José-Tomás Cruz Varela: Huelga del 8M. Reflexionar y actuar en consecuencia

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Como testimonio y reconocimiento a todas las mujeres que he conocido a lo largo de mi vida profesional y personal.

En España, desde hace años y afortunadamente, gozamos del derecho a la huelga como un acto reivindicativo de presuntos derechos sobre múltiples aspectos. De ahí que  el jueves 8 y coincidiendo con el Día Internacional de La Mujer, se convocase una huelga femenina para protestar contra todas las desigualdades en diversos aspectos y esencialmente en el ámbito laboral, por las injustas y ofensivas diferencias salariales entre hombre y mujer con el mismo cometido.

Tras anunciarse su celebración, de inmediato surgieron diferencias sobre la oportunidad y/o necesidad de su materialización, a tenor de los dispares puntos de vista aparecidos en los medios de comunicación. En esta ocasión y por parte de una corriente de opinión “supuestamente feminista”, se defendió la postura de no reconocerse víctimas de hermanos, parejas, padres y compañeros, considerándolos como sus iguales masculinos y rebelándose contra esa identidad que niega su individualidad.

Otro colectivo, posiblemente mayoritario, tras la implantación de la Ley de Violencia de Género, protegieron al sexo femenino como seres discriminados por una sociedad descaradamente machista y con todas las consecuencias de sobra conocidas y sufridas.

Conviene aclarar que no se trata de una batalla contra los hombres, sino una lucha contra los privilegios masculinos desde siglos, algunos de los cuales perviven lamentablemente.

En esta ocasión, hasta en el seno la iglesia católica han surgido discrepancias entre los obispos. Concretamente, el de Tarazona (Zaragoza), Eusebio Hernández, se sumó a las movilizaciones y reivindicaciones del día 8, criticando la desigualdad salarial y solicitando la incorporación de la mujer a cargos de mayor responsabilidad en el seno de la iglesia. En sentido contrario, su homólogo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, se opuso firmemente a las citadas peticiones, afirmando ver al demonio dentro del movimiento feminista que las promueve, actitud que no parece muy seria… El prelado guipuzcoano criticó duramente al “feminismo radical” asegurando tener como  perjudicadas y sacrificadas a las propias féminas…

Lo suyo será que cada mujer, de acuerdo con su conciencia y olvidando pertenencias y militancias políticas, reflexione y decida en consecuencia….

Atentamente.

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