Así no podemos

Aarón García Peña ||

Poeta.Presidente de la Agrupación de Retórica y Elocuencia del Ateneo de Madrid. Miembro del Patronato de la Fundación Internacional de Derechos Humanos ||

Soy radical: acudo diariamente a las raíces de mi infancia, a las pasiones de aquel niño de diez años, para no irme nunca por las ramas.

El nacionalismo es, históricamente, el enemigo de la izquierda. Aunque compartamos con el nacionalismo catalán la enemistad hacia el nacionalismo castellanista que derivó en franquismo, también es enemigo nuestro porque es nacionalista. Si la izquierda española, por locura transitoria, defiende ahora los principios nacionalistas; demuestra sufrir el síndrome de Estocolmo. No por ser antifranquista, se es aliado mío.

“Nación” significa, etimológicamente, “lugar de nacimiento”; y, por lo tanto, un nacionalista es quien hace exaltación de su lugar de nacimiento, mitifica su propio paritorio haciendo de él la prioridad política, subordinando la voluntad real del ciudadano a la supuesta voluntad del territorio como expresión directa del principio monárquico; pues los territorios españoles proceden de organizaciones monárquicas y señoríos feudales que también respondían ante un rey. Por el contrario, en una república no hay derechos territoriales sino derechos de ciudadanía: iguales en derechos, obligaciones y oportunidades; ciudadanos soberanos y libres de la voluntad suprema de los reyes, los terratenientes o la burguesía. Un nacionalista es quien piensa que lo suyo es bueno no por ser bueno sino por ser suyo; y un internacionalista identifica su nación, su paritorio, como la humanidad entera; alega no ser hijo de ni ningún lugar, de ninguna costumbre, de ningún idioma; sino de la especie humana con todas y cada una de sus diferencias.

El nacionalismo es de derechas. Tras la Segunda Revolución Industrial y la Revolución Francesa, y tras su consecuente victoria de la burguesía —ayudada por la calaña— sobre la nobleza y el clero, los burgueses esclavizaron a sus iguales con condiciones laborales abusivas; y éstos, hartos de dicha esclavitud, protagonizaron las revoluciones sociales del proletariado y de las filosofías socialista, comunista, anarquista.. ¿Qué hizo la burguesía para contrarrestar dichas revoluciones obreras? Alimentó el sentimiento nacionalista; y el obrero empuñó ese sentimiento como un cuchillo y lo hundió en su corazón.

La izquierda es, filosóficamente, internacionalista: no cree en el derecho de las regiones, las ciudades, los barrios o las comunidades de vecinos; no cree en la voluntad de ningún pueblo, cree sólo en el derecho y la voluntad de sus ciudadanos sin defender los privilegios de unos sobre otros por razón de nacimiento, raza o condición de ningún tipo. Normalmente son los ciudadanos ricos los que, amparándose en diferenciaciones culturales e históricas, quieren independizarse para no compartir su riqueza. Seguimos siendo torpes, compañeros. No se es demócrata permitiendo que los ricos privaticen las pocas propiedades del pobre, y no se es de izquierdas con valores nacionalistas.

Nadie que defienda la igualdad entre ciudadanos, debería sonrojarse. Sin embargo a mí sí me daría vergüenza autodenominarme “defensor de lo público” y tratar de privatizar el territorio a conveniencia. A mí me daría vergüenza autodenominarme progresista y tener, por ideología, un sustrato filosófico nacionalista. A mí me daría vergüenza autodenominarme de izquierdas y defender los intereses de la burguesía terrateniente. A mí me daría vergüenza autodenominarme republicano y supeditar la voluntad de los ciudadanos a la de los territorios. Mi calle no es mi calle por vivir en ella; soy de izquierdas: como el resto de españoles, comparto la propiedad de mi calle con todos los ciudadanos de Cataluña.

No estoy en contra de la independencia de Cataluña porque defienda como un acto de fe la aplicación de la ley y nuestra Carta Magna, pues hay leyes que nos privan de igualdad y son legítimamente combatibles. Estoy en contra de la independencia porque esta ley que los nacionalistas quebrantan es, precisamente entre todas y cada una de las restantes, la que garantiza la igualdad y libertad de todos los ciudadanos; y nada ni nadie tiene derecho a decidir sobre los derechos fundamentales de los demás con la intención de hacer de ellos hombres y mujeres desiguales.

Este problema de independentismo nacionalista de la mitad de los catalanes, sólo tiene una vía de solución argumentativa: la igualdad, la igualdad en la soberanía de todos los ciudadanos españoles para con la propiedad del territorio. En el Estado hay tres jefaturas. La Jefatura del Gobierno está en manos democráticas de un grupo político de derechas y, por lo tanto, carece de crédito cuando habla de igualdad porque la derecha no cree en la igualdad sino en los privilegios. Y la Jefatura del Estado y el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas no están aún democratizadas sino, por herencia, en propiedad privada; y, por lo tanto, no pueden hacer una defensa de la igualdad porque la familia Real está legislativamente privilegiada respecto del resto de familias españolas. Este problema histórico, origen de los principios monárquicos de los señoríos feudales, sólo puede resolverse con los principios del republicanismo ilustrado, esos que ha defendido la izquierda española desde sus orígenes. Pero, sin embargo, la izquierda, ya sea por necedad o nefasta estrategia política, no sólo no ha aprovechado sus propios principios para liderar la política española sino que, aunque parezca ininteligible, ha vuelto a escribir su propia historia con la sangre de la palabra “vergüenza”.

En toda Europa, tras la crisis iniciada en 2008, está habiendo un auge del nacionalismo en aquellos lugares que tienen una potente burguesía —”padre” del nacionalismo— y una precaria educación en derechos humanos y principios republicanos. En Cataluña hay un auge nacionalista, ahora que la derecha catalana ya no puede participar de los gobiernos centrales como en los últimos treinta años y beneficiarse económicamente, y ahora que todo nacionalista en España quiere que pasen desapercibidas las corrupciones de sus representantes públicos. El asunto es, como siempre sucede con los nacionalismos, muy preocupante; porque todo nacionalismo es base filosófica del fascismo.

Cuando el nacionalismo preocupa es porque ya ha empezado a evolucionar a fascismo. Ningún Golpe de Estado es pacífico. Modificar por la fuerza el orden constitucional es el empeño habitual de todo fascismo. ¿Cómo se resuelve un Golpe de Estado por razones de lugar de nacimiento o residencia? ¿Cómo se contrarrestan las mentiras permanentes contra la democracia si, al mismo tiempo, se disfrazan de ésta? Cambiando España: haciendo libres e iguales —sin privilegios territoriales ni culturales— a todos los españoles, modernizando este país hasta sus últimas consecuencias, institucionalizando todas sus culturas y aboliendo, definitivamente, la monarquía y sus principios que defienden la voluntad del territorio como una proyección de los antiguos reinos. Hay que sustituir las fronteras por la palabra “ciudadano”. La solución inicial a un problema de asimetría y desapego de los españoles como el que vive España, precisaría de una modificación profunda resumida de este modo:

1- Nacionalización de las jefaturas del Estado y el Ejército.
2- Modificación de la Ley Electoral: mismo valor de cada voto.
3- Derogación de los acuerdos con el Vaticano (país totalitario, absolutista y que tiene la desigualdad de género como embrión estructural)
4- Cooficialidad institucional absoluta de las distintas lenguas y otros rasgos culturales.
5- Iniciación escolar obligatoria en todas las lenguas del Estado para evitar el extrañamiento cultural generacional y permitir, sólo así, la cohesión social.
6- Derogación de los Tratados Internacionales que anteponen el pago de la deuda a los derechos fundamentales de los individuos.
7- Creación conjunta de una nueva simbología nacional que refleje nuestra realidad pluricultural y los principios republicanos de libertad, igualdad, solidaridad y unidad.
8- Ilegalización de la financiación privada de los partidos políticos y sindicatos.
9- Ilegalización de los partidos políticos con funcionamiento interno no democrático.
10- Ilegalización de los secretos de Estado de naturaleza no militar.

