87 aniversario de la II República: confusionismo, verdades a medias, y mentiras

Alba Peraleda ||

Periodista ||

El 14 de abril hemos salido una vez más a la calle a celebrar el 87 aniversario de la Segunda República. Aunque a lo largo del día parecía amenazar lluvia, con el cielo cubierto de nubarrones y solo algunos claros, a medida que avanzaba la tarde abría hasta quedar un cielo despejado de nubes. Un cielo azul muy madrileño.

© Juanjo Delapeña

En la convocatoria de las organizaciones convocantes se decía que el lema de este año sería “Por la libertad de expresión, por la autodeterminación de los pueblos, por los derechos laborales y sociales”. Al mismo tiempo se decía que era una “Manifestación por la República y de solidaridad con Catalunya”.

Ni que decir tiene que “la libertad de expresión” nos parece un derecho fundamental, como así lo reconoce el artículo 20 de la Constitución de 1978. Que esa libertad se siga defendiendo frente a las infracciones que a veces se cometen contra ella, particularmente desde la instauración por el gobierno del PP de la llamada “ley mordaza”, nos parece legítimo. Todos reclamamos la abolición de esta ley represiva que vulnera los derechos y libertades reconocidos en el citado artículo 20. Consideramos también oportuno que la manifestación sea asimismo en pro de los derechos laborales y sociales. Hay, sin embargo, en ese lema algo que nos chirría y que nos suena a reivindicación fuera de lugar, la que se refiere a la “autodeterminación de los pueblos”. Que sepamos, España no tiene hoy ya colonias. Si las tuviera, seríamos los primeros en reclamar el derecho a la autodeterminación de los pueblos oprimidos o colonizados por España. Cabe suponer que los convocantes a la manifestación reclaman este derecho a la autodeterminación en solidaridad con los pueblos oprimidos o colonizados por otras potencias europeas, de los que pudieran quedar hoy todavía por el mundo.  De lo contrario, la reivindicación de este lema no tendría sentido. Preferimos no pensar que por esos “pueblos” se entienda los de España, es decir, catalanes, gallegos, vascos, andaluces, extremeños, asturianos, etc., porque, claro, pensar que estos “pueblos” están oprimidos es una falacia.

Otro eslogan que reclama, junto a la reivindicación “por la República, la “solidaridad con Catalunya” contribuye a aumentar el confusionismo del llamamiento. ¿Qué Cataluña? ¿La Cataluña que quiere independizarse del resto de España o la Cataluña que permanece fiel a la Constitución? Si es la primera, ¿por qué no decirlo? ¿Por qué no expresar abiertamente que, para los convocantes, Cataluña significa los separatistas presos o los que han huido al extranjero? De nuevo nos encontramos aquí con un discurso ambiguo, que contribuye a aumentar la confusión.

Pero, para volver a la manifestación del 14 de abril, cuyo recorrido era de la Plaza de la Cibeles a la Puerta del Sol, diremos que transcurrió pacíficamente. Sobre las cabezas de los manifestantes flotaban decenas de banderas republicanas. No vimos ni una sola estelada; sí, algunas, muy pocas, banderas catalanas (senyeras), vascas (ikurriñas) y de Izquierda Castellana. La única muestra, que podríamos calificar de solidaria con el independentismo catalán fue la protagonizado por un grupito de manifestantes portando un estandarte que rezaba: “Jo soc CDR”, es decir, “Yo soy Comité de Defensa de la República” y precedido de una pancarta, en la que podía leerse: “Hay que cortar autopistas”. No obstante, los eslóganes coreados por algunos de “Libertad presos políticos” encontraron escaso o nulo eco. Fueron voces aisladas. Se ve que este eslogan, que tanto entusiasmo parece suscitar entre las huestes del independentismo en Cataluña no convence demasiado al resto de los españoles, particularmente a los más mayores que saben bien lo que fueron los auténticos presos políticos bajo la dictadura franquista.

Algunos de los eslóganes son ya tradicionales en manifestaciones por la República: España, mañana, será republicana” o “Que viva la lucha de la clase obrera”. Otros, como “Abajo la monarquía” y “Viva la República”, forman ya parte del repertorio habitual. Tampoco faltaron eslóganes contra la dinastía reinante, tales como “Los Borbones son unos ladrones”, o contra el propio rey: “Felipe, ¿quién te votó?”

Hubo algunos eslóganes coreados por los más jóvenes, tales como “No pasarán” o “Madrid será la tumba del fascismo”, que todo republicano no puede sino aplaudir, pero que no parece vinieran a cuento en esta ocasión. Sonaban como un aviso o advertencia del peligro que, como en 1936, volvía hoy a estar a nuestras puertas.  Conviene aclarar las cosas. El PP es, sin duda, un partido de derechas, que representa los intereses del gran capital, pero al que no cabe calificar de fascista, Es obvio que hay todavía en sus filas muchos personajes nostálgicos de Franco y muchos herederos biológicos e ideológicos del franquismo, pero también que el PP (antaño Alianza Popular) no le quedó más remedio que plegarse a la presión popular (también internacional) y entrar en el juego democrático. Ello significa que el PP tuvo que terminar por aceptar la Constitución de 1978 que, pese a sus lagunas y deficiencias, fue la que trajo la democracia a España. Una democracia con sus defectos, pero, al fin, democracia.

