Cambiar el statu quo en Cataluña. Dos pasos para adelante y medio para atrás

Vicente Serrano ||

Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista. Miembro del Foro de las Izquierdas No Nacionalistas ||

El nacional-catalanismo está comiendo el terreno al Estado de derecho. Se lo está cargando en su cara, a pesar de las expresiones de frustración de la chiquillada cupaira.

La política en España ya no la marca ni el Gobierno de la Nación ni su Parlamento, se hace en el Parque de la Ciudadela de Barcelona. Pendientes de un mesiánico iluminado y de una horda aleccionada.

Aparentemente, ha dado un paso atrás pero es mentira no ha llegado ni a medio paso pues ha declarado la independencia en diferido, lo que le llaman la vía eslovena: aviso que me voy pero me quedo y, mientras tanto, voy construyendo el nuevo Estado.

Ha habido DUI y un intento de engañar a la ciudadanía llamando a una negociación con la argucia de una suspensión. Es un chantaje más: “Declaro la independencia pero estoy dispuesto al dialogo……. sobre cómo hacerla ejecutiva; no de como reinstaurar la democracia, y claro, si no dialogas la ejecuto igualmente”. Es la clásica escena de película hollywoodiense donde el mafioso apunta a su víctima con un arma y le conmina a entender por que lo matará, cosa que hará entienda la victima la causa o no; ese es el diálogo que reclama Puigdemont. Extraña paradoja en la que hagas lo que hagas (Estado) yo consigo lo que quiero (Secesionismo). Espiral calculada: Dos pasos para adelante y medio para atrás.

El Estado puede asumir el papel de víctima y aceptar un supuesto diálogo y algunos se frotarán las manos pensando que es la derrota del PP, y así será; el problema es que en el envite nos jugamos mucho más: La existencia del Estado de derecho en España.

Que esta situación se dé en estos momentos no es casual. Estamos instalados en una larga crisis económica y social conjugada con una crisis institucional a la que nos ha arrastrado una partitocracia corrupta en la que han participado todos los partidos beneficiados de un sistema electoral tramposo: PP y PSOE en el ámbito nacional y JxSi, con todas sus distintas marcas CiU, PDECat, ERC, en el autonómico catalán.

Todo ello alimentado con una desnaturalización de la izquierda, convertida en muleta del nacionalismo. Sólo faltaba escuchar al triunfito del Garzón recitar una versión mala de las tres ultimas estrofas de “Entre esos tipos y yo hay algo personal”: Garzón no perdió la ocasión de declarar públicamente su empeño /en propiciar un diálogo de franca distensión /que les permita hallar un marco previo /que garantice unas premisas mínimas /que faciliten crear los resortes /que impulsen un punto de partida sólido y capaz /de este a oeste y de sur a norte, /donde establecer las bases de un tratado de amistad /que contribuya a poner los cimientos /de una plataforma donde edificar /un hermoso futuro de amor y paz. ¡Qué heroicidad! acaba de certificar la defunción de Izquierda Unida.

¿Qué hacer?

No soy yo el que tiene que decir al gobierno de España lo que ha de hacer, pero me permito recomendarle no caer en falsos diálogos, usar la democracia y solo la democracia, pero toda la democracia, actuar como un hábil cirujano extirpando un tumor canceroso sin dañar ni poner en riesgo al paciente, que no es otra cosa que la ciudadanía. Es decir mano de hierro en guante de seda, evitando innecesarias concesiones a la violencia. Es hora de restituir la democracia constitucional, es decir el imperio de la ley. Y lo digo desde el compromiso republicano de cambiar y mejorar esta constitución.

Es evidente que de esta crisis serán las derechas identitarias las que obtendrán réditos electorales, pero ello es así debido a la innecesaria colaboración de las irresponsables izquierdas oficiales PSC/PSOE y Podemos y Comunes.

¿Que han de hacer las Izquierdas No Nacionalistas?

