Sacar a la izquierda de una retórica inutil

Francisco Frutos Gras ||

Ex Secretario general del PCE ||

El nacionalismo identitario independentista es eficaz en vender un relato falseado que, objetivamente, cumple una función doble: empuja y refuerza a la derecha, tanto a la catalana como a la española, esconde o liquida los verdaderos problemas colectivos, y degrada y desactiva a la izquierda.

Y, así, las tesis y programas económicos y políticos de la derecha se diluyen y confunden en los de la otrora izquierda, que, aunque continúa manteniendo un lenguaje retórico de izquierdas, hasta “marxista y leninista”, en la práctica sacrifica progresivamente lo que, a trancas y barrancas, con aciertos y errores, era su propio proyecto democrático, republicano y socialista, y va a beber en las aguas corrompidas del fin de las ideologías, del pragmatismo sin principios o de la claudicación en nombre de la “modernidad”  de las ideas frente a los marxismos y socialismos caducados.

Mientras, el nacionalismo identitario, o  racista en muchos casos, siendo una minoría social ha ido construyendo su “identidad” política convirtiéndola en sentimiento histórico” de una parte importante de la ciudadanía, hoy en Catalunya, o en Euzkadi, o en Andalucía de forma diferente, o en León en relación a Castilla, o en…, vean ustedes mismos.

Una disgregación del pensamiento de la “izquierda” actual en un asunto tan importante como es construir, fortalecer y desarrollar una conciencia colectiva política, lleva inexorablemente a  contribuir,  por acción u omisión, a la dispersión en nuevos taifatos. Algo que coincide con el auge politico y electoral del pensamiento más reaccionario y de extrema derecha en Europa.

Cada día encuentro más estrambótico que personas mayores, se entiende con uso de razón, se crean un solo instante a Puigdemont y a su corte de derrochadores, no sólo porque representan el pasado, la división racista que no de clase y la inseguridad, sino porque su inconmensurable cretinidad es para formar parte de un espectáculo de carnaval de feria barata, no de la excelencia de los carnavales de Cádiz, por supuesto.

Ya sé que las emisoras del “régimen”, TV3, Catalunya Radio, o RAC1, hacen un gran trabajo de narcotización sectaria del personal distraído, del creyente de milongas, o del no fiable éticamente; y que Marta Rovira les encandila, al decir sus bufonadas cada vez más gordas para esconder su mendicidad dialéctica. Pero, a pesar de todo ello y de más cosas, las personas mayores no deberían tragarse trolas cada vez más gordas e increíbles.

Es también cierto que la inexistencia de una izquierda real que contribuya a despejar el panorama frente a un relato fraudulento y sitúe la realidad de las cosas para que la gente sea crítica y opine, ayuda a mantener la ficción y la mentira.

Para hacer frente a la situación y que no nos arrollen un poco más los hechos, es imprescindible lo que podríamos llamar un profundo “regeneracionismo republicano”  en la línea del que hubo en la Segunda República Española. Un regeneracionismo que  situó a ésta como una República de trabajadores, potenciando las rentas del trabajo frente a las rentas del dinero, con impulso a la democracia, a la educación y a la cultura, que empezara a situar el inicio de la igualdad de derechos entre la mujer y el hombre, defensora de la paz, descentralizada política y administrativamente para un mejor funcionamiento en lo necesario, pero integral como República de todos y todas; por tanto, con igualdad y  justicia colectiva, independientemente del lugar o región en que se habitara.

Y es en esa perspectiva que la izquierda que no abdica de serlo debe construir su  verdadero “sentimiento democrático y de clase, no excluyente, ni supremacista y puramente “emocional” en el sentido más burdo, sino construido desde la educación, la política, y la mejor y más amplia comunicación para conocer como se hacen las cosas y compartir experiencias.

Los comunistas, algunos de los cuales nos reuniremos otra vez el sábado 2 en Madrid, buscando y trabajando para el encuentro y unidad de todos los que lo sean, o quieran serlo, sin avergonzarse de ello, debemos ser los máximos impulsores de la recuperación de un pensamiento y de una práctica de izquierdas, consecuente con los principios, valores y prácticas enraizadas en un comportamiento humano y social ético, solidario e internacionalista.

(Miércoles, 29 de Noviembre de 2017).

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