Al nacionalismo castellanista se le conoce, nunca falla: en España hay un demócrata de derechas por cada búfalo enamorado de una flauta. Pero la izquierda, ¡ay, la izquierda! En ocasiones veo partidos políticos suicidándose y, estando muerto, es muy difícil gobernar España. PODEMOS perdió toda posibilidad de encabezar un gobierno central alejándose del internacionalismo en este asunto de la territorialidad; y si continúa conspirando con una ideología enemiga terminará por perder, poco a poco, todo lo que conquistó de apoyo social, al menos las mayorías con las que ahora cuenta en la principales capitales de provincia. El problema de ser tonto es que, precisamente por serlo, no se sabe que se es: no se puede gobernar España hablando de ruptura territorial. Para no alcanzar ninguna cima, nuestros representantes de izquierdas son, en este asunto, el último peldaño: todos alfabetizados y ninguno parece comprender una palabra.

Por este asunto, por esta fraudulenta y egoísta interpretación de la expresión “derecho a decidir”, la izquierda ha regalado toda opción actual de alcanzar la Jefatura del Gobierno; y no hay conmoción más grande que seguir viendo a España, a consecuencia de este error espeluznante, gobernada por el franquismo sociológico. El derecho a decidir no es de un pueblo que, lejos de estar oprimido, es uno de los privilegiados del Estado español. Votar no es, en sí mismo, un ejercicio democrático; la democracia exige igualdad en el acceso al voto de todo ciudadano, y exige que la consecuencia de lo votado no incremente la desigualdad entre españoles.

Desprecio profundamente, me hiere como ninguna herida tuvo parecido origen, esta posición de PODEMOS porque, además, está apuntalando a la Monarquía, facilitando la exhibición del Rey de Felipe VI como garante de la unidad de España. No sé si llorar, llorar o llorar. Mientras la Jefatura del Estado y el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas continúan en manos privadas y se privatizan otros servicios públicos, nosotros colaboramos en la privatización del territorio. Torpeza, demasiada torpeza para ser —porque lo somos— personas tan inteligentes y formadas en principios humanistas.

Y es que toda derecha tiende a privatizarlo todo. El independentismo es un paso más en el proceso de privatización de la derecha; ahora “le toca el turno” al territorio. Privar a los españoles de la soberanía sobre su propio territorio, es un acto de xenofobia; pues, en el fondo ideológico de todo sustrato filosófico nacionalista, hay una base de odio que pretende expulsar al forastero, al extranjero, al que no vive junto a ellos. Pero la solidaridad no es una opción sino un principio irrenunciable de todo republicano. No hay un conflicto entre Cataluña y el resto de España, hay un conflicto entre unos pocos egoístas españoles y el resto de ciudadanos generosos en un Estado de Derecho.

En la medida de lo posible, según nuestro orgullo e ideología nos permitan, volvamos a la izquierda y recuperemos para ésta la palabra “España”, para hacer honores a quienes murieron porque fuera nuevamente democrática: leyes que garanticen los mismos derechos, las mismas obligaciones y oportunidades. Seamos valientes, españoles, no fuera a hacernos falta. Ojalá podamos nacionalizar, algún día próximo, toda la estructura del Estado; gritando al unísono los catalanes, vascos, murcianos, gallegos, castellanos, andaluces, cántabros, extremeños, madrileños y todo ciudadano independientemente de donde viva, escriba poesía o nazca… “¡Viva la Tercera República!”. Receta básica para que la izquierda vuelva a gobernar España: república, internacionalismo y unidad de España. Lo demás es lo de menos.

Como Dios y el Diablo, los nacionalistas se retroalimentan. Lo siento: soy ateo, no creo en ambos. Nacionalismo castellanista y nacionalismo catalanista: todo está bajo control… del enemigo. Aún me sigue sorprendiendo que España haya sobrevivido, durante tanto tiempo, a tantos españoles, a tantas torpezas existentes en la tierra.

