Congresos  del  PCE y  del  PCM: algunos comentarios

Luis Cabo ||

Militante comunista activo y miembro fundador de IU ||

Aunque en mayo pasado tramité mi baja del PCE tras 55 años de ininterrumpida militancia, primero en Paris hasta 1970 y desde entonces en Madrid, se entenderá que, por razones obvias, me siga interesando y afectando lo que en ese partido ocurre.

El  XX Congreso del PCE (1 y 2 de diciembre 2017)

Para quienes no perdimos la memoria, resuenan aún frescas las palabras del reelegido J.Luis Centella en la clausura del XIX Congreso del PCE (otoño 2013): “Culminaremos el proceso de Reconstrucción del Partido con la aprobación del nuevo Manifiesto-Programa del PCE en el XX Congreso, a celebrar en el otoño 2017, coincidiendo con el Centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre ”.

Se precipitaron los plazos. Fascinado por la irrupción de Podemos en las Elecciones Europeas del 2014, ansioso ante la inmediata perspectiva electoral y necesitado de refrendar la previa e irregular voladura de IU en la Comunidad de Madrid, el núcleo dirigente del PCE decidió precipitar y trocear el XX Congreso convocando su 1ª fase para abril de 2016 a fin, básicamente, de aprobar “la superación de IU en un nuevo sujeto político”. El tiempo transcurrido ha demostrado que se trataba simplemente de proceder a la inmersión y dilución política de IU en el magma populista de Podemos.

Nada menos que 19 meses después, a principios de diciembre 2017 se celebró la 2ª fase del Congreso, en la que, entre otras cosas, se ignoró por completo el compromiso de debatir y aprobar el nuevo Manifiesto-Programa del PCE.

En el ya lejano 1972, el VIII Congreso acordó la elaboración del M-P del PCE. Unos  meses después y pese a la situación de clandestinidad, el conjunto del Partido debatió el Proyecto de M-P elaborado por la comisión redactora. El debate culminó con su aprobación en la concurrida II Conferencia Nacional del PCE (Septiembre de 1975).

En  2005, el XVII Congreso del PCE que reeligió a Francisco Frutos como su Secretario General acordó por unanimidad la redacción de un nuevo Manifiesto-Programa que analizara los cambios producidos en las últimas décadas y que reformulara la propuesta comunista en nuestro país. Para ello se acordó la constitución de una comisión redactora presidida por Julio Anguita. Cuatro años después (Junio de 2009),y en vísperas del XVIII Congreso que eligió de Secretario General a José Luis Centella, Anguita comunicó su renuncia a culminar dicho mandato congresual. Se provocó entonces un vacío aún pendiente de cubrir y que ningún Partido Comunista responsable puede permitirse indefinidamente.

Efectivamente, el Manifiesto-Programa del PCE habría de argumentar la vigencia de un proyecto Comunista digno de ese nombre en las condiciones de este siglo XXI, reafirmar la identidad política del Partido, trazar una perspectiva estratégica clara hacia la democrática instauración de la República Socialista en España y definir la expansión de nuestra Política de Alianzas a partir del rico bagaje político acumulado por el Proyecto Alternativo y Unitario que la IU de entonces representaba muy dignamente. Ello permitiría acreditar socialmente el discurso político y la acción cotidiana de los comunistas y haría del Manifiesto-Programa un instrumento esencial para la reconstrucción, unidad y fortalecimiento del Partido.

Así, carente de pensamiento estratégico y de visión histórica, sin memoria ni perspectiva, el PCE se ha ido instalando de hecho en la renuncia a la transformación  anticapitalista de la Sociedad y se ha deslizado  por la rampa de la agónica comodidad que ofrece la cultura política dominante: el institucionalismo, el marketing, la imagen del líder, la superficialidad,  la inmediatez, el corto plazo, el “ahora o nunca”, la “ventana de oportunidad”, el “último tren” y la éticamente devastadora práctica del “todo vale”.

Un XX Congreso del PCE crecientemente influido por el desclasado pos-marxismo de cuño populista y que parece autosatisfecho en su actual insignificancia política. Clandestinizado en la podemizada IU, el Congreso del Centenario del “Octubre Leninista” no ha merecido la más mínima cobertura mediática y proyección pública.

Un PCE de apenas hoy 8.000 cotizantes (25.000 hace 8 años), en bancarrota financiera, penetrado de neo-nacionalismos varios y dinamitado en su cohesión política federal, sin influencia real en CC.OO y el movimiento obrero y sindical, despreocupado de los sectores de la Cultura y su americanización, de la juventud trabajadora, sin mecanismos estables de análisis de las nuevas realidades y de elaboración teórica, sin capacidad política de prever y anticiparse a los acontecimientos, sin una eficaz y moderna estrategia de comunicación social, etc, etc, es el que ha aprobado por mayoría simple un Informe de Gestión de la dirección saliente que bien hubiera merecido un rotundo suspenso.

