El recurso de los canallas

Lidia Falcón O´Neill ||

Abogada y escritora. Presidenta del Partido Feminista ||

El resultado de las elecciones catalanas permite extraer toda clase de consecuencias a partir de análisis tan falsos como enrevesados que parecen el juego de los trileros. Al punto de que, negando la evidencia, los defensores de esa operación de división de España se atreven a situar en la izquierda a la lista liderada por Carles Puigdemont, que, haciendo de su capa un sayo, se ha refugiado en Bruselas para desde ahí impartir su bendición papal “urbi et orbi” a sus seguidores, manteniendo la ficción delirante de seguir siendo el legítimo President de la Generalitat, a semejanza de la peripecia del Papa Luna, encastillado en Peñíscola hasta el fin de sus días.

Este nuevo líder, conductor de masas, héroe y mártir de la independencia de Cataluña, se asemeja también al mitificado héroe del 11 de septiembre, Rafael de Casanova, convertido en santo incono de la lucha contra el invasor español, por los autores de la falsa historiografía catalana, cuando, como Conseller en Cap de Cataluña, oriundo de una rica familia propietaria de tierras y fincas, dedicada al comercio del grano y la lana, era un boyardo al servicio de la monarquía austríaca, sin ideología ni obra conocida, que ante los primeros bombazos en la Ciudadela salió huyendo y salvó el pellejo en la vecina Francia, hasta que el fin de la guerra le permitió regresar y beneficiarse del nuevo orden. Herido en la batalla final del 11 de septiembre de 1714, Casanova fue exonerado de sus cargos políticos y militares, en virtud del perdón real que alcanzó a la mayoría de dirigentes políticos catalanes, y volvió a ejercer la abogacía en Barcelona hasta poco antes de su muerte.

A Carles Puigdemont, le falta el tinte épico que estos tiempos no facilitan y que, además, rehuye, espantado de verse “chupando reja” como su compinche de aventuras Junqueras. Este nuevo líder del independentismo es el sucesor de Mas y como militante del PdCat, el partido heredero de Convergencia, aceptó y aprobó las medidas económicas y políticas que Jordi Pujol impuso en la Cataluña de sus amores. Y que durante casi cuatro décadas se han caracterizado por privatizar la sanidad, financiar la educación religiosa, retirar el sostenimiento económico a los asuntos sociales, apoyar al PP en sucesivas legislaturas, alguna mediante la pompa de la firma del Magestic con José María Aznar, para ser apoyado por éste cuando convenía, y siempre cobrando el 3% cuya coima ha mantenido el partido y a sus afines, a la vez que ejercen el sectarismo más atroz contra todo aquel que no sea independentista.

Estos son los cimientos del “izquierdismo” de la lista independentista más votada. La operación que se pone en marcha por Artur Mas a partir del asalto al Parlament por los indignados en junio de 2011, que fueron convenientemente reprimidos por los Mossos de Esquadra y encausados en varios procesos posteriores, ha sido la de salvar los restos de aquella Convergencia que tiene hasta los muebles embargados. Porque, en aquel momento, los ciudadanos que el 21 de diciembre se han mostrado tan entusiasmados con la gestión de su gobierno, impidieron multitudinariamente la entrada al Parlament de los diputados e incluso del President que tuvo que montarse en un helicóptero, y enfurecidos se subieron a las rejas de la entrada –vean las fotos y pregúntense dónde están hoy esos valientes comuneros- para “reivindicar los derechos sociales y los servicios públicos frente a los recortes presupuestarios y a expresar el divorcio entre representantes y representados”, como expresa la sentencia de la Audiencia Nacional que los absolvió a todos.

Seis años más tarde, ni indignados ni levantiscos revolucionarios contra el gobierno que los ha hundido en la irrelevancia y condenado a la mediocridad política y a la pobreza económica: únicamente mansos patriotas que tienen a su profeta en el exilio y cuyos males derivan únicamente de la represora España.