En cuanto al número de manifestantes, algunas personas a las que pregunté calcularon que habría de 5.000 a 6.000 personas. Desde luego, bastante más que la cifra de “unos centenares”, que daba La Razón, al que la sola mención de la palabra “Republica” provoca urticaria. Puede que muchos republicanos o de familia republicana de toda la vida no fueran a la manifestación sospechando que esta conmemoración no tenía nada que ver con la idea de República, en la que ellos fueron educados y en la que siguen creyendo. El confusionismo conscientemente creado para que la adhesión a la República española se interpretase como una adhesión a la “República catalana” no pasó desapercibido para muchos que rechazan la trampa en la que se les quiere hacer caer.

Además de numerosas “personas mayores” (eufemismo para “ancianos”) y de numerosos cincuentones, nos sorprendió la gran afluencia de jóvenes y de “jóvenas”, algunos de ellos con pinta de adolescentes. Unas palabras sobre la “estética” de esta juventud “ultrarrevolucionaria”. No es una “estética” ni mucho menos nueva, pero parecen haberla adoptado como signo distintivo. Entre las “jóvenas” cabe destacar la moda “gótica” cada vez más extendida: labios pintados de color muy oscuro, que les da un aspecto de “vampiras”. Entre los chicos, pelo largo. Atado arriba con una coleta o un moño. En cuanto a la indumentaria, mallas negras muy ajustadas. Fue así cómo vimos desfilar a un grupo de jóvenes y “jovenas”, que cerraban la manifestación del 14 de abril, esgrimiendo banderas rojas y cantando la “Joven Guardia”. Portaban grandes retratos de Marx, Engels, Lenin…y Stalin. Son las Juventudes de algunos de esos grupúsculos desgajados del PCE, que se autodenominan marxistas-leninistas. Marchaban como soldados con paso militar. Algunas amigas republicanas que los habían visto desfilar me comentaron que esos jóvenes “les habían dado miedo”. No me extraña. Había en ellos algo que recordaba peligrosamente a las Juventudes hitlerianas o a las Juventudes fascistas. La “República” de estos jóvenes no tiene nada que ver con la República de los que hemos sido educados desde niños en los valores de la II República española.

Nos pareció que en esta manifestación predominaban los grupúsculos “izquierdistas”, es decir, los que se sitúan a la izquierda de PCE, a juzgar por las organizaciones convocantes. Entre éstas, además del Partido Comunista de Madrid (PCM) e IU, figuraban toda una serie de agrupaciones como el PCE (m-l), el PCR y el PCPE. Firmaban también el manifiesto Estudiantes en Lucha, Unidad Cívica por la República (UCR) y toda una serie de Juntas Republicanas de diversos barrios de Madrid como Moratalaz y Vallecas, y Agrupaciones Republicanas como la de Coslada o la de Móstoles. Una pancarta enorme del Partido Marxista-Leninista (Reconstrucción Comunista), que ocupaba todo lo ancho de la calzada, rezaba: “Luchemos por la República Popular y Federal Española”.

Solo cuando los manifestantes desembocamos en la Puerta de Sol, los sones del Himno de Riego nos recordaron que estábamos en una manifestación por la República Española. Llegó después el momento de leer el manifiesto de las organizaciones convocantes. Antes, como ya se había anunciado, se dio la palabra a una representante de los Comités de Defensa de la República (CDR), catalana, por supuesto, para leer un comunicado.  En éste, la oradora recordó “la lucha conjunta de nuestros pueblos contra el fascismo en la Guerra, así como que todos los pueblos del Estado luchaban hoy contra un “enemigo común”; “el Régimen heredado de la Dictadura”. Pidió solidaridad contra “la represión”.

Este comunicado contiene, por un lado, verdades a medias, y, por otro, mentiras, En el primer caso, “la lucha conjunta contra el fascismo en la guerra” es relativa. No hay que olvidar que, en mayo de 1937, el gobierno de la Generalitat, supeditado totalmente a las Milicias Antifascistas de la CNT y a la FAI (Federación Anarquista Ibérica) se rebeló en plena guerra civil contra el gobierno legal de la República, contribuyendo a debilitarlo y haciéndole así objetivamente el juego al fascismo. Y, en el segundo caso, la lucha de todos los pueblos del Estado” contra el “enemigo común” personificado en el “régimen heredado de la dictadura”, en resumidas cuentas, el “régimen del 78”, ni qué decir tiene que a los republicanos españoles nos parece una falacia. Lo que algunos llaman el “régimen del 78” es una democracia, imperfecta, desde luego, pero, al fin, democracia. No confundamos el sistema de gobierno con el partido gobernante. Éste es hoy de derechas. Combatámoslo en las urnas, para que mañana nos gobierne un partido que respete de verdad los derechos laborales y sociales, reconocidos en la Constitución.