Promover el cambio del statu quo en Cataluña. Es hora del diálogo entre catalanes, ¡todos!. Ese cambio es poner en entredicho todo el entramado mental, ideológico y sociológico del nacional-catalanismo. Empezando por rechazar el concepto étnico que anida en las bases ideológicas del mismo. Poniendo a debate el sistema de sumersión lingüística y asimilación identitaria, reinstaurando una escuela y unos medios de comunicación públicos bilingües y plurales. Restableciendo una idea de Cataluña solidaria y diversa, más cercana a la realidad sociológica. Reivindicando una historia compartida con una visión sobre la misma crítica y científica. Poniendo las instituciones al servicio de toda la ciudadanía catalana, la más plural y diversa de España. Y eso significa reorientar los presupuestos a la redistribución de la riqueza, tanto respecto a las grandes injusticias sociales que existen en Cataluña como en toda España.

Otra Cataluña es posible y no es secesionista; es libre, igual y fraternal.

11 de octubre de 2017.

 

No somos fascistas, somos españoles

Ésta fue una de las consignas más coreadas en la manifestación del 8 de octubre, en Barcelona, y resume perfectamente el sentimiento de los que hemos participado. Es una consigna espontánea. Ha habido otras, con más o menos acierto, pero ésta es, por su sencillez y contundencia, toda una declaración de principios.

La vuelta de tuerca que inició el nacional-secesionismo el 6 y 7 de septiembre -con la aprobación de sendas leyes inconstitucionales, ilegales e ilegitimas- terminó, el 1 y 3 de octubre -con la pantomima del falso referéndum y el cierre “patronal” e institucional decretado por la Generalitat- de colmar el vaso de la paciencia de la mayoría de los catalanes, esos que no comulgan con el nacional-catalanismo.

La manifestación del 8 de octubre fue oportuna y necesaria para que se canalizara el descontento de los que estamos hartos del insaciable nacionalismo que sufrimos en estas tierras catalanas. Para dejar claro que no queremos que nos rompan, ni troceen España.

La izquierda oficial, como siempre presa de sus propias incongruencias, no ha hecho lo que debería haber hecho: Estar presente y enarbolar la bandera de la igualdad entre todos los ciudadanos. A los de Colau y podemitas ni se les ha ocurrido que la mayoría de los manifestantes, la mayoría, son de clases sociales populares, los que más sufren los recortes del gobierno del PP. Ese que sí ha sabido capitalizar, incluso con descaro, los réditos de esta manifestación. El PSC se asomó tímidamente y medio salva la cara con la presencia de Borrell que no tuvo dudas e hizo un discurso muy aplaudido, claro y cercano.

Yo y aquellos que nos declaramos de Izquierdas y No Nacionalistas hemos estado magníficamente representados por Carlos Jiménez Villarejo que, con la palabra justa y breve, ha descrito la estafa de la camarilla que ocupa el palacio de la Generalitat.

Los timoratos de izquierda que se han quedado en casa creyendo que esto iba de nacionalismo español contra nacionalismo catalán no han entendido nada. Yo que soy republicano, y llevaba mi bandera republicana, me he sentido muy cómodo con los miles y miles de banderas españolas constitucionales y de senyeras. No había una confrontación entre monarquía y república, la bandera constitucional era una bandera de rebeldía contra el nacionalismo intransigente. Era un día de defensa de la democracia frente al totalitarismo.

A mí, como miembro del Foro de las Izquierdas No Nacionalistas, me tocaba ir en la segunda cabecera, ahí nadie se dio codazos por ocupar un puesto. Sin embargo, en la primera cabecera los partidos (PP Y Ciudadanos) no respetaron los puestos asignados y acapararon en tromba dicha cabecera. Eso unido a la habitual estrategia de la prensa de buscar caras conocidas puede hacer ver, sobre todo en los medios, que allí todo el mundo era pepero o de “Ciudadanos”, pero es una falsedad. Puedo decir que había mucha gente de izquierda o gente que directamente se autodefinía de “apolítica”. (No era hoy un día para debatir si es posible ser apolítico)

El 8 de octubre de 2017, será un punto de inflexión, será un día histórico. A partir de ahora los voceros secesionistas ya no podrán hablar en nombre de los catalanes, no podrán hablar de los catalanes como algo homogéneo, no podrán ser los intérpretes del sentimiento del “pueblo catalán”. Cuando reclamen que Cataluña es una nación habrá que contestarles que no es cierto, que, en verdad, en Cataluña, como mínimo, hay dos naciones. Eso sería así si aceptásemos su concepto étnico de nación, que no es el caso. La nación política es España, por eso gritábamos “Nos somos fascistas, somos españoles”

 

8 de octubre de 2017

Nou Barris. Barcelona. 8 de octubre de 2017.

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