanzaron en distintos tramos de la manifestación.

En resumen, imágenes y palabras no de rechazo del terrorismo y de solidaridad y memoria de los asesinados sino de odio a España y a los españoles como ingrediente principal del fundamentalismo secesionista fue lo que se dejó ver y oír en la manifestación del sábado, 26 de agosto, en las calles de Barcelona.

Y, como siguiente paso del supremacismo secesionista catalán, la presentación el lunes, 28 de agosto, en el Parlament, por parte de diputados de Junts pel Sí (PDeCAT y ERC) y la CUP, de la llamada Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República catalana. 89 artículos y tres disposiciones finales que permitiría la independencia de Cataluña automáticamente y la apertura de un proceso constituyente en el supuesto de que en el referéndum programado para el 1 de octubre venciera el Sí. Aunque, para cubrir todos los flancos, la misma ley prevé que el Parlamento catalán podrá declarar la independencia de Cataluña en el caso de que no llegara a celebrarse el referéndum ilegal…Otra expresión más del cinismo de quienes se llenan la boca de la palabra democracia y utilizan las instituciones democráticas para acabar con ella.

Entre otros de similar factura, destacan en este texto dos supuestos fundamentales que laminan, lisa y llanamente, la concepción de un Estado de Derecho. El primero, el nombramiento del presidente del Tribunal Supremo por el presidente de la Generalitat y el acceso a la carrera judicial mediante su selección por una comisión mixta en la que el Ejecutivo tendrá la mayoría absoluta de votos. De este modo, los redactores de este engendro con pretensiones jurídicas se ciscan literalmente en el principio de la separación de poderes. El segundo, la constitución de un Parlamento sujeto a instancias no electas: la cámara deberá obedecer al mandato vinculante que dicte un proceso de participación ciudadana, no elegido sino formado por entes similares a Omniun Cultural, la Assamblea Nacional. Una suerte de democracia orgánica…a la catalana que desprende un tufillo que tendríamos que haber hecho desaparecer de la vida política española.

Y todo esto edulcorado con una verborrea que no llega ni siquiera a leguleya. Para mayor escarnio de los principios democráticos que consagra la actual Constitución, el texto habla de dotar al proceso de independencia de seguridad jurídica. En palabras de un iluminado diputado de la CUP, de nombre Benet Salellas, conocido por haber defendido ante los tribunales a varios yihadistas, el planteamiento de esta ley supone “el fin del procesismo. Dinamita cualquier posible debate procesista, porque el escenario ya se ha fijado si gana el ‘sí…”

Evidentemente, tragedia y farsa. Cuarenta años después de la conquista de la democracia, tras otras cuatro décadas de dictadura franquista, estamos en presencia de uno de los mayores fraudes políticos de la historia española. El fraude político que dirige una burguesía corrupta y esquilmadora de las arcas del Estado y de la Sanidad y Educación del pueblo catalán, la de Pujol y Mas, antes con Convergencia y ahora con el PdCat. Una burguesía aliada con una ERC que, con sus delirios nacionalistas, ya boicoteó de hecho y gravemente a la segunda República española. Y espoleada por una falsa izquierda en la que se aúna el lumpen político del exiguo porcentaje de votos de las CUP y la irresponsabilidad de un extraño comunista convertido en supernacionalista, Joan Josep Nuet, coordinador general de Esquerra Unida i Alternativa (EUiA), la marca en Cataluña de la Izquierda Unida (IU) garzonita. Y todos ellos, en clara connivencia con el más rancio oportunismo político de Ada Colau y sus “comunes” y del peronismo caudillista de Iglesias Turrión.

Un conjunto de formaciones políticas vulneradoras de las reglas democráticas que surgieron del proceso de la Transición y se plasmaron en la Constitución de 1978, a las que alguien tan poco sospechoso de consevadurismo, como el ex secretario general del PCE, Francisco Frutos, califica en estas mismas páginas de golpistas de la democracia. Naturalmente, suscribo esta calificación.

3 comentarios de “Tragedia y farsa: el supremacismo secesionista catalán

  1. Jaime
    31 agosto, 2017 at 11:44

    Ojalá este artículo fuera difundido en toda la prensa porque pone los puntos sobre las íes.

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  2. Jordi
    1 septiembre, 2017 at 23:48

    Pues sí, enhorabuena a CRÓNICA POPULAR, el único medio de comunicación digital de izquierdas capaz de denunciar que el rey está desnudo. Pese a quien le pese, el catalanismo es un movimiento reaccionario, un nacionalismo de ricos con complejo de superioridad.

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  3. Jose Maria
    3 septiembre, 2017 at 16:28

    Acertado, sagaz y valiente enfoque del secesionismo.

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