Lo que falta frente al secesionismo: saber comunicar la política

Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye ||

Abogado y escritor ||

Los secesionistas comunican diez veces mejor que el gobierno español. Entregado al ceremonial jurídico y judicial, al gobierno de Madrid se le ha olvidado persuadir, convencer, explicar.

El pueblo entiende poco de leyes, pero entiende de imágenes. Un policía antidisturbios pesa más que todos los argumentos jurídicos. Ya se ha dicho hace más de sesenta años que el medio es el mensaje.

Esto es como la publicidad: no basta con fabricar el mejor producto, se necesita que la gente lo compre.

Y este gobierno de abogados del Estado, de registradores de la propiedad, de funcionarios de  encumbrados cuerpos, no lo entiende. ¿Hay algún político en la sala? Podemos entender el deber de reserva de los funcionarios, el respeto debido a las decisiones judiciales, por más discutibles que sean, pero eso no está reñido con la persuasión. El Derecho no se vende solo, para eso está la política y sus profesionales, que deberían ser los ministros y los diputados.

La actitud del gobierno, de Rajoy, de Santamaría (que parecen decir, “el Estado soy yo”, como Luis XIV) me recuerda tantos pleitos en los que el demandante, aunque tiene razón, los termina perdiendo por pura soberbia, por pura arrogancia. Como está convencido de que tiene razón, no se molesta en demostrarla, en aportar pruebas bien fundadas, en trabajar, y al final no convence al juez y pierde su causa.

El político, el líder, ha de construir el consenso, como decía en 1922 el clásico experto de la política y la opinión pública, el periodista norteamericano Walter Lippmann. Y debe usar todas las armas y medios de comunicación legítimos, sea la publicidad, las relaciones públicas o la propaganda.

Propaganda parece un concepto peyorativo, y no es así necesariamente. La propaganda democrática es perfectamente legítima. Es, efectivamente, un arma ejecutora de una política, y como toda arma, depende de cómo se use, por quién, y con qué condiciones. Y es ahora necesaria para contrarrestar las manipulaciones históricas, las falsedades que propagan, precisamente, los secesionistas catalanes. La propaganda política ha sido denostada porque se la ha considerado, con bastante razón, un arma de los gobiernos autoritarios. Pero no es tan simple. Los miembros del gobierno podrían leer el clásico manual de Edward Bernays titulado, precisamente, Propaganda, ¡que es de 1928!

La guerra psicológica siempre se ha utilizado y los secesionistas  la manejan muy bien. Y también hablan idiomas, francés, inglés, y yo he escuchado el inglés de Dastis y me ha dado vergüenza ajena.

Es tremendo el formalismo hierático y suficiente de las conferencias de prensa tras los Consejos de Ministros. No dicen nada más que lo obvio, argumentos básicamente inútiles desde el punto de vista de la comunicación. Es más, a menudo son hasta contraproducentes. Son una especie de homilías y sermones que entran por un oído y salen por el otro. Hay que hablar para los no convencidos, para los dubitativos, incluso para los adversarios. Señor Rajoy, hable para todos los  catalanes y no solamente para los unionistas o para los madrileños.

Pero los políticos españoles están tan acostumbrados a los mítines a los que solo van sus militantes, en los que los aplausos suenan como los de esas series televisivas con risas grabadas de antemano. Los políticos españoles no están acostumbrados a hablar para los otros, para los que hay que convencer. En ese sentido, el discurso plano, obvio, de Rajoy, no es precisamente una buena forma de convencer. Ni la histeria de alguna ministra, algo repipi y marisabidilla, amenazando con el peso de la ley cada dos por tres. A ver si les va a tener que decir algún Unamuno actual eso de que vencéis pero no convencéis. ¿Por qué no se les ocurre ejercer la política en vez de tirar sólo de reglamentos y leyes?

Es una ingenuidad pensar que la verdad política es la verdad. La verdad política es lo que el pueblo piensa, percibe, no necesariamente la verdad. Desde hace muchos años, ante la pasividad, impasibilidad e indolencia del gobierno, el mensaje secesionista ha ido calando. España no le roba a Cataluña, pero la mayoría de los catalanes, incluso los no independentistas, así lo creen. La percepción es lo que importa. Y para persuadir hay que informar, comunicar, no chillar agitando solamente medidas judiciales, reglamentos y fuerzas policiales. Así, no, hay que hacer política y saber comunicarla por todos los medios, y no sólo a base de 140 letras.

El gobierno español está perdiendo el momentum, la tensión eléctrica la dirigen los secesionistas. Y, encima, en Madrid se quejan de la prensa, pero como dijo el político conservador Enoch Powell, “un político que se queja de la prensa es como un marino que se quejase del mar”.

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