Secesionismo: Tigre de papel con dientes zorrunos

Vicente Serrano ||

Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista y miembro del Foro de las Izquierdas No Nacionalistas ||

Decía Mao qué todo reaccionario es un tigre de papel. Partiendo de que el nacional-catalanismo es reaccionario podríamos concluir que es un tigre de papel. Pero, en todo caso, sería peligroso concluir que este es un tigre de papel inofensivo, sin más y que en cualquier momento se va a desbaratar. Parafraseando a Nikita Khrushchov este es un tigre de papel con dientes zorrunos. Ha hecho mucho daño y más que hará a la convivencia en este país.

Claman muchos por la necesidad de que, finalmente, se configure el nuevo gobierno de la Generalitat para evitar unas nuevas elecciones, como si el problema fuera Puigdemont, cuando el problema es esa mayoría independentista y absoluta que no está respaldada por la ciudadanía.

Yo dije en un anterior artículo que la aplicación el 155 por parte del Gobierno de Rajoy ha sido muy laxa y miedosa.

Dada la vigencia del 155 es evidente que quién tiene que firmar el decreto de convocatoria de elecciones, si tal cosa se llegara a producir, es el gobierno, Rajoy, una cosa que nos lleva a dos posibles actuaciones para conseguir curar esa infección, esa septicemia que sufre la sociedad catalana.

La primera posibilidad es evitar que dichas elecciones se vuelvan a realizar en tan breve espacio de tiempo como en las anteriores. Es decir, puede, con la autorización actual del 155, postergar las elecciones si es que se produce más tiempo, de forma qué se pueda hacer una limpieza en la Administración, en la estructura de poder del nacionalismo, empezando por sustituir a muchos de los directores generales que siguen mandando en plaza. Es decir, que siguen gestionando de forma dadivosa los dineros públicos en pro de la causa secesionista.

La propuesta sería que si hemos de repetir las elecciones sea coincidiendo con las municipales y autonómicas de 2019. Bajen las manos los que se la llevaron a la cabeza pues es evidente que la maquinaria administrativa puede perfectamente funcionar durante ese periodo.

Y la segunda propuesta, y no menos importante- es más, propuesta clave-, que se hagan las elecciones  en breve o alargándolo hasta mayo del 2019, que el documento, perdón, el decreto de convocatoria de las mismas incluyera un reparto más proporcional de los escaños asignados a cada provincia.

Vuelvan a bajar las manos aquellos que las levantaron, ya que la asignación de escaños por provincias en elecciones autonómicas se hicieron en decreto de convocatoria por Tarradellas en el año de 80 y nunca se ha modificado: es decir, un decreto de convocatoria es perfectamente legítimo que cambie el número de escaños por provincia ya que Cataluña no tiene ley electoral propia.

Esta es la propuesta: Barcelona 101 escaños, Tarragona 14, Gerona 13 y Lérida 7. Evidentemente no es la solución definitiva pero sí un buen parche para evitar que el nacionalismo vuelva a ser mayoritario en el Parlamento sin serlo en la sociedad.

La ingenuidad es pensar que constituir un Govern de la Generalitat sin el señor Puigdemont,  con cualquier otro nacionalista al frente y con la mayoría absoluta en el Parlamento de estos tigres de papel, encarrilaría la solución del problema.
La conllevanza y los paños calientes que han practicado los sucesivos gobiernos centrales hasta ahora, PP y PSOE, con el nacionalismo es evidente que tan solo ha servido para retroalimentar a éste y hacerlo cada día más fuerte. Solo desde un proyecto político para toda España se podrá afrontar el problema del nacionalismo y para ello es necesario quitarse complejos sobre el concepto de lo español, sobre todo eliminar complejos adquiridos en la Transición. Y, en este sentido, me dirijo especialmente a toda la izquierda.

Lejos de mi propuesta alentar el nacionalismo españolista. En todo caso, sí que necesitamos un patriotismo constitucional basado en la triada de la Ilustración: libertad, igualdad y fraternidad. En marzo, volveremos a celebrar la Pepa, esa primera Constitución española que, con todos sus defectos, quiso superar el antiguo régimen feudal y que algunos hoy quieren volver a reconstruir.

Es evidente que tan solo con una postergación de las elecciones y un cambio en el número de escaños por provincia no solventaremos los graves problemas que tiene la sociedad española.

Es preciso afrontar una reforma constitucional para, como decía en un programa televisivo recientemente un ciudadano, “recuperar la ilusión” en el proyecto de convivencia que es España. Los temas a reformar son muchos pero también es cierto qué se debe hacer desde un consenso social importante.