Ciertamente, hay que felicitar a la oligarquía catalana por la operación de agitación y propaganda que ha logrado tal éxito. La campaña continuada realizada por la Generalitat contra la supuesta represión del Estado español, culminada en los hechos del 1 de octubre, ha dado el combustible suficiente a los defensores del “procés” y ha convencido a sus desnortados compañeros de viaje de la izquierda de que el único proceso revolucionario hoy en España se está librando en Cataluña. Ya sabemos, con Samuel Johnson, que el patriotismo es el último refugio de los canallas.

Para los enardecidos defensores de la conducta del gobierno de la Generalitat, con su aprobación de la ley de referéndum y de desconexión el 27 de septiembre y la celebración del referéndum el 1 de octubre, ninguno de los episodios de represión de ese mismo gobierno de la Generalitat son tomados en cuenta: las cargas de los mismos agentes contra los acampados de la Plaza de Cataluña del 15-M, en mayo de 2011, cuando era Conseller de Interior Felip Puig en el gobierno de Artur Mas; la pérdida de un ojo de una manifestante en Barcelona por el lanzamiento de una pelota de goma el 14 de noviembre de 2012, durante la huelga general, mientras un niño era herido en la cabeza en Tarragona; la muerte de un emigrante en los calabozos de El Vendrell, el 4 de diciembre del 2003; la muerte de dos detenidos en abril de 2014 en apenas cuatro horas en Salou y en Barcelona…Nada de todo ello va a recordarse ni a contabilizarse porque, al fin y al cabo, lo hacían las fuerzas catalanas. Los Mossos tienen el triste record de contar con más fallecidos en detenciones de todas las policías españolas.

Lo más cínico ha sido la defensa numantina por parte de Artur Mas de lo democrático y pacífico de celebrar un referéndum sobre la independencia de Catalunya, y su encendida protesta y la de su partido porque se impidiera el 1 de octubre por parte de las fuerzas del orden.

En mayo de 2014, Podemos había propuesto un “Multi-Referéndum” para consultar a la ciudadanía sobre si Cataluña debía o no tener una agricultura transgénica, si era necesario dejar de pagar la deuda, si se debía garantizar el control ciudadano de las políticas energéticas o si había que someter a referendo las iniciativas legislativas populares rechazadas en el parlamento catalán. La consulta también preguntaba sobre cuestiones de ámbito local, ya que estaba convocado en 32 comarcas y 120 municipios de toda la comunidad autónoma. El domingo 25 de mayo (día en el que también se votaban las elecciones europeas) se instalaron 250 puntos de votación.

Pues bien, Artur Mas ordenó a la policía autonómica, los Mossos d’Esquadra, que retirasen las urnas de cartón colocadas por los podemitas en las calles catalanas. En aquel momento, Mas se apoyó en una resolución del Tribunal Supremo, que declaró la consulta ilegal después de una denuncia de Vox. Mas justificó su enérgica respuesta al referéndum de Podemos en que nadie podía sorprenderse de que se actúe respetando la legalidad: “Así es como pretendemos actuar de cara al futuro, dentro de los marcos legales existentes”, decía. Y aún más esperpéntico es que aquel “multi-referéndum” contaba con el respaldo de los grandes apoyos de la antigua Convergencia, la CUP y la ANC que, por aquel entonces, capitaneaba la que fue presidenta del parlamento catalán, Carme Forcadell.

Lo más incomprensible es que la izquierda, tanto la española como la catalana, haya hecho suyos los mismos argumentos convirtiendo a los políticos del PdCat, hoy Sí per Catalunya, antes Junts per Sí y en su origen Convergencia Democrática de Catalunya, y a los de ERC, no sólo en los mártires de la libertad de ese pueblo oprimido que vive desde hace 700 años ocupado militarmente por el Ejército invasor español, sino en el paradigma de la represión en toda España. Conspicuos representantes del Partido Comunista y de Izquierda Unida, fogueados en numerosas luchas contra las dictaduras latinoamericanas, aseguran que la represión que se está ejerciendo en Cataluña se extenderá a toda España. Para argumentar esta tesis recuerdan la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como Ley Mordaza, que se aprobó en julio de 2015.