Por último, se leyó el “Llamamiento de las organizaciones republicanas de Madrid”. Aquí también salió a relucir “el régimen del 78”, que fue objeto de los consabidos ataques. Es evidente que millones y millones de españoles de izquierdas comparten muchas de las reivindicaciones de este Llamamiento. Entre otras, la recuperación .de la Memoria Histórica la lucha contra la impunidad del franquismo, el rechazo de la Europa de los mercados, que reduce a la gente a la miseria, así como la defensa de una República democrática y federal, o la condena del imperialismo yanqui. Otras, en cambio, no son tan evidentes.

Como broche final, José María Alfaya, el incombustible aeda de la JER (Junta estatal Republicana) interpretó a la guitarra algunas canciones.

Nuestra reflexión final es que, mientras el republicanismo español esté en manos de instituciones como la JER y otros grupitos caracterizados por el confusionismo, la ignorancia y la ineficacia, habrá que esperar a las calendas griegas para el advenimiento de la III República española.

El principio establecido en Crónica Popular exige que, para que los autores de un comentario a un artículo, firmado con nombre y apellidos, vean publicado su comentario, deben firmar de igual modo el textos que nos envíe. En caso contrario, no se publicarán.
Y eso lo haremos aunque el comentario sea favorable al artículo: no se publicará ningún comentario si no va acompañado por la identificación personal de su autor.

5 comentarios de “87 aniversario de la II República: confusionismo, verdades a medias, y mentiras

  1. Joaquín Soler
    21 abril, 2018 at 11:47

    Gracias Ma Rosa por tu descripción y analísis de la manifestación de la II Republica española de Madrid. Deseo que no hayas consultado a la Pitonisa del Oráculo de Delfos la proclamción de la III República, ya que si hemos de esperar a las calendas griegas, los republicanos lo tenemos muy dificil. Hemos de seguir luchando todos juntos sin protagonismos absurdos.Recibe un fuerte abrazo,
    Joaquín Soler

  2. Joaquín Soler
    21 abril, 2018 at 17:22

    Gracias Alba por tu descripción y análisis de la manifestación de la II República española de Madrid. Deseo que no hayas consultado a la Pitonisa del Oráculo de Delfos el futuro de la proclamación de la III República, ya que si hemos de esperar a las calendas griegas, los republicanos lo tenemos muy difícil. Hemos de seguir luchando todos juntos y juntas sin protagonismos absurdos. Recibe un fuerte abrazo, nos vemos.

  3. Julio Reyes Rubio
    21 abril, 2018 at 22:51

    El concepto expresado en este ensayo, en referencia a la actual situación de España, para algunos, un Estado agónico y en descomposición y para otros, al contrario, una calificación subjetivamente exagerada y sin fundamentos.
    No obstante, la simple realidad es que si nos proponemos realizar un análisis exhaustivo de la existencia aparente del actual Estado definido en este momento, como “la España de las autonomías”, podremos encontrar diferentes concepciones distintas y enfrentadas, algunas con una ceguera intelectual incapaz de acercarse a la verdadera realidad.
    Cinco siglos han pasado de herencia histórica desde que Dª Isabel I, reina de Castilla y D. Fernando II, rey de Aragón consumaron tras su enlace matrimonial la construcción de España como Estado, integrando posteriormente para su consolidación definitiva con la actual realidad el reino de Granada y Navarra, que completaron su obra e iniciaron la Edad Moderna.
    Desde su creación, España, ha sufrido en varias etapas históricas hasta la actualidad de momentos penosos para su historia nacional estando en peligro su unidad y en trance de perderla y recordando a nuestro pensador, D. José Ortega y Gasset, en su“ España invertebrada” opinaba que la desintegración, la ruptura de la unidad nacional se produce cuando se pierde la conciencia de que se está sirviendo a una empresa histórica común; entonces a esta idea nacional, la sustituye la del particularismo y de este particularismo nace el regionalismo o sea la exaltación sentimental del amor al terruño, a la región, por encima del amor a la nación de la que forma parte.
    De estos regionalismos exacerbados era de los que decía en el siglo XVIII el escritor Padre Feijo “su espíritu es todo carne y sangre y cuyo pecho anda como el de la serpiente, siempre pegado a la tierra”. “No hay inconveniente añadía, en mirar con ternura el humo de la patria, mientras el humo de la patria no ciegue al que le mira”.
    Y así, de esta ceguera del regionalismo atizada por muchas causas nacidas todas del olvido de la empresa nacional, viene luego el separatismo, en donde ya aquella embriaguez afectiva por el terruño se convierte en crimen y traición.
    El pueblo español llega al año 2000 y al entrar en el nuevo siglo tiene pendientes unos problemas añejos de resolver de décadas pasadas y que pese a la voluntad de parte de nuestra clase política de aportar soluciones, otras atizan las hogueras del pasado con sus resentimientos y el recuerdo en contracorriente con el noble pensamiento del pueblo llano que aspira al derecho a vivir en paz y en libertad.
    Ni el actual ordenamiento constitucional con el establecimiento de un sistema político basado en un régimen de libertades, ni la forma de Estado de monarquía parlamentaria ni el progreso material de la transformación social a un Estado hegemónico considerado como la octava potencia mundial son capaces de solucionar definitivamente la crisis de identidad que padece la sociedad española, que deja pasar el devenir del tiempo sin buscar la solución de sus males; el separatismo periférico, la existencia del fantasma denunciado ya en el siglo XIX por D. Mariano de Larra, que decía del mito de las dos Españas, “ aquí yace media España, murió de la otra media” y la falta de armonía entre las dos clases políticas, una defensora de una España constitucional descentralizada regionalmente pero integradora y con una defensa a ultranza de su unidad y orgullosa de su pasado histórico y la otra, con otro pensamiento diferente, definiéndola como una Nación de Naciones en referencia a la institucionalización de los regionalismos locales y con una desmesurada defensa de la libertad individual hasta caer en el anacronismo de concebirla como una futura Confederación ibérica de naciones, así como soñaba emblemáticamente y cándidamente, nuestro Presidente de la Primera República D. Francisco Pi y Margall.
    Esta realidad, es la que define a la actual España en invertebrada y solamente si la actual sociedad española liderada por esta clase política es capaz con acierto e inteligencia de superar los fantasmas del pasado y de admitir sus errores históricos en sus convicciones políticas admitiendo que el enfrentamiento y las convulsiones pasadas, fueron debidas a clases políticas sectarias e intransigentes que equivocadamente utilizaron la guerra civil como móvil para saciar, unos sus ambiciones personales y otros, sus pretendidos movimientos revolucionarios para imponer por la fuerza sus convicciones sin importarle los derechos fundamentales del ser humano en cuanto a integridad física, sus sufrimientos y su derecho a vivir en paz y en libertad.Solamente superando estos hitos históricos y olvidando por todos esta sociedad pasada, objeto de recuerdo solo en hemerotecas para los estudiosos de la historia, será posible la realidad de una nueva España, capaz de ofrecer un futuro de paz, prosperidad y felicidad a la nueva generación de ciudadanos nacidos aquí, unos naturales y otros de distinto del origen de procedencia y con el orgullo de enriquecer económicamente y culturalmente a esta futura Unión Europea, madre de un conjunto de naciones, Patrimonio de la Humanidad.
    Julio Reyes Rubio