Un PCE que en muy buena medida ha dilapidado el prestigio, relaciones e influencia política que tenía en el ámbito europeo e internacional. Debe saberse que los Partidos Comunistas hermanos han visto retirada, pocos días antes del Congreso, la invitación que se les había cursado para asistir al mismo. ¡Lo jamás visto!

Eso sí, algo fundamental: el XX Congreso cambió la denominación de los distintos órganos de dirección federal, así como la de las Agrupaciones de base. Se modificó también el logo del Partido mientras se confirmó un “discurso político” compuesto de un auténtico popurrí de espejismos, ensoñaciones y consignas huecas, cuando no revisionistas o  trasnochadas: agotamiento del régimen del 78, ruptura democrática, 2ª transición, proceso Constituyente o Restauración, cambio de bando por un nuevo país, derecho de autodeterminación y República federal de Estados, ser parte del conflicto y no sólo estar en él, ruptura sin más con la UE y el Euro, etc, etc.

Un discurso rocambolesco, desnortado, tan desconectado de la realidad y de las acuciantes necesidades de los trabajadores/as de nuestro país que necesita de  engañosas envolturas: milagrosamente, el XX Congreso parece haber dicho adiós a su lamentable realidad dándole la bienvenida a Lenin. También instrumentalmente “para sentirnos más cómodos con los Partidos Comunistas de nuestro entorno”, en palabras de su aparente nuevo líder, Enrique Santiago. Al tiempo, se recupera el Centralismo democrático mientras se define un modelo de Partido basado en su fragmentación sectorial y la coordinación asamblearia del “activismo social”. Cabe aquí recordar una de las tesis básicas del ideólogo del populismo contemporáneo, Ernesto Laclau: “las ideologías dividen al pueblo, el activismo une”.

Me parece especialmente reveladora la introducción de una nueva figura estatutaria: el “pre-militante” que, por un periodo no inferior a 3 meses y no superior a 6, recibirá una “formación política controlada por el comité correspondiente” antes de poder ser afiliado de pleno derecho. Sólo le falta añadir que se someterá a una prueba de acceso.

La formación política de un comunista no se alcanza con exámenes, reválidas ni controles de pureza ideológica. Se construye básicamente a partir de su inserción en el conflicto Capital-Trabajo, en el conflicto de clase inherente al sistema de explotación capitalista y de las experiencias concretas que al respecto generan su vida militante. Lo otro tiene nombre: se llama adoctrinamiento, digno, aunque se le vista de marxista-leninista, de la más pura politología al uso: academicista, libresca, elitista y pos-marxista. Aquel “marxismo” de salón, desprovisto de su carácter científico, dialéctico, de clase y revolucionario. En definitiva, aquel que cuestiona y niega la necesidad de un proyecto político comunista organizado.

Con todo, el XX Congreso del PCE sustituyó el análisis crítico y la elaboración de una propuesta política seria por la deriva retórica ultra-izquierdista y marginal. Ese tan  repentino como desesperado coletazo “leninista” no hace sino encubrir un Congreso continuista e irrelevante, al tiempo que excluyente y sectario. En la elección de la nueva dirección federal, quedaron totalmente ignorados los camaradas que osaron promover una moderada “Plataforma crítica”. Cierto es que, desde el desprecio y la exclusión de las legítimas diferencias de opinión, desde el pensamiento único y el monolitismo político, el Congreso y todo lo demás resulta más sencillo, más cómodo.

El X Congreso del PCM  (15, 16 y 17 de Diciembre).

La Comunidad de Madrid fue, desde mediados del 2014 y no por casualidad (una de las federaciones de IU más implantadas e influyentes), el escenario político-geográfico escogido por la dirección del PCE y del PCM como punta de lanza a fin de sumergir a IU en Podemos. Así, primero se rompieron las relaciones del PCM con IU-CM, luego se combatieron públicamente las candidaturas de IU-CM al Ayuntamiento de Madrid y a la Asamblea de Madrid hasta conseguir que se perdiera por 1ª vez su representación en ambas Instituciones, lo que posibilitó el gobierno regional del PP. A continuación, y utilizando de modo carroñero los tres únicos casos de IU-CM involucrados en el escándalo Cajamadrid-Bankia, se expulsó de IU, mediante la llamada desfederación, a la mayoría de afiliados y cargos públicos de IU-CM, muchos de ellos afiliados al Partido.

Es hoy muy comúnmente asumido que el PCM se ha transformado en la Federación del PCE más abiertamente podemista, más invadida de prácticas degradantes, más sectaria  y políticamente más decadente.

