Huelga feminista del 8M: la reina Leticia y la Virgen María se hicieron partisanas

Marat ||

Sociólogo ||

Cuando la huelga carece de seguimiento real es habitual ver a los piquetes en las primeras horas de la mañana cortando los accesos de transporte público (trenes) o algunas vías de entrada a las ciudades. Es lo que ayer jueves 8 de Marzo ocurrió en algunos puntos de Barcelona, más por las inquietudes activistas de los independentistas, dispuestos a utilizar cualquier conflicto ajeno en beneficio propio, que por motivos realmente sindicales.


Una huelga se gana, si de parar la producción se trata, en las primeras horas de la madrugada, cuando vuelven a funcionar los transportes públicos, empieza la actividad de los grandes mercados urbanos, llegan los primeros camiones a los polígonos industriales y empieza el primer turno en las fábricas. Luego lo que queda es el comercio y la hostelería, ambos muy atomizados, y la administración.

Después, si el fracaso de la paralización de la actividad productiva es evidente, se reconvierten los piquetes informativos en pequeñas o grandes manifestaciones que transitan por las arterias urbanas llamando a una unión de trabajador@s a la huelga, cosa que ya no se produce porque la decisión de secundarla o no se ha dado bastantes horas antes.

Es lo que vimos ayer en las ciudades españolas, con la salvedad de que en las grandes capitales las manifestaciones se daban en los centros urbanos porque en los barrios y en las periferias industriales y de comunicaciones todo estaba ya perdido, hasta el punto de que trenes, metros, autobuses y aeropuertos funcionaron con normalidad.

En las huelgas hay un dato incuestionable y objetivo: el de la demanda de consumo eléctrico. Red Eléctrica de España (REE) aporta una información que no cabe discutir: la demanda de consumo eléctrico fue prácticamente la de un día normal. Si en la producción el consumo eléctrico explica directamente la actividad (máquinas y electrodomésticos encendidos, luces y ordenadores en las oficinas, trenes,…) en la reproducción social (hogares) es también una cuestión básica. En este sentido, cabe decir, a partir de un dato contrastado como el señalado que la huelga feminista apenas existió….salvo en los medios de comunicación.

Los principales hicieron un despliegue del seguimiento de la huelga continuado a lo largo de todo el día.

Es significativo que los medios que la cubrieron minuto a minuto se centrasen sobre todo en entrevistas y opiniones de mujeres profesionales, lobbistas, tertulian@s todólog@s habituales, casos particulares de mujeres de diferentes generaciones y cuestiones varias. Junto a ello se mencionaron sobre todo las grandes manifestaciones, concentraciones, actos, performances y anecdotario de actividades más llamativas y curiosas.

La llamada “visibilización”, tan buscada por el movimiento feminista, lo fue en cuanto a que se hablara de la mujer y de los motivos que habían llevado a la huelga pero no se produjo en absoluto en cuanto a la demostración y la evidencia de la no actividad económica, de lo que es un paro, porque sencillamente éste apenas se produjo, salvo en determinados centros de enseñanza, parcialmente en hospitales y en algunas oficinas de la administración. Madrid, Barcelona y las grandes ciudades, que hubieran debido ser las muestras más palmarias del efecto visual de un gran paro, solo pudieron exhibir el éxito, éste indudable, de las grandes manifestaciones.

La industria, el comercio, el transporte, el sector servicios en general, la agricultura, la construcción, etc. mostraron el desempeño propio de un día casi normal en cuanto a asistencia a los puestos de trabajo y desarrollo de la actividad laboral. Poco más añadieron los paros parciales convocados por CCOO y UGT, salvo casos concretos en determinados centros de trabajo privados y públicos, entre ellos algunas televisiones autonómicas, hospitales y el transporte de cercanías de Renfe. Los propios sindicatos hablan de alrededor de unos 5 millones de personas, sin distinguir cuántos de ellos fueron mujeres y cuántos hombres. No parece mucho, si tenemos en cuenta que el número de trabajadores ocupados es de unos 19 millones de personas, siendo el de las mujeres de más de 8,5 millones. Ello no impediría que, sin movérseles un solo músculo de la cara, los principales dirigentes sindicales hablaran de un éxito en más del 80% de las empresas. Ello podría tener ciertos visos de verosimilitud siempre que solo hubiesen parado mujeres pero los sindicatos mayoritarios llamaron a paros de 2 horas tanto a mujeres como a hombres.