  4. Julio Reyes Rubio
    21 abril, 2018 at 22:57

    La II Republica española se proclama el 14 de Abril del 1931 y esta vigente hasta el 18 de Julio del 1936, fecha de la iniciación de la guerra civil y tuvo una vida precaria por sus turbulencias políticas interiores y se distinguieron tres tendencias: una extremista de izquierda en el que militan socialistas, comunistas y anarquistas; otra tendencia republicana donde se distinguen el Partido Radical, el Radical Socialista e Izquierda Republicana y una tendencia monárquica minoritaria apareciendo un nuevo partido republicano de derechas, de carácter conservador,la Ceda de Gil Robles.
    Terminada la guerra civil y abolida nuevamente como la anterior I República es necesario preguntarse ¿Porqué fracasó la II República?
    Muchas son las razones que se me ocurren para acercarme una solución equilibrada a este complejo dilema.
    La República era una forma de Estado como en aquel entonces y ahora en países de nuestro entorno (Francia y Portugal) con formas republicanas con diferentes concepciones, una democrática y la otra con un sistema cesarista, pero al fin ambas repúblicas.
    ¿Porque en España tras dos tentativas había fracasado esta Institución? La segunda República fracasó por la incapacidad de la derecha y de la izquierda de entenderse en la alternancia democrática y donde desgraciadamente el desencuentro de las dos Españas, estuvo más vivo y presente.
    Existían dos rivales políticos la derecha y la izquierda cuyo comportamiento fue por la izquierda de intentar sepultar definitivamente la España tradicional con sus poderes fácticos, la Iglesia y el ejército así como también el viejo orden monárquico decimonónico y por la derecha su intransigencia a cualquier tipo de reformas que afectara a las bases sociales privilegiadas que ella representaba.
    No hubo voluntad de sus dirigentes de defender una fórmula de convivencia política, es decir un paraguas de protección para todos y así la izquierda atomizada en múltiples tendencias, cada una con su diferente modelo revolucionario tuvo enfrente a una derecha, no ideológicamente republicana, sino improvisada de los restos del conservadurismo español decimonónico y ahora influenciada por la Iglesia traumatizada por el sectarismo de izquierdas republicano.

    Así pues sintetizo las razones que particularmente considero como la causa del fracaso republicano y son las siguientes:

    Por el comportamiento de la izquierda

    1º) El sectarismo político frente a la Iglesia con sus medidas represoras (la disolución de los jesuitas “medida según mi criterio acertada”, la expulsión de sus ministros como el caso del cardenal Segura, la campañas de quema de conventos e iglesias) con una actividad pasiva de las autoridades (Presidente de la República y Ministro de la gobernación) de tomar medidas para evitar y castigar estos desmanes.

