El independentismo catalán es cosa de ricos. Las bases sociales del soberanismo*

David Ruiz ||

Historiador. Catedrático emérito de la Universidad de Oviedo ||

Así lo refleja una encuesta realizada a 1.500 personas por el CEO, Centro d´Estudis d´Opinió de la Generalitat, y recientemente difundida. Según la cual nada menos que el 54 % de los que declararon ingresos superiores a 4.000 euros mensuales y una parte del 34% que optaron por no declararlos en la entrevista a la que fueron sometidos por los encuestadores, apostarían por la independencia de Cataluña.

Atención también a otros datos que ayudan a perfilar el nivel social de los promotores e implicados en la insurrección del 1-0: solo la rechazarían una mayoría muy ajustada de los funcionarios públicos, el 59% de los parados y el 52% de los jubilados.

Dado que además de la renta familiar y la situación laboral la encuesta ha indagado sobre el grado de catalanidad de los encuestados, este estudio probablemente se convierta en una de las últimas aportaciones de la Generalitat presidida por el Partido Democrático de Cataluña para saber más del país que pretenden independizar. ¿Tomará nota el CIS, Centro de Investigaciones Sociológicas del Estado, para aprender más del españolismo radicalizado bajo el actual gobierno del Partido Popular?

Dos partidos hermanos, uno nacido en Madrid y el otro en Barcelona, con pasados compartidos en el ejercicio del poder que les brindó a ambos la posibilidad de corromperse cada uno por su lado sin pagar por ello, han logrado cada uno a su manera no solo beneficiar a los suyos en las políticas de recortes sociales del Estado del bienestar al que por vez primera habían llegado España y Cataluña.

También -y este es el logro más exitoso de ambos partidos- han sido capaces de despertar y radicalizar los respectivos sentimientos nacionalistas, españolismo y catalanismo, del letargo en que estuvieron sumidos durante las últimas décadas a raíz de la llegada de la modernización democrática a España y Cataluña al finalizar la dictadura franquista.

En fin, que tras el degradante espectáculo ofrecido por los dos nacionalismos radicalizados el 1 de octubre de 2017, toca reiniciar de nuevo la función. Y empezar la negociación con otros protagonistas, obviamente.

*La Nueva España. Oviedo, 4 de octubre de 2017.

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