Tres son los grandes ejes que la sociedad reclama que sean reformados:

Recuperar la ética democrática y política. Acabar con la corrupción, imponer la ética en la acción política y reformar nuestro sistema electoral hacia un sistema de circunscripción única.

Asegurar que la economía española esté al servicio del bien común y que, por tanto, los derechos declarativos que nuestra Constitución tiene sobre pensiones, trabajo, vivienda y sanidad se conviertan en derechos plenamente ejecutivos. La igualdad ha de ser la clave de bóveda de esa nueva Constitución reformada.
Y, finalmente, es preciso resolver la estructura territorial del Estado, dándole un acabado Federal a un Estado de las Autonomías que tiene excesivas asimetrías actualmente. Eliminar privilegios y garantizar la igualdad de todos los ciudadanos, vivan donde vivan, es prioridad en un nuevo pacto de financiación autonómica que afecte a todas las autonomías por igual.

No puede haber blindajes que reconozcan privilegios a ningún territorio, ni a ningún ciudadano sobre otro. La fidelidad constitucional debe estar garantizada no solo por la mutua confianza entre las diferentes instituciones del Estado sino por un sistema legal claro.

Decía Miguel Candel recientemente que las grandes revoluciones o los hechos históricos relevantes tienen su origen en ocasiones en situaciones que podríamos considerar poco o nada revolucionarias. Y daba como ejemplo la posibilidad de que este movimiento tan reaccionario que es el nacional-secesionismo generarse como reacción cambios positivos en la España que vivimos y que sería llamativo que en un futuro así se analizará. Depende, pues, de nosotros, los españolitos de a pie, que seamos capaces de empujar esos cambios históricos y que de la profundidad de esos cambios pueda surgir una sociedad democrática más participativa, deliberativa y radical.

Pensar que los que, hasta el momento, por inacción, colaboración o dejación han contribuido a la degradación política del país sean capaces de reconducir esto sería ingenuo por mi parte. Abrigar esperanzas en las nuevas formaciones emergentes de uno y otro signo es baladí, ya que parecen estar inspiradas por el mismo sistema o su capacidad de adaptación al mismo es patológica. Así, pues, desde el pesimismo más agudo sólo queda esperar que aquellas gentes que nos creemos eso de transformar la sociedad desde planteamientos de izquierdas, seamos capaces algún día de conformar una nueva opción política que apueste por un proyecto republicano y socialista para nuestra querida piel de toro.

Aporto a continuación unos cuadros para facilitar el entendimiento de la necesaria modificación, provisional, ya que lo correcto es una nueva ley electoral, del número de escaños por provincia.

La asignación que realiza el decreto de convocatoria de 1980 de la Generalitat no se atiene a lo estipulado en la LOREG porque tampoco le obliga. En la disposición adicional primera, apartado 1 extiende las disposiciones pero sin perjuicio de las competencias que cada Comunidad tiene, independiente de que tenga o no ley electoral. Es decir, le afecta, ya que no tiene ley propia, pero el Título II, donde se establece cómo asignar los escaños por provincia, se refiere al Congreso y al Senado. Es decir, aquel decreto es legítimo, pero igual de legítimo sería aplicar otra distribución en un nuevo decreto de convocatoria electoral. Podría perfectamente aplicarse el sistema de la LOREG, asignando 2 escaños por provincias y resto por cuota de reparto (Hare). Igualmente, asignar por Cuota de reparto los 135 escaños sería perfectamente legal.

En la figura 1 podemos ver los resultados de reparto de escaños por provincias. En fondo amarillo, el sistema actual, no modificado desde el 80; en verde, un reparto siguiendo los criterios de la LOREG; y, finalmente, en azul, un reparto proporcional. Se indican los costes medios por escaño y el Índice de Poder de Voto de cada sistema.

El resultado de la asignación de escaños a candidaturas según cada modelo se puede ver en la figura 2. Se añade un cuarto cuadro donde se observa la asignación en Circunscripción Única.

Con un reparto de escaños por provincias con el método Hare mejoraría la asignación a candidaturas pero mantendría un cierto beneficio al secesionismo, aunque anularía su falsa mayoría absoluta. Es decir, la solución ha de ser temporal ya que lo correcto es que todas las opciones secesionistas, constitucionalistas o soberanistas, de izquierdas o de derechas, tengan la representación más ajustada al porcentaje de votos obtenidos. Y para conseguirlo es precisa una ley electoral donde la asignación de escaños se dé en circunscripción única. Ver encabezado con fondo rojo en la figura 2 y para más información la simulación sobre los resultados del 21D en Circunscripción Única.

En Triana, Sevilla. 1 de Febrero de 2018.

*Autor de “El valor real del voto”, Ed. El Viejo Topo, 2016.

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