    2º) La falta de visión política de integrar al Ejército dentro del marco legal republicano con un acercamiento a sus bases y a sus cuadros de mando para hacerles participar en la construcción republicana.
    El ejército fue pieza clave en la estabilidad de los régimenes políticos anteriores y decisorios en la consolidación del liberalismo político durante el siglo XIX.
    Ante esta ausencia de motivación por parte de la izquierda republicana de contar con el Ejército, al revés se utilizó una política negativa de sectarismo cómo expresó equivocadamente Azaña en sus actos públicos donde manifestaba que “era necesario triturar al ejército”. Este fue el motivo que el 18 de julio del 1936 la inmensa mayoría del Ejército se sumará a la sublevación militar contra la República.

    3º) En la reforma de las viejas estructuras Institucionales de la Iglesia y el Ejército el Gobierno no tuvo la iniciativa de contar con parte de su base social para hacerles participar y consensuar la necesidad de su reforma.
    La proclamación de la II República supuso ilusión y alegría a parte de los integrantes de la jerarquía eclesiástica y militar a niveles de clases bajas de esta Institución que incluso con su voto favorecieron la implantación del nuevo orden.

    4º) La izquierda republicana subestimo la influencia de la Iglesia en la sociedad española y cuando fue maltratada la incitó a su participación política a través de sus asociaciones católicas agrarias de oposición al sistema y con la formación del partido más representativo de la derecha española,la Ceda cuyo embrión procedía de la misma Iglesia.

    5º) La idealización excesiva de las formaciones políticas de izquierda a planteamientos revolucionarios (revolución de octubre del 1934, Castilblanco,Casas Viejas,etc.,) y no a una pacífica reforma paulatina de las estructuras institucionales.

    6º) La falta absoluta de responsabilidad política y de respeto al pluralismo democrático de algunos de los dirigentes de los partidos políticos y tendencias (Largo Caballero, Companys,etc.,)que alentaban a las masas a la sublevación y a la vía revolucionaria alterando la convivencia pacífica de la sociedad.

    7º)La bipolarización política en Europa de los años 30 con la existencia de sistemas democráticos débiles y la aparición de dos concepciones de Estados totalitarios,el soviético de la Revolución rusa del 1917 y el triunfo del Nazismo y del Fascismo en Alemania e Italia respectivamente.

    Por el comportamiento de la derecha

    1º) La ausencia de partidos ideológicamente republicanos pues los existentes procedían de minorías monárquicas, tradicionalistas y otros de influencia marcadamente católica y que se constituyeron precipitadamente para participar en la alternancia política.
    .
    2º) El inmovilismo de los partidos de derecha siempre opuestos a cualquier cambio o reforma, aunque estuviese justificada incluso sin incluir propuestas de reforma en sus programas electorales.

    3º) Los partidos de la derecha y las asociaciones sindicales tenían una clara influencia católica y de motivación política en defensa de la Institución que había sido injustamente tratada por la izquierda republicana.

    4ª) La identificación de la derecha con los movimientos autoritarios de Alemania e Italia en Europa e incluso con el Estado Novo portugués para garantizar su supervivencia tras la radicalización de los partidos de izquierda y sindicatos a sus tesis revolucionarias.