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9 comentarios de “Así no podemos

  1. Emilio Porta
    20 octubre, 2017 at 14:14

    Espléndido artículo, pleno de inteligencia, cultura y lucidez. Desgraciadamente quizás ya es tarde para Podemos volver a ilusionar a todos aquellos que creyeron que sus prioridades estaban en la justicia social y en la fraternidad de todos los pueblos. El tremendo error de Pablo Iglesias ( y el cambiar sus concepciones fraternales e internacionalistas por el plato de lentejas de unos votos en Cataluña que, además, irían a Ada Colau, cuyas ambiciones políticas personales la actual dirección de Podemos alimenta ) ha destruido la ilusión de muchos que vieron en el 15M el comienzo de un nuevo modo de luchar por una España y un mundo mejor. Así no, efectivamente, así no. Hablar hoy de presos políticos…y pensar que con cartelitos se justifica el sueldo de diputado. Si levantara la cabeza Marcelino Camacho, por ejemplo. Convertirse en aliados de la corrupción del PdeCat, que es la misma que la del PP, en fín, servir de escuderos a la ignorancia y a la mentira, no solo destruye a la izquierda, sino que da alas a la derecha. Como se dice popularmente, queridos compañeros, habeis hecho, seguís haciendo, un pan como unas tortas. Ni la amistad entre algunos de vosotros ( Pablo, Xabi…) puede justificar la aberración que supone que la izquierda apoye, directa o indirectamente, los nacionalismos más trasnochados. Y la perversión de la palabra democracia… Hilter fue democráticamente elegido, con eso digo todo. En fín, cuando la democracia se convierte en memocracia dan ganas de llorar, sí, de llorar. Será dificil perdonar y olvidar la traición hecha a la Internacional. Yo, después de lo ocurrido, tendría vergüenza en entonarla. Y, triste, también, que Garzón calle y otorgue. Pobre PCE. A donde hemos llegado.Qué pena da todo.

  2. pepa fernandez miguel
    20 octubre, 2017 at 17:20

    El artículo de Aaron García Peña es ¡Genial! de una claridad de entendimiento para cualquiera,modo didáctico hasta las las últimas frases,muy importante todo lo que se dice en él.Te doy las gracias por haber conseguido mas de lo que pensabas.
    Y al comentario de Emilio Porta también estoy muy de acuerdo con lo que cuenta,ninguna mentira,pero lo mas penoso es que NO SE DAN CUENTA DE LO QUE SE AVECINA,si siguimos así.Mudos.

  3. Biel Seguí
    20 octubre, 2017 at 17:29

    Hola Aarón, m’agrada el teu article però el concepte de la unitat d’Espanya apareix de manera dogmàtica i sense cap explicació coherent. Només tendria sentit si Espanya fos el planeta Terra sencer. Però hi ha més països al món més enllà d’Espanya! I no pots acusar-los a tots d’esser nacionalistes pel fet de no formar part d’Espanya. No sé quins privilegis té Catalunya, ja n’ho explicaràs. Oblides que una part de Catalunya pertany a França, un altre estat supremacista com l’espanyol (encara que França sigui una república). A Catalunya no existeix cap sentiment supremacista dins de l’independentisme, sí en canvi a l’unionisme. La gent no se sent ni es vol sentir superior a ningú, només volen esser tractats amb respecte i igualtat. Una abraçada!

  4. 20 octubre, 2017 at 19:35

    Ser o no castellanos, ser personas o ser servidores de repúblicas, nacionalismos o gente que desea lo mejor para todos. El tema cantante es que hemos del ser gobernados o administrados, como queráis, el meollo de la cuestión es que cada uno de nosotros quiere lo mejor para si mismo y el circulo que le rodea, ¿os habéis fijado que en cualquier familia salen hijos diferentes? ¿ os habéis fijado que todos o una inmensa mayoría desea lo bueno? Qué sucede entonces? A qué tanto alboroto y tanta teoría cuando lo único sensato seria aceptar un mando normal , más o menos, y hasta que un sistema elegido nos haga pasar a otro mando mas o menos bueno ( el ideal no existe, ni democracia, ni república. ni navionalismos ni bobadas). Miremos a los que mejor les va, creo que es a los ingleses, con todos sus defectos, ellos votan y confían en el sistema, y cambian cuando los elegidos se desmandan. Acaso una republica con malos gobernantes es mejor o peor que una democracia también con malos gobernantes? Amigos mios, no creo que sea el sistema de gobierno, sino las ambiciones personales cuando no se es muy inteligente, porque si las personas están formadas y son inteligentes, no se podria pedir mas, ese seria el ideal. Nunca los listos que de cualquier modo aspiran a trepar y trepar, es algo humano, pero muy deficiente. Seamos mas sencillos y aceptemos un sistema a través del cual podamos elegir al más capaz, mas sabio y como consecuencia generoso, evitemos tanto teorizar y seamos más prácticos. Funcionemos ¿quizás como Inglaterra ? ¿Porqué no? Nadie esta libre de culpas, con algo tenemos que cargar, porque sabemos además que podemos cambiar de gobierno a su tiempo. El cambio de sistema, es posible, desde luego, pero ¿ a qué conduce? ¿Que simplifico? Pues si, me resulta de lo mas práctico. Las mujeres en general somos así. Lola

  5. PEDRO CASILLAS
    21 octubre, 2017 at 10:56

    Estupendo articulo, imaginemos la utopia y persigamosla ¿porque no? ; en el comportamiento de las formaciones politicas tiene mucha trascedencia el como son sus “dirigentes” que tendrian que ser sus “representantes” en el caso de Podemos Pablo condiciona los posicionamientos del grupo con su en mi opinion NARCISISMO, Mayusculo

  6. M. Jesus
    21 octubre, 2017 at 21:10

    El Sindrome de Estocolmo que padece la izquierda, es una frase de Carlos París muy acertada y dicha en este texto. A por la IIIRepublica: La solución más sensata e inteligente para la izquierda.

  7. remigio valencia
    22 octubre, 2017 at 3:57

    Pero esa ley que los nacionalistas quebrantan, y que defiendes, también garantiza la estabilidad de la corona.

  8. Emilio Porta
    24 octubre, 2017 at 12:43

    La solución de la izquierda debe ser algo muy elemental: ser de izquierdas en su programa, actitud, trabajo y logros. Personalmente pienso que, en estos momentos, es más importante la forma de gobierno y las medidas para la gente que la forma de estado. Ya sé que Aaron defiende la República y que este periódico la tiene como enseña. No hay duda donde teníamos que estar – o hubiéramos tenido que estar en 1936, ni tampoco cual es la forma más “democrática” de Estado. Pero la inteligencia pide atender las prioridades y no impedir que los árboles nos impidan ver el bosque. Hoy hace falta que cambie el gobierno. Y que los nacionalismos ( que son siempre de derechas, de la peor derecha, pese a que en el tema de Cataluña se disfrace por parte de Esquerra y la CUP,, pues el PdeCat o sea Convergencia, siempre ha sido el partido de la burguesía catalana, la más corrupta junto a la actual del PP) no cambien el fondo de la cuestión. Por cierto, para que cambie el gobierno, no hay actitud más poco inteligente que apoyar, directa o indirectamente como están haciendo Ada Colau y Pablo Iglesias, al nacionalismo catalán. Salvo que no les importe mucho el resto de España. La bajada en votos que ya ha tenido – y más que Podemos va a tener, aunque timidamente empiezan a hablar estos días de no estar con independentismo, algo tarde, evidentemente y, además, de un modo bastante poco claro – es consecuencia de una actitud ciega ante la realidad de un cambio profundo en toda España. Podemos y los nacionalimos no han hecho más que dar oxígeno al PP, que estaba en las últimas en España y gracias a esta ceguera han tenido un balón de oxígeno importante. En fín, es predicar en el desierto, pero, aparte de internacionalista, la verdadera izquierda debe ser inteligente. Y tener no solo altura de miras, sino profundidad de ellas. Y tener en el horizonte, no un puñado de votos, como dije en mi primer comentario, en Cataluña, sino intentar ser una alternativa en toda España. No sé si estamos a tiempo ya, pero el tema de Cataluña está haciendo mucho daño y más que a nadie. a los que creemos en el progreso y en una sociedad solidaria. Que es la bandera primera de la izquierda, más que actitudes suicidas coyunturales y contrarias al verdadero espíritu de tantos que han luchado por los que más lo necesitan, por la verdadera igualdad de derechos, libertad y solidaridad.

  9. Jordi
    24 octubre, 2017 at 19:19

    Biel Seguí, el catalanismo es supremacista por definición, se fundamenta en un supremacismo en su origen racial y luego transmutado en cultural frente al resto de España, y todo bajo el contexto de la prosperidad económica. El nacionalismo catalanista tiene su espejo en el nacionalismo padano del norte de Italia.

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