Atrapados en la AP-6: la soberanía de la emergencia

Antonio García Orejana ||

Profesor y escritor ||

Como afectado del atasco monumental del sábado 6 de enero en la AP-61 primero y en la AP-6 después, tras haber pasado desde las 17,30 hasta la 01,25 horas del día siguiente, en hacer el trayecto entre Segovia y Madrid, y después de haber descansado lo suficiente como para no precipitarme en mis opiniones sobre lo acontecido quiero hacer algunas reflexiones.

Mi primera reflexión es política en el sentido más amplio de la palabra. En este país de banderas en los balcones para captar, cada parte, votos fáciles ligados a las emociones y ajenos a los pensamientos, es hora de que aparezcan las ideas: menos banderas y más ideas. Estamos en el siglo XXI y conceptos como patria, nación, Estado y lo que condiciona todo: soberanía, deberían ser puestos al día.

En un mundo donde la economía y los capitales han eliminado todas las barreras y campan a sus anchas como los poderes en la sombra de todos los países del planeta, es hora de reflexionar sobre conceptos que se han quedado obsoletos en la penumbra del siglo XIX. El concepto de soberanía y la capacidad de decidir, sobre el qué y con quiénes, es urgente definir y clarificar.

Sucesos como el acaecido en el día mágico del 6 de enero no se deben desligar de otros fenómenos propios de la naturaleza como las inundaciones que se producen periódicamente en muchas partes de nuestro país o la cadena de fuegos del verano pasado.

Las situaciones de emergencia, su declaración y sus actuaciones, deben ser un ámbito de soberanía superior al de las CC.AA. No podemos perder el tiempo en “si son galgos o son podencos”. En si la quitanieves es de la comunidad A o de la comunidad B. En si los bomberos son de España o de Portugal. Buscar ámbitos de soberanía nuevos no tiene que acomplejarnos y en algún caso no deberíamos de tener ningún temor a superar incluso el ámbito del Estado español actual.

Compartir en el tema de los fuegos, de las inundaciones o de las inclemencias climatológicas la soberanía con nuestros vecinos de Portugal debería estar en las agendas programáticas de nuestras organizaciones políticas o, al menos, aparecer en alguno de sus debates. Menos egoísmos y más solidaridad.

Remitiéndome a los hechos y como afectado, he de manifestar lo siguiente:

  • En primer lugar las condiciones no eran tan adversas: un vehículo con cadenas o con ruedas de invierno, como era el caso de los dos que compartíamos trayecto, no tenía problemas en transitar por la vía siempre y cuando hubiese maquinas quitanieves en el número suficiente que las previsiones climatológicas aconsejaban. A las 18,30 entramos mis compañeros de viaje y yo en la AP-61 sin que los agentes de tráfico nos revisasen las ruedas o nos obligasen a poner cadenas. Fueron los únicos agentes que vimos en todo el trayecto y nos hicieron indicaciones de avanzar. En el panel luminoso solo ponía precaución por nieve y nunca vimos ninguna alusión a la obligatoriedad de llevar puestas cadenas. Desde mi punto de vista, ese fue el primer fallo: falta de personal y de información. Responsabilidad para quien corresponda.
  • Una vez en la AP-61, vimos como la circulación se reducía al carril derecho porque el izquierdo tenía un tomo de unos 20 cm. de nieve. Media hora más tarde, pasó una quitanieves, limpió el carril izquierdo y todos los vehículos se cambiaron de carril. Cuarto de hora más tarde, pasó otra quitanieves y limpió el carril derecho. La circulación se repartió y comenzó a ser relativamente fluida. Con el paso del tiempo la circulación volvió a empeorar pero ya no volvió a pasar ninguna quitanieves más.