    El 14 de abril de 1931 fue una oportunidad histórica en España de instaurar un sistema que tras el fracaso de la renovación política del régimen anterior preveía ser el futuro sistema político capaz de garantizar la convivencia pacifica entre españoles.
    Desgraciadamente la historia pasada nos demostró que no fue posible y a pesar de que hasta ahora unos y otros realizan sus sueños frustrados, la realidad fue diferente.
    La monarquía como Institución ya había perdido su razón de ser y su contenido en una sociedad liberal consolidada y la República en países de nuestro entorno geográfico se instituyó y a pesar de los problemas iniciales de adaptación como la 1ª y 2ª República francesa y la 1ª República portuguesa finalmente se consolidaron como Instituciones futuras.
    Si el movimiento insurreccional del 18 de julio del 1936, hubiera mantenido la Institución republicana como forma de Estado y su bandera puesto que la República no es exclusiva de la izquierda, la guerra civil se hubiese decelerado e incluso apagado pues la izquierda moderada hubiese mediado en un arbitraje para evitar el horror sin precedentes que sufrió la sociedad española en el trienio trágico.
    Quizás aunque Franco por su protagonismo y supuesta ambición personal hubiese establecido un Gobierno provisional habría sido dentro de una República aunque fuese de orientación cesarista y a imitación del gobierno de antaño en el Portugal republicano de Sidonio País o de Hitler en Alemania.
    Así hubiese sido posible dentro del marco republicano una evolución posterior a una democracia participativa y quizás en casi cuarenta años de gobierno personalista los hubiera ocupado como Presidente vitalicio de la República a imitación del Mariscal Carmona en Portugal delegando la Jefatura del Gobierno en otra persona que con el transcurso del tiempo y por influencia de Europa tras la II Guerra Mundial se hubiese alcanzado antes la vuelta a la plena democracia.
    Franco hubiese sido para un sector muy importante del país como el “Padre de la Patria” al mantener y reformar una República, que adolecía al principio de sus problemas de adaptación pero corregidos en el caminar de la Institución se hubiese transformado en una Institución modélica para el presente y con visión hacia el futuro.
    Franco desaprovechó esta verdadera oportunidad y de haber alcanzado la grandeza y la gloria de la paternidad de esa República como lo fue la figura de Kemal Atatürk, militar como él en la moderna Turquía.
    Y como colofón manifestar que la Guerra Civil supuso el ultimo episodio trágico del enfrentamiento secular de las “dos Españas”que ha dejado durante varias generaciones una secuela moral difícil de superar y su memoria histórica debe ya definitivamente pasar al olvido.
    En mi libro: “La España critica….una Iberia posible” comento esta tragedia humana y manifiesto:
    “Desgraciadamente, la anarquía existente en las dos Españas enfrentadas trajo sin por ello olvidar, otras sangres inocentes derramadas con los métodos represivos de los dos bandos que usaron dureza.
    Vamos a recordar dos víctimas de esta barbarie la desaparición de dos personajes que la sufrieron en su persona, dos genios de la pluma Federico García Lorca y Ramiro de Maeztu inútilmente sacrificados por el odio enfermo de los contendientes.
    Olvidemos para siempre esta tragedia con su memoria histórica y sepultemos definitivamente la triste realidad que denunciaba Mariano José de Larra del convulso periodo decimonónico: “Aquí yace media España, murió de la otra media”.
    Recordemos tiempos pasados donde reinaba la armonía en el pueblo y todo el estrato social participaba en actos colectivos como se refleja el gran genio pictórico Francisco de Goya en su obra “La Pradera de San Isidro” con escenas de fiestas, alegría común y jolgorio popular y en otros como “La carga de los mamelucos” donde todo un pueblo unido, participa en su lucha contra el invasor francés.
    Esta dramática experiencia de democracia liberal ensayada que han tenido los españoles en 1870 y que desafortunadamente se repitió en 1931 con dos repúblicas edificadas sobre la arena y cuyos cimientos fallaron y que no encontraron una convivencia pacífica no tenía otra alternativa que la rectificación y sería en julio del 1936 la prueba definitiva a tanto experimentado fracaso.
    El escritor británico, Arthur Koestler combatiente de las Brigadas Internacionales en su libro “Barcelona 1937” dice “que ganase, quien ganarse y por mucho que se invocara a la República fenecida y se pretendiera que eran sus banderas las que combatían, el decisivo trance no podía tener una desembocadura liberal”.

    Julio Reyes Rubio

  5. Julio Reyes Rubio
    21 abril, 2018 at 23:25

    PROLOGO(ENSAYO:(LA CONFERENCIA DE POSTDAM:LA RESTAURACION DE LA REPUBLICA Y LA RECOCILIACION.)
    El título sugerido para este ensayo es una mera ficción, que no corresponde a la realidad, por dos razones primordiales: España es una monarquía parlamentaria y la reconciliación tardará una generación más en olvidar las heridas abiertas en nuestra sociedad, tras la desdichada Guerra Civil (1936-1939).
    El concepto de guerra fue tabú desde la Baja Edad Media y era la Iglesia quien la condenaba entre los príncipes cristianos desde el siglo XV y todavía más execrable si se trataba de una guerra civil entre hermanos.
    Mis razones son meramente morales en olvidar y sepultar definitivamente esta tragedia humana que ocurrió y que el pueblo español tuvo que soportar, aquel de las grandes empresas de antaño y con una orgullosa historia, repleta de actos gloriosos y heroicos, envidiado por otros pueblos de la Tierra, fue desdichadamente protagonista de este horrendo episodio.
    Tras las victorias de los Aliados (Estados Unidos de America, Gran Bretaña, Francia y la URSS) sobre las potencias del Eje (Alemania, Japón e Italia) en fecha de 11 de febrero de 1945 se reunieron en Yalta (Península de Crimea) los dignatarios Churchill, Roosevelt y Stalin y tomaron un acuerdo no oficial donde se estipulaban varias decisiones sobre el futuro de Europa y del mundo.
    Entre las más importantes estaba el convocar una conferencia en San Francisco para organizar las Naciones Unidas; el desarme, desmilitarización y partición de Alemania con el fin de garantizar la futura paz y seguridad en cuatro zonas, una para cada aliado y una para Francia; la cuestión de juzgar los crímenes de guerra quedó propuesta; un gobierno democrático extranjero en Polonia para preparar elecciones libres; la indemnización a pagar por Alemania por las pérdidas a las naciones aliadas en el curso de la guerra; en Yugoslavia un acuerdo que uniera los gobiernos comunista y monárquico;
    la URSS se comprometía a declarar la guerra a Japón a cambio de la entrega de la isla de Sajalín y las islas Kuriles y otras dadivas y por último la decisión de fijar las fronteras de Italia con Yugoeslavia y Austria.
    En una Conferencia posterior, celebrado en Potsdam (Alemania) en fecha entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945, los primeros ministros de las potencias aliadas Churchill y después su sustituto Attlee, Truman y Stalin decidieron como administrar Alemania que se había rendido el 9 de mayo de 1945 y los asuntos relacionados con los tratados de paz y el estudio de los efectos de la guerra.
    Los principales acuerdos tomados fueron la devolución de todos los territorios europeos anexionados por la Alemania nazi desde el 1938 y la separación de Austria; la persecución de los criminales de guerra nazis; ultimátum a Japón que debía de rendirse sin condiciones y la propuesta de Stalin que quería la ruptura de toda la relación con el gobierno de Franco, llegando al acuerdo con los Estados Unidos, la URSS e Inglaterra para que se opusieron a la entrada de España en la ONU.
    Esta última declaración es la que modifico su veracidad en este ensayo y la traslado a una declaración oficial de guerra contra Franco, el gobierno de aquel entonces en España como fruto de una victoria militar, tras tres años de contienda civil ayudado por las potencias del Eje vencidas (Alemania e Italia).
    En esta parte del ensayo es cuando cuento una historia mágica, que es totalmente irreal pero asistido de un objetivo moral, que es eliminar de un plumazo la intolerancia política y de idea de las dos Españas.
    Está dos Españas pugnaban desde el principio del siglo XIX permanentemente por imponer sus respectivos proyectos políticos, unos para instaurar el constitucionalismo y la revolución liberal burguesa y otros para evitar lo inevitable, que era la caída de la monarquía absoluta en un contexto contrarrevolucionario.
    Su origen está en el concepto delas contiendas fratricidas a lo largo de los siglos XIX y XX. La pugna entre liberales y absolutistas se acentúa en la Guerra de la Independencia, en el reinado de Fernando VII y las tres Guerras Carlistas en el período comprendido entre (1833-1876) y se extendió a la Guerra Civil española (1936-1939).
    El cambio de tema es porque en muchos de mis libros condenó la Guerra Civil española (1936-1939) y digo lo siguiente.
    En mi libro: “La España critica….una Iberia posible” comento esta tragedia humana y manifiesto:
    “Desgraciadamente la anarquía existente en las dos Españas enfrentadas, trajo sin por ello olvidar otras sangres inocentes derramadas, con los métodos represivos de los dos bandos que usaron la extrema dureza.
    Vamos a recordar dos víctimas de esta barbarie, la desaparición de dos personajes que la sufrieron en su persona, dos genios de la pluma Federico García Lorca y Ramiro de Maeztu inútilmente sacrificados por el odio enfermo de los contendientes. Olvidemos para siempre esta tragedia, con su memoria histórica y sepultemos definitivamente la triste realidad que denunciaba Mariano José de Larra, del convulso periodo decimonónico: “Aquí yace media España, murió de la otra media”.
    Recordemos tiempos pasados donde reinaba la armonía en el pueblo y todo el estrato social participaba en actos colectivos como refleja el gran genio pictórico Francisco de Goya, en su obra “La Pradera de San Isidro” con escenas de fiestas, alegría común y jolgorio popular y en otros como “La carga de los mamelucos” donde todo un pueblo unido, participa en su lucha contra el invasor francés.
    En esta escena de la Guerra de Independencia, ya un ilustrado de mente privilegiada D. Melchor Gaspar de Jovellanos, hacía su análisis personal y decía: “España no lucha por los Borbones, ni por los Fernandos; lucha por sus propios derechos, derechos originales, sagrados, imprescriptibles, superiores e independientes de toda la familia o dinastía. España lidia por su religión, su Constitución, por su leyes, por sus costumbres, sus usos y en una palabra por su libertad…”
    En cambio lo que propongo es una “Utopía” como ya escribiría Tomás Moro en la Inglaterra del siglo XVI con la idealización de dos ciudades que nunca existieron como dos sociedades distintas en ideales políticos; una como la inglesa que ya existía en su siglo con un rey tirano Enrique VIII y su estructura social y la otra, una República donde la propiedad es colectiva y sus residentes tiene una moral y una conducta ejemplar.
    En este libro, tras la Conferencia de Potsdam el gobierno del general Franco presionado por las potencias internacionales, auspicia una reconciliación entre las dos Españas y se restaura la República con una nueva Constitución de corte liberal como Francia donde se minimizan los nacionalismos transformándose en simples regionalismos con reivindicaciones culturales, propiciando usos y costumbres de su patria chica y se establece una democracia con una alternancia entre los partidos políticos, todos con una consolidada conciencia nacional.
    La figura de Franco ocupa vitaliciamente la presidencia la República, hasta el final de su vida siendo admirado por muchos y tolerado y respetado por todos.
    España deberá buscar otros horizontes y pensar en la agrupación de su familia con la inmediata unión al otro pueblo ibérico hermano, Portugal, constituyendo una Federación de Estados fundidos en una única nación: Iberia.
    Como objetivo mediato será la fundación de una macro nación que “la Comunidad Ibérica de Pueblos” ya descrita en otro ensayo.
    Otros objetivos mediatos serán el fomentar nuestras relaciones amistosas y fraternales con el mundo islámico donde estarán los Estados del Magreb y los de Medio y Extremo Oriente con la idea de constituir una futura Confederación con el objetivo de establecer lazos comerciales (Mercado Común), desarrollo económico y social de los pueblos siempre con un escrupuloso respeto a la dignidad y soberanía de estos pueblos y a su pensamiento (Instituciones políticas, religiosas y sociales de esta civilización).
    Para conseguir estos objetivos es totalmente necesario cumplir unos requisitos:

    1º) Iniciar los trámites a nivel diplomático de los Estados de España y Portugal para la creación de “la nación ibérica” y al nuevo Estado Federal denominarlo “Iberia” con capital en Mérida, la antigua Emérita Augusta romana.

