ACP en el 87º aniversario de la II República Española

Jordi Cuevas Gemar ||

Licenciado en Derecho e Historia, activista social y político de izquierdas y Secretario de la Junta de Alternativa Ciudadana Progresista (ACP) ||

Desde hace cinco años, Alternativa Ciudadana Progresista –asociación política nacida en Barcelona en 2007, integrada por personas de larga y variada militancia política y social dentro de la izquierda en Cataluña, y que se proclama desde su origen como de Izquierda No Nacionalista– participa activamente dentro de la Coordinadora 14 de Abril en los actos de conmemoración de la proclamación de la II República Española, que para nosotros representa no sólo un hito insoslayable dentro de la imprescindible reivindicación de la memoria histórica, sino un punto de partida necesario para la plasmación de nuestro proyecto de futuro.

Dentro de esta plataforma plural que es la Coordinadora 14 de Abril, Alternativa Ciudadana Progresista aporta una visión caracterizada por la reivindicación más profunda de los valores de la Ilustración –Libertad, Igualdad y Fraternidad– y, especialmente, por el valor del Laicismo, pero aplicado no sólo al ámbito estricto de las creencias religiosas sino al de cualquier tipo de ideología totalizadora y fundadora de identidad colectiva, como lo es la “identidad nacional” impuesta por los nacionalismos.

Para nosotros –siguiendo en esto al historiador marxista británico Eric Hobsbawm, y en contra de lo que afirma el dogma nacionalista–, no son las naciones las que se dotan o aspiran a dotarse de estados, sino que son los propios estados –o los grupos de poder que aspiran a serlo– los que crean el sentimiento de identidad nacional, a través de la educación y del resto de medios de control social a su servicio, como poderoso instrumento de dominación de clase. Y reivindicamos que ha de ser la condición de ciudadano, y no la de nacional, la que confiera derechos y deberes a todo el mundo en una sociedad democrática, abierta y moderna. El sentimiento de pertenencia nacional, como el de pertenencia a una confesión religiosa o a cualquier otra forma de subjetividad colectiva, ha de pertenecer al ámbito privado, no al público: el Estado debe crear derechos, no identidades.

Es en este sentido en el que hemos orientado nuestra intervención de este año en el acto de Plaça Sant Jaume –que a continuación reproducimos, traducido en su totalidad al castellano–, y es el que orienta nuestra actividad en la búsqueda de puentes de entendimiento entre personas y organizaciones que se reclamen de la izquierda, y que busquen realmente un futuro mejor y más justo.

Texto en castellano del discurso leído en catalán por Jordi Cuevas Gemar

“Amigos, amigas; compañeros, compañeras.

Hoy hace 87 años que, en esta misma plaza, y en medio del entusiasmo popular, se proclamó la República: Lluís Companys, que acababa de ganar las elecciones municipales en Barcelona, salió al balcón del Ayuntamiento, e izó la bandera tricolor republicana –roja, amarilla y morada– que aquel mismo día ya ondeaba, también, en otros muchos pueblos y ciudades de España, como Madrid, Éibar o Valencia.

Habría que decir que aquella, en Barcelona, fue una proclamación un tanto confusa: porque, poco después de que lo hiciera Companys, fue su jefe de filas, Francesc Macià, quién volvió a salir al balcón, pero para proclamar una supuesta República Catalana integrada en una Federación –o más bien Confederación– de Pueblos Ibéricos que tan sólo él imaginaba.

La República Catalana que deseaba Macià nunca llegó a existir. Pero la nueva República que sí que se instauró en España hizo posible que Cataluña llegase a tener, por primera vez en la Historia, sus propias instituciones de autogobierno dentro de un Estado moderno y democrático; aunque estas instituciones de autogobierno tomaran el nombre de una antigua institución medieval, dominada casi siempre por los eclesiásticos, y que de democrática bien poco tenía, como había sido la antigua Generalitat de Catalunya.

Companys y Macià, a pesar de militar en el mismo partido –llamado, entonces y ahora, Esquerra Republicana de Catalunya–, probablemente tenían ideas muy diferentes acerca del republicanismo, acerca de lo que era ser de izquierdas, e incluso, quizá, de lo que era realmente Cataluña. Companys, que como abogado se había distinguido –en momentos de durísima lucha de clases– por su defensa del sindicalismo y de la clase obrera, tenía muy claro que catalán era –y es– quien vive y trabaja en Cataluña: con independencia de su lengua, de dónde haya nacido, o de qué sentimientos identitarios tenga. Y también sabía que los hombres y mujeres de Cataluña sólo serían libres si luchaban, codo con codo, por la libertad, junto a los hombres y mujeres del resto de España.

En su mismo partido, en cambio, hubo otros, como los hermanos Badia o Josep Dencàs, que soñaban con una Cataluña étnicamente pura, libre de españoles, y que se dedicaron a perseguir y reprimir a los mismos sindicalistas que Companys defendía; obreros que, al delito de no respetar el orden burgués y la propiedad privada, unían, en muchos casos, el aún más imperdonable de ser “murcianos”, charnegos: gentes pobres e incultas que hablaban en castellano.

Cuando, finalmente, hubo que defender las libertades de todos frente al fascismo y la barbarie, lo hicieron juntos, y codo con codo, los trabajadores y trabajadoras catalanes, andaluces, asturianos o extremeños. Todos derramaron su sangre por la libertad, juntos y por una misma causa. Y cuando por fin llegó la derrota, las cunetas y las fosas de los cementerios se llenaron de catalanes, de vascos y de gallegos; pero también –y quizá aún en mayor número– de extremeños, andaluces, madrileños o manchegos.

Aquí y hoy, queremos rendir homenaje a todos los hombres y mujeres que lucharon por la libertad y por un futuro mejor para todos los seres humanos, vivan donde vivan, y sea cual sea su lengua o su identidad. Por todos ellos, porque no queremos olvidar ni abandonar su lucha, volvamos a gritar:

Viva la libertad,

Viva Cataluña,

Y ¡¡¡Viva la República Española!!!

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