En cualquier caso, siempre habrá mujeres y hombres que señalen que en su empresa paró la mayor parte de la plantilla, que los autobuses de determinada línea se retasaron o incluso algún hombre solidario en los cuidados que cuente que acabó con no se sabe cuántos dodotis. Y sera cierto todo ello. No lo pongo en duda.

El éxito de la huelga consiste en que se hable como hito histórico de algo que tuvo muy bajo seguimiento real, no ya en aquello a lo que aludían en su manifiesto, “parar el mundo”, sino el parar la actividad económica, que continuó con gran normalidad, al margen de las manifestaciones después del trabajo.

La huelga ante todo un estado de opinión mediáticamente inducida por los propios medios del capital a lo largo de semanas y cubierta, salvo en lo que no podía cubrirse por no haberse producido, con un despliegue de medios nunca vista en otra huelga alguna en cuanto a manifestaciones, opiniones de “expert@s” en cualquier cuestión más o menos próxima al mundo femenino, imágenes y demás.

Es significativo que, mientras iba transcurriendo el día y se evidenciaba que el paro había tenido escaso seguimiento también entre las propias mujeres trabajadoras, la cuestión de la brecha salarial iba pasando a un muy segundo plano, desplazada por el omnipresente recurso argumental a la cuestión del machismo. Y es que, en el fondo, esa era la cuestión con la que se había cebado durante semanas la campaña motivacional por parte de feministas y medios de comunicación.

Cualquiera que estos días sorprendiese conversaciones ajenas próximas detectaría fácilmente que el discurso sobre el machismo como motivo de la huelga había calado entre mujeres y hombres, aunque con distintas perspectivas y, sin embargo, se había mostrado muy poco eficaz para movilizar hacia la huelga. Lo que sí es preocupante es que este tema desplazase en buena medida otros tan importantes o más como las pensiones.

¿Han visto ustedes una huelga que haya tenido mayor apoyo mediático, de los poderes políticos (hasta Rajoy no se reconoció en lo de la “huelga a la japonesa” que proponían algunas de las “dirigentas” de su partido y pidió respeto hacia las motivaciones de la misma) y comprensión de sectores empresariales como El Corte Inglés o Inditex? Ninguna de las dos empresas han destacado nunca por un respeto al sindicalismo que no fuera el de sus respectivos sindicatos. Hay sobrados casos de denuncias sobre la represión hacia trabajadores que reivindican sus derechos en ellas.

¿Conocen ustedes muchos casos de países con monarquía en la que su Reina deje libre su agenda el día de una huelga en solidaridad con la misma?

¿Tienen ustedes muchos antecedentes en los que un cardenal arzobispo de Madrid se haya pronunciado a favor de una huelga? ¿Han escuchado a algún prelado de la Iglesia Católica decir que la Virgen María la secundaría?

¿Conocen ustedes muchas huelgas en las que más de 5.400 periodistas (mujeres) hayan expresado su apoyo a las reivindicaciones de la misma? ¿Contra el ataque a las pensiones, contra los salarios de miseria, contra los contratos basura, contra la destrucción de la sanidad, contra la privatización de los servicios, contra la degradación de la enseñanza pública, contra el deterioro casi mortal de la ley de dependencia? ¿No, verdad?

¿Han visto ustedes a Carles Francino o a Àngels Barceló pronunciarse en tal estado de indignada agitación contra otras injusticias un día sí y otro también durante más de una semana?

¿Pueden ustedes asegurar que alguna huelga que recuerden ha tenido tal despliegue mediático desde la mañana a la noche, por tierra, mar y aire durante semanas?

¿Se enteraron alguna vez con tal profusión de información de que el 8 de Marzo era el día de la mujer trabajadora? Pues no, porque si algo dejaron claro las convocantes de la performance del 8M y de sus partners, que ahora todo son siglas, es que no era el día de la mujer trabajadora sino simplemente el de la mujer, algo así como el día de la madre, el de los enamorados o el de la vida silvestre, que ha sido 5 días antes de dicha fecha.

¿Se han preguntado ustedes el porqué de toda esta fanfarria solidaria de los sectores reaccionarios y de los más representativos del capital? Y, ya puestos a preguntarse, ¿se han interrogado también porqué estos sectores no se han mostrado ni en una milésima parte tan solidarios, comprensivos y festejadores de los Primeros de Mayo o de ninguna de las 12 huelgas generales que hemos conocido desde la primera de 1978 en la transición? No les vendría mal hacerlo. Pensar no es malo.

Déjense de monsergas sobre las hazañas del mago David Coperfield o sobre la conversión del agua en vino por Cristo. La auténtica magia, la de verdad, está en convertir una manifestación y sus performances y batukadas en una huelga y que gran parte del personal se lo crea. Poder mediático, creo que lo llaman. Yo diría poder hipnótico.

Y no me vengan con que los medios del capital han apoyado esta huelga para domesticarla porque sindicatos domesticados, parte de los convocantes, ya había entonces y ahora, ni para desnaturalizar sus objetivos porque ya estaban desnaturalizados. Si la huelga hubiera expresado la confrontación capital-trabajo, con una reivindicación desde la clase, con objetivos de clase y centrados en la defensa de las conquistas obreras, tengan claro que los medios de comunicación del capital hubiesen mirado para otro lado, como poco, o habrían atacado su convocatoria y sus objetivos con la ferocidad habitual que les caracteriza. Dicho esto, y para que sea un éxito, bajémonos los pantalones y hagamos una convocatoria interclasista y transversal, trabajadora-patrona, que con reivindicaciones ajenas a un carácter de clase vamos a conseguir mucho. No hay más que ver las grandes vitorias del 15M.

Seguramente habrá mentes bienintencionadas que digan que bienvenido sea todo apoyo si la causa lo merece. Doble mentira, la de considerar que todo apoyo es válido, cuando puede que sea enemigo de una reivindicación que lo merezca por justa, y por validar el mérito de una huelga que es confusa en contenidos, alejada del significado histórico asociado a la huelga general, la defensa de las reivindicaciones de la clase trabajadora en su conjunto y el carácter de clase contra clase propia de la misma.

Desmenuzaré cada una de las tres afirmaciones porque vivimos tiempos en los que la ignorancia es un mérito conquistado con el esfuerzo de quien no quiere saber para no incomodar a su conciencia y en los que el cinismo alcanza cotas de arte. Y ello se da por igual a quienes consideran que los antagonismos entre las clases sociales son un antigualla como para los que se llaman a sí mismos comunistas, mientras sin ningún pudor se ciscan en lo que esta ideología significa y conlleva.

La huelga es un arma histórica de la clase trabajadora. La primera de la historia que algunos conocemos es muy remota. Nada menos que de 1152 antes de Cristo.

Por su naturaleza, la huelga es de producción, precisamente porque expresa el antagonismo capital-trabajo allí donde se produce de modo directo.

Hace tiempo, en la época del 15M hubo quienes teorizaron huelgas ajenas a los sindicatos y quienes como la CGT plantearon huelgas de consumo. Si sindicalmente careces de fuerza puede que salgas por peteneras y niegues la base social e ideológica de la propia huelga. Todo por el oportunismo. Al fin y al cabo CCOO y UGT son los sindicatos 2 y 3 de la patronal, la izquierda es un ejemplo de complicidad sistémica y muchos autodenominados comunistas insultan al comunismo sin pudor ni sentido alguno de la responsabilidad que debieran contraer con aquello en lo que dicen creer.

Pero los combativos, CNT en concreto, pueden aún ser más contradictorios consigo mismos. Así, este sindicato libertario y que, por principio, no reconoce la representación del Estado afirmaba el 20 de Febrero pasado lo siguiente en un comunicado de prensa:

CNT en estos días está manteniendo reuniones con grupos parlamentarios, patronales y Gobierno para hacerles llegar las reivindicaciones que sustentan la convocatoria de huelga general el 8 de marzo y negociar éstas y otras iniciativas que propone el sindicato para atajar la discriminación laboral que sufren las mujeres. El Gobierno central hasta ahora no ha respondido a la solicitud del sindicato para fijar un encuentro.”

En la última pirueta, las feministas (no distingo a las de la corriente hegemónica, la burguesa, de buena parte de las que se llaman de clase, las cuáles, lejos de enfrentarse a llamamiento de huelga feminista del 8 de Marzo, han asumido su manifiesto o han tenido miedo de denunciar lo que dicha huelga significaba) han “aportado” dos conceptos nuevos:

  • El invento de la huelga de cuidados, sostenida sobre una falsa teoría de la “explotación” dentro de la reproducción social; algo que no existe porque cualquier marxista sabe que la plusvalía se produce cuando hay relación mercantil. Cabe hablar de opresión desde los roles pero eso no implica explotación porque no hay relación salarial. No debe sorprendernos entonces que algunas de las teorizadoras del género planteen el salario al ama de casa dedicado a los cuidados, algo que ya fue propuesto por UPyD, un partido no demasiado revolucionario, en mi modesta opinión. Se les olvida que, dentro del Estado capitalista, en lo que los marxistas llamamos la reproducción social, aquello que el capital no puede convertir en ganancia a través del mercado, es gasto del Estado. Y no parece que, en el proceso de adelgazamiento del Estado social, vayan a ir por ahí las cosas, excepto que algunas propuestas actúen como la Renta Básica, un medio para atribuir unos recursos sociales, quitándolos de otros.
  • La negación de la huelga como instrumento de clase y de enfrentamiento con el capital. Una huelga que no era de clase sino de género, una huelga de mujeres y en ella cabía por igual la burguesa y la proletaria, la jefa y la trabajadora de inferior categoría, la empresaria de la PYME, que también hacía huelga, y su empleada. Así, no debe sorprendernos que, entre las denuncias del manifiesto convocante se encuentre la cuestión del “techo de cristal”, según el cual se impide a las mujeres alcanzar las más altas cotas de poder en las instituciones y en las empresas. Dejando de lado que el Estado es el consejo de administración de la burguesía, me centraré en el caso de la reivindicación de ascensos en las empresas privadas con la intención de preguntar en qué ganaría la mujer trabajadora por tener a una explotadora mujer. Seguro que la feminista de turno afirmará que ello redundaría en una mejor sensibilidad de las directivas hacia las cuestiones de género. Seguramente ese sea el caso de Ana Botín, las Koplowitz, Ana Rosa Quintana (es empresaria), Sol Daurella (Coca-Cola, la de los despidos) o Elena Pisonero (Hispasat). No me gustan ni los explotadores ni las explotadoras, algo que va en la condición de empresari@ porque, si no, no hay beneficio.

Junto a lo anterior, la demanda contra la violencia de género dentro de los objetivos de la huelga, algo terrible (un solo asesinato por violencia de género ya lo es), como lo son las muertes de 618 trabajadores en sus puestos de trabajo en 2017,  pero absolutamente ajeno a lo sindical, aporta su grano de emocionalidad que ayuda a movilizar allá dónde los objetivos laborales (brecha salarial) necesiten un plus o empujón para animarse a secundarla.

Así la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, señaló recientemente que “la violencia está incardinada en el ADN de la masculinidad”, lo que choca con la idea defendida por las feministas, en mi opinión acertada, de que el género no es innato sino adquirido. Y de que la violencia estructural en la sociedad crea modelos de violencia que ya no vemos solo entre los hombres, al menos en las generaciones más jóvenes. No sabría decir qué ADN tenía la señora Thatcher (la de las Malvinas) ni el que tiene la señora Clinton (la de Siria y Libia, por detenerme en dos simples detalles), para la que, por cierto, la excomunista Ángela Davis pidió el voto.

Sembrar odio puede dar réditos temporales a quien lo haga pero a medio y largo plazo solo sirve para incentivar una guerra de sexos que divida a la clase trabajadora en lugar de una lucha de clases que el capital no desea. Quien juegue a eso debe tener claro que no merecerá otra cosa que el repudio de quienes luchamos por un mundo realmente más igualitario. Llamativamente, la palabra igualdad y la expresión “políticas de igualdad” se han convertido en sinónimos casi exclusivos de las políticas de género en boca del poder del capital y de sus representantes de derecha y de izquierda. La idea de igualdad que vaya haciendo desaparecer las diferencias entre clases es ya solo cosa de comunistas, de los desfasados, porque los otros, los que dicen serlo pero se apuntan siempre a la última charlotada que mueva manifestantes, ya solo piensan en la igualdad que rompe los “techos de cristal”

En esta huelga la brecha salarial ha sido el banderín del enganche hacia lo sindical pero en su manifiesto se mezclan cuestiones de género, de violencia, de orientación sexual, de techos de cristal, de cuidados, de “patologización” de la salud, de huelga de consumo, de pobreza, de cambio climático y de educación….Llamativamente, no hay ninguna alusión a una de las opresiones más terribles, el de la prostitución esclavizada por proxenetas. Convendría entender en este sentido algunas de las adhesiones al manifiesto. Fieles a la estrategia del progre, atraen a cada colectivo por el “el qué hay de lo mío”. Es la política que los pseudorevolucionarios llaman “convergencia de las luchas” (aquella parida de Seattle), la visión de la protesta como coordinadora de agraviados, que la exsocialdemocracia (la de siempre era al menos de clase), y el Partido Demócrata USA, practican para atraer el voto por cuotas de identidades. Pseudoradicales y progres unidos por una “lucha” que entierre a la de clases y por un antagonismo mujer-hombre en el lugar de trabajador-empresario.

No se entiende el sentido de esta huelga sin la Marcha de las Mujeres de Mujeres sobre Washington del año pasado, a muchas de cuyas organizaciones participantes ha financiado el lobbista George Soros, como tampoco se entiende sin el concurso de la burguesía de estrellas multimillonarias progres de Hollywood del MeToo o con pseudoradicales como Silvia Federici, empeñada en desdibujar la contradicción-capital trabajo desde su ataque indirecto a la teoría marxista del valor, a través de su énfasis en la valorización de lo que desde el marxismo denominamos “reproducción” (trabajo reproductivo). Aquí personajes como la aludida están representados por Yayo Herrero, Justa Montero o Sandra Ezquerra, del mundo podemita y “miembras” de la comisión del 8 de Marzo.

Tras este análisis, debiera quedar claro cuáles son los objetivos de esta huelga, más allá del tan mencionado “visibilizar” la realidad de las mujeres.

Los objetivos son amplios y ambiciosos:

  • En primer lugar, DESCLASAR LA HUELGA al convertirla en huelga de TODAS LAS MUJERES, trabajadoras y burguesas.
  • En segundo lugar, ROMPER EL ANTAGONISMO CAPITAL-TRABAJO.
  • En tercer lugar, DESDIBUJAR LA IMPORTANCIA DE LA PRODUCCIÓN COMO ESPACIO CENTRAL EN EL QUE ESE ANTAGONISMO CAPITAL-TRABAJO SE PRODUCE, al ponerla al mismo nivel que la huelga de cuidados y que la huelga de consumo.
  • En cuarto lugar, SUSTITUIR LUCHA DE CLASES POR GUERRA DE SEXOS.

En cualquier caso, el espíritu inclusivo, interclasista, negador de la lucha de clases como motor de la historia, reaccionario de fondo, por lo que niega, y freno de las tensiones sociales de clase, por las contradicciones que atenúa, repite el bucle eterno del 15M, lo que se ha “visibilizado” en las performances de las plazas en la hora cero de la huelga.

Por encima del seguimiento que esta huelga ha tenido, podemos decir que ha triunfado porque han hecho suyo su discurso no solo una parte de la clase trabajadora (sobre todo dentro de las funcionarias y empleadas públicas), sino también los progres, los pseudocomunistas, y buena parte de quienes tienen un sentido de justicia aguzado pero una escaso sentido crítico sobre la realidad en la que vive la clase trabajadora y el modo en el que la ideología dominante, la de la burguesía, se impone como apariencia de “verdad”

L@s oportunistas sin escrúpulos y l@s ya-ni-siquiera-reformistas está claro para quién trabajan. La única duda es por cuánto lo hacen. Algunas por un buen salario en uno de tantos lobbis feministas o por alguna plaza universitaria en esa nueva disciplina que ahora está de moda y que se llama “estudios de género”. Otras por una retribución de sus egos en esos en esas tribunas que les prestan audiencia por sus servicios.

Esta huelga no ha sido inútil. Más allá de declaraciones públicas de Rajoy, Rivera, Arrimadas o Penélope Cruz, tan “sensibles” ante la desiguadad hombre-mujer, veremos un incremento de subvenciones que permitan aumentar el número de liberadas feministas, un mayor desarrollo universitario de cátedras sobre estudios de género, con sus correspondientes catedráticas, un ascensor social hacia los cargos en los casos de juezas, directoras de medios de comunicación, “miembras” en los consejos de dirección de empresas del IBEX y, muy importante, un notable incremento de las políticas profesionales dentro de los partidos y de tertulianas profesionalizadas. Estas dos últimas cosas ya las vimos con el 15M, aunque más bien en el caso de hombres. En cuanto a la mejora de la situación de la mujer trabajadora…se siente, tardará mucho más. Quizá, si hay hueco en la agenda, para el 2.500.

Pero no me hagan mucho caso. Como dicen las “partisanas” de la emancipación femenina éstas son cosas de machirulo y comumacho (hombre comunista) ¡Claro que sí, guapis!

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7 comentarios de “Huelga feminista del 8M: la reina Leticia y la Virgen María se hicieron partisanas

  1. Antonio Rato
    18 marzo, 2018 at 13:25

    Hijo mío, que antiguo eres. Yo tengo 86 años y soy más moderno. La revolución femenina es el cuarto peldaño hacia la desalienación, tras la revolución francesa, la derrota de los esclavistas y la revolución de octubre. Y quizá sea el más importante, porque es la única revolución que afecta al cincuenta por ciento de la humanidad. El siguiente peldaño, igual de importante, será el levantamiento del tercer mundo, que viene retrasado porque ya Lenin en 1914 debelaba esa opresión como el ultimo estadio del capitalismo. Lo malo de los machistas es que tardamos en adquirir conciencia. A mí me desasnaron mis nietos con más de 50 añitos de edad.

  2. Marat
    19 marzo, 2018 at 8:44

    Debería no responder a sus ocurrencias del modo que merece, señor Antonio Rato, por aquello de que tiene 86 y yo siempre he respetado a mis mayores, por aquello de que peinan canas, aunque en mi caso llevo peinándolas desde los 20 años, cosas de la genética.

    Pero como es usted un moderno, o debo decir posmoderno, de esos que hablan de la Revolución de Octubre y citan a Lenin para luego ciscarse en el marxismo, le responderé.

    No sé seré machista, como usted dice que ha sido, pero le aseguro que, al contrario que usted, no necesito que nadie me desasne porque, desde muy joven he intentado formarme políticamente, lo que nunca me facilitaron en el partido en el que entonces militaba y que, seguramente, usted adivinará cuál es. Si, ese que pasó del M-L al eurocomunismo y de éste al M-L nominal de nuevo, sin despeinarse.

    La primera obligación de un comunista es formarse políticamente para no decir tonterías. Esa obligación es ineludible. No valen ante ella demagogias de llamar a nadie intelectual o de despreciar la formación política. De lo contrario, lo que se forma son personalidades acríticas, dispuestas a comprar peines políticos para calvos y a que les cuelen de matute cualquier pensamiento reaccionario como el feminismo burgués.

    Le recordaré una cita de Clara Zetkin, promotora del Día Internacional de la Mujer TRABAJADORA, fecha que nadie tiene que ver con el Día Internacional de la Mujer (a secas). Aunque coincidan en el mismo día, sus orientaciones ideológicas son antagónicas.

    “Es preciso esclarecer profundamente el nexo indisoluble entre la situación de la mujer como persona y miembro de la sociedad y la propiedad privada sobre los medios de producción. Así delimitaremos con toda precisión los campos entre nosotros y el movimiento burgués por la “emancipación de la mujer”

    Pero eso a usted, defensor de la revolución femenina sin más le debe de importar muy poco. Es lo que trae la socialdemocracia y el reformismo disfrazados de menciones a Lenin. De ahí a sostener, como hace Lidia Falcón, que la mujer es una clase social va un paso y, tácitamente, usted está dándolo.

    Y no, la revolución femenina no es la más importante porque, aunque afecte al cincuenta por ciento de la humanidad, como usted afirma, la de la clase trabajadora afecta un porcentaje mucho mayor que incluye a mujeres y hombres y no los enfrenta, como hace el feminismo burgués; si, ese feminismo a secas, que usted está defendiendo al no hacer distinciones entre mujer burguesa y mujer trabajadora. Le recordaré que aunque una mujer no trabaje fuera del hogar, si el dinero que maneja para la reproducción social de su familia proviene del salario, es una trabajadora. Así, que mucho más que el 50% la revolución proletaria.

    Por cierto, haría bien en estudiar el concepto marxista de “alienación” para manejarlo adecuadamente.

    Que tenga usted unos buenos días, señor posmoderno.

  3. Antonio Rato
    19 marzo, 2018 at 10:19

    Creo que varias mujeres cultas y emancipadas formar parte del organismo responsable de esa publicación. A su criterio me remito para saber si su artículo es o no descaradamente machista. Se perfectamente lo que es la alienación y la relación dialéctica entre la ideología (superestructura) y las relaciones de producción (en la concepción marxista del desarrollo histórico). La ideología machista es un ejemplo de libro del concepto “alienación”

  4. Marat
    19 marzo, 2018 at 10:51

    Espero no equivocarme y pensar que hay una velada llamada a censurar mi artículo, que los responsables de esta página han aprobado por decisión propia, pues ni siquiera fue un texto que yo les remitiese. Seguramente no sea así, y no esté llamando usted a un proceso inquisitorial a mi libertad de pensamiento. Le recordaré, en cualquier caso, la frase de Marx, de cuando era director de periódicos: “La mala prensa es la prensa censurada”

    En cuanto al concepto de alienación (enajenación, en palabras de Marx) le dejo con el autor porque le veo claramente “despistado”:

    Hemos considerado el acto de la enajenación de la actividad humana práctica, del trabajo, en dos aspectos:

    1.-la relación del trabajador con el producto del trabajo como con un objeto ajeno y que lo domina. Esta relación es, al mismo tiempo, la relación con el mundo exterior sensible, con los objetos naturales, como con un mundo extraño para él y que se le enfrenta con hostilidad;
    2.- la relación del trabajo con el acto de la producción dentro del trabajo. Esta relación es la relación del trabajador con su propia actividad, como con una actividad extraña, que no le pertenece, la acción como pasión, la fuerza como impotencia, la generación como castración, la propia energía física y espiritual del trabajador, su vida personal (pues qué es la vida sino actividad) como una actividad que no le pertenece, independiente de él, dirigida contra él. La enajenación respecto de sí mismo como, en el primer caso, la enajenación respecto de la cosa.
    […]

    El trabajo enajenado, por tanto:

    3.- Hace del ser genérico del hombre, tanto de la naturaleza como de sus facultades espirituales genéricas, un ser ajeno para él, un medio de existencia individual. Hace extraños al hombre su propio cuerpo, la naturaleza fuera de él, su esencia espiritual, su esencia humana.
    4.- Una consecuencia inmediata del hecho de estar enajenado el hombre del producto de su trabajo, de su actividad vital, de su ser genérico, es la enajenación del hombre respecto del hombre. Si el hombre se enfrenta consigo mismo, se enfrenta también al otro. Lo que es válido respecto de la relación del hombre con su trabajo, con el producto de su trabajo y consigo mismo, vale también para la relación del hombre con el otro y con trabajo y el producto del trabajo del otro.
    (Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos, Primer Manuscrito: IV. El trabajo enajenado)

    Va usted muy despistado. Sigue conceptos tanto de alienación como en sus “ejemplos de libro” de autores como Marcuse cuya relación con el marxismo era la que él mismo se había inventado y que por mucho que participase en la revolución de noviembre de 1918 acabó siendo un referente de los hippies.

    Por último decirle, que mis camaradas mujeres del Espacio de Encuentro Comunista (EEC) piensan bastante parecido a mí sobre el asunto del 8M: http://encuentrocomunista.org/articles/8-de-marzo-dia-internacional-de-la-mujer-trabajadora-no-de-la-empresaria-la-banquera-y-la-politica-que-la-explotan/ A ellas me remito, por su capacidad de reflexión y su trayectoria política, como autoridades en la cuestión y no a un neoconverso, de los de “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”, al feminismo de Hillary Clinton

    Que tenga buenos días. Por mi parte, puede usted continuiar en forma de monólogo si lo desea. Yo tengo bastante tarea por delante hoy como para continuar perdiendo mi tiempo.

  5. Antonio Rato
    20 marzo, 2018 at 10:08

    El enlace que Vd. me manda comienza con la siguiente frase:
    “La clase trabajadora tenemos muchos motivos para ir a una huelga general, y las trabajadoras, la mayoría de mujeres, tenemos todos esos y algunos más”. El resto del artículo es dogmatismo excluyente.

    En el programa del PC, que recibí al afiliarme, el objetivo inmediato del partido era la democracia burguesa, y en la consecución de ese objetivo colaboramos con los monárquicos de “Unión Española” como Jaime Miralles o Joaquín Satrústregui, con los socialistas de Llopis vendidos a la CIA (antes de Suresnes), con los viejos republicanos ultrareaccionarios, etc. etc.

    El objetivo actual no es la revolución socialista, sino la consolidación de una revolución burguesa a punto de frustrarse. Cualquier marquesa que quiera luchar por la igualdad de ,la mujer debe ser acogida con los brazos abiertos. Vd. se burla del obispo que dice que la virgen iría a la huelga y silencia al obispo vasco que dice que que la huelga fue convocada por el diablo.

    Decía Nietzsche que en tiempos de paz el hombre belicoso se destruye a sí mismo. Mucho me temo que el Partido, que ha sido heroicamente combativo contra el fascismo, haya entrado en un proceso de autodestrucción.

    Me gustaría tener la última palabra, para no tener que perder más tiempo diciendo obviedades, señor listo

  6. Antonio Rato
    20 marzo, 2018 at 10:27

    P.S. Hablando de obispos, me olvidaba de la fructífera colaboración con los cristianos progresistas y del humor de Bergamín: “Yo con los comunistas hasta la muerte. Después yo al cielo y ellos al infierno”

  7. Guiomar Sarabia
    21 marzo, 2018 at 19:00

    Mal vamos, sr. Marat, si exponemos una idea con la pretensión de que ésta sea incontestable, de dictar sentencia. Es peor aún si cuando nos reclaman un debate solo sabemos responder groseramente. Escuchar o leer a otras no es perder el tiempo, normalmente sirve para pensar, reflexionar, rectificar o reafirmarnos y, así, aprender.
    Mujer, pobre, negra, atea, comunista. Mujer, atea, negra, comunista, pobre. Mujer, negra, comunista, pobre, atea.., ponga usted el orden, yo no sé hacerlo. Mi única filosofía es sobrevivir mientras intento transformar este machista mundo para la siguiente generación de mujeres.

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