    2º) Convocar una Conferencia Internacional de los Estados de origen latinos (hispano-luso parlantes) para plantear la idea de la construcción de “la Comunidad Ibérica de Pueblos”. Esta idea deberá ser objeto de un patrocinador económico o varios, quizás China, Alemania, Japón o los Emiratos del Golfo Pérsico.
    La constitución inicial será una Confederación de pueblos hermanos que ya consolidada se transformaría en una Federación a la que se denominaría “Comunidad Ibérica de Pueblos” con el establecimiento de varias sedes en diferentes continentes así por ejemplo en América del Norte, Ciudad México con jurisdicción en América del Norte, Centroamérica y Caribe; Rio de Janeiro con jurisdicción propia en Brasil; Buenos Aires con jurisdicción sobre países del cono Sur como Paraguay y Uruguay; Chile con jurisdicción en Bolivia y Perú; Bogotá con jurisdicción en Ecuador y Venezuela.
    En África, los Estados de Angola, Mozambique, Cabo Verde y la Guinea española decidirán el país donde se establecería su sede.
    En Asia, las islas Filipinas y la parte oriental de la isla de Timor decidirán igualmente el país donde se establecerán su sede.
    Para la consecución de estos fines, será necesario el cumplimiento de cuatro requisitos imprescindibles por los Estados que se adhieran voluntariamente a esta institución.

    1º) El respeto a la dignidad humana, a la libertad, a la democracia, a la igualdad y al Estado de derecho y respeto a los derechos humanos.

    2º) Voluntad de los gobiernos de los Estados que se integren en el cumplimiento de las Directrices que establezca la Institución.

    3º) Cumplimiento de los programas de Planificación que establezcan los Directorios para cada Estado en cuestión.

    4º) Cumplimiento de los periodos de convergencia establecidos por los Directorios para alcanzar los objetivos fijados: desarrollo económico social, aprovechamiento de los recursos naturales y humanos, protección de derechos humanos etc.
    Esta idea supranacional de la Comunidad Ibérica de Pueblos se consolidara si existe en todas las comunidades ibéricas “una conciencia nacional clara y naciente” que crea firmemente en el proyecto abandonando el enfrentamiento ideológico, los grupos irreconciliables, las convicciones políticas internacionalistas, los credos religiosos intolerantes y los demás tópicos que dividen a los hombres y todo esto fomentado por sus propios gobiernos.
    Es la hora de abandonar las luchas del pasado dogmático e ideológicas y primar el pragmatismo como forma de gobierno pero combinando principios prácticos contenidos en el marxismo, liberalismo e incluso en la doctrina social de la Iglesia porque todas las creencias políticas son útiles y necesarias para un mundo tan complejo y desigual pero siempre defendiendo los principios de solidaridad, justicia y con todo ello primando el acercamiento económico entre países ricos y el Tercer mundo.
    Esta sociedad ibérica será multiétnica, multicultural y multirreligiosa no confesional donde son legítimas todas las creencias religiosas(Cristianismo en todas sus manifestaciones, Islam y las creencias moralistas orientales etc.,.) y los gobiernos deberán fomentar el retorno de las creencias religiosas con la inclusión de una moral natural donde nos separemos del laicismo imperante en Europa con la condena de su depravación moral (el aborto, el reconocimiento del matrimonio homosexual, eutanasia etc.).
    La idea de Dios deberá estar presente en la Comunidad Ibérica de Pueblos como el Supremo Creador del Universo y deberá estar incluido en la futura Constitución y deberá ser respetado por todos aunque exista libertad de conciencia y de pensamiento pero forma parte de la existencia de una moral natural que nos separa de los animales irracionales.
    La Comunidad Ibérica de Pueblos, junto a los países islámicos y asiáticos donde imperan las creencias moralistas (budismo, confucionismo, taoísmo y sintoísmo) constituirán la reserva espiritual del mundo.
    Para la materialización de este proyecto será necesario la ayuda económica de uno o varios patrocinadores, quizás China, Alemania, Japón o los Emiratos árabes del Golfo Pérsico.
    En el este siglo XXI nacerá la Comunidad Ibérica de Pueblos y estará dedicada al Iberismo como idea universal donde prevalecerán nuestros usos, costumbres, cultura, deporte y en si nuestra civilización.

    Julio Reyes Al-Mayriti

Los comentarios están cerrados