Según estos comentaristas, la persecución de los independentistas catalanes es el principio de una operación represiva por parte del gobierno del PP que llevará a la pérdida de libertades para todos los ciudadanos, no sólo catalanes. Para esa línea de razonamiento, el impedimento de que la comisión judicial cumpliera su cometido en la Consellería de Hacienda, reteniendo a la funcionaria y a la Guardia Civil durante 20 horas con una tumultuaria manifestación en la puerta; que los organizadores se subieran al techo de los coches de la Guardia Civil para incitar a sus seguidores a impedir la salida de las fuerzas del orden y destrozaran los vehículos; la convocatoria y celebración de un referéndum prohibido por el Tribunal Constitucional, con los enfrentamientos que se produjeron por parte de los votantes con la policía, los escraches que les organizaron a los miembros de la Guardia Civil y otras hazañas semejantes, no deberían haber sido objeto de represión. El que lo fueran indica que nuestro sistema democrático está viciado, que se han acabado las garantías de libertad de manifestación, asociación, expresión, y que nos preparemos para una involución gravísima en el Estado de Derecho que anuncia un regreso, sino hemos llegado ya, a la dictadura. Tan dictadura es el régimen que vivimos que los guardias civiles tuvieron que irse a vivir a campings y barcos cuando los vecinos de un pueblo los expulsaron de los hoteles donde estaban alojados.

Este es el mismo discurso, repetido hasta la náusea, que han hecho suyo los independentistas, aunque ciertamente referido únicamente a la situación de Cataluña puesto que el resto de España no les atañe, y por ello resulta más incomprensible que la izquierda comunista no solo se haga eco de él sino que lo extrapole a todo el país.

Esta izquierda se sitúa en el mismo bando de los dirigentes de la Generalitat y los parlamentarios independentistas que han sido durante 37 años los que han regido los destinos de la Comunidad, con la organización de un sistema de regalías, corrupciones, prevaricaciones, malversación y apropiación de fondos, sólo comparable al de la mafia italiana. Ese régimen que impuso Jordi Pujol y sus adláteres, y del que fueron cómplices y beneficiados todos los altos cargos de la Generalitat y de las empresas afines. Que ha llevado a instruir decenas de procesos contra los consellers, directores de empresas privadas y públicas, presidentes del Palau de la Música, de Casinos de Cataluña, de las empresas de la ITV, de los fondos europeos para los parados. Procesos como en el que fue condenado el socio de Unió, Durán y Lleida, en el sumario de turismo de Catalunya, y otras causas todavía vivas, y muchas sin resolver después de una decena de años, como Adigsa, CDC, Manga, Sant Pau, en las que están implicados todos los numerosos miembros de la familia Pujol, y Marta Ferrusola, Lluís Millet, Jordi Montull, Mas Collell, Maciá Alavedra, Lluís Prenafeta, Pallerols.

Treinta y un procesos que abarcan toda la cúpula política y de la oligarquía catalana, beneficiada de su cercanía al poder nacionalista, como antes lo fuera por el poder franquista. En los últimos 15 meses la justicia ha enviado a juicio por corrupción a 303 personas en Cataluña, doblando así el número de Andalucía, 153 y Madrid, 145.

Para asentar su vocación autodeterminista se arguye el número de seguidores y de votos que tiene la opción separatista, afirmando contra toda matemática que son mayoría. Pero con 2.050.000 votos de una población de 7.500.000 de personas de las que 5.500.000 tienen derecho a voto, y de los que han votado el 81%, o sea 4.955.000, resulta que los independentistas están en franca minoría. Ya sabemos que, gracias a la ley electoral que también lamina en el resto de España, el voto rural está primado sobre el voto urbano, de modo que un escaño en Barcelona cuesta 40.000 votos y en Lérida 20.000, y por ello es posible que con el 43% de los votos los independentistas pretendan formar nuevamente gobierno. Pero de ello a afirmar que la mayoría de los catalanes quieren la celebración de un referéndum, y aún peor, que ha ganado la izquierda en Cataluña, solo puede situarse en el universo de la posverdad que es el que rige hoy la política.

El drama de hoy es que esa política está hoy volcada al desgarro de Cataluña que lo condiciona todo. Y que ha logrado dividir a las fuerzas progresistas: el mundo sindical, el estudiantil, el vecinal, el movimiento feminista y aún el social y el familiar. El más completo éxito de la burguesía. Dividir al pueblo y enfrentarlo entre sí, como hicieron con los países de la Unión Soviética, con Yugoslavia, con Checoslovaquia. Mientras la Alemania del Este y del Oeste se unían para formar el país más poderoso y fuerte de Europa, donde las oligarquías dirigen el destino de toda la Unión.

Ya no hay escraches a los políticos catalanes ante el Parlament como en julio de 2014, cuando el descontento social por las políticas de recortes del President Artur Mas, típicas del capitalismo liberal, excitaron la ira ciudadana. Ya no hay manifestaciones contra la privatización de la sanidad, que se ha implantado por los gobiernos catalanes con más extensión que en el resto de España. Ya no hay manifestaciones universitarias por la falta de becas y ayudas económicas. Ya se ha desarticulado el movimiento feminista, antes el más sólido y mejor organizado de España. Ya solo se moviliza la ciudadanía por lograr escindir España y convertir la península en un mapa de pequeños Estados que recuerdan los reinos de Taifas.

Y quienes no estamos de acuerdo con este nuevo destrozo de la unión de los proletarios del mundo, no pertenecemos a las fuerzas progresistas de Carles Puigdemont, como ilustre representante de los patriotas catalanes.

Madrid, 5 de Enero de 2018.       

7 comentarios de “El recurso de los canallas

  1. Olegario Ortega
    13 enero, 2018 at 14:03

    Clarividencia, método, compromiso… Gracias Lidia

  2. 13 enero, 2018 at 16:37

    Imprescindible Lidia. Si me permites lo publico en mi facebook y blog.

  3. Marichu Fdez
    14 enero, 2018 at 21:15

    Lídia, más esclarecedor imposible. Es muy necesaria tu escritura. Imprescindible para situar a esa izquierda que no grita POR UNA SANIDAD Y ESCUELA PÚBLICA en estos momentos. Gracias.

  4. Anele Ade
    14 enero, 2018 at 21:23

    Lidia siempre extraordinaria y aportando cifras y datos que lo.avalan.
    Genial

  5. felipe de la nuez aránega
    14 enero, 2018 at 21:24

    le comentaba a una amiga de izquierdas y feminista que, aquí en Canarias hay una “marea” independentista en la cual tenemos buenos amigos y amigas, a pesar de todo, ahora mismo no saben qué decir ante evidencias como las que escribe claramente Lidia Falcón en este y otros artículos publicados al “problema” catalán.Pero no sólo son las amistades independentistas , sino aquéllos comunistas que juran y perjuran que TODO PUEBLO TIENE DERECHO A SU AUTODETERMINACIÓN,no existen condiciones realmente existentes, ni calla definida que azuza a las masas para crear situaciones que han derivado en un reforzamiento claro del voto derechoso.Los resultados están ahí.Gracias Lidia.

  6. Susana
    15 enero, 2018 at 3:10

    Magnífico artículo. Gracias Lidia.

  7. Rosa Roldan
    16 enero, 2018 at 15:51

    Hola Lidia:
    Soy de las convencidas, que cuando un pueblo tienen interés por la cultura de la información, es imposible que los enreden, involucren y controlen para conseguir llegar al poder.
    Desgraciadamente hay muchos estudiantes de ciencias políticas, “hijos de papa”, que se creen con el derecho a utilizar todos los medios a su alcance para engendrar el odio, rencor y venganza, contra los que dirigen acertadamente y democráticamente a los ciudadanos de un País.
    Muchas felicidades por tu aportación a que esa cultura, siga creciendo.

    Un saludo de Rosa Roldan.

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