Los pijos al asalto del Palacio de Otoño

Pasqual Esbrí ||

Historiador ||

Los que ya tenemos unos años recordamos, entre las películas que en los años 70 del siglo pasado nos hacían confiar en un futuro muy diferente para Europa, el film de Elio Petri La clase operaia ira en paradiso (La clase obrera irá al paraíso). A juzgar por lo visto el 3 de octubre en Barcelona, ya había llegado ese “paraíso”. De otra forma no puedo entender cómo la huelga, o paro, o lo que sea, de esa fecha, fue supuestamente extendido gracias a piquetes “proletarios” montados en motos de importante cilindrada. Tiene total razón Rajoy. La crisis se ha superado y los mileuristas ya disponen del suficiente dinero en exceso como para procurarse tal tipo de vehículos.

El film de Elio Petri La clase operaia ira en paradiso (La clase obrera irá al paraíso)

Por supuesto, estoy ironizando, porque los moteros no eran otra cosa que una buena representación de toda la pijería de la parte alta de Barcelona. Vestidos elegantemente, con sus cascos de diseño, y la correspondiente pija, o pijo adicional, detrás, se cansaron de recorrer Barcelona, consumiendo sin problemas litros de gasolina pagada generosamente por sus papás. Papás que empezaban a estar seriamente preocupados ante el empecinamiento de Puigdemont en llevar su charlotada hasta el último extremo. En realidad dichos niños bien hicieron poco más que polucionar, tanto acústicamente, como emitiendo partículas de plomo. Ellos, tan preocupados por el cambio climático, que les altera el bronceado.

A fuer de sincero debo decir que vi algún conato de forzar el cierre de un centro comercial, pero ante la presencia de dos fornidos “seguratas”, decidieron postergar para otro momento su acción “revolucionaria”. Es muy probable que al cabo de una semana esos revolucionarios de pacotilla no fueran tan decididos en sus acciones. Al fin y al cabo, es posible que los “viejos” de bastantes de ellos se sienten en consejos de administración de esas empresas que han decidido hacer las maletas, incluso con su aquiescencia. ¡Si hasta el matrimonio Hortalà-Vallvé, protectores de Omnium, con pedigrí ERC, se ha apresurado a desplazar su Gaesco a lugar seguro!

Pero los pijos no estaban solos. Dos sindicatos, supuestamente anarquistas, CNT y CGT, habían decidido declarar una huelga general como lacayos objetivos de la oligarquía catalana. No me gusta evocar a los muertos, pero no puedo menos que pensar en Buenaventura Durruti. Rememoremos. El 6 de octubre de 1934, en una situación con demasiadas analogías con la actual, mientras la UGT chaqueteaba con la performance, la CNT negó su apoyo al acto de sedición, ya que a lo que aspiraba era a la revolución social.

Para acabar de completar el elenco, tuvimos las organizaciones catalanas de CCOO y UGT, la última en manos de un antiguo militante de ERC, e independentista declarado, Camil Ros. Bueno, como mínimo él es algo, porque su homólogo de CCOO, Javier Pacheco, dudo que acumule la suficiente materia gris para saber qué quiere ser de mayor. Y recordemos que la secretaría nacional de CCOO le ha dado ya, en menos de un mes, dos “avisos”. Si no voy errado, en lo que se llama el “arte de Cúchares”, al tercer aviso, al toro lo mandan al corral, para vergüenza del torero. En este caso, el “toril” del tal Pacheco va a ser aplicarle una versión, particular del sindicato, del famoso artículo 155. Y, si no, al tiempo.

Ros lo tiene más fácil. No veo al escurridizo Pepe Álvarez (cuando estaba en Cataluña se hacía llamar “Josep Maria”) con la misma voluntad que tiene Unai Sordo de poner los puntos sobre las íes.

La irresponsabilidad de todos esos compañeros de viaje de la pijería, durante la jornada de huelga, fue y es tremenda. O son unos perfectos imbéciles, o han asumido totalmente su papel cómplice en situar a Puigdemont y compañía en la rampa de lanzamiento hacia el desastre total. El 7 de octubre de 1934 un ilustre militar catalán, el general Domingo Batet, fusilado tres años después por orden expresa de Franco, rindió a los facciosos a cañonazos. Se admiten apuestas de cómo va a acabar la más que probable rebelión en marcha.

Y no voy a extenderme con respecto a los Comunes, colauistas y demás, que completan el triste espectáculo de socialchovinismo que está dando una gran parte de la izquierda catalana, supuestamente mucha de ella de raíz comunista, a un mes del centenario de la Revolución de Octubre que, con todos sus errores, sentó los principios más claros de internacionalismo que ha habido a lo largo de la historia.

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