Quienes han “dirigido” el PCM con el 42% de apoyos en el anterior Congreso (Junio de  2004) disponen hoy del 85%. La receta de tan espectacular mutación es tan sencilla como impropia de la cultura comunista: desestabilización orgánica de las Agrupaciones consideradas molestas mediante la manipulación de los Censos de afiliados, promoción del transfuguismo interno, expulsión de numerosos camaradas (entre ellos 12 miembros del Comité Central, de los cuales 4 del Comité Federal del PCE y 3 ex-secretarios generales del PCM), burocrática fusión de Agrupaciones locales, disolución de otras, entre las cuales destaca la de Universidad (sólo en la Complutense trabajan más de 10.000 asalariados y la sección sindical de CC.OO tiene más de 500 afiliados), desprecio y marginación de la veteranía comunista. Conclusión: numerosísimas bajas voluntarias en repulsa a la deriva política y a la imposición de prácticas autoritarias, cuarteleras.

Con sus apenas 800 cotizantes actuales  (aproximadamente, la mitad de hace 4 años), el PCM acaba de celebrar su X Congreso con un lema tan neutro como expresivo de impotencia política: “Un partido para transformarlo todo”, lo que, al parecer, incluye la imagen de quema de abetos en estas fiestas de Fin de año 2017.

Al igual que en el XX Congreso del PCE, el X Congreso del PCM aprobó un Informe de Gestión de la dirección saliente eminentemente autocomplaciente y políticamente bien revelador: respecto de los centenares de camaradas que ya no están en él, se despacha el asunto con una afirmación que se califica por si sola: “se ha ido la derecha del Partido”.  Resulta cuando menos curioso que tan refinado argumento provenga de personas que defendieron vehementemente la posición de voto de Alberto Garzón y de “Unidos Podemos” en la sesión de investidura de Pedro Sánchez (Marzo de 2016) facilitando así la permanencia del PP al frente del Gobierno de España, o de personas que se han revelado cómplices del proceso separatista que la derecha independentista ha promovido en Cataluña.

 Dos consideraciones finales

  • Es bastante probable que no se tarde mucho en conocer (tal vez por vía judicial) las causas reales por las cuales la Alcaldesa de Madrid se ha deshecho tan fulminante y sonoramente de su Delegado de Economía y Hacienda, el aún concejal Sánchez Mato. Esa refriega interna, sumada a las que, entre otras, también provocan el proyecto “Madrid-Norte”, el revelador nombramiento de un general Otanista al mando de Podemos en Madrid-Ciudad y los indisimulados codazos en aras de un favorable posicionamiento interno de cara a la candidatura municipal del 2019, ciertamente dibujan un turbulento paisaje en el equipo de gobierno de “Ahora Madrid”.

Sin embargo, no me parece probable que desemboque en un divorcio electoral entre la actual IU y Podemos. Básicamente, porque representan un mismo proyecto político, las dos caras de la misma moneda populista, transversal y desclasada. Además, la acusada devaluación social y tendencia a la baja que sufren,  notablemente acentuada por su aventurera complicidad con el proceso separatista en Cataluña, hacen que el Podemos de Pablo Iglesias no parezca dispuesto a prescindir, por escasos que sean, de los votos que pueda aportar lo que queda de IU en Madrid de cara a unas elecciones tan emblemáticas como son las del Ayuntamiento de la Capital o la Asamblea Regional, al tiempo que, por motivos más que evidentes, la IU de Garzón en Madrid tiene muy complicado afrontar en solitario dichos procesos electorales.

  • Respecto de la “cuestión comunista”, la que concierne a quienes rechazamos el populismo en cualquiera de sus expresiones, así como las estrategias políticas paliativas orientadas a un ya superado “capitalismo redistributivo del bienestar”; la que concierne a quienes no renunciamos a nuestro pasado ni nos acompleja nuestra identidad comunista; la que concierne a quienes, superados los paralizantes prejuicios derivados de los errores que se pudieron cometer en el pasado reciente, andamos consecuentemente empeñados en reagrupar al máximo posible las energías comunistas hoy ciertamente diseminadas con un único y explícito propósito, no de escindir al PCE como afirman quienes lo redujeron a mera caricatura de sí mismo, sino de contribuir a la reconstrucción del instrumento político activo, visible, influyente y útil para los trabajadores, al tiempo que necesario para la Unidad de la Izquierda Alternativa en su combate frente a la expansión agresiva y socialmente devastadora de las actuales lógicas del Capital y frente a los partidos de la derecha política, económica y mediática que la promueven.

Desde el respeto político a los comunistas que aún batallan en el seno del PCE-PCM, hemos de constatar no obstante que la sola vía Interna resulta insuficiente para conseguir una rectificación sustancial de la disolvente deriva política y degeneración orgánica emprendidas. Los códigos éticos, culturales, políticos y de conducta interna son tan distintos y opuestos que los meritorios propósitos rectificadores vienen  demostrándose crecientemente estériles.

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