A las 21,30 y en condiciones cada vez más adversas, pero seguras para vehículos con cadenas o con ruedas de nieve y que nos obligaba a ir sorteando a coches, que presumiblemente no iban en nuestras mismas condiciones, llegamos al acceso a la AP-6. En tres horas vimos pasar dos quitanieves. Ningún vehículo de la guardia civil de tráfico se pasó por el arcén. No recibimos ninguna indicación. Desde mi punto de vista, segundo fallo: falta de material y de personal. La falacia de que con menos personal se puede ser más eficiente en la solución de los problemas es eso: mentira.

  • En el acceso al peaje en la AP-6 estuvimos atrapados hasta las 24,00 horas, Dos horas y media sin ninguna información de las administraciones correspondientes. Exigimos responsabilidades.
  • En estas dos horas y media dos importantes reflexiones del comportamiento social de las personas.

La primera fue el tiempo del egoísmo: vehículos poderosos que buscaban unos metros para avanzar aunque fuese por el arcén y a costa de cerrar el paso a posibles rescatadores: me cuelo a tapar ese agujero. Y tapaba el agujero pero el tapón se hacía más grande.

Y después el de la solidaridad. Jóvenes que bajaban de sus coches, que hablaban entre ellos, que conversaban por sus móviles, que fueron apareciendo como si viniesen en compañía, como si fuesen un equipo. Que comenzaron a mover coches para despejar el carril izquierdo. Que nos anunciaron a todos que por fin iba a llegar una quitanieves. Y la quitanieves pasó, y volvieron a mover los coches en sentido contrario. Ahora hacia el carril que había dejado la quitanieves. 10, 15, 20 personas, cada vez el número era mayor porque de los coches que habían sido empujados salieron otras personas que se sumaron al grupo de la solidaridad. Aparecieron palas para lograr acercar al que estaba más alejado de la vía abierta por la quitanieves.  Y el amasijo de coches cruzados se convirtió en una hilera perfectamente dispuesta para continuar el viaje. El grupo de personas que dieron ejemplo de generosidad desapareció de la misma forma que había aparecido. Se deshizo un tapón de unos treinta o cuarenta coches y comenzamos a circular.

A las 0,15 horas cuando ya nos acercamos a las cajas del peaje vimos llegar a personas equipadas. Profesionales de la UME, según dijeron después, encargadas de hacer el trabajo que antes, de manera espontanea, había iniciado un grupo de personas jóvenes, desconocidas para mí, que me ayudaron a salir de la ratonera y que, ante la falta de atención de las Administraciones correspondientes, me dejó un poso de esperanza.

La esperanza de que siguieran apareciendo grupos espontáneos de personas solidarias para que poco a poco fuesen desatascando el enorme tapón que la desvergüenza de una empresa privada y de unas Administraciones, echándose mutuamente las culpas, habían provocado.

Cruzamos el túnel sin que apareciese ninguna información en los paneles sobre la necesidad de mantener o quitar las cadenas. Solo aparecía nieve a la salida del túnel por lo que seguimos a velocidad lenta y sin quitar las cadenas.

Desgraciadamente, no todos tuvieron la misma suerte, porque después de un sueño relativamente tranquilo he visto y oído en diferentes medios de comunicación como numerosas personas seguían atrapadas en la AP-6.

Son muchos los sucesos de este tipo que ocurren en nuestro país. Situaciones que previsiblemente no deberían ocurrir. Ya es hora de que dejemos de tratarlas de forma aislada y hagamos alguna reflexión más profunda.

 

* Antonio García Orejana es autor del libro Nosotros, un alegato contra la guerra nacido en 2003 al calor de la movilización social contra la guerra de Irak, presentado el pasado 28 de septiembre de 2017, en el salón de actos del centro Abogados de Atocha, de Madrid.

El principio establecido en Crónica Popular exige que, para que los autores de un comentario a un artículo, firmado con nombre y apellidos, vean publicado su comentario, deben firmar de igual modo el textos que nos envíe. En caso contrario, no se publicarán.
Y eso lo haremos aunque el comentario sea favorable al artículo: no se publicará ningún comentario si no va acompañado por la identificación personal de su autor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *